Por el Dr. Carlos Daniel Tajer | 02 ABR 10

¿Para qué necesita un médico conocer metodología de la investigación?

Con frecuencia se confunde el estudio de la metodología de investigación con la bioestadística.

Comprender el pensamiento y el lenguaje de la investigación clínica nos aporta grandes ventajas en una era en la que grandes series epidemiológicas nos enseñan lo que es bueno o malo para la salud y los ensayos clínicos controlados aportan  la información más confiable para la práctica de la medicina clínica, en particular la terapéutica. Desconocer los conceptos y el lenguaje de la investigación clínica por contrario nos coloca en un lugar de gran debilidad no sólo para el debate acerca de la adopción de nuevas conductas terapéuticas sino de gran pasividad para interrogarnos sobre nuestros problemas, que siempre difieren en mucho de “la literatura”.

De lo que se trata es de reorientar la mirada diaria de la clínica para:

1)    Aprender a formular  las preguntas sobre lo mucho que desconocemos, y plantear hipótesis explicativas que puedan ser exploradas.

2)    Entrenarse en la lectura crítica de las publicaciones médicas, para obtener con la mayor rigurosidad posible información que ayude a nuestros pacientes.

3)    Contribuir a un cambio histórico aún pendiente en gran parte de nuestro continente, el de integrar la investigación clínica como rutina a la práctica asistencial cotidiana.

Con frecuencia se confunde el estudio de la metodología de investigación con la bioestadística. La estadística es una herramienta crítica en la investigación biomédica sin duda, pero sólo una herramienta. Para investigar se requiere trabajar sobre los problemas, leer exhaustivamente la información científica, animarse a pensar diferente, formular nuevas preguntas y trabajar en el diseño de estrategias para contestarlas.

Durante muchos años la llamada investigación clínica en servicios asistenciales se limitaba a una tarea amateur, de juntar casuísticas con frecuencia poco rigurosas para presentar en congresos locales. Las redes multicéntricas han “globalizado” una serie de métodos quizá exageradamente rigurosos, y nos han mostrado como funcionan estructuras verdaderamente profesionales en esta disciplina. El gran desafío es poder aplicar estructuras similares para las preguntas que hacen a nuestra problemática cotidiana.

El primer paso, todavía lejano en nuestro medio, es conocer lo que nos pasa, desarrollando herramientas sencillas que constituyan bases de datos analizables y que se mantengan en el tiempo. En este sentido, estamos participando de un emprendimiento conjunto con decenas de Unidades Coronarias de Argentina, y esperamos extenderlo a otros países hermanos, el proyecto Epi-cardio que puede consultarse en la web www.epi-cardio.com.ar. Llevamos incluidos ya más de 36000 pacientes ingresados a áreas de cuidados intensivos coronarios, y el proyecto se mantiene y crece desde hace cuatro años.

En el curso de formación de investigadores clínicos trabajamos en tres áreas conceptuales: epidemiología y epidemiología clínica, ensayos clínicos y bioestadística. En talleres teórico prácticos se discuten ideas y proyectos de los participantes, comprometidos a perfeccionar un protocolo o llevar adelante un análisis de datos ya obtenidos durante la duración del curso.  En el trabajo de gabinete se efectúan análisis estadísticos comenzando por la descripción de una base de datos hasta las más complejas técnicas del multivariado.  No formamos estadígrafos pero si apuntamos a médicos que se entusiasman con emprender investigaciones independientes para brindarles un mayor estímulo y herramientas conceptuales. Aún para aquellos que no se animan a investigar, la formación consolida su capacidad de lectura crítica.

El intervalo de confianza, los riesgos relativos, los diseños de no inferioridad o metanálisis, el concepto de intención de tratar, la comprensión de qué es y qué es y qué no es un factor de riesgo, la inferencia causas, todas estas son palabras hoy básicas para nuestra práctica médica.

Los mayores problemas de nuestro analfabetismo en investigación no surgen de carencias estadísticas, sino de la falta de tradición en investigación que deberemos revertir en las próximas décadas.  La investigación clínica en la Argentina es una tarea un tanto épica. Los médicos sabemos que la única manera de ser médico es practicar la medicina en contextos docentes, con responsabilidades asistenciales bajo una tutoría de médicos de mayor experiencia y formación. En los centros con residencia esta educación fluye con la naturalidad de un proceso ya maduro luego de décadas de funcionamiento en el país. También a investigar se aprende investigando. Y aquí tenemos ya un grave problema. La investigación clínica en nuestro medio se encuentra lejos de haber alcanzado  la madurez. La mayoría de los sistemas médicos no tienen carrera de investigación, y en los que existe como en los hospitales municipales se desarrolla con grandes dificultades. Pocos médicos se doctoran en comparación con otras universidades, y muchas veces ese doctorado o los mismos trabajos de investigación son sólo un divertimento amateur, robado a las horas de trabajo verdaderamente productivo. Le tocará a las nuevas camadas de médicos jóvenes la tarea histórica de promover el crecimiento de esta corriente que seguramente irá paralela a nuestro crecimiento como comunidad.

 

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