Entrevista a Mario Bunge (filósofo) | 15 AGO 11

“Sólo los fanáticos odian a las personas tanto como a las doctrinas”

Se reúnen por primera vez en español sus textos contra las pseudociencias.

Entrevista a Mario Bunge publicada en España:

Recién regresado a Montreal (donde vive) tras dos semanas de vacaciones en las Antillas, Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) responde por correo electrónico a El Cultural con rapidez y minuciosidad insólitas a cada nueva tanda de preguntas de lo que acaba siendo una vertiginosa conversación transoceánica. Y eso que: “Ya no estoy tan ágil como a los noventa años”. El sabio Bunge, filósofo analítico y uno de los científicos más citados, ha publicado Las pseudociencias, ¡vaya timo! (Laetoli), la primera recopilación en español de sus textos sobre las pseudociencias dispersos en publicaciones científicas anglosajonas. Una denuncia de las supercherías de todo pelaje, de la parapsicología al psicoanálisis, sin olvidar teorías económicas y determinismos varios. Un libro con voluntad polémica.

En la comunidad científica la cita es un elemento clave para la difusión y convalidación de los hallazgos. Si buscamos al científico nativo en español más citado de los dos últimos siglos, según el exhaustivo Hall of Fame hecho público recientemente por la Association for the Advancement of Science, el primero que encontramos de una lista encabezada por Bertrand Russell, Charles Darwin y Albert Einstein es al también filósofo escéptico y apasionado racionalista argentino Mario Bunge (Buenos Aires, 1919). En Las pseudociencias, ¡vaya timo! (Laetoli) Bunge, de cuya extensísima producción intelectual dan cuenta medio centenar de libros escritos, recopila sus textos fundamentales sobre las pseudociencias y presenta una apología irrenunciable de la ciencia. Y una vacuna contra los timos que nos infectan a diario: pulseras energéticas, babas de caracol rejuvenecedoras, horóscopos, cátedras homeopáticas en universidades, supercuerdas...

¿Por qué la filosofía?

Pero, ¿por qué si el físico Stephen Hawking dispensa en su último libro sendas necrológicas de la religión y de la filosofía, Bunge, a quien el ateísmo, como el valor en las cartillas militares, se le supone, se niega a dejar de ser filósofo por mor de ser científico?

“Los filósofos se plantean problemas mucho más generales que los científicos. Por ejemplo, qué es la materia, en lugar de preguntarse sobre las propiedades del agua o de la llamada materia oscura. Y se permiten poner en duda algunas especulaciones de los científicos, tales como las de Hawking sobre el mal llamado origen del universo, que en realidad es el origen de la expansión del universo. Análogamente, los filósofos de la mente se preguntan sobre la naturaleza de los procesos mentales en general, en lugar de averiguar, por ejemplo, cómo interactúa el órgano del conocimiento -la corteza cerebral- con el de la emoción -el llamado sistema límbico”.

- Las pseudociencias son un timo, pero, ¿no suele el “timador” aprovecharse de la avaricia del timado?

- Los chamanes y psicoanalistas no recurren a la avaricia sino al deseo de comprender la vida sin estudiarla seriamente. Como dijo Borges, los psicoanalistas explotan el narcisismo, en particular el concreto deseo de que alguien ajeno se ocupe de nuestros problemas personales.

- Cuando escucha la palabra “energía”, ¿echa mano a la pistola?

- Empiezo por preguntar si se trata de una energía especial, tal como la gravitacional o la química, o del concepto general de energía. Si es lo primero, sugiero que se consulte obras científicas; si lo segundo, observo que el concepto general de energía pertenece a la ontología, donde puede definirse como la capacidad de cambiar. De esto trata un capítulo de mi próximo libro, Filosofías y fobosofías.

- ¿Y cuando alguien se justifica “es que los Capricornio somos así...”?

- Tengo la suerte de que rara vez me topo con creyentes en la astrología. Supongo que ésta es una de las ventajas de los que nacimos bajo el signo de Virgo.

- ¿Que un farmacéutico venda homeopatía es como si un arquitecto edificara sin materiales?

- Buena analogía. Desgraciadamente, la enorme mayoría de los creyentes en la homeopatía no saben que algunas de las diluciones que les venden como fármacos homeopáticos son del orden de una molécula por galaxia, lo que las hace totalmente ineficaces.

En la atiborrada pasarela de las pseudociencias hay estrellas que despuntan. Y no es fácil estar al día de las que más se llevan.“Depende del país. En Argentina todas prosperan por igual. En México, el chamanismo herborístico. Y en los Estados Unidos, la teoría económica estándar”.

- ¿Y cuál es la pseudociencia más peligrosa?

- La teoría económica estándar, porque sustenta las políticas económicas de los gobiernos conservadores y reaccionarios, que son enemigos del bienestar de la gente común.

- ¿Y la más extravagante?

- La llamada psicología evolutiva, que pretende explicar todo lo social en terminos biológicos imaginarios, tales como el deseo de todo hombre de difundir al máximo sus genes.

Mario Bunge se doctoró en ciencias físico-matemáticas en la Universidad de la Plata en 1952. Allí y en Buenos Aires impartió física teórica y filosofía hasta que dio el portazo a la Argentina peronista en 1963. Tras enseñar en México, Estados Unidos y Alemania se instaló definitivamente en Montreal (Canadá) donde detenta la cátedra Frothingam de Lógica y Metafísica de la Universidad McGill. Su carrera, sancionada por 16 doctorados Honoris causa y por el premio Príncipe de Asturias en 1982, admite escasos parangones.

Pseudociencias en expansión

Siempre acompañaron a sus investigaciones la atención perenne a los fraudes pseudocientíficos, cuya expansión metastásica hoy considera Bunge un hecho. Lo demuestra con una impagable lista de ejemplos:

“El determinismo genético de Dawkins, Pinker y Chomsky es más popular que nunca; un número creciente de físicos defiende que los ladrillos últimos del universo son los bits o unidades de información; muchos cosmólogos eminentes sostienen que el universo salió de la nada; la multimillonaria Templeton Foundation, cuya misión es unir la religión con la ciencia, acaba de concluir un acuerdo con la American Association for the Advancement of Science por el cual van a patrocinar juntos reuniones y seminarios sobre religión, ética y ciencia; hace dos décadas las universidades norteamericanas ofrecían unos pocos cursos sobre ciencia y religión, pero hoy son más de 1.000; la Food and Drug Administration, que está a cargo de la salud pública, tolera que miles de estafadores prometan por Internet curar enfermedades que la medicina aún no puede curar...”

Guerra al psicoanálisis

El también filósofo Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930) al que su compatriota Bunge sólo reprocha que “se meta con el fútbol porque no le gusta y nunca lo jugó” [en referencia al libro de Sebreli La Era del fútbol, 1998] es otro gran pensador de nacionalidad argentina que comparte con el entrevistado un enemigo especialmente conspicuo y peligroso en su país de origen: el psicoanálisis.

Si Sebreli, crítico irredento de los mitos modernos, ha tachado al psicoanálisis de “irracionalista”, “moda” y “onerosa terapia interminable” (El Cultural, 27/12/2007), Bunge no es más taimado en su último libro: “El psicoanálisis viola la ontología y la metodología de toda ciencia genuina. [...] No está cualificado para considerarse una ciencia. Contrariamente a la creencia general, no es siquiera una ciencia fallida, puesto que prescinde del método científico e ignora los contraejemplos. Se trata simplemente de charlatanería psicológica”.

 

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