Inseguridad alimentaria | 04 NOV 10

Hambre y diferencias socioeconómicas en las enfermedades crónicas

Las personas afectadas aumentan su aporte calórico a expensas de alimentos poco saludables y se exponen a mayor riesgo de enfermedades crónicas, es especial obesidad, diabetes e hipertensión.

Todos los años el Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos informa el número de hogares en riesgo de pasar hambre por falta de posibilidades de adquirir alimentos, entidad denominada “inseguridad alimentaria”.

Después de una década de estabilidad, la tasa de inseguridad alimentaria aumentó en un 32% en 2008, para abarcar al 14,6% de los hogares de los Estados Unidos. - el nivel más alto desde el primer relevamiento sobre inseguridad alimentaria, efectuado en 1995. Alrededor del 21% de los hogares con niños están afectados, al igual que más del 25% de los hogares negros e hispanoamericanos y el 42% de los hogares con ingresos inferiores al nivel de pobreza federal.

Según la Life Sciences Research Office, hay inseguridad alimentaria “cuando la disponibilidad de alimentos adecuados para la nutrición y seguros o la capacidad para adquirir alimentos aceptables de maneras socialmente aceptables [e.g., sin recurrir a provisiones de emergencia, revolver la basura, robar y otras estrategias] es limitada o incierta.”

El concepto de inseguridad alimentaria abarca así tanto la sensación física de hambre como las conductas compensatorias para evitarla. Estas conductas compensatorias tienen enormes repercusiones sobre la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas. Para mantener el aporte calórico, los adultos que no tienen suficiente dinero para comprar alimentos reducen la variedad en su alimentación y concentran el consumo en unos pocos alimentos de bajo costo, ricos en calorías y poco nutritivos.

Son en general hidratos de carbono refinados y alimentos con agregado de azúcares, grasas y sodio. Caloría por caloría, estos alimentos son más baratos que las frutas, las verduras y los productos lácteos, que son más nutritivos. Por ejemplo, con U$1 se puede comprar 1,200 kcal de galletitas o papas fritas o 250 kcal de zanahorias.

Esta diferencia en los precios de los alimentos saludables o perjudiciales se amplió durante las últimas dos décadas. El Ministerio de Agricultura comunicó que entre 1985 y 2000 el precio de las gaseosas aumentó un 20%, el precio de las grasas y aceites un 35% y el de los azúcares y golosinas un 46%, mientras que el de las frutas y verduras frescas aumentó un 118%.

Esta diferencia cada vez mayor en los precios, combinada con la crisis económica global, tiene efectos profundos en la incidencia y el tratamiento de la obesidad, la hipertensión, la diabetes y otras enfermedades sensibles a la alimentación, en el marco de las crecientes diferencias socioeconómicas.

La diabetes es un ejemplo ilustrativo de cómo la inseguridad alimentaria afecta la incidencia y el tratamiento de las enfermedades crónicas. Entre los adultos de 50-64 años en California, por ejemplo, la prevalencia de diabetes es del 8% entre los blancos, del 16% entre los negros y del 22% entre los hispanoamericanos. Asimismo, su prevalencia es del doble entre los adultos con primaria incompleta que entre los que tienen educación universitaria. Investigaciones efectuadas  en el Center for Vulnerable Populations at the University of California, San Francisco, mostraron que aún tras ajustar para esas tendencias sociodemográficas, los adultos que sufren los peores niveles de inseguridad alimentaria tienen más del doble de riesgo de padecer diabetes que aquéllos que pueden acceder a alimentos saludables.

Entre los adultos que ya padecen diabetes, la inseguridad alimentaria  se asocia con menor control de la glucemia. Cuando se cuenta con menos ingresos es difícil cambiar los hábitos de consumo hacia alimentos apropiados para personas con diabetes o en riesgo de padecerla y seguir manteniendo las necesidades calóricas. La imposibilidad económica para adquirir estos alimentos es el mecanismo probable de la asociación entre inseguridad alimentaria, mayor incidencia de diabetes y peor control de la glucemia.

 

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