Rita Charon, líder mundial en "Medicina Narrativa" | 19 OCT 18
"El que escucha tiene que poder recibir, como una gran vasija de arcilla"
Las historia clínicas son historias muy complicadas. Algunas existen en palabras, algunas en silencios, algunas en expresiones faciales, en gestos, algunas en hallazgos físicos. Nosotros, los receptores de esas historias debemos estar muy capacitados para relacionar todo lo que se nos transmite y convertirlo en una narrativa
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Autor: Entrevista: Daniel Flichtentrei, video: Ary Kaplan Nakamura Fuente: IntraMed 
INDICE:  1. Entrevista, video | 2. Transcripción
Transcripción

Entrevista de IntraMed a Rita Charon
(Entrevista Daniel Flichtentrei, video Ary Kaplan Nakamura)

¿Cuál es la definición que usted prefiere usar para describir la Medicina Narrativa (MN)?

Hemos aprendido que la Medicina Narrativa es la práctica clínica por parte de un médico, enfermero, trabajador social o capellán que está fortalecida por la capacidad de saber qué hacer con las historias que, en la práctica —de cualquier tipo— en la clínica, podemos capacitarnos para recibir la historia que el paciente nos cuenta. Son historias muy complicadas, como sabrá.

Algunas son en palabras, algunas son en silencios, algunas son en expresiones faciales, en gestos, algunas son en hallazgos físicos […] y nosotros, los receptores de esas historias debemos estar muy capacitados para relacionar todo lo que se nos transmite y convertirlo en una narrativa, y los médicos, enfermeros o trabajadores sociales no adquieren esas capacidades en sus facultades, no aprender a ser lectores,  intérpretes y a absorber. Eso es lo que creemos que es la Medicina Narrativa.

¿Cómo mejora la competencia narrativa las capacidades clínicas?

El que escucha tiene que poder recibir, como una gran vasija, una gran vasija de arcilla

Imagine que su enfermera o fisioterapeuta o médico interno o psiquiatra tienen el equipo para comprender lo que usted dice. Cuando hablamos de enfermedad o problema, la mayoría de las veces no comprendemos del todo cuál es el problema. Al hablar de él, podemos apreciar cuál es el problema. No es como si desde el principio usted supiera: Me duele la rodilla. No es así.

Cuando alguien va a ver a su médico, a su asistente social o a su fisioterapeuta, la mayoría de las veces lo único que puede decir es: No me siento bien. De modo que quien me está escuchando no sólo puede hacerme preguntas cuya respuesta sea “sí” o “no”. ¿Le falta el aliento? ¿Le pica la piel? ¿Le duele al orinar? No es suficiente.

El que escucha tiene que poder recibir, como una gran vasija, una gran vasija de arcilla, tiene que recibir todo lo que yo, el paciente, emito. Y esa persona que escucha, si sabe hacerlo, se enterará de algo diferente con sólo las respuestas a “¿le duele al orinar?” o “¿le falta el aliento?” Y juntos, quien habla, el paciente, y quien lo escucha, el fisioterapeuta, la enfermera, el doctor, construirán una narración diferente de la que el paciente pensó que tenía que decir o de la que el clínico pensó que oiría.

De modo que es una creación activa y, como sabemos acerca de cualquier caso de escritura o relato, el descubrimiento ocurre al decirlo. No sabemos lo que tenemos que decir hasta que haya un receptor que lo oiga. Y esto debería suceder en cada visita a la clínica y, por ello, mejora el cuidado cuando estamos capacitados para recibir lo que una persona enferma tiene que decir.

Usted dice: "cuando llegan a conocer la singularidad del paciente, los médicos parecen más decididos a reconocer su propia singularidad". ¿Puede explicarlo? ¿Cuál es la importancia de la biografía del médico en la práctica médica?

Lo que aprendemos en esta práctica es que el contacto clínico requiere dos personas, que el cuidado de la salud, la enfermería, el trabajo social no son prácticas mecanizadas. Uno no puede reemplazar un médico con otro y tener el mismo resultado. Todos estamos capacitados en Biología, entonces pienso acerca de la relación médico-paciente.

Hablaré de los médicos un minuto, aunque se aplica a otros clínicos también. Entonces, pensemos en el contacto médico-paciente y las cosas que suceden en la membrana: la membrana entre  yo y el paciente. Ambos tenemos membranas, no nos fusionamos en una única unidad: soy la médica, estoy dentro de mi membrana; el paciente es el paciente, dentro de su membrana. Y es algo similar a lo que sucede con las membranas celulares biológicas;  ustedes saben qué sucede allí.

Digamos, por ejemplo, hay un hepatocito, y la célula del hígado tiene todos estos receptores en la membrana, ¿verdad? Uno de los receptores podría ser un receptor de insulina, y en la circulación hay insulina, proteína, que proviene de una célula pancreática.

Entonces, ¿cómo la célula pancreática  hace contacto con la célula del hígado? La insulina se ubica sobre el receptor de insulina de la célula del hígado e inmediatamente ocurren cascadas de cambios bioquímicos en el interior de esa célula, inmediatamente, tan pronto como la molécula de insulina toma contacto con el receptor de insulina ocurren reacciones fosforilantes: el fosfatidilinositol 4,5 difosfato se transforma en fosfatidilinositol 3,4,5 trifosfato  y ello apaga otra proteína quinasa que luego enciende la síntesis de glucógeno que permite que la glucosa entre en la célula, ¿verdad?

Y, de este modo, se baja la glucosa en sangre y se suministra una provisión de energía a las células. Ésa es sólo una de las reacciones que tienen lugar cuando la molécula de insulina se ubica sobre el receptor, ¿entiende? Todas estas cosas suceden dentro de la membrana del receptor en virtud de ese contacto. Y esto sucede … ¿cuántos  hepatocitos tiene en su cuerpo?

Millones. Esto sucede en millones de células en virtud de esa molécula de insulina. Ahora bien, volvamos a la clínica, si el paciente es una célula pancreática y el médico es el hepatocito. ¿Qué secreta el paciente para desencadenar toda esta cascada de respuestas?

La historia. La historia es el ligando. La historia es lo que activa al médico en cascadas de cambios enzimáticos. La historia es el ligando que me pone en acción: mis recuerdos, mis sueños, mis asociaciones, mi entendimiento, mi habilidad cognitiva, mis habilidades manuales, mi diagnóstico diferencial, mi conocimiento de qué hacer luego, mi comprensión de los efectos colaterales de la medicina, mi decisión de iniciar […] insulina, mi decisión de agregar otro agente oral, mi compromiso con este paciente, mi decisión de ayudar a que mejore, mi interés, mi estima, mi amor. La historia es el ligando.

Usted considera que la empatía innata de los médicos declina durante la capacitación médica. ¿Qué falta y qué se obtiene cuando la lingüística espontánea, las capacidades interpretativas, empáticas de un estudiante de Medicina (EM) son reemplazadas por capacidades “científicas” durante el período de capacitación médica?

Se piensa que la empatía declina durante la capacitación, y hay estudios que afirman que la empatía, efectivamente, declina durante la capacitación médica. Debería hacer una advertencia. Yo no creo que los instrumentos usados para medir la empatía sean muy precisos o verdaderos. Creo que son tontos. Yo no creo en la escala de empatía de Jefferson.

Con esa advertencia, sin duda ocurre una transformación mayor dentro de la capacitación médica. Mi colega Eric Marcus es psiquiatra y psicoanalista y tiene muy buena información recopilada de los sueños de estudiantes y trainees de Medicina. Recolectó sueños, contrató asistentes de investigación y pagaban 10 dólares por sueño, de estudiantes de Medicina, internos, residentes, docentes.

Entonces el asistente de investigación iba con un grabador y recopilaba sueños, que eran anónimos, pero indicaban el nivel de capacitación. Entonces Eric, el psicoanalista, analizaba los sueños y podía ver etapas muy claras en 1.º, 3.º, 4.º año de Medicina de internos, residentes, docentes, los sueños de la pérdida del miedo. Los alumnos de 1.º año tenían sueños en los que ellos eran el cadáver en Anatomía, los alumnos de 3.º tenían sueños en los que ellos estaban en una camilla sufriendo un ataque al corazón.

Yo leí uno de los artículos de Eric Marcus –de hecho,  lo ayudé a escribir algunos artículos–, pero leí un artículo en una revista de psiquiatría donde citaba un sueño, sólo decía, un asistente de cátedra junior de Medicina interna y era un sueño –creo que nos dijo el sexo de la persona, era una mujer– en el que la mujer tenía un hijo, pero la mujer tenía hipertiroidismo, y ella le pasaba la maldición del hipertiroidismo a su bebé, y el bebé moría. Yo leí ese artículo y dije: “Eric, ése fue un sueño mío”. Entonces la evidencia de Eric es muy buena: hay importantísimas etapas por las que pasamos durante nuestra capacitación, pero es demasiado fácil simplemente decir empatía a qué.

Hay millones de profundos cambios personales psicoanalíticos transformadores por los que todos pasamos durante el tiempo en que nos convertimos en doctores y hacemos nuestro trabajo, y tienen que ver con el miedo, la  pérdida y la muerte, y con darnos cuenta de que somos mortales. Entonces, en medio de todo esto, ¿cómo mantenemos viva la empatía? Bueno, es una pregunta muy compleja. Creo que tiene ver con el cuidado de uno mismo (el self), con el reconocimiento del self. Antes ustedes me preguntaron por qué el doctor es singular en el contacto con el paciente.

Bueno, de esto se trata. La singularidad del médico, la difícil situación propia del doctor al convertirse en médico debe ser reconocida. Y por lo general, no la reconocemos. Tenemos que permitir que los estudiantes, los internos, los residentes y los docentes digan lo que está sucediendo dentro del self en el proceso de convertirnos en médicos, y con frecuencia no tenemos muchas posibilidades de hacerlo. Si yo fuera el rector, insistiría para que todos mis alumnos estuvieran en tratamiento psicoanalítico, creo que es necesario que los doctores reciban una psicoterapia seria y continua, preferentemente psicoanalítica.

Porque pienso que la transformación que sufrimos es tan profunda, al estar cuidando a gente enferma y moribunda, que no podemos pasarla por alto. Y creo que si se dice que una persona pierde empatía, es una forma resumida de decir que hay profundas transformaciones personales sufridas por estos médicos que no saben qué […]. Y si van a ser grandes médicos y si van a seguir creciendo como seres humanos, necesitan cuidados, no porque estén enfermos, sino porque están pasando por un cambio cataclísmico, y este cambio debe ser aceptado y reconocido, y hay que ayudarlos  a seguir adelante para que no sea destructivo, sino para que conduzca al crecimiento.

¿Cómo un alumno de Medicina puede adquirir sus capacidades de narrativa sin perder sus capacidades científicas? Usted dice que los profesores y los médicos sabían cómo capacitarse en la competencia narrativa, el problema simplemente era que no se la ponía en práctica. En su experiencia, ¿cuáles son los enfoques más exitosos/precisos para capacitar a los alumnos de Medicina en la Medicina Narrativa?

Somos terriblemente afortunados, porque se nos permite usar nuestro entendimiento del mundo material y del mundo metafórico

Los médicos, enfermeros, fisioterapeutas y otros Imagen relacionadaclínicos tenemos mucha suerte. Somos terriblemente afortunados, porque se nos permite usar nuestro entendimiento del mundo material y del mundo metafórico.  Creo que hay pocas ocupaciones en que esto sucede. Nosotros comprendemos en gran detalle el mundo material de las moléculas, los órganos, los huesos y la piel. Éste es el mundo material y también, por definición, necesitamos un entendimiento del mundo metafórico.

¿Qué significa cuando un paciente dice que se siente cansado? ¿Qué significa cuando un paciente dice que siente una presión en su pecho? Y para ser grandes doctores o enfermeros o fisioterapeutas necesitamos adquirir grandes habilidades no sólo en el mundo material, no sólo en el mundo metafórico, sino en cómo se relacionan entre ellos. Es muy complicado.

Y temo que algunos de mis colegas en la Medicina quedan varados en el cuerpo, quedan varados en el mundo material y entienden el hepatocito, pero no logran aumentar su entendimiento de lo que significa decir: “Me estoy muriendo” o “Tengo náuseas" o "Tengo miedo". Y nosotros creemos que la capacitación narrativa que brindamos aquí, en la Medicina Narrativa, mantiene viva y permite que la metáfora del entendimiento crezca, el entendimiento del lenguaje, del valor y del significado.

¿Qué necesitan las personas a medida que envejecen, enferman y se aproximan a la muerte? Además de un entendimiento del mundo material del colesterol y de la placa de la íntima, necesitan un entendimiento de la experiencia vivida del envejecer. Mi paciente de 82 años me dijo el otro día en el consultorio: "Cuando envejecemos, nos volvemos invisibles. Cuando subo a un colectivo, tardo más tiempo, porque me duelen las rodillas, y la gente detrás de mí se queja. Cuando señoras mayores se sientan juntas en un restaurante, es como si no estuvieran allí. Son invisibles”. Me dijo: “Me tiño el pelo, porque si uno tiene canas, uno es invisible." Y luego me miró y me dijo: "Usted debería teñirse el pelo”.

Creo que no es sorprendente para la mayoría de los médicos que se les haya requerido tener un profundo entendimiento de la difícil situación de los seres humanos. Creo que un médico no puede estar con gente enferma sin darse cuenta de la profundidad del mundo. Y creo que muchos de ellos anhelan  el nivel profundo del mundo.  Uno habla con residentes de segundo año, y ellos se dan cuenta de que, en algún punto, están realizando un gran trabajo, a cuya altura no están.

Les pedimos a los alumnos de Medicina en un estudio que realizamos hace algunos años que describieran una muerte que hubieran visto. ¿Han visto morir a un paciente? Éstos eran alumnos de tercer año de Medicina. Y contestaron y grabamos las respuestas.

Creo que los médicos entienden que hay un nivel de significado que no sólo se ignora, sino que se viola

En la trascripción leo que un alumno dijo: “Vi morir a un paciente. Fue un paro cardíaco. Anunciaron lo que sucedía, y todos corrimos. Y mi residente le estaba haciendo masajes cardíacos y todo. Y nosotros estábamos administrando el fármaco y ocupándonos de los gases en sangre y todo. Fue muy duro. El paciente murió. Anunciaron el código de emergencia, y la paciente murió. Estaba desnuda, estaba ensangrentada en la ingle donde hicimos el ABG (gases en sangre arterial). Tenía un tubo intratraqueal en la boca, tenía cinta adhesiva que le sostenía el tubo en la cara y fue horrible. Y todos se fueron. Y pensaron que todo había terminado todo, que entonces podían irse. Y todos se fueron”.

Ahora bien, este alumno de 3.º año se había dado cuenta de que había sucedido algo trágico. Había algo sagrado que había sucedido, y nadie lo había notado. Y todos se habían ido. Y en los hospitales estadounidenses lo que sucede es que todos los médicos se van, y como dijo el alumno "como ellos dicen, esto se terminó.

Entonces se fueron dejando el cadáver desnudo, violado, ensangrentado sobre la cama hasta que llegaran las enfermeras para quitar el tubo intratraqueal, para sacar las largas vías de su ingle, para bañar el cuerpo, para quitar la cinta adhesiva de la cara, para vestir el cadáver, para cubrir el cadáver y luego para permitirle a la familia que vea el cadáver.

Para este entonces, los médicos ya se habían ido hacía rato".  Me tomé el tiempo de contar esta larga historia como ejemplo de cómo el significado es extirpado de nuestra práctica. Pero con seguridad, este alumno de 3.º año se dio cuenta de que algo se había extirpado y este alumno de 3.º año se sintió terriblemente culpable por dejar atrás ese cadáver ensangrentado y violado y encaminarse hacia su próxima ronda para ver al próximo paciente dejándoles a las enfermeras el trabajo del significado, del lavado, de corregir, de dignificar, de reconocer que había habido una muerte humana.

Creo que los médicos entienden que hay un nivel de significado que no sólo se ignora, sino que se viola. Y en nuestro trabajo encontramos un gran hambre en nuestros médicos que acuden a nosotros para capacitarse, acuden a nosotros para […] acuden a nosotros por desesperación, porque el significado ha sido arrancado —A-R-R-A-N-C A-D-O— del mundo.

Imagen relacionadaY cuando les ofrecemos las fuentes de significado más simples, como leer un poema con nosotros, leer el cuento Axolotl de Cortázar, leer con nosotros, escribir con nosotros, leer en voz alta lo que han escrito, entender cómo el lenguaje común es una fuente de significado en sus propias vidas, se sienten como individuos sedientos en un desierto a quienes se les da agua potable.

Como usted dice, la capacitación en MN no es una tarea fácil; requiere un proceso longitudinal, riguroso y disciplinado. ¿Existe algún modo sistemático de adquirir habilidades y competencia narrativa en la Medicina? ¿Qué recomendaría a los médicos que desean capacitarse en MN, pero no tiene acceso a clases o conferencias específicas?

…porque hay métodos probados desde hace mucho de enseñar competencia narrativa. Somos muy afortunados. Estos métodos han sido usados durante siglos, pero no en la capacitación médica. Se los usa en cursos de literatura, en el Departamento de Inglés, en la capacitación en escritura creativa. Sabemos muy bien cómo capacitar a un lector de prosa, sabemos muy bien cómo entrenar a un escritor para que exprese sus pensamientos, en prosa o en poesía. Simplemente, no se lo hemos ofrecido a los médicos, eso es todo.

De modo que, durante mucho tiempo –supongo que esto también sucede en la Argentina y no sólo en los Estados Unidos–, los médicos han sido exhortados a ser humanistas, profesionales, altruistas, a tener empatía, a ser buenas personas. Todo el tiempo somos exhortados a ser buenas personas, o a tener empatía o compasión y, sin embargo, nadie nos dice cómo hacerlo.

Los médicos son personas muy dedicadas: pasan fines de semana enteros en estas conferencias CME (Educación Médica Continua) para aprender las últimas técnicas en angioplastia. Harán cualquier cosa si eso los hará ser más eficientes. Harán cualquier cosa por tener más empatía o ser más profesionales o más altruistas, pero hay que decirles cómo.

De modo que cuando empezamos con la Medicina Narrativa, pensamos que teníamos algo que ofrecer porque sabíamos cómo. Podíamos atestiguar la falta. Y la falta no es de buena voluntad, la falta no es no ser buenas personas, la falta no es de altruismo o de empatía, la falta está en la competencia o la habilidad de comprender la fuente, de entender el nivel de significado que acabo de describir. Y como nosotros proveníamos de los Departamentos de Inglés y Departamentos de Escritura, conocíamos los métodos, sabíamos cómo enseñar a la gente a ser buenos lectores,  buenos oyentes y buenos escritores.

Así que lo único que hicimos fue traer el mensaje, probado y verdadero, del Departamento de Literatura y los programas de escritura a la capacitación médica. Eso es lo que hicimos. De modo que cualquiera puede hacerlo. Lo que hay que hacer es, en su universidad, buscar a la gente del Departamento de Literatura o el Departamento de Escritura que entienden cómo enseñar a leer y a escribir, y asociarse con ellos y ayudarlos a que entiendan qué necesita usted para sus jóvenes estudiantes de Medicina.

Usted no quiere que sean Cortázar o Faulkner o Henry James; no les está enseñando a ser grandes novelistas, les está enseñando la forma de obtener las novedades de la fuente […], la forma de obtener las novedades de la historia, ya sea que sea escrita u oral. Ésa es la habilidad que queremos introducir en la capacitación de todos los médicos, enfermeros, asistentes sociales y fisioterapeutas, y sabemos cómo hacerlo. Tenemos que trabajar con las personas que quiere […] historias.

Usted explica la importancia de escribir durante la capacitación de MS y durante la práctica médica, en especial para la “representación” después de la “atención”. ¿Por qué deberían escribir los médicos?

Nosotros elegimos tres movimientos dentro de la Medicina Narrativa, no son tres etapas, no es que primero viene una y luego la otra. Se trata de tres movimientos que tienen lugar al mismo tiempo y que contribuyen entre sí. Y los tres movimientos son atención, representación y afiliación. La atención es ese estado de receptividad. Yo dono atención al paciente cuando habla. La atención es el foco, la dedicación personal de estar presente con el paciente y de recibir todo lo que emite. Para lograr el estado de atención, debo poder dejar de lado otras preocupaciones. He aprendido a dejar de preocuparme de que mi beca vence en una semana o que mi madre está muriendo en un hogar de ancianos.

Me pongo a disponibilidad, me concentro, estoy presente, allí, con ese paciente. Es muy difícil. La representación es el acto de representar con el lenguaje o con cualquier otro medio lo que percibo. Hemos aprendido, todo escritor o lector lo sabe, que uno comprende lo que uno experimenta sólo cuando lo representa. Hay una necesidad mediadora de expresar lo que uno percibe. Incluso en la corteza, lo que uno percibe primero se representa en la corteza occipital antes de que uno lo pueda asimilar. Así funciona el cerebro.

Y hemos aprendido acerca de la necesidad de la representación en el acto de la atención y la percepción. Es complicado. El psicoanalista […] escribió: “Escribir es un acto motor […] mediante el cual transformo lo inmaterial en lo material, así puedo comunicármelo a mí mismo y comunicárselo a los demás. En la escritura, acto motor […] de sostener una lapicera y acercarla a un papel y escribir, yo me convierto en […]. En el acto de escribir mi percepción se vuelve aceptable ante mí y no ante ellos. Hasta que no escriba acerca de algo que he visto, no lo he —de hecho— visto. Y cuando escribo la descripción más simple de un paciente o de un día en el parque o de un sueño. Cuando lo escribo, leo lo que escribo, lo inmaterial se torna material, se me comunica y digo: “Ah, eso es lo que vi”. 

Entonces, escribir no es una idea tardía, escribir no es simplemente un acto de registrar, escribir no es informar, escribir es componer, escribir es crear, escribir me da acceso a mí a aquello que he visto. De este modo es como nosotros conceptualizamos lo que escribimos. Ahora bien, es posible que otros lo hagan a través de la fotografía, o la pintura al óleo o la escritura. Y estoy aprendiendo cada vez más acerca de la teoría estética y la visualizo porque lo comprendo.

Pero vemos cómo la escritura, cómo la representación y la atención tienen que trabajar juntas. Es un espiral, uno no puede lograr la atención sin la representación, y la representación permite mayor atención, y la atención permite una representación más precisa. Y juntas elevan torres de afiliación entre el médico y el paciente, entre el médico y la familia, entre los pediatras que escriben seminarios, entre el hospital y la comunidad, entre la Medicina y la cultura, todas estas afiliaciones.  Si la atención en la representación no se transforma en afiliación, no tiene sentido. La afiliación es el objetivo.  La atención y la representación, si no se convierten en afiliación, son solipsistas y narcisistas y vacías.  

Usted explica tres pasos generales en MN: atención, representación y afiliación. Existe un verdadero desafío dentro de cada paso: usted habla de la “gran taza vacía de atención” o cita a Gabriel Marcel en su declaración acerca de la forma de escuchar como una forma de dar. Desafortunadamente, en la actualidad, los médicos carecen de TIEMPO suficientes para tratar a la mayoría de sus pacientes. En este contexto, ¿cómo podríamos lograr poner en práctica nuestra competencia narrativa?

Las cuestiones sobre los factores contemporáneos son un desafío. Estamos construyendo experiencia con la Medicina Narrativa en la práctica. Hay cosas que puedo hacer por un paciente hoy que habrían sido imposibles de hacer en 2003. Soy médica internista, veo pacientes todo el tiempo, trabajo en esto desde 1981, eso significa que he sido médica internista durante 29 años. De modo que he visto a mis pacientes, y ellos me han visto durante décadas. Creo que es importante decirlo.

Ello no significa que la Medicina Narrativa no ayuda en la sala de emergencias o en una internación de pacientes agudos o para un cirujano que tal vez ve a una persona una vez, le extirpa la vesícula y se acabó. Allí también se puede obtener ayuda de la práctica de la narrativa. Pero pienso que los beneficios son más extremos en el cuidado longitudinal del paciente, donde acumulamos un profundo contacto y conocimiento mutuo. Nuestro método permite un profundo compromiso y crecimiento en pacientes y en médicos. Esto no sería posible sin esta atención y representación longitudinales.

De modo que ahora puedo hacer algo en diez minutos –esto habría sido imposible, ni siquiera durante horas, con un paciente– gracias a la confianza, comprensión y relación acumuladas. Es innegable que los enfoques narrativos necesitan más tiempo al principio y fácilmente paso una hora con un paciente nuevo y le digo dos frases a ese paciente: “Yo voy a ser su médica, así que necesito entender muchas cosas acerca de su cuerpo, su salud y su vida. Dígame lo que piensa que debo saber acerca de su situación”. Y dedico los siguientes 15 o 20 minutos para escuchar lo que me diga el paciente. No lo interrumpo, no tomo notas ni trabajo en la computadora; simplemente lo absorbo. Es mucho tiempo, pero después de 15 minutos el paciente, invariablemente, dirá: “Eso es todo”.

Pero él decide lo que quiere decirme y se trata de sus hijos, su educación, sus sueños, sus miedos o lo que toman, no me importa. Lo invito a decirme lo que él piense que debo saber. Y el entrenamiento mismo de los problemas con los que vamos a tratar como médico y paciente es hecho por ellos. Esto toma mucho más tiempo que si revisara los sistemas con preguntas cuya respuesta es “sí” o “no” o con una lista de verificación, sin duda. Pero esa inversión de tiempo produce infinitos beneficios, porque hay cosas que después puedo hacer muy rápido y que a mis colegas les llevaría mucho tiempo. Cómo hago que decidan hacerse una colonoscopia, bueno les digo que lo hagan y lo hacen, porque tienen motivos para pensar que estoy de su lado.

Más adelante, podemos necesitar un estudio multicéntrico con miles de personas, con pacientes aleatorizados a la práctica narrativa o la práctica estándar, y lo haremos. Necesitamos muchos centros y pacientes, y lo haremos. Pero creo que llevará cinco años ver la diferencia, ver los frutos, y los frutos van a ser hemoglobina A1c más baja, mejores controles de la presión arterial, menos cigarrillo, más pérdida de peso, una mejor función luego de la muerte de un cónyuge, claridad acerca de los eventos que se les solicitan: tomar las medicinas, hacerse un […], hacerse una mamografía, todo. Ésas serán las diferencias. Y los pacientes se sentirán escuchados, y los médicos estarán contentos.

¿Qué les diría a quienes acusan a la MN de ser “anticientífica”?

Felizmente, la Medicina Narrativa continúa estando dentro de la Medicina. Entonces, soy internista y leo mis anales de Medicina Interna y voy a hacer las rondas y … ¡que Dios me ayude si no estoy al tanto de las novedades de la diabetes, hipertensión y osteoporosis! ¡Hay que hacerlo todo!

Conclusión:

Estamos aprendiendo lo que significa estar enfermo y qué hace falta para curarnos o recuperarnos o, por lo menos, para vivir genuinamente con una enfermedad. Pensamos que la Medicina erró, se equivocó al separar las cuestiones de la vida de las cuestiones de la enfermedad.

Cada vez más médicos, enfermeros y asistentes sociales están tratando de comprender lo que significa la experiencia vivida de la enfermedad o de tratar de estar bien, tener una enfermedad, envejecer o tener problemas de salud y tratar de hacer lo mejor posible con la diabetes, las enfermedades cardíacas, el Parkinson o la depresión.

De modo que los médicos, enfermeros y asistentes sociales están aprendiendo cada vez más a escuchar lo que dicen las personas de sí mismas en tanto buscan lo mejor para vivir con una enfermedad o para curarse. Y lo que significa para los pacientes es que cada vez con más regularidad los médicos, enfermeros y asistentes sociales están siendo entrenados para escuchar, para absorber lo que dice una persona enferma, acerca no sólo de las pastillas o los remedios para el dolor, sino acerca de la experiencia completa de ser un ser humano cuando, tal vez, el cuerpo cambia, ya sea una mujer joven con su primer embarazo o una persona mayor que pierde la razón.

Y todo esto le sucede a esta joven embarazada, su marido y su hijo de tres años, y todo esto le sucede a la hija, el hijo y el marido de esta señora de 80 años que está perdiendo la razón. Todo esto es la tarea del médico. Todo esto es la responsabilidad y el dominio del médico, el enfermero o el asistente social para brindar ayuda a la embarazada y su familia, a la mujer con demencia y su familia mientras que, como seres humanos, atravesamos las etapas inevitables de ser humanos.


Colección IntraMed de Medicina Narrativa

 

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