Clínica, etiología y pronóstico | 09 DIC 10

Síncopes asociados con el acto de conducir

El origen neurocardiogénico representa la causa más frecuente de síncope asociado con el acto de conducir, afección que se asocia con bajos índices de recurrencia y pronóstico semejante al relacionado con otras formas de síncope en la población general.
Autor/a: Dres. Sorajja D, Nesbitt G, Shen W y colaboradores Fuente: SIIC Circulation 120(11):928-934, Sep 2009

Introducción

Se denomina síncope a las manifestaciones clínicas que se observan como consecuencia de la interrupción transitoria de la perfusión cerebral, con pérdida del tono postural y de la conciencia de naturaleza abrupta, con recuperación espontánea y completa. En el estudio Framingham, la incidencia acumulativa de síncope se estimó en 3% a 6% cada 10 años.

La mayor parte de los episodios no se atribuye a arritmias o enfermedades estructurales cardíacas subyacentes. Por otra parte, si bien el síncope no se asocia de modo independiente con el aumento de la mortalidad, la posibilidad de presentar un episodio al conducir vehículos se vincula con repercusiones para la seguridad del paciente y de otras personas. Aunque se dispone de normativas internacionales relacionadas con los síncopes secundarios a arritmias cardíacas primarias o de origen neurocardiogénico, existen pocas descripciones en las que se compare a los sujetos que presentan síncopes al conducir en relación con los eventos producidos durante la realización de otras tareas.

En este contexto, los autores se propusieron la realización del presente estudio, con el objeto de evaluar las características clínicas de estos individuos, la determinación de factores predictivos de la enfermedad y la consideración del pronóstico.

Pacientes y métodos

Participaron del ensayo todos los pacientes evaluados por un síncope en la Mayo Clinic de Rochester, entre enero de 1996 y diciembre de 1998. En esta población se identificaron los sujetos que habían presentado un episodio sincopal mientras conducían un vehículo, que conformaron el grupo de estudio. Se excluyeron las personas que requirieron maniobras de reanimación cardiopulmonar y aquellas con enfermedades similares al síncope, pero que no presentaron pérdida de la conciencia (trastornos de somatización, cataplejía, accidente cerebrovascular, accidente isquémico transitorio).

De este modo, se crearon dos grupos integrados por los pacientes con síncopes producidos al conducir (GSC) y aquellos con síncopes observados en otro contexto (grupo control [GC]). Se consideraron causas de los episodios sincopales, las bradiarritmias, las taquiarritmias ventriculares o supraventriculares, las alteraciones estructurales cardíacas o pulmonares, los procesos neuromediados (vasovagales o situacionales), la hipersensibilidad del seno carotídeo, la enfermedad cerebrovascular, la intolerancia ortostática, los de otras etiologías y los de origen incierto.

Se reunieron datos relacionados con las variables demográficas, la historia clínica, los tratamientos efectuados y el seguimiento. Los parámetros obtenidos de las bases de datos disponibles se procesaron con pruebas estadísticas y se definió como significativo un valor de p < 0.05.

Resultados

Los expertos aseguran que, de los 3 877 sujetos evaluados por síncope, el 9.8% (n = 381) había presentado un episodio al conducir. Destacan que el 65.1% de los miembros del GSC eran varones, mientras que sólo el 47.4% de los participantes del GC eran de sexo masculino (p < 0.001). Los promedios de la edad de los respectivos grupos se estimaron en 55.8 ± 18.4 años y 56.8 ± 23.8 años (p = 0.01). La población general de estudio se caracterizó por una distribución bimodal de la edad, que no se verificó cuando el GSC se consideró por separado.

Por otra parte, los antecedentes de enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular tuvieron mayor prevalencia en el GSC en comparación con el GC (p = 0.01 y p = 0.02, respectivamente). Además, la presencia de pródromos resultó más frecuente entre los integrantes del GSC (p < 0.05 en relación con las náuseas, las palpitaciones, la precordialgia, la disnea y los acúfenos), aunque no se mencionaron diferencias significativas entre ambas cohortes en términos de la duración, la naturaleza y la presencia de síntomas durante la recuperación. Si bien la prevalencia de traumatismos asociados con el síncope fue superior en el GSC (p = 0.03), no se verificaron diferencias entre los dos grupos en relación con la proporción de sujetos que requirió atención hospitalaria.

En otro orden, los expertos aseguran que la etiología vasovagal representó la causa más frecuente del síncope en el GSC, correspondiente al 37.3% de los casos, sucedida de las arritmias cardíacas (11.8%) y la intolerancia ortostática (4.7%). En el subgrupo de pacientes con síncope de causa neurocardiogénica, se requirió el uso de fármacos en el 27.5% de los miembros del GSC y el 26.7% del GC. El resto de los sujetos afectados recibió tratamiento conservador (educación, ingesta de líquidos y sodio, entrenamiento para la fortificación de los miembros inferiores o interrupción del uso de algunos fármacos, cuando fue necesario). En relación con los pacientes con bradiarritmias, se implantaron marcapasos en 9 integrantes del GSC (36%) y en 94 participantes del GC (42.5%). Por otra parte, mientras que ningún sujeto con taquicardia ventricular del GSC requirió tratamiento antiarrítmico, estos fármacos se administraron en 10 individuos afectados del GC (7.7%).

 

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