Recomendaciones del gran sabio inglés para sus alumnos | 09 MAR 15

Bertrand Russell y sus diez mandamientos

Un decálogo para el conocimiento racional y la honestidad intelectual.
Autor/a: Ricardo T. Ricci, San Miguel de Tucumán Fuente: IntraMed 

Sabido es que Bertrand Russell tuvo distintas facetas durante su prolongada vida. En su juventud sorprendió al mundo escribiendo en compañía de Alfred North Whitehead, “Principia Matematica”, obra monumental que pretendió constituirse en la cima de la razón humana. Wikipedia se permite presentarlo de este modo: Bertrand Arthur William Russell, 3.º conde de Russell, OM, MRS (Trellech, 18 de mayo de 1872 - Penrhyndeudraeth, 2 de febrero de 1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura y conocido por su influencia en la filosofía analítica, sus trabajos matemáticos y su activismo social. Contrajo matrimonio cuatro veces y tuvo tres hijos .

Vivió por lo tanto 98 años y su obra es vastísima. Una personalidad de este tipo permite que a su alrededor surjan voces que lo elogian de manera pertinaz, y voces de detractores encarnizados. No es propósito del presente trabajo, sumergirse de manera experta y crítica en la vida y la obra de Russell, carezco de la mínima formación para emprender tal tarea. Lo que deseo, es asomarme a unas recomendaciones que él formuló en forma de decálogo útil para la vida académica en particular, y la vida misma en general.

Deseo hacer dos pequeñas advertencias: La primera es que el tratamiento del presente tema no implica mi adhesión a la completa obra de Russell, no desearía resultar encasillado como pro rurselliano, y mucho menos como anti russelliano. Hace bastante tiempo que en mi vida intento no encolumnarme excluyentemente en alguna posición extrema. No deseo sumarme a la horda de los tibios ya que mi propósito, acaso inocente, es rescatar de todos lo mejor. Reconozco que este no es un terreno necesariamente cómodo, implica habitar en las fronteras y ello tiene sus ventajas y desventajas como la tiene cualquier sitio en el que quieras asentar tu vida. No me es posible ‘admirar’ a Russell, carezco de elementos sistemáticos para hacerlo, sí me parece muy interesante reflexionar sobre la mínima parte de su obra que elegí, porque me llamó la atención y creo que es rica para entresacar algunas conclusiones personales.

En segundo lugar deseo hacer un pequeño comentario sobre una palabra que se encuentra al principio del texto, la misma representa una postura polar en una agitada y prolongada discusión que, de algún modo marcó un hito en la intelectualidad de los dos siglos recientemente pasados. Esa palabra es ‘Liberal’. Sé, que en el contexto de la obra de Russell, la misma puede tener un sentido que acaso no concuerde con el significado que le asignaban sus adversarios filosóficos y políticos. En la traducción que hice de sus escritos, asigno a la palabra ‘liberal’ y a su derivada ‘liberalidad’, el significado que se encuentra en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. En su primera entrada al adjetivo en cuestión dice:   Generoso, que obra con liberalidad, en el quinto: Inclinado a la libertad, comprensivo  Cuando se consulta por ‘liberalidad’ me parece que nos acercamos más al sentido. En la primera entrada reza: Virtud moral que consiste en distribuir alguien generosamente sus bienes sin esperar recompensa. En la segunda: Generosidad, desprendimiento . Teniéndolas en cuenta y abrazando su estricto significado, intento interpretar el texto de Russell.

Hechas estas quizás innecesarias aclaraciones, vamos a trabajar sobre el texto del filósofo inglés. Valga aclarar que del mismo he realizado la traducción más fiel que me ha sido posible; valga también recordar que todo traductor es de alguna manera un traidor. El sentido expresado en el contexto de la lengua original difícilmente puede ser trasladado sin vicios a otra lengua. Siguiendo esa premisa, y contando con la buena intención a la hora de traducir, seguramente se van a deslizar imprecisiones. Algunas de ellas serán ocasionadas por el manejo inadecuado del idioma inglés, y otras porque necesariamente mi propia cosmovisión va a encontrar un resquicio para matizar las proposiciones según sus criterios. En definitiva soy el responsable absoluto de lo que sigue, el famoso Premio Nobel quizás se escandalizaría, quizás no.   


El decálogo

“Posiblemente la esencia de la perspectiva liberal pueda ser incorporada a modo de un nuevo decálogo, sin la intención de reemplazar los Diez Mandamientos, más bien de complementarlos si ello fuera posible. El decálogo que, como maestro, deseo promulgar, podría ser formulado de la siguiente manera” Cabe recordar que los destinatarios de esta lista de recomendaciones son sus propios alumnos

1 No te sientas absolutamente seguro de nada.

Un enorme desafío intelectual. Un modo de separar de la manera más segura la ciencia de las creencias. La duda, no considerándola como metodología excluyente, es un permanente acicate para conseguir más y más conocimiento, para solidificar lo ya conocido, y para abrir las puertas a problemas e hipótesis nunca pensados.
Una de las características básicas de la ciencia es su falibilidad. La presente recomendación, se halla en directa relación con la posibilidad de enmendar errores, de reformular premisas y de revisar la metodología utilizada. Es menester advertir que las creencias no se discuten y aportan seguridad, sin embargo no es conveniente que acallen las preguntas. Es posible, y de hecho se observa con frecuencia, como la ciencia se transforma en una creencia con numerosos y devotos acólitos. No sentirse seguro de nada, es una actitud que convive sin contradicciones con la esencial incertidumbre de la vida humana. Sea bienvenido el consejo. 

2 No pienses que vale la pena ocultar la prueba, pues con toda seguridad ésta saldrá a la luz.

Un consejo que estimula a la honestidad intelectual. Podemos intentar ocultar pruebas para que otros no se vean decepcionados, podemos alterar datos en los trabajos científicos de modo que las nuevas evidencias, no tiren a los desperdicios aseveraciones que anteriormente hicimos. Las evidencias pueden ponerse en contra de nuestras hipótesis, cabe tener en cuenta entonces, los diferentes niveles en los que se encuentran hipótesis y evidencias. Las hipótesis pertenecen al ámbito de lo mental, al ámbito de lo conjetural, no son portadoras de verdad; las evidencias en cambio, son productos de la interacción del método con la realidad. Pertenecen por lo tanto al reino de lo real, pueden confirmar o refutar las hipótesis. Ya nos estimulaba el viejo Karl Popper a falsar las hipótesis, a buscar la refutación, a encontrar la evidencia que se erija en contraejemplo. Es la esencia del espíritu científico, lo contrario lo devalúa de tal modo que lo caricaturiza.

La prueba, el dato, la evidencia pertenecen al mundo de lo real. Habitan en ese mundo que se halla presupuesto en el trabajo de los científicos. La evidencia está allí, la tarea es desentrañarla, traerla para que se torne inteligible. Antes o después la evidencia sale a la luz.

A veces las evidencias nos sorprenden, se nos abalanzan hasta asombrarnos; en esos casos cabe estar atentos. Estarlo tiene que ver con la permanente curiosidad y la cotidiana búsqueda de información. Es menester ir acumulando ordenadamente conocimientos de modo que, ante la brusca aparición de la evidencia, sepamos reconocerla, y sacar provecho del hallazgo. Como consejo para científico, tiene una validez incontrovertible y saludable, así mismo no me parece desatinado tenerlo en cuenta para los fenómenos en los que nos encontramos involucrados en la vida cotidiana.  

3 Nunca te desanimes pensando que no vas a tener éxito.

¡Premisa de vida si las hay! Podría ser incluso más breve, ‘nunca te desanimes’. Las realidades que vivimos parecen conspirar contra nuestro ánimo, sin embargo ese no es más que un modo de ver. En muchos casos existen obstáculos verdaderamente difíciles. No obstante muchas de las vallas con las que nos debemos enfrentar en nuestra carrera, son proyecciones de nuestra mente/cerebro. En ninguno de los dos casos conviene desanimarse, por el contrario la tarea consiste en redoblar los esfuerzos, intentar por caminos alternativos, sacudirse el polvo y levantarse de nuevo. Las neurociencias nos enseñan que la tendencia a la sociabilidad es una característica particularmente desarrollada en el ‘cableado’ de nuestro cerebro. La sociabilidad es compañía, el gesto empático que recibimos es un reaseguro contra la soledad egocéntrica. Hay casos en los que sobreponerse a las vicisitudes de la vida es muy difícil, en ellos quizás sea oportuno considerar las palabras de Viktor Frankl que nos recuerdan que si bien en muchos casos no somos capaces de torcer la realidad, somos libres de elegir el modo en que la enfrentamos.

Por otro lado, de vez en cuando es conveniente reformularnos nuestro concepto de éxito. El éxito se puede asociar a un final de camino que nos hemos propuesto, ese objetivo puede hacerse lejano y puede que nunca se pueda concretar, pero… ¿Por qué despreciar el camino mismo? Acaso ver en perspectiva el camino recorrido nos permita reconocer en él al éxito. Tanto en la vida como en la tarea propia de los científicos, incluso una catarata de errores tiene saldo positivo. Cada refutación nos enseña por donde ya no debemos ir, eso no es poca cosa. De todos modos la recomendación de Russell tiene sabor a sano optimismo, a confirmar el inquebrantable espíritu fáustico del ser humano que, con enormes aciertos y lamentables desaciertos, ha impulsado a nuestra especie desde siempre.

4 Cuando te encuentres con una oposición, incluso si viene de tu esposa o hijos, esfuérzate por vencerla con argumentos y no con autoridad, pues la victoria que depende de la autoridad es irreal e ilusoria.

¿Una aguda muestra del humor inglés? Destaca precisamente aquellas instancias opositoras a las que nunca vale la pena enfrentar por ser sordas tanto a los argumentos como a la autoridad.

Más allá del sarcasmo doméstico, un consejo que tiene dos vertientes. Una vinculada a la razón y otra a la emoción. Sabemos que ambos procesos mentales no se hallan separados, sin embargo se hace la distinción por comodidad explicativa. La razón nos indica que todo opositor en el ámbito académico, resulta ser un verdadero estímulo para la argumentación siempre que las divergencias se reserven para discutir interpretaciones, valoración de datos, elaboración de teorías o pertinencia de las observaciones, entre muchas otras instancias de trabajo. Un verdadero opositor nos obliga a reforzar nuestros argumentos solidificándolos y reformulándolos, a planear otras instancias de demostración, a hacer más transparentes los procesos de verificación.

Un agudo opositor es un tesoro que no debemos perder, constituye un capital invalorable dentro del proceso de desentrañar la verdad. Alguien dijo alguna vez algo así como que del encuentro de dos encarnizadas argumentaciones surge la chispa de la verdad. “Mi maestro Piaget decía que era bueno elegir un "buen enemigo" para refutarlo con las propias ideas y experimentos.”

Pero el hombre no es pura razón, la vida resultaría aburridísima si así fuera. En lo que denomino vertiente emocional incluyo varios motivos de confrontación que nada tienen que ver con el surgimiento de la verdad. Celos profesionales, envidias y resentimientos, cuestiones socioculturales, adversidades históricas, administración de cuotas de poder, rencillas partidarias, etc. Todos ellos pueden disfrazarse de argumentaciones razonables para boicotear, entorpecer, o hacer fracasar el trabajo de los otros. En estos casos también sirve el enfrentamiento en el terreno de la argumentación y, agregaría, en el de la metacomunicación. Este último concepto proviene de la Teoría de la Comunicación y se refiere a la observación de segundo nivel, es decir la observación de los observadores. Un ejemplo: cuando una discusión se encuentra en un punto álgido y paralizante conviene colocarse en una posición ‘meta’, es decir observar la interacción comunicativa desde un metanivel. Podríamos decir, ‘vernos discutiendo’. Desde esa posición ‘meta’ se pueden distinguir más fácilmente las cuestiones que permanecen en una determinante posición secundaria entre los ‘contendientes’. Podemos sacar a la luz los verdaderos procesos relacionales que atentan contra la discusión de los contenidos.

Las disputas pueden zanjarse con actos de autoridad, es cierto que estos suelen aportar soluciones de corto plazo y en general no demasiado significativas en lo referente al contenido de las disputas. Sin embargo (esto es políticamente incorrecto decir), todos los que en algún momento hemos detentado cargos de responsabilidad en el ambiente académico debemos ejercer la autoridad que proviene de la responsabilidad y el servicio. De lo que sí debemos estar conscientes, es que sólo se tratan de soluciones de corto plazo; en un tiempo prudencial se pueden reiniciar, intentando delimitar el espacio de lo que se encuentra en disputa en la medida de lo posible. Debemos recordar que el ser humano no puede optar por ponerse a sí mismo en ‘modo razón’ o ‘modo emoción’, siempre ambas trabajan juntas para lograr la sintonía fina de cada una.

5 No tengas respeto por la autoridad de otros, pues siempre se encuentran autoridades en contrario.

Quizás sea un defecto de traducción, es muy fuerte sostener que no se debe tener ‘respeto’ por la autoridad de otros. Creo que en este caso se refiere a que la autoridad presente (un experto en un tema específico) o citada (un artículo producido por un experto), no nos limite en nuestra creatividad respecto del tema en cuestión. Dicen los abogados que tanto a favor del fiscal como de la defensa, existe un 50% de la jurisprudencia a favor. Me parece que podemos convenir que los argumentos de autoridad no sean determinantes ni concluyentes, pero claramente no podemos desoírlos. Los escolásticos decían que el argumento de autoridad es el último de los argumentos, pero es un argumento.  No tenerlos en cuenta demostraría una actitud pretenciosa, soberbia y temeraria de parte nuestra, por el contrario darles un valor superlativo puede conducirnos a la inhibición y a la parálisis científica.

 

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