Mitos y verdades | 16 OCT 11

Los genes de la longevidad mueren muy jóvenes

El remedio contra el envejecimiento se hará esperar, aunque la ciencia sigue buscándolo con ahínco.

MÓNICA G. SALOMONE 
 
¿Quién no quiere preservarse joven y sano cuanto más tiempo mejor? El deseo universal de no envejecer se traduce en un negocio multimillonario que amenaza con interferir en el avance normal de la ciencia. Mientras los principales grupos de investigación en Europa y Estados Unidos se enzarzan en una polémica con tintes agrios sobre el papel de determinados genes y moléculas en el envejecimiento, esos mismos compuestos se venden ya en complementos nutricionales que prometen beneficios no demostrados en humanos. Uno de ellos, el Revidox, es desde el pasado año el producto estrella de una compañía española, que se apoya en parte en el prestigio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Algunos investigadores advierten de que el fragor de la batalla podría acabar ocultando resultados realmente interesantes.

La historia ha sido presentada como la ascensión y caída de los llamados genes de la longevidad. Experimentos durante la pasada década parecían demostrar que un grupo de genes, responsables de la síntesis de las proteínas llamadas sirtuinas, alargaban significativamente la vida de moscas y gusanos. La investigación antienvejecimiento creció con fuerza, mientras a su sombra lo hacía el mercado de cremas y complementos nutricionales que basaban sus campañas publicitarias en supuestos resultados científicos.

Además, las sirtuinas empezaron a aparecer como la clave del misterio de la restricción calórica. A lo largo de varias décadas grupos de todo el mundo han observado que tanto en invertebrados como en mamíferos una dieta sana pero muy baja en calorías prolonga la vida. Pero no se sabía por qué. La investigación en sirtuinas respondía que la restricción calórica funcionaba precisamente porque parecía activar los genes que producen las sirtuinas.

Pero empezó a haber también trabajos que negaban el vínculo entre sirtuinas y longevidad. El último, publicado recientemente en Nature, demuestra que había un error en los experimentos iniciales: los autores concluyen que, en moscas y en gusanos, las sirtuinas no tienen que ver con la longevidad. Tampoco parecen ser la ruta bioquímica por la que el método de la restricción calórica alarga la vida.

Este trabajo, una pequeña bomba por su publicación en una revista de gran impacto incluso fuera de la comunidad científica, ha abierto una brecha entre los investigadores del área. David Gems, del University College London y uno de sus firmantes, cuenta por correo electrónico que los autores de los primeros trabajos que relacionan sirtuinas y longevidad "están enfadados con nosotros". Se refiere entre otros a Leonard Guarente, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EE UU), que responde con un rotundo no a la pregunta de si está ya claro que las sirtuinas no prolongan la vida. En 1999, en los inicios del boom de las sirtuinas, Guarente fundó la empresa Elixir Pharmaceuticals para desarrollar fármacos basados en sus hallazgos.

¿Hay que tirar por tierra años de investigación y renunciar al sueño de vivir más? Parece que entre celebrar el milagro de la longevidad y renegar de las sirtuinas hay un término medio.

"Esto de la longevidad es algo obsesivo", dice Manuel Serrano, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). "Parece que si las sirtuinas no logran prolongar la vida no sirven para nada, y no es así. Las sirtuinas no son los genes de la longevidad, pero sí son muy importantes para la salud. Se va a seguir trabajando mucho en ellas en mamíferos, sólo que sin el halo -y la mercadotecnia- de la longevidad".

Rafael de Cabo, investigador español en el Instituto Nacional del Envejecimiento estadounidense y uno de los pioneros en el área, no sólo coincide con Serrano en que las sirtuinas siguen siendo muy interesantes; él ni siquiera considera concluyente el último trabajo publicado en Nature: "En esta área los datos son muy complicados y es difícil interpretarlos. Hay que investigar más para entender por qué a veces es posible reproducir los resultados de los experimentos y a veces no". Ambos muestran su asombro por el tono de la polémica desatada y reconocen en ella la influencia de los intereses comerciales. Para Serrano, ha habido "exceso de promoción y entusiasmo" por parte de los descubridores de las sirtuinas. De Cabo dice que "hay muchos intereses mezclados con la ciencia; la intención de los científicos es avanzar en un campo, y los problemas aparecen cuando tienes a la vez una compañía con la que se quiere ganar dinero".

Hay otro indicio de que el entusiasmo por las noticias espectaculares podría estar afectando en este caso al avance de la ciencia. Guarente descubrió el vínculo entre las sirtuinas y la longevidad hace diez años en invertebrados. Trabajar con mamíferos es mucho más latoso, entre otras cosas porque tardan más en morirse. Así que cuando se celebraban los genes antienvejecimiento aún no se conocía su función ni siquiera en ratones. A esa línea de investigación dedicó su tesis Daniel Herranz bajo supervisión de Serrano, en el CNIO. Concluyó que las sirtuinas no alargan la vida de los ratones. Pero dio también con una buena noticia: los ratones con más sirtuinas envejecen más saludablemente; en concreto, las sirtuinas parecen tener un efecto protector frente a las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Pero estos resultados, negativos para la longevidad, no se publicaron en las revistas de más impacto.

 

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