Ciclo de entrevistas “Invisibles” | 24 OCT 22

Dra. Ángela Martínez: “Supe que la medicina era lo mío al ver a mi madre trabajar como enfermera”

La pediatra, que fue nominada como “Misionero del Año” en 2019 lleva la atención a las aldeas de la comunidad mbya. Aquí su historia sobre cómo congenia su vida profesional con la familiar.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

Invisibles: No siempre el valor y la fama coinciden; ni los médicos más dedicados son los más visibles. Valoran el agradecimiento de quienes los necesitan más que algunos minutos en televisión. Forman parte de sus comunidades y están comprometidos con ellas. No tienen nada para vender; más bien comparten lo que tienen, lo que saben. Atienden en localidades remotas a familias humildes, no quieren dejar huérfana a ninguna enfermedad. Curan cuando se puede y cuidan siempre. Son aquellos que con los pies en el barro le dan sentido a una profesión milenaria. IntraMed quiere homenajearlos con este ciclo de entrevistas que se propone darles visibilidad a los “Invisibles”.


La doctora Ángela Martínez, quien se desempeña en la aldea Perutí (Misiones), donde atiende a pacientes de la comunidad mbya, supo desde muy pequeña que quería ser médica, ya que su madre se desempeñaba como auxiliar de enfermería y, cuando la niñera no podía cuidarla, la acompañaba a la salita. “Al verla trabajar, supe que era lo mío. Y me decidí por pediatría en la adolescencia, cuando entendí que me gustaban más los niños que los adultos”, relató.

Nominada como “Misionero del Año” en 2019, Martínez no duda en ayudar a los demás sin importar la hora. Reparte sus tareas en el Hospital de Área de Montecarlo y Perutí, donde llega en una camioneta del Ministerio de Salud o en vehículo particular hasta donde el auto pueda avanzar y después continúa a pie.

Antes supo asistir a siete comunidades originarias en Yacaporá, Doradito, Pasarela, Guabiramí y Kokue Poty. En entrevista con IntraMed, habló del camino que tomó, de cómo congenia su profesión con la vida familiar y de su vocación de servicio.

¿Cómo fue su trayectoria, desde  sus estudios a llevar la pediatría a las colonias y a las aldeas?

Me fui a estudiar a Corrientes justo en el año en el que tuvimos cinco presidentes distintos en una semana. El país estaba en una situación crítica y costaba bastante irse para seguir una carrera, pero tuve la fortuna de hacerlo. Me costó un poquito ingresar a la universidad, porque las bases de mi colegio eran más orientadas a lo contable y no a medicina. Una vez que entré, cursé los cinco años de la carrera, luego hice las prácticas y la especialización. Como mi pareja es de Montecarlo, vine a hacer la especialidad en El Dorado, y durante las prácticas, una médica me llevó a conocer las aldeas. Cuando se internaban personas de cultura distinta, me encantaba acercarme a ellos, así que desde entonces supe que ese era mi lugar de trabajo.

¿Cómo fue su tarea con comunidades originarias hasta llegar a la aldea mbya Perutí?

Atiendo a la comunidad mbya de Perutí, que es una de las más grandes de la provincia y está fraccionada en dos partes. Una, más alejada de la ruta pero próxima a la salita y la escuela. Y otra, más lejos del casco urbano pero cerca de un puente y un arroyo. Estos últimos mantienen aún más la cultura primitiva. Las otras comunidades a las que iba y que ahora ya no voy, son comunidades muy alejadas, a 60 o 70 kilómetros del casco urbano. Ellos viven de una forma completamente distinta a la nuestra. Algunos tenían sus casitas muy humildes y se juntaban alrededor de un fogón.

¿Cuáles son los principales problemas de salud que presentan los niños de la zona?

Se trabaja mucho en los cuidados porque ellos viven en contacto con la tierra, la vegetación. También se hace mucho hincapié en la alimentación saludable, en que hagan las comidas a horario, en que sepan elegir lo más sano dentro de lo que tienen para comer. Por otra parte, se educa en el cuidado del medio ambiente porque en tiempos de sequía, en Perutí costaba mucho la llegada del agua. Entonces se insistió en qué tipo de agua emplear para cada cosa, porque era prioritario que para el consumo se utilizara agua segura.

¿Cómo conviven su rutina de médica y su vida familiar?

La verdad, todos los días son un desafío. El amor a ser madre y ser profesional siempre está. Lo que por ahí se dificulta un poquito son los tiempos. Cuesta mucho cortar con el trabajo, decir “bueno, estoy en mi casa, acá soy madre y esposa”, tareas en las que igual sigo trabajando. Y cuando estoy en mi trabajo cuesta un poquito también decir “ya estoy atendiendo”. Porque mi niña está en la escuela, es pequeña todavía, pero hace danzas, va a la iglesia y también una tiene que ser madre presente. El día solo tiene 24 horas, pero tratamos de que esas 24 horas rindan.

 

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