Relato por Omar Lencina | 07 NOV 22

Bonanza

Este relato forma parte del programa de Clínica Literaria, coordinado por Mateo Niro, en el marco de “Roemmers junto a la cultura”.
Autor/a: Omar Lencina Fuente: Clínica Literaria: “Roemmers junto a la cultura”. 

Que la muerte de un actor sea el fin de una serie puede ser moneda corriente, pero que se lo vele en la misma serie ya es una rareza difícil de explicar. Por ese motivo, cuando mi viejo anunció: «Se murió Hoss» y se puso a llorar en el medio del living, mi vieja atinó a consolarlo y le dijo: «Tranquilizate, vida». Nunca antes le había dicho «vida». Nos sonó raro a mí y a mi hermano. Y agregó: «Para mí que es un truco para sacarlo del elenco». Mi viejo, que no paraba de llorar y estaba a esa hora del mediodía con el pijama puesto, gritó desencajado: «¡Se murió de verdad! ¡Lo escuché por Radio Rivadavia!». Después de un silencio, en medio del espasmo que sigue al llanto, agregó: «Esta noche lo velan en la serie y es el último capítulo». Mi vieja, que no sabía que la muerte de Hoss le podía afectar tanto a mi papá, intentó seguirle la corriente: «Entonces esta noche nos ponemos la mejor ropa, prendemos el televisor, acomodamos unas flores, unas velas junto al televisor y lo homenajeamos como se merece». Era extraño lo que había dicho, parecía que lo decía solo por decir algo, pero después de eso mi papá dejó de llorar y se tranquilizó. 

—¿Y por qué una serie con tanto rating terminaría por la muerte de un personaje secundario?— preguntó mi hermano Gustavo, que no entendía nada de lo que pasaba.

—Ese es el error —dijo mi viejo con resignación—. El gordo de Bonanza era toda la serie, no un actor secundario, era el principal. Esta noche lo van a matar, diciendo que se murió en una pelea o algo así y la serie empieza con el velorio—. Entonces se puso a llorar de nuevo. 

—Vamos a despedirlo como Dios manda, vida—. Otra vez no lo llamó por su nombre, le dijo «vida» como ya le había dicho, y le acarició el pelo cuando él se quedó sentado en el medio del living. 

—¿De qué habrá muerto el gordo? ¿Estaba enfermo?— preguntó mi hermano después de un largo silencio.

—Lo operaron de la vesícula y murió en la cirugía. Se llamaba Dan Blocker, era muy joven, tenía 48 años. Lo más triste es que levantan la serie, lo dijo Antonio Carrizo, que Ben Cartwright reunió a sus hijos en la ficción, al chino que hacía de cocinero y al comisario y todos decidieron, en forma unánime, que sin Hoss la serie no podía seguir. Después de 19 años, decidieron terminar Bonanza.

Ese día mi viejo se quedó en la cama, no fue a laburar. A la noche invitó a algunos vecinos a ver el último capítulo, les avisó que llevaran ropa de luto. Fue raro porque era un velorio en dos dimensiones, pero lo real era que el gordo amable, cariñoso y hasta cómico ya no iba a estar más en «La Ponderosa».

Mi viejo nunca más fue el mismo. Dejó de ir a trabajar y ya no fue más el profesor de matemáticas del normal que los vecinos ponderaban. Le diagnosticaron algo, lo medicaron, le dieron seis meses de licencia. Nunca supimos si la muerte del gordo de Bonanza, después de tantos años de ver la serie, había sido verdadera causa de ese cambio o solo una excusa. Mi mamá tomó las riendas y dijo: «Vamos a levantar esta casa de nuevo como haría Ben Cartwright, como si la serie continuara». Pero él, de igual modo, todos los martes a las 20, sin preguntar qué día era ni la hora, lloraba en el medio del living, con el pijama puesto y las pantuflas.

 

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