"Mujeres misterio" | 07 MAY 08

¿De qué hablan los hombres cuando hablan de mujeres?

¿Existe la mujer? ¿Qué es una mujer? Tres escritores intentan dar respuesta a estos interrogantes.
Ricardo Coler: "Ser una Diosa"

Ricardo Coler es médico y escritor. En sus libros explora mundos ajenos donde la mujer es quien tiene el poder terrenal o encarna en diosas que la comunidad adora con fervor. Su nuevo libro "Ser una diosa", editado por Planeta, es un viaje apasionante por la realidad y los sueños de las niñas diosas de Nepal. Leerlo es una aventura fascinante y una experiencia que deja al lector con la sensación de haber recorrido escenarios que imaginaba agotados y con la secreta felicidad que sólo brindan los textos escritos con talento y sensibilidad. El ojo inquisidor de Coler está presente en las palabras y en las magníifcas imágenes que las ilustran.

Autor: COLER, RICARDO
Editorial: PLANETA ARG.
ISBN:950-49-1601-5
210 páginas
Peso estimado: 240 gramos

Fragmentos del libro "Ser una Diosa", una mujer divina en la tierra

1

¿Cuánto hace que Dios no viene por la Tierra? Dos mil años para algunos, casi seis mil para otros. Según los escritos de la época antes nos visitaba con frecuencia, hablaba con los hombres, les daba indicaciones, se enojaba, se apiadaba y hasta les prestaba ayuda. Si no era El, era alguno de los ángeles. Su presencia permitía que los humanos no tuvieran la menor duda sobre lo que decía, sobre sus intenciones o sobre qué esperaba de ellos. No era una cuestión de fe, Dios se presentaba.

La gente seguía a los profetas, a los santos y a todos aquellos con los que Dios se contactaba en forma directa. Pero un día algo cambió. Y Dios no vino más.

Es cierto, para llegar a Dios basta con buscarlo dentro de uno. Pero seamos sinceros, no es lo mismo encontrarlo en nuestro interior que verlo con nuestros propios ojos y escucharlo con nuestros oídos. El dios que se contacta con el rezo es una especie de premio consuelo comparado con el dios de la época bíblica.

La Kumari de Nepal es una diosa viva. La adoran millones de fieles, tiene una historia que la sustenta, milagros que se le adjudican y una cantidad de sacerdotes que la validan. Además, es una mujer.

Conocer a la diosa es lo más parecido, en nuestro tiempo, a ser contemporáneo de las escrituras.

2

Con pasos suaves, la Kumari entra en la habitación y ocupa su trono. Tiene la mirada dirigida hacia un punto distante. Cuando llegamos me habían advertido que no se le permitía reír o hablar demasiado. Tenila, la diosa, permanece sentada casi sin moverse. A su lado, sobre el suelo, hay una bandeja de plata. Allí se está acabando el incienso que alguien puso a quemar.

Miro a la diosa. Tiene la cara redonda y la piel sin defectos. No logro percibir ni un mínimo detalle que me permita saber algo acerca de su estado de ánimo. No sé si le intriga verme, si está cansada, si tiene miedo, si está de mal humor o si simplemente está aburrida de los mortales y nos considera una tarea insalubre.

Los dedos de los pies son largos y lleva las uñas pintadas de rojo. Los extiende como cuando tratamos de librarnos de la tensión excesiva. La pared que se levanta a sus espaldas está entelada de rojo al igual que los manteles y el tapizado del trono. Los cuadros que hay colgados son fotografías de ella misma, de cuando era más chica. En la mayoría se la ve sentada en el trono, de la misma manera en que la veo ahora. En las otras tomas está rodeada de creyentes. Siguen a la  carroza en la que viaja la Kumari,  una sola vez al año, rumbo al templo de Taleju. 

Esperaba verla aparecer con una corona, pero claro, no es una reina es una diosa. 
Hace unos meses cumplió diez años. Fue elegida cuando tenía apenas dos. Usa un vestido rojo brillante, bordado con hilos dorados. En la frente lleva dibujado el tercer ojo con el que puede ver mucho más de lo que los mortales alcanzamos a distinguir con sólo dos. Poco importa el significado filosófico del más allá, hay que ser prácticos; a la hora de la verdad, cuando se trata de espantar malos espíritus, el tercer ojo es sumamente útil.
Pulseras, collares y brazaletes cumplen la misma función en la lucha contra la oscuridad, de la que siempre regresa victoriosa. Sobre una bandeja con ofrendas, apoya sus pies descalzos empolvados en rojo.

A un costado, seguramente como una concesión para que la Kumari no llore, hay una muñeca vestida del mismo color que ella. Es una Barbie.

 Les pregunto por los creyentes, quería saber quiénes son los que vienen a verla.

 -La gente de Patán. Los estudiantes antes de rendir sus exámenes, los que quieren mejorar su situación económica y en especial madres que traen hijos con problemas. El comportamiento que muestre  la  Kumari cuando es visitada se interpreta hasta en el menor de sus detalles. Taleju, la diosa que habita su cuerpo, le envía a sus fieles por ese medio, noticias de sus destinos. Si tose o se molesta, hay que estar preparado para la mala suerte, si todo se desarrolla con normalidad el futuro puede ser promisorio.

3

Para poder ser una diosa hay que pagar un precio alto. La familia debe   evitar que la Kumari llore o se enoje y eso implica conformarla y  cuidar cada detalle de la niña.
Recibe regalos de sus fieles y es mirada con veneración pero le está prohibido  salir de su casa-templo. Sólo durante las festividades que preside,  se muestra en la calle. Lo hace sobre un trono que sus seguidores  cargan al hombro, para que sus pies no toquen el suelo, y el único camino que recorre es hacía  el santuario consagrado a su honor.

No va al colegio y casi no tiene contacto con otros chicos.
Le están prohibidos los juegos en donde corra el riesgo de lastimarse por lo que  pasa muchas horas delante del televisor.
La mínima raspadura acaba con su reinado, con lo que le donan  sus fieles y con la pensión que recibe del estado.
Sigue una dieta estricta y recibe un cuidado especial  para que sus dientes de leche sólo caigan cuando los definitivos estén  bien desarrollados.
 Al observar la expresión del rostro de la diosa había algo que era indudable; la niña estaba aburrida.

- ¿Puedo preguntarle algo a ella?

Sin estar convencidos me concedieron el permiso.

- ¿Qué hace la Kumari  todo el día?

- Me levanto y tengo que purificarme, para eso vienen los sacerdotes, luego miro la televisión y juego con las muñecas.

Le pregunto por los amigos pero la soledad es uno de los precios que se paga por ser una diosa. Juega con sus muñecas y sueña con ser maestra y tener a su cargo muchos alumnos de su edad.

- ¿Qué te explicaron acerca de lo que significa ser una diosa?

 La Kumari se encoge de hombros y hace un gesto de no importarle. 

 

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