PNIE 14 | 31 MAR 09

PNIE del STRESS

Una revisión en profundidad sobre un concepto que no siempre se emplea con precisión.
Autor/a: Dra. Andrea López Mato Fuente: Curso Psiconeuro-Inmuno-Endocrinología 

Nuestro organismo debe adaptarse permanentemente a situaciones de amenaza a la homeostasis, respondiendo con nuevos equilibrios que configuran nuevas situaciones que despiertan y activan sistemas de cambio. La teoría del caos explica que en todos los sistemas dinámicos hay una dependencia sensible a las condiciones del estímulo inicial que siempre determina conductas inestables. El hombre no escapa a este paradigma de desequilibrio - respuesta adaptativa - nuevo desequilibrio- nueva adaptación. Somos sistemas fractales, como todo el resto del universo y la eterna posibilidad de cambio determina a los sistemas vivos.

Evolución del concepto de stress

Stress deriva del griego stringere, que significa provocar tensión. La palabra se utilizó por primera vez en el siglo XIV en inglés, como STRESS, y su mentor el profesor Selye, quien hablaba fluidamente siete idiomas, solicitó expresamente que no fuera traducido en ninguna lengua. Sin embargo, en el idioma español, algunos puristas prefieren denominarlo estrés y consecuentemente hablar de situaciones estresantes o estresoras, al referirse a aquellas condiciones capaces de provocarlo.

El concepto de stress es conocido desde antaño, pero las concepciones actuales se inician cuando Walter Cannon en 1929, describe en animales la reacción de lucha-huida como respuesta ante situaciones de amenaza. Se refiere a esta respuesta como dependiente de la estimulación simpática adrenal.

En 1936, Hans Selye mientras investigaba el efecto de la inyección continuada de una determinada sustancia química, en ratas; descubrió una respuesta orgánica caracterizada por la aparición de úlceras pépticas, atrofia de los tejidos del sistema inmunitario y crecimiento de las glándulas adrenales, que era idéntica a la respuesta del organismo sometido a fríos o calores fuertes, a ruidos intensos, toxinas, etc. Selye sugirió que en estas circunstancias, aparentemente diferentes, se daba una respuesta genérica común, una respuesta desagradable y con esta idea nació la fisiología del estrés y se establecieron las bases del efecto de las tensiones. Supuso correctamente que esta respuesta está mediada por la activación y la inhibición de un nutrido grupo de hormonas. Así realiza el  aporte más trascendente  al introducir el concepto de stress como respuesta no específica del cuerpo a diferentes tipos de estímulos. Plantea un síndrome general de adaptación, con posterior estado de resistencia. El mismo autor en 1974, diferencia stress, como respuesta adaptativa fisiológica de distress como respuesta desadaptativa patológica.

Por esa misma época, J. Mason cuestiona la inespecificidad del estímulo, planteando que el estímulo estresor debe ser inédito para desencadenar una activación del sistema. De esta forma, es el primero en proponer las características específicas del stressor, dependiente de la evaluación psicológica previa de cada individuo hacia ese stressor.

Hace una década J. Henry agrega que la respuesta, además de ser inespecífica, es pluridimensional, pudiendo ir desde la activación simpática (control situacional) a la activación del eje adrenal (pérdida del control). Propone diferentes dimensiones fisiológicas y de respuestas cuantitativas individuales en función a la evaluación cognitiva.

B. Bohus desarrolla un esquema integrador biológico-cognitivo, advirtiendo que la respuesta depende por un lado de las características y de la duración de los estresores y por otro de la posibilidad de predecir la situación. Hace principal hincapié en las estrategias de afrontamiento utilizadas según los sistemas biológicos involucrados y  su estado en el momento de la respuesta.

Diferentes autores cognitivistas han ampliado el rango de respuestas planteado inicialmente por Cannon, quien diferenciaba dos tipos de respuesta:

  • fight o de lucha 
  • flight o de huida

Nuevos autores agregan a estas respuestas dos nuevas categorías:

  • faint o desmayo
  • freeze o parálisis

Ya autores clásicos como Krestchmer y Kleist refieren tres tipos de respuestas vivenciales primarias (inconscientes y primitivas ante estímulos aversivos): epilépticas, histéricas o catatónicas. Es notable para nosotros la coincidencia biológica-clínica entre la respuesta epiléptica con los tipos fight y flight, la histérica con el tipo faint y la catatónica con el tipo freeze.

El stress es un mecanismo fisiológico de homeostasis. En dicho mecanismo se producen diferentes niveles de respuestas, que presentan imbricadas interconexiones, permitiendo la acomodación biológica  ante un estímulo (físico o psicológico, real o imaginario, interno o externo). El mismo Cannon plantea que, si bien la respuesta fisiológica al stress es predominantemente hormonal, da lugar a una serie de ajustes a corto (stress agudo) o a largo plazo (stress crónico) del sistema vascular, inmunitario y somatosensorial, que permite que el organismo alcance los niveles de adaptación necesarios. Por otra parte, en aquellos procesos donde no se logra dicha homeostasis, se desarrolla una adaptación patológica, conocida como distress. 

Por el común uso de la palabra stress como patológica, hablaremos de stress cuando en realidad en muchas ocasiones deberíamos hablar de distress.

Procesamiento del stress

Los factores ambientales que pueden ser estresores, pero también pueden ser amortiguadores, van a pasar, como dijimos recién, por una evaluación cognitiva y simbólica que va a ser límbica o simbólica y cortical o cognitiva. Después de este paso se percibe el estrés y se activan los sistemas de aminoácidos rápidos. Si el estrés continúa en intensidad, o en frecuencia, o mi percepción continúa indicándome que el estrés es importante, entonces se desencadenarán respuestas neuroquímicas de corto plazo y, si el estímulo continúa, lo harán respuestas neurohormonales de largo plazo. Y en cualquiera de estas etapas se van a agregar respuestas conductuales, emocionales y cognitivas. Por supuesto, esto se va a retroalimentar y hacer que mi bagaje para la evaluación cognitiva y simbólica de nuevos estresores o amortiguadores varíe después de que me enfrenté a cada uno de ellos.

Graficaremos esto, con un gráfico tomado de Bonnet C y Luchina C

Neuroanatomia del stress

Los sistemas neuroanatómicos involucrados en la respuesta a una situación aversiva o probable desencadenante de  stress, se ocupan primero de medir las características del stressor y deciden mi respuesta de afrontamiento de acuerdo con la activación de circuitos pre o neoformados que incluyen fundamentalmente el procesamiento neurobiológico a la situación de amenaza, la cual presenta varios niveles que resumimos aquí:

  • la recepción de miedo, amenaza o no familiaridad  es cortical

  • el filtro cuanticualitativo es talámico

  • el procesamiento instintivo conductual es amigdalino

  • el procesamiento instintivo mnésico es hipocampal

  • el procesamiento defensivo autovivencial y cultural es orbitofrontal y cingular

La suma algebraica de todos los anteriores produce una reacción que activa distintos procesadores de respuesta que:

  • en el núcleo parabranquial activan la respiración disneica.
  • en los núcleos trigémino-faciales producen la expresión facial de miedo.

  • en los núcleos estriados desencadenan la respuesta de activación motora.

     
  • en el hipotálamo lateral y sistema simpático dan hipertensión, taquicardia, sudoración, pilo erección, midriasis.

  • en el sistema parasimpático dan diarrea, bradicardia, úlceras, micción imperiosa. 

Si estos circuitos actúan y se relacionan normalmente se modula la respuesta al stress, logrando la adaptación y la posibilidad de decidir cambios adaptativos. Sin duda esta habilidad homeostática y contraregulatoria se han perdido en el distress en el que podrían ocurrir las siguientes alteraciones:

  • Falla de filtro talámico de inputs por agotamiento.

  • Falla de circuito hipocampo-amigdalino por falta de evocación de respuesta placentera a estímulos similares.

  • Falla orbitaria por vivencias contra la ley gregaria.

  • Fallas cingulares por la ansiedad.

  • Fallas de circuito valorativo paralímbico.
     

Estas fallas no son patognomónicas ni unicausales. Pueden superponerse, desencadenarse una en otra o unirse para ayudar a la perpetuación de la alteración.

Veamos en detalle cada uno de los componentes desde lo central a lo periférico:

I. Amígdala

Es un conjunto de núcleos nerviosos ubicado en el lóbulo temporal, por delante del hipocampo y perteneciente funcionalmente al sistema límbico. Es una estructura que mediante sus aferencias recibe e interpreta las situaciones aversivas. Entre estas aferencias del núcleo central de la misma, encontramos: el núcleo de la stria terminalis, el hipotálamo, la sustantia nigra, el núcleo del rafe, el núcleo parabraquial, el locus coeruleus, la médula ventrolateral, la formación reticular y el núcleo del tracto solitario.  Se describen proyecciones hacia cortezas sensoriales, prefrontales, hipocámpicas, olfatorias y los núcleos motores del vago, el locus coeruleus y los núcleos dopaminérgicos. La puesta en marcha de estos mecanismos dan como resultado la coordinación afectiva, cognitiva, neuroendocrina y sistémica en respuesta a la ansiedad. 

 

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