Incertidumbre clínica | 11 ENE 12

El dilema de los "falsos positivos"

Lo importante es que todas las trampas que nos tiende la biología están estudiadas.
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Por Nora Bär    

El desconcierto que desató el resultado negativo de la biopsia realizada sobre el tejido de la tiroides presidencial (después de que se había anunciado la presencia de un tumor maligno que finalmente no fue) puso al descubierto particularidades del día a día de la medicina que los discípulos de Hipócrates dan por descontadas, pero que sus pacientes -sean éstos personalidades públicas o simples mortales- frecuentemente desconocen.

De la noche a la mañana, todos estábamos hablando del "falso positivo" como si fuera algo inaudito: un caballo de seis patas o un planeta que no cumple con las leyes de la física. Sin embargo, cabe aclarar que lo cierto parece ser lo contrario: el capítulo de los "falsos positivos" -y "falsos negativos"- en la anatomía patológica ocupa cientos de páginas. Como cuenta un eminente patólogo local que prefiere no ser mencionado, comenzó en los inicios mismos de esta disciplina que se ocupa de analizar las alteraciones celulares en tejidos y órganos.

En la última década del siglo XIX, el médico alemán Rudolf Virchow, considerado uno de los padres de esta especialidad y en su tiempo el patólogo más famoso de Europa, analizó una biopsia realizada al emperador Friedrich III, que tenía un problema de laringe. Virchow informó que la lesión era benigna, pero resultó un carcinoma tan maligno que causó la muerte del emperador poco después. En ese caso, fue un falso negativo que, según mostró el examen posterior de la pieza, se debió a que la muestra tomada por el médico otorrinolaringólogo no había sido la adecuada.

La aplicación de distintas técnicas de biopsia en los diferentes órganos que se analizan resulta en un amplio abanico de causas posibles de error. Una cosa es la citología, que estudia células sueltas que se extienden sobre un soporte, se colorean y se miran bajo el microscopio, y otra muy diferente las biopsias histológicas, que analizan pequeñas muestras de tejido o la pieza quirúrgica, con todas sus estructuras.

Pero se trate de unas o de otras, en todos sus tipos, siempre hay un pequeño margen de incertidumbre, en un sentido o en otro. Las punciones dirigidas ecográficamente extraen muestras del grosor de un hilo de coser. Puede ser que el carcinoma exista, pero que sea pequeño y la aguja "caiga" precisamente donde no hay lesión, o que se extraiga material no representativo del propio tumor.

Según explican los urólogos, en la próstata puede ocurrir que se esté ante un nódulo ecográficamente no muy diferente del tejido normal y que la punción no llegue al lugar indicado...

En el Papanicolaou, por ejemplo, los falsos negativos pueden rondar entre el 15 y el 30%, explica la doctora Susana Vighi, jefa de patología del Hospital de Clínicas. Y en mama, la punción citológica casi no se tiene en cuenta o se la indica muy poco por su alto nivel de falsos positivos y negativos. "Un resultado negativo de la punción citológica con aguja fina no permite excluir la presencia de un cáncer -dice el doctor Antonio Lorusso, director médico de Lalcec-. Y, por otra parte, un resultado positivo de la citología debe ser confirmado en todos los casos por la biopsia antes de tomar una decisión quirúrgica. La citología en mama tiene falsos negativos y positivos que la hacen inaceptable para tomar decisiones."

Lo importante es que todas las trampas que nos tiende la biología están estudiadas, los médicos las conocen y pueden reducir al mínimo las equivocaciones sumando pruebas mediante estudios complementarios (y grandes dosis de cautela) para llegar, paso a paso, al diagnóstico correcto.

Como en otros órdenes de la vida, lo importante en estos temas es estar consciente de lo que se sabe, pero más aún de lo que se ignora.

 

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