Entrevista al Dr. Juan Carlos Chachques | 26 NOV 22

“Un médico debe adaptarse a la realidad del lugar en el que atiende”

El cirujano cardiovascular creador del “echarpe cardíaco” opinó que la investigación debe ir de la mano de la medicina humanizada. Habló sobre su actualidad en Francia.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed / Fuente Foto: Universidad Nacional de Córdoba 

“Investigar, practicar medicina de alta tecnología y asistir a las poblaciones más vulnerables del mundo”. Eso es lo que dijo el cirujano cardiovascular Juan Carlos Chachques cuando en 2019 obtuvo el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba. Uno de los tantos reconocimientos que recibió a lo largo de su carrera, entre ellos el Orden Nacional de la Legión de Honor de Francia.


Es que el médico argentino, residente en París desde hace más de cuatro décadas, buscó innovar pero sin nunca desprenderse de la medicina humanitaria. Creó la famosa técnica del “echarpe cardíaco” y es uno de los principales impulsores del biocorazón artificial, pero también realizó múltiples misiones humanitarias en Asia, África y Haití. En diálogo con IntraMed,  Chachques sostuvo que “el interés del paciente siempre debe primar sobre el interés de los que curan”. Aquí, una entrevista en la que narra su historia, explica sus desarrollos y proyecta las necesidades médicas del futuro.

¿Cómo influyó que su padre haya sido médico rural en la elección de su carrera?

Me crié en un ambiente medicalizado. Mi padre que fue primero maestro rural y después médico rural. Empezó la carrera a los 25 años y a los 31 se recibió. A la vez mi madre era farmacéutica. Y yo sentía que no podía desaprovechar los conocimientos obtenidos de mi familia. El consultorio estaba en casa, veía a los pacientes llegar e irse, lo cual era un acontecimiento muy humano, de solidaridad con los que sufren. Eso me marcó. Yo crecí grande, fuerte, deportista y me dije: puedo ayudar a los otros.

Desde hace cuatro décadas está radicado en Francia. ¿Cómo fue adaptarse a un nuevo país, la evolución de su carrera ahí y sus lazos con Argentina?

Llegué a Francia con mi título de médico y una residencia de Cirugía General hecha. Llegué a ser jefe de residentes del Hospital de Clínicas de Buenos Aires y luego hice dos años de residencia con el doctor René Favaloro, con el cual tuve una muy buena relación. Cuando yo me fui de Argentina, ya tenía 20 artículos científicos publicados y 35 años de edad. Digamos que tenía la mochila cargada para poder enfrentar las vicisitudes de la vida, profesionales y personales.

¿Cómo nació la técnica del echarpe cardíaco y cómo evolucionó hasta hoy con la ingeniería de tejidos?

Nació cuando yo ya estaba en París, en la década de 1980. Poco después de llegar y por una beca, aprendí microcirugía por un año, una tecnología entonces muy nueva en la que se operaba con microscopio y se hacían pequeñas suturas en arterias y venas. Yo quería aplicar eso en cirugía cardíaca – que en ese momento no se usaba- pero sí se aplicaba en cirugía plástica y de la mano. Obtuve un diploma universitario en microcirugía experimental a la par que iba al hospital y hacía guardias. Allí conocí el servicio de cirugía plástica y reconstructiva y vi como reimplantaban manos o dedos. También en ese servicio se hacían colgajos para los que usaban el músculo dorsal ancho, ubicado en la espalda. Todo ello requería una costura de arterias y venas. Mis colegas me decían: “¿Mirá si todo lo que estás haciendo acá en cirugía plástica y ortopedia algún día lo aplicas a la cirugía cardíaca? Así, bajo el impulso de mis compañeros y con la idea de que estas técnicas para el corazón podían servir, quise emplear esos conocimientos. Porque en insuficiencia cardíaca, el corazón se dilata, le falta circulación pero también le falta músculo para contraerse. Se me ocurrió que el músculo dorsal ancho liberado de la espalda, que usaban en cirugía mamaria si se le hacía una rotación, podía emplearse para insuficiencia cardíaca. También con una rotación, siempre atado con arteria, vena y nervio, podía metérselo en el interior de la caja torácica haciendo una ventana a través de la segunda costilla que se retiraba y envolver el corazón enfermo. Eso se llamó “echarpe cardíaco”, porque en realidad le dábamos la una vuelta completa como un echarpe, con un marcapasos con electrodos que yo también creé. La idea es que eso sirviera no solo para cubrir sino para hacer una especie de masaje. No se utilizaba una bomba para hacer una circulación extracorpórea y no hacía falta parar el corazón, lo hacíamos mientras latía. Eso era una gran ventaja para los pacientes con insuficiencia cardíaca, ya que el riesgo era mucho menor.

Pero para esa operación llevaba dos horas preparar el músculo de la espalda y el paciente estaba acostado de manera lateral. Poníamos el músculo de forma lateral y cerrábamos. Después poníamos al paciente boca arriba y abríamos el esternón por la mitad para hacer la operación. En total llevaba 4 o 5 horas.

Después de haber operado a mil pacientes con esta técnica cuando no había dadores para todos, tuvimos la idea de hacer las cosas más simples. Nos dijimos que tal vez, en algunos casos no tan complejos, en lugar de sacar el músculo de la espalda podíamos emplear la nueva ingeniería de tejidos, en la que uno crea tejidos muy parecidos a los originales. Eso se llama biomimetismo (copiar a la naturaleza). Al principio usábamos colágeno de animales que se esterilizaba y preparaba con células en el interior, pero luego pasamos a usar tejidos creados con nanobiotecnologías, entre ellos la policaprolactona, que es elástica y se adapta muy bien a la función cardíaca. Hicimos primero parches para cubrir la zona infartada y luego al echarpe completo con ese material. Todo eso está en pleno desarrollo y las células madre no se ponen de manera independiente porque no sobreviven bien. La poníamos alrededor de nuestro parche que lleva una gelatina, un gel de nutrientes. Entonces las células pueden sobrevivir mucho mejor al interior de ese parche que es tridimensional, tiene cuatro o cinco milímetros de espesor y todo ese complejo de biomaterial lo poníamos primero como un parche y luego cubriendo toda la parte enferma o la parte dilatada del corazón.

¿Cuáles son los usos para el echarpe cardíaco hoy y dónde se practica esta técnica?

Para la insuficiencia cardíaca ha habido grandes avances, entre ellos medicamentos. Entonces la técnica ha quedado para los países que no pueden tener medicación adecuada; para los pacientes muy graves y ya refractarios al tratamiento médico a los que no se les puede hacer trasplante (porque esta intervención necesita un tratamiento inmunosupresor importante para toda la vida). Todo eso creó una reducción en las cardiomioplastias o de echarpe cardíaco, que han quedado para los países menos desarrollados pero que hacen cirugía cardíaca. Se realizan aproximadamente el 20% de los procedimientos que hacíamos antes. A la vez, los fabricantes de marcapasos se interesaron menos en su manufactura porque había menos cirugías y quedaron fabricándolos solo las compañías más pequeñas. Hoy se usa mucho más el cardio patch o el Cardiowrap en los países desarrollados, que se puede hacer con una pequeña incisión, una mini toracotomía y no hace falta abrir completamente. Eso a veces lo hacemos como complemento de un bypass, porque a una cicatriz de infarto no la vamos a arreglar con esa intervención: completamos con un parche de 7 a 10 cm de diámetro cubriendo la zona con el patch que se va a asimilar y va a tener ese corazón con doble pared, la original más el del parche en lugar del músculo de la espalda.

 

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