Contaminación ambiental y enfermedad vascular | 09 SEP 09

El aire urbano incrementa la incidencia de ictus e infartos

Dos horas de inhalación son suficientes para un incremento significativo de la presión diastólica.

De acuerdo con los resultados de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) y publicado en el último número de la revista Hypertension (2009;54;659-667), la inhalación durante tan sólo dos horas de aire urbano se asocia con un incremento significativo en la presión sanguínea diastólica, un efecto que en personas con enfermedades cardiovasculares puede actuar como desencadenante tanto de un ictus como de un infarto de miocardio.
 
Para llevar a cabo el trabajo, en el que participaron 80 voluntarios, los investigadores emplearon una instalación móvil que medía la calidad del aire en las ciudades de Toronto (Canadá) y Ann Arbor (Estados Unidos), instalación con la que se podía recolectar el aire presente en cada día y luego concentrarlo para la exposición humana.
 
Los resultados determinaron que unas pequeñas partículas microscópicas procedentes de la quema de combustibles fósiles, y no los gases de ozono que también formaban parte de la contaminación ambiental, causaron un aumento de la presión sanguínea y una constricción de los vasos sanguíneos tras minutos u horas de exposición a ese aire.
 
Estas micropartículas –con un tamaño equivalente a una décima parte del diámetro de un cabello humano– se depositan profundamente en los pulmones y pasan el flujo sanguíneo, provocando que la alteración se mantenga hasta 24 horas después de inhalar el aire.
 
En este contexto, los autores recuerdan que existen formas prácticas para evitar la exposición a los altos niveles de contaminación del aire presentes en las grandes ciudades. Así, como citan, “pueden evitarse, por ejemplo, los viajes largos o el ejercicio al aire libre durante las horas de mayor tránsito de vehículos, o cerca de autopistas o avenidas muy transitadas”. Tal es así que, como concluye el Dr. Robert D. Brook, especialista en Cardiología Ambiental y autor principal del estudio, “si se anuncia que los niveles de contaminación serán elevados, las personas con enfermedades cardiacas, diabetes o enfermedades pulmonares deberían evitar realizar actividades al aire libre”.

 

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