Cerebro clínico | 27 DIC 17

2084: Mundo Big Data, una distopía clínica

Los algoritmos se convirtieron en la nueva clínica y los médicos en una mera tecnología para aplicarlos
Autor/a: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed 

“La imbecilidad es una roca inexpugnable: todo el que choca contra ella se despedaza”. Gustave Flaubert.

Amanece. El Dr. Turing baja las escaleras del hospital custodiado por un robot que lo aferra del brazo. Es un artefacto antropomórfico, blanco, metálico. Se llama Isaac A.; se conocen. El edificio es enorme, más de veinte pisos. Una mole de hormigón macizo con solo una docena de  ventanas pequeñas. La arquitectura es funcional, racionalista y brutal. Antes de subir a la camioneta Turing se detiene y mira hacia atrás. Una silueta se asoma por la ventana del último piso, es una sombra irreconocible. Agita algo con su brazo en alto. Turing sonríe. El robot le baja la cabeza y lo ayuda a sentarse en el interior de la camioneta. Desde el asiento delantero baja una cortina automática. El supervisor gira: “Bienvenido doctor, será trasladado a un instituto de rehabilitación”. La cortina vuelve a cerrarse. Huele a desinfectante, hace frío.

Isaac A. se sienta a su lado. Ejerce una presión calculada sobre su brazo. Debe indicar autoridad y producir sumisión. El sistema está muy bien calibrado. Los sensores táctiles de su mano electrónica denominados "caja de empatía" evalúan la impedancia de la piel, la temperatura, la frecuencia cardíaca, el sudor y, en base a esos datos, se ajusta la presión. El mecanismo se retroalimenta con indicadores que evalúan las emociones. Debe impedir que la persona que custodia se relaje en exceso o que sienta pánico. La medida exacta prevista en su setpoint autorregulable programa los ajustes necesarios. Algunos modelos más avanzados que Isaac A. estaban equipados con el “órgano de ánimos Penfield”, una máquina capaz de producir emociones en quienes lo utilizaban.Turing conoce aquellos dispositivos ya que los médicos los empleaban con sus pacientes aunque en el sentido contrario: producir confianza y serenidad. Un monitor muestra las variables emocionales y les sugiere una serie de refuerzos conductuales mediante una ayuda que aparece en pantalla: sonría, acerque la silla, toque la mano, haga silencio, ofrezca un pañuelo de papel y otras recomendaciones por el estilo. En general Turing prefiere evitarlo, lo ignora hasta que suena una alarma y se ve obligado a simular que le obedece.

 

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