Publicado en el "British Medical Journal" | 13 JUL 09

Una de cada tres operaciones por cáncer de mama es innecesaria

Un estudio revela que se tratan tumores no dañinos por no poderse distinguir.

MÓNICA LÓPEZ FERRADO  -  Barcelona
 
Nadie duda de que el cribado de cáncer de mama contribuye a detectar muchos tumores que, de otro modo, no se tratarían a tiempo. Sin embargo, también ocurre que una de cada tres mujeres que pasan por una mamografía acaba siendo sobrediagnosticada. Como consecuencia, se les practican cirugías y terapias que no serían necesarias. A esta conclusión ha llegado un estudio que publica British Medical Journal (BMJ), realizado por Karsten Jorgensen y Peter Gotzsche, del Centro Nórdico Cochrane de Copenhague, en el que se han analizado datos de mujeres del Reino Unido, Canadá, Australia, Suecia y Noruega.

El sobrediagnóstico se refiere a la detección de tumores cancerosos no dañinos, que no llegarían a causar síntomas en toda la vida y que acaban pasando por el quirófano y otros tratamientos sin que sea necesario. Ocurre cuando se trata de un tumor regresivo, que puede desaparecer sin haber dado ningún síntoma, o de un tumor durmiente, con un crecimiento tan lento que la mujer fallece antes. El problema es que, según reconocen los autores del estudio, actualmente no hay ninguna técnica que permita distinguir entre un cáncer letal y otro que no causará daños.

Gilbert Welch, del Dartmouth Institute of Health Policy, afirma en BMJ que los resultados concuerdan con otros estudios. "El cribado es una oportunidad para ayudar a algunas mujeres, pero también puede llevar a que otras sean tratadas de un cáncer innecesariamente, y eso no es algo trivial", afirma Welch, quien añade otro dato: por cada 1.000 mujeres que pasan por una mamografía, entre 100 y 500 pasarán por una falsa alarma. Y entre éstas, a la mitad se le practicará una biopsia de tejido para verificar si se trata de un tumor maligno o no.

Los datos que revelan Jorgensen y Gotzsche no resultan del todo nuevos. En estudios anteriores, los mismos autores determinaron que por cada 2.000 mujeres que pasan por el cribado en un periodo de 10 años, una se beneficiará al no morir por causa de un cáncer de mama, pero otras 10 serán operadas innecesariamente. "Sabíamos que el cribaje comporta un sobrediagnóstico, que también ocurre en el cáncer de próstata", reconoce Mercé Peris, directora de prevención del Instituto Catalán de Oncología (ICO). Pero esto no obliga a replantear los programas de cribado que, claramente, suponen un beneficio, opina esta especialista. "Se trata de poner en una balanza los riesgos y los beneficios".

De hecho, un estudio realizado por Nieves Ascunce, jefa de la Sección de Detección Precoz del Instituto de Salud Pública de Navarra, que fue la primera comunidad de España donde se implantó el cribado a mujeres mayores de 50 años, muestra que la detección precoz reduce la mortalidad por cáncer de mama. En una muestra de mujeres a las que se siguió entre 1975 y 2004, se pudo ver que entre las que habían seguido programas de cribado, la mortalidad por cáncer de mama se redujo en un 62%. Entre las que no se hicieron mamografías, sólo disminuyó en un 22%, gracias a los mejores tratamientos pero no a la detección precoz.

Los resultados obtenidos por el Centro Cochrane sí que invitan a reflexionar, indica Peris: "Es importante continuar evaluando los programas de cribado. Y hay que informar a las mujeres mejor sobre los beneficios pero también sobre los efectos adversos de la mamografía, porque actualmente se informa poco". El rotativo británico The Times publicaba a principios de este año una carta firmada por 24 especialistas y representantes de asociaciones de pacientes, en la que se reprochaba esta falta de información por parte de su Sistema Nacional de Salud en los folletos que distribuía.

También es urgente encontrar marcadores biológicos para que, cuando una mamografía detecta un tumor, se pueda discriminar entre los que tendrán un comportamiento benigno y los letales. "El problema es que ahora los vemos a todos iguales", afirma Peris. "Indirectamente, el conocimiento sobre la genética de los tumores ayudará a encontrar biomarcadores", concluye.

 

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