Consecuencias cardiovasculares | 24 MAY 10

Apnea obstructiva del sueño

Revisión de los conocimientos actuales sobre la relación entre la apnea obstructiva del sueño y las enfermedades cardiovasculares.
Autor/a: Dres. T Douglas Bradley, John S Floras Published online October 30, 2008 DOI:10.1016/S0140-6736(08)61622-0

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno común en el cual, las apneas repetitivas exponen al sistema cardiovascular a ciclos de hipoxia, presión intratorácica negativa exagerada y despertares. Durante la AOS se pierde el tono muscular dilatador de la faringe al comienzo del sueño que causa el colapso faríngeo recurrente y el cese temporario de la respiración. Estos estímulos nocivos pueden, a su vez, deprimir la contractilidad miocárdica, activar el sistema nervioso simpático, aumentar la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el estrés de la pared miocárdica, deprimir la actividad parasimpática, provocar estrés oxidativo e inflamación sistémica, activación plaquetaria y deterioro de la función del endotelio vascular. Los despertares consiguen restaurar el tono del músculo dilatador y el flujo aéreo. La repetición de estos episodios interrumpe el sueño 5 o más veces por hora (índice de apnea-hipopnea [IAH]).

El propósito del seminario del cual surgió esta revisión fue, primero, hacer una revisión de los conocimientos actuales sobre los mecanismos por los cuales la AOS podría contribuir a la patogenia de la enfermedad cardiovascular; segundo, evaluar la evidencia epidemiológica en cuanto a la relación potencial entre esas dos condiciones; tercero, revisar los efectos cardiovasculares del tratamiento de la AOS y, finalmente, identificar las brechas en el conocimiento que deben ser resueltas.

Definición y diagnóstico de AOS

El diagnóstico de AOS implica la presencia de apneas e hipopneas repetitivas durante el sueño. Esta circunstancia puede documentarse mediante la polisomnografía. La apnea consiste en la ausencia del volumen inspiratorio-espiratorio con una disminución “tidal” del 50% pero mayor a cero, durante 10 segundos, acompañado por al menos el 4% de disminución de la saturación de O2, o que termina en un despertar. Las apneas son obstructivas si se acompañan de esfuerzos respiratorios contra la faringe ocluida, y centrales si no se acompañan de dichos esfuerzos. En la población general, la AOS es la forma más común de apnea del sueño, mientras que la apnea del sueño central raramente es registrada si no hay insuficiencia cardíaca.

La AOS se asocia a menudo con antecedentes de ronquidos habituales, considerados un signo de resistencia faríngea al flujo aéreo. El síndrome de AOS se define por un IAH ≥5, acompañado por somnolencia excesiva durante el día, o 2 o más episodios de obstrucción o jadeo durante el sueño, despertares recurrentes, sueño no reparador, fatiga durante el día o disminución de la concentración o memoria. La gravedad de la AOS se suele informar en términos del IAH por dos razones. Primero, debido a que la hipoxia y los despertares que interrumpen el sueño son una consecuencia directa de las apneas o hipopneas, el IAH brinda un índice de la frecuencia de los eventos primarios y sus consecuencias fisiológicas inmediatas. Segundo, en general, cuanto más elevado es el IAH más graves son las manifestaciones clínicas de la AOS, tales como la somnolencia diurna, el deterioro neurocognitivo y la posibilidad de desarrollar complicaciones cardiovasculares. La clasificación de la gravedad de la AOS de la American Academy of Sleep Medicine considera tanto al IAH (leve: 5-15; moderada, 15-30; grave >30) como al grado de somnolencia diurna (leve: somnolencia no deseada o episodios involuntarios de sueño que ocurren durante las actividades de la vida diaria que requieren poca atención; moderado: durante las actividades que necesitan cierto grado de atención, como reuniones; grave: durante actividades que requieren más atención activa como las conversaciones o la conducción vehicular).

Fisiopatología

Durante los movimientos oculares lentos durante el sueño, el índice metabólico, la actividad nerviosa simpática, la presión arterial y la frecuencia cardíaca disminuyen, mientras que el tono vagal cardíaco aumenta durante la vigilia. La AOS interrumpe este equilibrio cardiovascular desencadenando una cascada de efectos agudos hemodinámicas, autonómicos, químicos, inflamatorios y metabólicos, con efectos posteriores crónicos capaces de iniciar o exacerbar la enfermedad cardiovascular.

Estos ciclos de hipoxia y retención de dióxido de carbono provocan oscilaciones en la actividad cardíaca parasimpática y simpática que afectan la frecuencia cardíaca. Aunque se creía que la bradicardia era una respuesta común a las apneas obstructivas, se ha comprobado que no es así, y que puede haber aumento o descenso de la frecuencia del pulso, o no cambiar. La respuesta podría ser una función del equilibrio autonómico y del flujo aéreo; la hipoxia enlentece el ritmo cardíaco activando el vago solo en la ausencia de distensión pulmonar o de flujo aéreo. Cuando predomina el tono parasimpático, la frecuencia cardíaca puede descender; cuando predomina el simpático, la frecuencia sube y si los efectos vagales y simpáticos son iguales, la frecuencia cardíaca puede permanecer sin cambios. La hipoxia provocada por apneas repetidas y la retención de dióxido de carbono provocan esfuerzos inspiratorios inefectivos y la generación de presión intratorácica negativa contra la faringe ocluida que, por aumento de la diferencia entre las presiones intracardíaca y extracardíaca, aumenta la presión transmural del ventrículo izquierdo. La presión intratorácica negativa atrae la sangre al tórax, aumentando la precarga ventricular derecha, mientras que la hipoxia inducida por la apnea causa vasoconstricción pulmonar, aumentando la poscarga ventricular derecha. Estas fuerzas distienden el ventrículo derecho, causando agrandamiento hacia la izquierda del septum interventricular durante la diástole que impide el lleno ventricular y disminuye el volumen del flujo. La hipoxia durante la AOS también podría alterar en forma directa la contractilidad y la relajación diastólica. Estas consecuencias adversas son rápidamente compensadas por aplicación, por vía nasal, de presión positiva continua (CPAP) de la vía aérea para inmovilizar la laringe y mantener su permeabilidad.

La hipoxia intermitente puede inducir la producción de radicales de O2 libres y activar las vías inflamatorias que alteran la función del endotelio vascular y aumentan la presión sanguínea, independientemente de la activación del sistema nervioso simpático. Estudios no controlados ni aleatorizados informaron que la CPAP disminuyó el factor TNFa y la interleucina 8 y también descendió las concentraciones plasmáticas de interleucina 6 y de proteína C reactiva. Los individuos con AOS presentan una atenuación de la vasodilatación dependiente del endotelio y una disminución de los marcadores de óxido nítrico circulantes que aumentan luego del tratamiento con CPAP. La AOS también promueve la oxidación de las lipoproteínas, aumenta la expresión de las moléculas de adhesión y la adherencia de los monocitos a las células endoteliales, como así la proliferación del músculo liso vascular. Todo esto predispone a la hipertensión y aterosclerosis. También hay variaciones en la agregación plaquetaria, la concentración del fibrinógeno y la actividad del inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1 (menor potencial fibrinolítico).

El flujo sanguíneo cerebral disminuye mucho durante las apneas obstructivas debido aun aumento del gasto cardíaco. Los pacientes con zonas de menor flujo cerebral están más predispuestos a los cuadros isquémicos.

Epidemiología

La AOS es común en varios grupos raciales y étnicos, pero la mayoría de los individuos son asintomáticos. Este factor podría tener consecuencia en la salud pública, debido a que la AOS y las enfermedades cardiovasculares no parecen estar relacionadas cuando hay síntomas de apnea del sueño. En Estados Unidos, el 75-80% de los pacientes con síndrome de AOS que podrían mejorar sus síntomas mediante el tratamiento siguen sin diagnóstico. La prevalencia en Estados Unidos va del 9% en las mujeres al 24% en los hombres. Teniendo en cuenta el IAH, el 9% de los hombres y el 4% de las mujeres tienen un IAH ≥15.

Los estudios epidemiológicos han comprobado asociaciones significativas independiente entre la AOS y la hipertensión, la enfermedad arterial coronaria, las arritmias, la insuficiencia cardíaca y el accidente cerebrovascular. En estudios aleatorizados, el tratamiento de la AOS con CPAP disminuyó la presión arterial atenuó los signos de aterosclerosis precoz y, en pacientes con insuficiencia cardíaca, mejoró la función del corazón.

 

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