Por el Dr. Carlos Tajer | 08 NOV 12

El médico lenguaraz: convocatoria a un registro multicéntrico

Cuando los médicos hablamos de más. "Creo sinceramente que los médicos no asumimos lo pesadas que pueden resonar nuestras palabras".
Autor/a: Dr. Carlos Tajer Revista SAC

El objetivo de esta nota es convocar a un registro multicéntrico de frases que reflejen la condición de médico lenguaraz. Dado el neologismo propuesto, me permitiré inicialmente una introducción teórica para luego pasar a casos concretos que ayuden a aclarar el concepto.

Generalidades sobre la estupidez humana
 
En su libro Allegro ma non tropo, el economista italiano Carlo Cipolla enuncia las leyes fundamentales de la estupidez humana.[1] La primera ley afirma que “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. La segunda ley enuncia “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Es decir, no tiene relación con el género, el nivel socioeconómico o el nivel de instrucción. Su mayor contribución es la definición que enuncia La Tercera Ley Fundamental:  “Una persona estúpida es aquella que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.
 
Explica en forma muy didáctica que desde esta mirada la humanidad se compone de cuatro categorías: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos. El mayor hincapié es la diferenciación entre un malvado y un estúpido. El malvado, por ejemplo, roba un auto sin dañar a su propietario ni al vehículo. El auto en este caso ha pasado de mano, sin modificar el patrimonio social. En este caso el mal causado es proporcional al beneficio obtenido. Cuál sería el rol del estúpido: el que roba o pide prestado un auto y lo destruye. De esta descripción llega a la dolorosa conclusión, que me ha parecido constatar a lo largo de mi vida, de que un estúpido es mucho más peligroso que un malvado. Lo que agrava la situación es que resulta más fácil preparase para evitar una actitud malvada que una actitud estúpida. Como afirmaba Schiller,
 
“Contra la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano”
 
Esta definición incluso puede graficarse con un diagrama ortogonal. En el eje de las X hacia la derecha se expresa la ganancia que puede obtener una persona con su acción y hacia la izquierda la pérdida con la misma. En el eje de las Y hacia arriba la ganancia que puede obtener una persona con la actitud del otro, graficada en el X, y hacia abajo la pérdida inducida en el otro.
 
Un malvado perfecto trazaría una diagonal desde el O como bisectriz entre la X y la Y hacia abajo, balanceando la pérdida de uno con la ganancia del otro. Un estúpido perfecto trazaría una diagonal hacia abajo y a la izquierda induciendo una pérdida en ambos, y una actitud inteligente induciría un beneficio en ambos, una diagonal en el cudrante superior derecho. Este diagrama ayuda a calificar actitudes propias y de otros en forma muy práctica.

 

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