La vigencia del clásico infantil | 06 FEB 22

María Elena tenía razón: "las brujerías que se curaron con la vacú..."

“La canción de la vacuna”, más conocida como “El brujito de Gulubú”, podría compararse a mucho de lo que se vive frente a las vacunas COVID. Desde el pensamiento mágico de las teorías conspirativas hasta la inmunización infantil para la vuelta a clases.
Autor/a: Celina Abud Fuente: Fundación María Elena Walsh /Clarín / Chequeado / SAVE 

Pocos días atrás, precisamente el 1 de febrero, se celebró un nuevo aniversario del nacimiento de la poeta, escritora y cantautora argentina María Elena Walsh, que eliminó barreras generacionales con su cancionero infantil. Son frecuentes los nuevos videos de YouTube con animaciones computarizadas que ilustran versiones de “La reina batata”, “Canción de tomar el té” y “El reino del revés”, entre otros.  

Más allá de estos clásicos inolvidables, la obra de María Elena Walsh parecía, cuando no estaba asentada en una comprensión absoluta del presente, muy adelantada a su tiempo. Ejemplos son la canción (para adultos) “Como la cigarra”, que reflexiona sobre la vida y sus penares, o bien la pieza periodística “Desventuras en el país Jardín de Infantes” (1979), que se publicó en el diario Clarín en plena dictadura militar y criticaba la figura del censor a la vez que mostraba preocupación por el pensar del futuro.

Hablaremos de su extensa carrera musical, literaria y periodística en otros escritos, pero hoy amerita adentrarse en uno de sus “himnos” infantiles (con la lucidez extrema en el momento en que fue compuesta y con sus implicancias en un futuro que María Elena desconocía). “El brujito de Gulubú” en realidad se llama “La canción de la vacuna” y hoy, más que nunca, podría asociarse a las vacunas COVID-19, a la confianza, al rechazo de algunos sectores y a la importancia de la vacunación pediátrica para volver a garantizar las clases presenciales.

 “Había una vez un bru, un brujito que en Gulubú. A toda la población embrujaba sin ton ni son”, cantaba María Elena. Más allá de la figura simpática del protagonista, hoy muchos de los discursos sobre el origen de la pandemia y del rechazo a la vacunación suenan dignos del pensamiento mágico. ¿Pero cómo iba a imaginar Walsh, fallecida en 2011, que ese pensamiento mágico, iba a encontrar en internet y las redes sociales su caldo de cultivo perfecto -¿o pócima?- para expandirse, y en forma de “fake news”?

Así, primero se relacionó la propagación del virus SARS-CoV-2 con las antenas de 5G; no faltaron manifestaciones de grupos que tendieron a vincular a la pandemia con un “nuevo orden mundial” de líderes asociados a corrientes nacionalistas que rechazaban a la Organización Mundial de la Salud. Incluso el cantante Miguel Bosé twiteó que las vacunas contenían un “microchip” para controlarnos. Pedro Bekinschtein, investigador del CONICET y director de investigación de INECO, había tratado de explicar al medio Chequeado por qué estas teorías ganan adeptos: “Muchas veces las personas que creen en una teoría creen también en otras teorías conspirativas y se construyen negando o tergiversando la evidencia. Si no se puede confiar en nada y todo es resultado de una conspiración, no hay manera de desmentirlas”.

 

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