Variaciones de la presión atmosférica | 21 NOV 08

Fenómenos atmosféricos, desencadenantes de ictus

Un estudio de investigadores barceloneses muestra que las variaciones de la presión atmosférica influyen en la aparición de accidentes cerebrovasculares.

Un estudio dirigido por investigadores del Servicio de Neurología del Hospital del Mar-IMIM (Barcelona) concluye que los fenómenos atmosféricos pueden ser desencadenantes de ictus.
 
La investigación tiene su punto de partida en la observación de que el ictus no se reparte de una forma homogénea en el tiempo y que, en algunos días concretos, las urgencias por accidente cerebrovascular aumentan de forma significativa. Esta observación condujo a formular una hipótesis sobre cuál podía ser el detonante.
 
¿Podían así influir los fenómenos atmosféricos en la frecuencia observada de paciente con ictus? ¿Existe una distribución estacional? La respuesta la han publicado en la revista "Cerebrovascular Diseases", donde el Dr. Jiménez-Conde, primer firmante del artículo, apunta que, "al margen de la variabilidad estacional, parece que la aparición de un ictus puede tener un desencadenante en las variaciones de la presión atmosférica".
 
Según los autores, además de un óptimo diagnóstico y tratamiento del ictus, conocer los mecanismos implicados en su aparición e identificar las relaciones causa-efecto, otro de los objetivos del Servicio de Neurología y del citado hospital consiste en conocer cuáles son los mecanismos que disparan su frecuencia y su epidemiología. En la presente investigación, en el Hospital del Mar se estudiaron 1.286 pacientes consecutivos con ictus durante 3 años (2001-2003). Los ictus se clasificaron en hemorragia intracerebral e ictus isquémico. A su vez, los ictus isquémicos se dividieron en ictus no lacunares e ictus lacunares ), clasificación que se realiza en función del tamaño del área infartada y localización del vaso afectado. Los infartos lacunares se caracterizan por ser de pequeño tamaño, tener una forma similar a una laguna y afectar a arterias pequeñas, situadas en las partes profundas del tejido cerebral. Cuando el ictus isquémico no reúne estas características se clasifica como no lacunar.
 
Se recogieron datos meteorológicos de esos tres años en el Observatorio Fabra de Barcelona: presión atmosférica, humedad relativa, temperaturas máximas, mínimas y medias, y las variaciones de estas medidas respecto del día anterior. Tras un exhaustivo análisis, se observó que "el global de los ictus tiene una ligera asociación con la presión atmosférica en sí misma, pero cuando la asociación toma más fuerza es ante las variaciones de la presión atmosférica", explica el Dr. Jiménez-Conde. Los ictus isquémicos no lacunares tienen relación con las caídas de la presión atmosférica, mientras que los ictus hemorrágicos presentan una asociación con los aumentos de esta variable meteorológica. "No tiene tanto que ver en sí mismo si la presión atmosférica es alta o baja en un día concreto, sino cuál ha sido la variación respecto el día anterior", sigue el Dr. Jiménez-Conde. Es decir, los ictus se relacionan, sobre todo, con la inestabilidad de la presión atmosférica. Por el contrario, los ictus lacunares no mostraron variaciones significativas con respecto a la presión atmosférica.
 
Los ictus no lacunares y la temperatura absoluta muestran una correlación inversa (a más frío, más ictus), pero se ha visto que esta relación entre los ictus y el frío no es debida a la temperatura propiamente sino a las variaciones de presión atmosférica. "De hecho, lo que sucede es que, a menudo, al bajar la presión atmosférica hay un descenso de las temperaturas", señala el Dr. Jiménez-Conde. Por otro lado parece que este fenómeno explicaría también, en gran parte, porqué hay más ictus en una u otra época del año. "Los resultados indican que hay mayor incidencia diaria de los ictus no lacunares y los ictus hemorrágicos en otoño e invierno, debido a que son estas estaciones las que presentan más variaciones en la presión atmosférica entre un día y el siguiente".
 
Los ictus hemorrágicos y los no lacunares presentan una incidencia que se relaciona con los cambios de presión respecto al día anterior. Esto contribuye a que se observen muchas variaciones estacionales y diarias de la incidencia del ictus. Estos datos ayudan a explicar la controversia de los resultados de los estudios previos y a promover estudios centrados en los mecanismos que disparan la frecuencia del ictus. Los resultados abren nuevas vías de estudio en un campo que se había explorado poco con anterioridad. Por otra parte, también es posible, gracias a esta investigación, encontrar puntos de concordancia con otras patologías que también reaccionan a los cambios estacionales o a las variaciones de temperatura y de presión atmosférica, como, por ejemplo, el dolor articular. Pudiera ser, según los investigadores, que existieran mecanismos inflamatorios comunes que expliquen el aumento en la frecuencia de estos procesos según las variaciones atmosféricas. "El estudio no trata de valorar los fenómenos atmosféricos como factores de riesgo, sino como factores ''gatillo'', que disparan la frecuencia de la enfermedad y, por lo tanto, es prioritario seguir insistiendo en el control de los verdaderos factores de riesgo: la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol, así como el control de las posibles arritmias cardíacas", puntualiza el Dr. J. Roquer, responsable del Servicio de Neurología del Hospital del Mar.

 

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