Su utilidad | 19 OCT 09

Estrategias terapéuticas no farmacológicas en caso de trastornos conductuales asociados con demencia

El conocimiento de diferentes opciones terapéuticas no farmacológicas para los pacientes con demencia que presentan trastornos conductuales permitirá adecuar el tratamiento a las necesidades de cada uno de ellos.
Autor/a: Dres. Cohen-Mansfield J, Jensen B Fuente: SIIC (JAMDA) 9(7):491-498, Sep 2008

Introducción y objetivos

Entre los disturbios conductuales asociados con la demencia se incluyen la agresión física y verbal, los manierismos y las vocalizaciones repetitivas y las conductas sexuales inapropiadas. En general, el tratamiento de los pacientes que presentan dichos disturbios consiste en la administración de psicofármacos. No obstante, existe consenso sobre la necesidad de limitar su empleo. Además, la eficacia de los psicofármacos es acotada y su administración se asocia con la aparición de efectos adversos. En la actualidad se recomienda la consideración de estrategias no farmacológicas como opciones de primera línea para el tratamiento de los pacientes con demencia que presentan disturbios conductuales. Dichas estrategias pueden retrasar la hospitalización de estos sujetos y no se asocian con la aparición de efectos adversos. Además, brindan una oportunidad para establecer una relación constructiva entre el cuidador y el paciente y permiten una mejoría de la calidad de vida. A pesar de lo antedicho, la aplicación de estrategias no farmacológicas depende de muchos factores.

Tradicionalmente, se considera que los trastornos conductuales que presentan los individuos con demencia se deben a los disturbios cerebrales característicos de la enfermedad. Asimismo, las afecciones médicas pueden precipitar o manifestarse como síntomas conductuales. No obstante, el reconocimiento de los factores etiológicos ambientales y psicosociales respecto de los disturbios conductuales asociados con la demencia es creciente. Por este motivo, las intervenciones terapéuticas no farmacológicas pueden resultar apropiadas. La formación de la mayoría de los médicos generalmente apunta a la aplicación de tratamientos biológicos y farmacológicos. En consecuencia, dichas estrategias son las más familiares para los profesionales.

El objetivo del presente estudio fue evaluar el punto de vista de los médicos respecto de la etiología y el tratamiento de los disturbios conductuales asociados con el diagnóstico de demencia. Además, se determinó el conocimiento de las estrategias terapéuticas no farmacológicas.

Métodos

Participaron 110 médicos miembros activos de la American Medical Directors Association. Todos recibieron un cuestionario por correo electrónico para evaluar su punto de vista acerca de la etiología de los trastornos conductuales presentes en los pacientes que residen en hogares de ancianos. Además, se valoró la postura de los médicos frente a las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas para utilizar en dichos casos y el nivel de conocimiento de las opciones terapéuticas disponibles. El 69% de los participantes era de sexo masculino, la mayoría tenía entre 41 y 60 años y había trabajado en hogares de ancianos durante un promedio de 15 años. En general, los médicos eran especialistas en medicina familiar y medicina interna. El 60% refirió especialización adicional en geriatría. El 80% informó el empleo de psicofármacos para el tratamiento del último caso de afección conductual asociada con demencia. El 75% declaró el uso de estrategias no farmacológicas, mientras que el 61% refirió el empleo combinado de ambas opciones.

Resultados

En cuanto a la etiología de los disturbios conductuales presentes en individuos con demencia, el 91% de los profesionales informó causas médicas o de salud mental. Asimismo, el 91% mencionó factores relacionados con el personal a cargo del cuidado de los pacientes, el ambiente y el sistema y el 88% consideró que la causa de los disturbios conductuales era la propia demencia. Los aspectos relacionados con el hábitat fueron referidos por el 75% de los médicos. Específicamente, el 88% de los profesionales declaró que la afección cerebral resultante de la demencia era el origen de los síntomas conductuales. En segundo lugar de frecuencia se ubicó el malestar generado por las enfermedades médicas, seguido por la depresión, la soledad, el aburrimiento y la estimulación insuficiente, entre otros factores.

El consenso de los médicos respecto de la postura favorable hacia la aplicación de intervenciones no farmacológicas fue elevado. Hubo acuerdo sobre la necesidad de aumentar la frecuencia de intervenciones no farmacológicas y ubicarlas como opciones de primera línea en caso de trastornos conductuales asociados con la demencia. Además, la mayoría de los profesionales consideró que el tratamiento debía dirigirse a la causa de los trastornos conductuales. En cambio, la postura mayoritaria ante la aplicación de estrategias farmacológicas fue de desaprobación. Ambos factores se correlacionaron de manera significativa y negativa. Una minoría consideró que la agitación no podía tratarse sin psicofármacos. Sólo el 7% de los médicos refirió que el tratamiento farmacológico es más importante que las estrategias no farmacológicas. No obstante, el 79% manifestó que los psicofármacos eran eficaces para los problemas conductuales.

La postura frente al comportamiento del personal y a los recursos disponibles fue dividida. La mayoría mencionó que la solicitud de medicación por parte del personal de enfermería era muy rápida. Además, el 56% de los médicos consideró que los recursos disponibles para la realización de intervenciones no farmacológicas eran insuficientes. El 45% manifestó disconformidad hacia el personal de enfermería por no intentar estrategias no farmacológicas en caso de trastornos de conducta. No obstante, el 43% consideró que el personal de enfermería no sabía cómo intervenir no farmacológicamente. Por último, el 41% de los médicos atribuyó la conducta de los pacientes a la falta de atención adecuada por parte del personal.

El cuestionario administrado incluyó una lista de 30 intervenciones no farmacológicas. Los médicos estaban familiarizados con un promedio de 12.3 de éstas. Además, 11 de dichas intervenciones habían sido utilizadas por los médicos. En la mayoría de los casos, las estrategias no farmacológicas empleadas fueron físicas e incluyeron la eliminación de la sujeción física, la redirección, el control del vagabundeo, la actividad física, los estímulos orientadores, las actividades estructuradas, la modificación del ambiente, las rutinas de reestructuración y la zooterapia, entre otras. Las técnicas de acomodación, reestructuración y modificación de la conducta y la inclusión de eventos placenteros o actividades estructuradas fueron aplicadas en segundo lugar de frecuencia. Por último, las intervenciones sensoriales fueron aplicadas con menor frecuencia.

Las profesionales mujeres mostraron un nivel superior de aceptación del empleo de estrategias no farmacológicas. Además, manifestaron un nivel menor de acuerdo respecto del uso de estrategias farmacológicas. La postura a favor del empleo de psicofármacos fue más frecuente entre los profesionales varones más jóvenes. En cambio, dicha frecuencia fue la más baja entre las mujeres más jóvenes. Los médicos que refirieron haber utilizado farmacoterapia en el último caso que atendieron también manifestaron su acuerdo con el uso de estrategias de este tipo. No obstante, la postura hacia las intervenciones no farmacológicas no difirió según su uso o no en el último caso tratado. El empleo de estrategias no farmacológicas se asoció con un nivel superior de familiaridad con una cantidad significativa de métodos. Entonces, el conocimiento acerca de las estrategias no farmacológicas se relacionó con su empleo. Las actitudes y el conocimiento acerca de las intervenciones no farmacológicas no se correlacionaron de manera sustancial. El conocimiento de estrategias no farmacológicas se asoció con la atribución de menor importancia al efecto de la conducta del personal y a los recursos disponibles. La actitud favorable hacia las intervenciones no farmacológicas se relacionó con la consideración de la conducta del personal y de los recursos disponibles como barreras para su implementación.

 

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