Un estudio meticuloso sobre estrategias alimentarias en tiempos de crisis | 31 AGO 05

¿Qué comen los que comen?

La licenciada Patricia Aguirre realiza una investigación meticulosa acerca de las modalidades alimentarias en poblaciones de alto riesgo social.
Autor/a: Patricia Aguirre 
INDICE: 

* Con motivo de la edición del nuevo libro de la antropóloga Patricia Aguirre, IntraMed publica un artíclo de la autora.

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10 AÑOS DE CONVERTIBILIDAD EN LA SEGURIDAD
ALIMENTARIA DEL AREA METROPOLITANA BONAERENSE.
 Una visión desde la antropología alimentaria.

        Licenciada Patricia Aguirre

Patricia Aguirre es Doctora en Antropología de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como profesional en el Departamento de Nutrición del Ministerio de Salud y Ambiente. Es Docente e Investigadora del IDAES (Instituto de Altos Estudios Sociales) de la Universidad Nacional de San Martín y Investigadora Asociada del Ciepp. Desde 2001 representa al ICAF (International Commission about Anthropology and Food) en Argentina. Ha escrito 39 artículos en revistas especializadas y 5 libros en colaboración.

Introducción

Este artículo recoge y actualiza trabajos anteriores  integrándolos en una serie que permite dar cuenta de los sucesos que condicionaron la alimentación en la última década del siglo XX. El trabajo que se presenta consta de dos partes, correspondientes con el concepto de Seguridad Alimentaria que, entendido como el derecho de todas las personas a tener una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada y suficiente, se divide a los fines prácticos en dos niveles de análisis: la seguridad alimentaria propiamente dicha, de nivel macro, de las poblaciones y grupos que habitan naciones o regiones (y que en este trabajo revisaremos a través de datos secundarios) y la seguridad alimentaria de los hogares, en el nivel microsocial (que en este trabajo se basará en relevamientos propios y describirá lo que hicieron los hogares del área para soportar los efectos de esas variables macro y enfrentar la crisis).
El concepto de seguridad alimentaria ha recorrido un camino de veinticinco años. Es utilizado a partir de 1974 por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) definiéndolo como un “derecho”; retoma así documentos internacionales que desde 1924 reconocen a la alimentación como uno de los derechos fundamentales del ser humano y como tal se encuentra en las actas fundacionales de la Organización y en su mismo preámbulo.

En la década de los 80 y a tono con los esquemas neoliberales impuestos por el mundo anglosajón de Thacher y Reagan, se transforma en una “capacidad”, trasladando la responsabilidad al individuo. La propuesta de la organización para mejorar la seguridad alimentaria pasaba por lograr un mejoramiento en el abastecimiento, mejorando la producción y la calidad biológica de los alimentos. Será Amartya Sen (1982) quien critique esta postura desde la ética, la economía y la política. La seguridad alimentaria - según él - no depende de la producción agroalimentaria (que en el mundo para esa década alcanzaba a superar las necesidades promedio de la población) sino del acceso. Para apoyar su afirmación estudió las hambrunas en diferentes tiempos y culturas hasta 1971 en Bangladesh. Observó que en todos los casos los alimentos estaban potencialmente disponibles en forma de cosechas o de stocks exportables, pero no fueron accesibles a una parte de la población, la que padeció hambre. Concluye que en ninguna hambruna muere “la población”; bajo ese colectivo se encubre que sólo mueren los pobres, los que no pueden acceder a los alimentos. A partir de este estudio, para comprender el hambre, la disponibilidad de alimentos perderá importancia frente al estudio del acceso.

Posteriormente, Sen se pregunta ¿de qué depende la capacidad de las personas de estar bien alimentadas?. Ciertamente no de la disponibilidad alimentaria que existe en la sociedad, ya que las personas podrían no tener ingresos suficientes para tomar la cuota de alimentos que estadísticamente les correspondiera. Esta capacidad depende del derecho de una persona de acceder a un conjunto de bienes y servicios alternativos. En una economía de mercado, ese derecho opera a través del ingreso real. Si un trabajador vende su fuerza de trabajo y percibe un salario de doscientos pesos, sus derechos abarcan todos aquellos bienes y servicios que sumados cuesten hasta esa cifra. El límite queda fijado por su patrimonio (la dotación) y sus posibilidades de intercambio, con la naturaleza o con el mercado (Sen, A. 1982). En base a esos derechos una persona puede adquirir capacidades: la capacidad de estar bien alimentado, la capacidad de no padecer cólera, la capacidad de envejecer apaciblemente. Estar bien alimentado es, desde la perspectiva ética invocada por Amarthya Sen, decisiva para la libertad. El hambre es un atentado a la libertad de tal magnitud que justifica una política activa orientada a tutelar el derecho a los alimentos hasta tanto este se haga efectivo y los pobres puedan asumir su propia autonomía.

Haciéndose eco de esta concepción, las organizaciones internacionales volverán a considerar la seguridad alimentaria como un derecho y como tal se inscribirá tanto en la Convención de los Derechos del Niño (ONU 1989, art. 24) como en las Conferencias Internacionales de Nutrición de 1992 y 1996 en Roma, donde FAO comprometió a los países miembros a garantizar su cumplimiento “a través de un marco socio-político que asegure a todos el acceso real a los alimentos”. A partir de 1994 el concepto de seguridad alimentaria irá más allá de la disponibilidad física - ligada a la producción como correspondía al viejo criterio- poniendo el énfasis en el marco social y político que regula las relaciones que permiten a los agregados sociales adquirir sus alimentos en una economía organizada a escala mundial (salarios, precios, impuestos), producirlos (derechos de propiedad) o entrar en programas asistenciales (gasto público social).

De las cinco condiciones asociadas a la seguridad alimentaria (Chateneuf, 1995) Argentina cumple con cuatro:

- Suficiencia: alimentos en cantidad suficiente para abastecer a toda la población.

- Estabilidad: las variaciones estacionales no comprometen la provisión.
- Autonomía: en tanto no depende del suministro externo.

- Sustentabilidad: porque el tipo de explotación de los recursos posibilita su reproducción en el futuro.

Lo que no está garantizado es la equidad, es decir, que toda la población, y sobre todo los más pobres, tengan acceso a una alimentación socialmente aceptable, variada y suficiente para desarrollar su vida. Durante las décadas anteriores la problemática alimentaria no tenía lugar en la agenda pública, porque en un país exportador de alimentos, gran parte de la población -y su dirigencia- seguían situando el problema en la disponibilidad antes que en la equidad con que se distribuían los recursos.
Este trabajo es una mirada desde el acceso, en sus dos niveles: los condicionantes económicos del acceso, y las estrategias de los hogares para moverse dentro de esas restricciones. Por tal enfoque resulta finalmente un estudio de la inseguridad alimentaria y las estrategias que intentan las familias para superarla en la última década, dominada por la convertibilidad. Esta fue mucho más que un plan económico, pretendió una transformación cultural, apoyada por el efecto disciplinador de la hiperinflación que la precedi. Junto al plan económico, se transmitieron los ideales de vida de un sector que hizo de la vigencia del pensamiento único, del auge indiscutido del mercado y la lógica del éxito económico, la globalización y la pertenencia al primer mundo, los parámetros de la vida en sociedad.   

Condicionantes económicos del acceso

Comenzamos analizando los componentes macro del acceso para situar el tipo de crisis alimentaria del Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Afirmamos que es una crisis de acceso porque la disponibilidad sería suficiente para brindar a cada habitante 3181 kcal/día, si la distribución fuera equitativa (FAO, 2000). Pero como tal equidad estadística no existe y como sabemos que no basta que los alimentos estén disponibles sino que deben ser accesibles, estudiaremos los componentes de la accesibilidad. Por principio en un área urbana, donde la autoproducción está limitada por el espacio, ésta depende en gran medida del mercado y del estado. Del mercado a través de la capacidad de compra (la relación entre los precios de los alimentos y de los ingresos) y del estado a través de las políticas públicas que inciden sobre precios e ingresos o actúan a través de políticas asistenciales compensando su caída. A estos componentes del acceso en el nivel macro hay que sumarles las estrategias de consumo en el nivel microsocial.

      Disponibilidad = alimentos que se producen + alimentos que se importan + stock - alimentos que se exportan – pérdidas por industrialización y transporte

Si bien la disponibilidad tiene altibajos en el último cuarto de siglo, las oscilaciones que soporta no son mayores a un 15%, lo que indica que

 

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