Ciclo de entrevistas “Invisibles” | 12 AGO 22

Dra. Laura Larrambebere: “Debemos ponernos en el lugar del paciente y recuperar la escucha activa”

Es pediatra, secretaria de Salud de Arequito, Santa Fe y está a cargo del SAMCO de su pueblo. Es madre y también colabora con el club de sus amores. Aquí su historia.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

Invisibles: No siempre el valor y la fama coinciden; ni los médicos más dedicados son los más visibles. Valoran el agradecimiento de quienes los necesitan más que algunos minutos en televisión. Forman parte de sus comunidades y están comprometidos con ellas. No tienen nada para vender; más bien comparten lo que tienen, lo que saben. Atienden en localidades remotas a familias humildes, no quieren dejar huérfana a ninguna enfermedad. Curan cuando se puede y cuidan siempre. Son aquellos que con los pies en el barro le dan sentido a una profesión milenaria. IntraMed quiere homenajearlos con este ciclo de entrevistas que se propone darles visibilidad a los “Invisibles”.

La pediatra Laura Larrambebere siempre supo que quería ser “médica de niños” y atender en su pueblo, Arequito. De hecho, cuando era chica, sólo jugaba con los muñecos para hacerles vendajes y yesos. Además de tener su consultorio, la vida y su comunidad le dieron otros espacios, como el de ser Secretaria de Salud y directora del Hospital SAMCO. Madre de Santiago desde 2005, también se reserva un tiempo para participar de la comisión de la pileta climatizada del Club Belgrano, del que se declara “muy hincha”. Incansable, agradece cada momento en el que puede ejercer su vocación. En diálogo con IntraMed, compartió su historia.

Cómo es su rutina de todos los días y cómo congenia el consultorio con su cargo público. Fui a estudiar a Rosario, pero siempre supe que quería volver. Y así fue. Me casé, puse mi consultorio de pediatría y en 1997 me convocaron para trabajar en la Secretaría de Salud de la Comuna, que es un cargo ad honorem para colaborar con la comunidad con trabajos que impacten positivamente, como organizar charlas, talleres y eventos. También trabajo en el SAMCO, bajo la consigna de acompañar al único efector de salud pública de nuestra comunidad, que atiende a 7 mil habitantes.

Mis horarios son como un rompecabezas. Pero en 2005 nació mi hijo Santiago, que llegó para cambiar mi rutina para bien, porque dedico más tiempo a mí.  Pero mi trabajo es mi vocación y no puedo dejar la veta de interactuar con la gente. Todas las mañanas voy al SAMCO  hasta las 13. Vuelvo a casa, comparto ese rato con mi hijo y a las 16, empiezo a trabajar en el consultorio hasta que se termine la demanda espontánea. En algún momento del día o de la noche tengo reuniones con los equipos de salud de la comuna con los que trabajamos: consumos problemáticos, servicio local de niñez, violencia de género, servicio de atención a la tercera edad, las escuelas... Trato de organizarme y mi día termina a la 1 de la madrugada porque soy muy noctámbula. Para ese momento hago algo para distraerme, como ver tele o leer un libro.

Principales problemas de salud que afectan a la familia de la zona.  Los problemas fueron cambiando. En un momento trabajamos en una ordenanza para el uso responsable de fitosanitarios en Arequito, porque teníamos la “sensación térmica” altísima sobre lo que pasaba con ellos, la salud y la comunidad, pero necesitábamos saber cuál era la “temperatura” real. Entonces, acompañados por la Universidad Nacional de Rosario, realizamos una encuesta que nos llevó a conocer qué es lo que enferma a la gente de nuestra comunidad. Por supuesto que las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer puesto (hipertensión, afecciones cardíacas); le siguen las respiratorias (en la Pampa Húmeda hay muchos episodios de alergia, también hay EPOC asociado al tabaquismo) ; afecciones oncológicas también. Como pediatría es una especialidad que trabaja en lo preventivo, nosotros hacemos los controles de salud de los niños sanos, dosificamos las vacunas y en pacientes pediátricos las patologías que más vemos son las infecciosas, las febriles y las respiratorias. Bastante más lejos están las dermatológicas y las digestivas.

Cómo fue atravesar la pandemia. La crisis de Covid-19 me sorprendió en la Secretaría y en la Dirección del SAMCO, porque en ese momento el médico director estaba de licencia por una situación familiar. Fue un momento muy difícil de mucha incertidumbre, con un aprendizaje diario de protocolos que teníamos que transmitir a la gente. También de mucho miedo del ingreso del virus, porque veíamos lo que pasaba en Italia, la cantidad de fallecidos. De forma permanente teníamos que hacer comunicados o charlas en los medios para explicar cómo manejarnos. Por supuesto que tuvimos rispideces incluso dentro de nuestra comunidad, ya que en un principio el panorama era muy restrictivo y eso repercutía en lo laboral. Debimos enfrentarnos con la realidad de que si no se trabajaba, no se llevaba el pan a la mesa. Por ende, se trabajó con el servicio social para poder acompañar a esas familias. Y cuando llegó el primer caso fue un caos. Lo recuerdo, lo notificaron el 28 de julio del 2020 a las 8.30 de la noche. Hicimos el examen físico de la persona infectada, trazamos toda la ruta epidemiológica y lo comunicamos. Tuvimos que dividir el hospital en tres sectores: uno de urgencias (rojo), un sector verde para pacientes con patologías no respiratorias y uno amarillo para las consultas de pacientes con síntomas compatibles con COVID-19. Además tuvimos que instituir consultorios para cada uno de estos grupos, una guardia, uno común, otro de enfermedades respiratorias. Hasta debimos armar un hospital de campaña. Vivimos situaciones muy tristes: al conocernos todos, quien enfermaba gravemente o fallecía podía ser un amigo o el papá de tu paciente.  Trabajamos muchos meses por 24 horas y cuando se iniciaron las campañas de vacunación, tuvimos que dar respuestas a la ansiedad, de por qué no les llegaba el turno. De todo el aprendizaje me llevo son dos cosas. Una, que los seres humanos somos capaces de adaptarnos a cualquier situación, por adversa que sea y cambiar nuestra rutina. Hablo por mí y por todos aquellos con quienes trabajé, ya que en el SAMCO éramos 80 personas dispuestas a colaborar.  Y la otra, la importancia de formar grupos de trabajo, del equipo, de la buena gente que siempre está dispuesta a dar una mano. Lo que hace uno solo nunca será igual a lo que podemos hacer todos juntos y en esto incluyo no sólo al personal de salud sino a toda la población de Arequito que tuvo que cambiar su rutina (porque no se podía ir a clases ni a los parques, no se veían con sus familias, los abuelos, la tristeza de las personas de la tercera edad). Me llevo que todos somos mucho más fuertes y cada una de las personas es mejor si tiene a otro al lado.

 

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