La verdad y otras mentiras | 28 ENE 09

"Las guerras médicas IV"

Acerca de la imposibilidad de guardar un secreto.
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Fuente: IntraMed 

"Se ha cortado la lengua para no revelar unos secretos que no conoce” 
Fuegos, Marguerite Yourcenar

Se había convocado a una reunión en el auditorio del hospital para la medianoche con el propósito de evaluar las condiciones en que nos encontrábamos. Ya que debíamos hacer un informe de la situación en nuestra área de trabajo decidí hacer una recorrida por la sala de Cuidados Intensivos antes de dirigirme hacia allí. Revisé los controles de todos los pacientes pero me detuve frente a la cama de Aurelio que había dejado para el final. Por motivos que desconozco sentía por él un afecto entrañable. Es ridículo, pero siempre había tenido la tentación de pesar una de sus manos. Hacía apuestas conmigo mismo acerca de cuál podría ser su peso. Eran enormes, de una consistencia mineral. Verdaderas herramientas. Artefactos perfectamente adaptados a su función. Pensaba que al menos tendrían el peso de uno de mis brazos completo cada una.

Tres noches y dos días había pasado Aurelio recibiendo su cuota de aire a través de un tubo. Un tentáculo mecánico que le profanaba la boca mientras desde el otro extremo algo - que semejaba a un exótico animal - le insuflaba el tórax a intervalos regulares. Un dispositivo que con enormes bocanadas de una mezcla de oxígeno le demoraba la muerte. Una multitud de sonidos periódicos, siempre idénticos, recordaban la naturaleza rítmica de lo vivo.

 

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