Acerca del Taller de Lectura IntraMed | 06 JUL 24

¿Por qué no mirás una serie?

Sobrevivir en un mundo donde la lectura y los libros parecen no encontrar un lugar
Autor/a: Esteban Crosio Fuente: IntraMed 

"Y allí, con tu impiedad
Me vi morir de pie
Medí tu vanidad
Y entonces comprendí mi soledad
Sin para qué...
LLovía y te ofrecí... ¡el último café!

Nunca tomé un café con Julio. Sí disfruté sus relatos y él habrá padecido los míos. La pandemia nos reunió en un libro virtual, un “worst seller” gratuito y digital, producto de la generosa iniciativa de El maestro. De él sí hablamos mucho y seguido. Sus cachetadas intelectuales nos recuerdan que hay demasiadas cosas más allá de un estetoscopio y muchas de ellas se encuentran en los libros que poco o nada hablan de Medicina. Después de todo Pessoa tenía razón: la literatura es la prueba de que la vida no alcanza.

“¿Te animás a grabarte leyendo tu anécdota?”, le pregunté una tarde a través de un mensaje de WhatsApp. “Probemos. Me quedé pensando mucho en lo que comentó un participante en el último Taller respecto de que tenía una discapacidad y que por suerte había podido escuchar el relato a través de un audiolibro”, me contestó Julio con mucho entusiasmo.

“Algún día todas y todos seremos palabras, historias que las personas que nos sobrevivan seguirán contando para no olvidarnos. O quizás, para darle más sentido a sus propias vidas”. Victoria Siedlecki.

¿Qué marcas dejarán en nosotros los primeros libros que leímos? ¿Cuánto nos encendieron los cuentos que inventaban nuestros padres en la cama o las falsas proezas fabuladas en nuestra adolescencia? En el Taller de Lectura de IntraMed tenemos más preguntas que respuestas. Pero sin dudas entre las certezas, encontramos el placer y la necesidad de escucharnos sin juzgarnos.

Días después sonó el teléfono celular con una notificación. "Hola Esteban, anoche te mandé a tu correo el video que me pediste. Es una primera prueba, avisame qué te parece", me avisaba Julio. Lo que él no sabía es que yo ya lo había disfrutado. Como los primeros cuentos o como las hazañas de barrio. Es mi deseo que ustedes también lo disfruten. Y ojalá que las palabras nos sigan reencontrando.

 
 RELATO

Este fin de semana, me junté con un amigo a tomar un café, con la idea (mi idea), de charlar un poco, ponernos al día, debatir algunos temas, compartir ideas. Hacía más de un año que no lo veía. Nos reunimos en un café barato, que tiene algunas mesitas en la vereda y que siempre están rengas. Llegué unos minutos antes de lo acordado, doblé varias veces una servilleta y la acomodé bajo la pata más corta. Me pedí un café negro, chiquito, y me puse a leer un pequeño libro de poemas que me prestaron. El autor de ese libro es Gustavo Yuste, el libro se llama La felicidad no es un lugar y el poema que estaba terminando de leer cuando llego mi amigo se llama “Punto de quiebre”. Estaba tratando de masticar la última palabra del poema (“impacto”), porque me había costado tragarlo, cuando sentí una palmada en el hombro…

- ¿Qué hacés cabezón? ¿siempre leyendo vos? No cambiás más…

Le respondí con una falsa sonrisa (primera ficción del día), me paré y lo abracé (segunda ficción).

- ¡Que alegría verte! -  le respondí (tercera ficción).

Tendría que haberme parado y sin mediar palabra, haberme ido a mi casa. Pero para mantener una conducta social normal, elegí quedarme (fingir otra vez más) por cortesía. Pensé, erróneamente, que la cosa se podía acomodar en el transcurso del café.

Ni bien nos sentamos, un mozo se acercó para tomar el pedido. Repetí el café negro y él se pidió un “flat white”. Me salió una risa, pero esta vez fue de verdad. Antes, hace un par de años, le decías café con leche. En fin.

Después del pedido, comenzamos con las preguntas superficiales de rigor ¿cómo estás? ¿Pareja, familia, laburo?

No había pasado ni siquiera 5 minutos y sacó su celular para mostrarme unos reels y unos memes. Fingí una sonrisa.

Un momento después, cuando me devolvió algunas preguntas, le conté que estaba haciendo un taller virtual de lectura.

- ¿Estás haciendo un taller de lectura? ¿Para qué? ¿Por qué no mirás una serie? es mucho más entretenido. Te recomiendo una…

Ahí nomás terminó la charla. O por lo menos mi parte de la charla. Decidí no escuchar más. Mejor dicho, decidí volver a fingir que estaba atento a la recomendación, pero mis pensamientos ya estaban en otro lugar. Se había perdido que le contara que tuve la tremenda suerte de haber participado de ese Taller, desde el primer encuentro; que empezamos menos de diez personas y que en el último encuentro, fuimos más de mil. Personas de diferentes ciudades, diferentes países, diferentes horarios, diferentes profesiones, diferentes historias de vida. Todo diferente, salvo el mismo sentido, el de la lectura, el de no estar solos. Como Viktor Frankl determinó que quienes sobrevivieron al holocausto fueron quienes tenían un "para qué vivir" y así encontraron un "cómo sobrevivir" este taller de lectura es el "´cómo sobrevivir" a este momento actual. No le pude contar lo que leí de Ignacio Portela, respecto de que escribir y leer, es interrogarse sobre la sangre en el puño con el que se rompe el espejo que devuelve la implacable imagen de la desnudez de nuestros miedos.

Mientras volvía manejando hasta casa, me quedé rumiando esa última frase: “¿Por qué no mirás una serie? es mucho más entretenido. Te recomiendo una…”

Pensaba en la cantidad y variedad de plataformas y opciones de entretenimiento. Cuando un semáforo me freno en rojo, miré a los costados y adelante, y todos los conductores estaban con el celular en la mano. En la vereda, los que caminaban, también. Incluso uno de los pibes que siempre suele estar como limpia vidrios en esa esquina, estaba sentado sobre un balde de plástico dado vuelta y mirando fijamente la pantalla de su celular. Cuando cambió el semáforo a verde, tuve que tocar bocina porque el conductor de adelante estaba atontado con su celular en la mano.

Llegué a casa un tanto agobiado, desilusionado con el fracaso de la charla con mi amigo. Armé el mate y me fui al patio a releer el poema que había leído en el bar. Me gustaría compartírselos: 

  Punto de quiebre

Es la quinta vez
que veo un vidrio quebrado en varias partes,
pero aún cumpliendo su función.

Ahora fue en un colectivo,
otras veces fueron vidrieras de locales
y también una ventana de un organismo público.

Haciendo fuerza para evitar
cualquier tipo de psicología barata,
pienso en la capacidad de mantenerse en pie
de algo que perdió su orden interno
y las múltiples heridas que se desprenden
de un solo impacto. 

Otra vez, me quedé masticando en falso una y otra vez. Ese poema, al que por supuesto marqué y rayé, me disparó una serie de recuerdos de otros textos leídos.

Fui a mi biblioteca y buscando alguno de esos recuerdos marcados en libros, agarré “100 ideas” de Mario Bunge. Hojeé rápido hasta que encontré la primera marca. Estaba en las páginas 96 / 97, y lo que estaba remarcado era la idea número 36, la EVO-DESA. Hace referencia a la biología evolutiva del desarrollo. Refiere, Mario Bunge, que “es bien sabida la diferencia entre el desarrollo individual (ontogenia) y la evolución de las especies (filogenia). Sin embargo, esta diferencia no es dicotómica, ya que la historia de cada individuo es parte la historia de su especie. Repito: la historia de cada individuo es parte la historia de su especie” ¿Y cómo hacemos para ser parte de la historia de la especie si hoy no podemos o no queremos o no nos “entretiene” contarnos historias, cara a cara? Hoy, la historia de nuestra especie esta cegada y sesgada al entretenimiento idiota de las plataformas.

Volví a ver la tapa del libro de Bunge, y el subtítulo me golpeó: “100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café”. Y la portada tiene una taza de café. ¿Hoy se piensa y se discute en el café?

Por casualidad o causalidad, junto a este libro, estaba “España invertebrada” de Ortega y Gasset. Lo saqué, lo abrí y lo hojeé rápido buscando alguna marca. Encontré algo remarcado con mucha intensidad, subrayado, con flechas, en la página 107. Eso, es lo que ahora les voy a transcribir:

“Se dice que la sociedad se divide en gente que manda y gente que obedece; pero esta obediencia no podrá ser normal y permanente sino en la medida en que el obediente ha otorgado con íntimo homenaje al que manda el derecho a mandar.

Un hombre eminente, en vista de su ejemplaridad, fue dotado por la muchedumbre dócil de cierta autoridad pública. Muere aquel hombre, y su autoridad queda como un hueco social, especie de forma anónima que otros individuos vendrán a ocupar unas veces con mérito bastante, otras sin él. A la postre, el prestigio de la autoridad durará lo que dure el recuerdo de las personas que la ejercieron.

La obediencia supone, pues, docilidad. No confundamos, por tanto, la una con la otra. Se obedece a un mandato, se es dócil a un ejemplo, y el derecho de mandar no es sino un anejo de la ejemplaridad”.-

Esto de arriba, pero sobre todo esto de abajo, resume de manera excepcional el argumento del porqué hago este taller de lectura:

  Lo que viene

Lo difícil no es adivinar
que acá, pronto,
va a haber una explosión,
lo complicado es predecir
en qué dirección
van a salir volando
las diferentes partes.

El taller de lectura, éste taller de lectura, es el escudo.


El Autor: 

Julio César Guerini. Oriundo de Venado Tuerto (Santa Fe). Médico (UNC). Especialista en Medicina interna (UNC)
Especialista en Medicina legal (UNC). Especialista en Medicina del Trabajo (UNC). Médico Forense, Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba. Prof. Asist. de Semiología (Hospital Nacional de Clínicas - Córdoba). Prof. Asist. de Medicina Legal (UNC). Docente de Postgrado en la Especialidad de Medicina Legal (UNC). (Fanático de la pesca)

 



En nuestro cuarto encuentro que  se llevó a cabo el miércoles 10 de julio analizamos el relato: “Funes el memorioso”, de Jorge Luis Borges. Acá pueden ver la grabación y en los foros podrán acceder a los intercambios entre nuestros lectores.


 

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