Un tercer tipo de célula grasa | 13 JUL 12

El tejido que quema calorías: la grasa beige

Investigadores estadounidenses describen unas nuevas células adiposas que adelgazan. La forma de activarlas es más sencilla de lo que se creía

Jaime Prats Valencia

Los expertos buscan nuevas vías para combatir la pandemia de obesidad. / cheryl ravelo

El hallazgo de la grasa parda, capaz de quemar calorías y reducir los depósitos de grasa mala responsables del sobrepeso, supuso todo un descubrimiento. Y despertó la esperanza de contar con una nueva vía para combatir la epidemia de obesidad que se está extendiendo por todo el mundo. La revista Cell ha publicado este jueves en su edición digital un artículo que describe la existencia en adultos de una clase distinta de grasa buena, que también tiene la facultad de quemar calorías como la parda, bautizada como grasa beige. Y que cuenta con una importante ventaja respecto a su hermana, la grasa parda. “Se puede inducir su actividad de forma más sencilla, por lo que tiene mucho mayor interés como objetivo terapéutico para combatir la obesidad”, explica Francesc Villarroya, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Barcelona, y uno de los mayores expertos en la materia en España.
 
La actividad investigadora en torno a la grasa parda o marrón está en plena ebullición desde que se describiera en 2009 su presencia en personas adultas. Hasta entonces se consideraba que este tejido lo tenían solo los bebés para mantener la temperatura corporal. El hecho de que se encontrara en etapas más avanzadas del desarrollo, en la edad adulta, abría las puertas a su uso para combatir la obesidad y disparaba su atractivo entre científicos y laboratorios. Pero para ello faltaba describir —primero— y saber usar a voluntad —después—, los mecanismos por los que la grasa parda se activa y consume los depósitos de grasa blanca, los denostados michelines.
 
 ■Hasta el momento se sabía que existía un tipo de grasa, la parda, que consumía calorías y combatía los depósitos de lípidos. Hace décadas que se conocía su existencia en roedores. Algo más tarde se descubrió en bebés y en 2009 varios investigadores anunciaron que también estaba en presente en el cuerpo de los adultos.

 

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