La verdad y otras mentiras | 17 MAY 11

La ciencia es un perro desconfiado

Acerca de los resultados negativos y de la implementación del conocimiento en el mundo real.
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Fuente: IntraMed 

A veces me canso de escuchar críticas a la ciencia y a la medicina desde posiciones que se sienten autorizadas a hablar de lo que ignoran. No se trata de que no se merezcan críticas sino de que se critica aquello que no se conoce. Tampoco se destacan cosas elementales que creo que deberíamos mostrar fuera del pequeño mundo de la investigación científica. Vale la pena hacerlo porque constituyen un modelo de pensamiento y de acción.

El método científico tiene debilidades, claro, pero lo que lo pone por encima de muchas otras formas de conocimiento son, precisamente, sus fortalezas. La mayor de ellas es la de que es consciente de sus limitaciones y no admite “creencias” ni “autoridad” que no se ponga a prueba en la experiencia. Las mejores ideas naufragan si la contrastación empírica resulta negativa. En el espacio científico nadie está exento de pagar este saludable tributo a la prueba y a la demostración de resultados que otros investigadores puedan reproducir, confirmar o refutar.  Les propongo analizar dos casos publicados esta misma semana.

La revista Journal of the American Medical Association (JAMA) - una de las más importantes del mundo- publica dos trabajos que constituyen un ejemplo de lo que quisiera hacer ver.  Esto sucede todo el tiempo, pero tengo la impresión de que no se valora su auténtica relevancia social.

1. Desde hace algunos años se han realizado investigaciones que pusieron a prueba en animales de laboratorio una atractiva hipótesis.  En pacientes con infarto agudo de miocárdico exitosamente reperfundidos por métodos invasivos o farmacológicos, la inyección de Eritropyetina –un estimulante de la formación de glóbulos rojos- reduciría el tamaño del infarto y mejoraría la función residual del ventrículo izquierdo. Los ensayos en animales corroboraron esta idea con resultados positivos que la confirmaban. Con estos antecedentes se inició una investigación en humanos (fase II).  Se empleó un diseño experimental del mayor rango metodológico: prospectivo, randomizado, doble ciego, controlado. A los enfermos que presentaban un infarto de miocardio - luego de recibir las medidas estándar para el caso- se les inyectaba una dosis única de Eritropoyetina.  El estudio se denominó REVEAL (Reduction of Infarct Expansion and Ventricular Remodeling With Erythropoietin After Large Myocardial Infarction) y se llevó a cabo en 28 centro de los EE. UU durante cuatro años reclutando a 222 pacientes. Se esperaba probar la hipótesis, es decir que los pacientes que recibieran el tratamiento activo redujeran el tamaño del infarto y mejoraran la función VI así como la sobrevida y las complicaciones. Los resultados mostraron que quienes recibieron Eritropyetina: murieron más, tuvieron más trombosis del stent, reinfarto o accidente cerebrovascular comparados contra quienes no recibieron el fármaco. Estos resultados negativos obligaron a la inmediata suspensión del ensayo clínico.

 

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