Acciones de Médicos sin Fronteras, Cruz Roja, OPS | 14 ENE 10

¡Catástrofe humanitaria en Haití!

Un drama que convoca la solidaridad del mundo entero. El operativo donde miles de voluntarios de todo el mundo tejen redes solidarias para intentar atenuar el horror de la tragedia. Los equipos sanitarios y de rescate trabajando sin descanso.
Fuente: IntraMed 
Testimonios

Entrevista con dos integrantes del equipo de médicos argentinos que regresó de Haití

“Había chicos con todo tipo de heridas”

Viviana Luthy y Selva Font, dos integrantes del equipo de voluntarios de Cascos Blancos que viajó a Haití, relataron a este diario los dramáticos momentos de asistencia a las víctimas. “Llegamos a tener un total de 116 internados graves”, dijeron.

Selva Font (izquierda) y Viviana Luthy regresaron el martes después de estar diez días en Leogane.“El mayor impacto fue atender a los chicos, que llegaban con todo tipo de heridas al hospital”, cuenta Viviana Luthy, una de las cinco médicas de Cascos Blancos que el martes regresó a la Argentina después de atender a los heridos por la catástrofe de Haití. “Llegamos a tener un total de 116 internados graves”, agregó Selva Font, otra de las profesionales que participó de la misión. Las dos formaron parte del grupo de médicos y voluntarios de Cascos Blancos de la Cancillería argentina que fue el primero en brindar asistencia sanitaria en la ciudad de Leogane, epicentro del devastador terremoto del 12 de enero.

El hospital de campaña argentino llegó a territorio haitiano 48 horas después de la catástrofe con un contingente de nueve médicos, especialistas en catástrofes, desastres y emergencias, y en situaciones con víctimas múltiples. El objetivo crucial era socorrer a una población avasallada, bajo las ruinas y en profundo pánico. “No terminamos de instalarnos que empezó a llegar gente. Estaban aterrorizados. El lugar estaba plagado de escombros y, cada réplica significaba más heridos y fallecidos”, dijo Viviana Luthy, en una entrevista con Página/12.

El equipo había salido el jueves 14 de enero del aeropuerto de El Palomar, en el primer avión Hércules, integrado por emergentólogos, cirujanos y especialistas en logística, encargados de los insumos, medicamentos y todo lo relacionado para un óptimo trabajo de asistencia. Con ellos viajó, también el titular de Cascos Blancos, Gabriel Fuks, y el director de emergencias sanitarias del Ministerio de Salud y jefe del equipo médico, Gabriel Ive. Los médicos argentinos fueron el primer grupo que arribó a Leogane, una ciudad ubicada a 40 kilómetros de Puerto Príncipe, destruida en un 90 por ciento por la fuerza del sismo. Allí, instalaron las tres carpas para atender durante las 24 horas a los heridos, que hasta el momento no tenían adónde recurrir.

“Cuando llegamos la situación era crítica, era una ciudad completamente devastada, y su población con mucho pánico. Escombros y más escombros. Muchos habían improvisado carpas para poder instalarse”, aseguró Luthy.

Según relató a este diario, durante los casi 20 días que estuvo en Haití “atendimos todo tipo de heridos y enfermos, pero lo primero y fundamental que había que asistir eran los politraumatismos”.

Selva Font, por su parte, comentó que en los hospitales de campaña “llegamos a tener un total de 116 internados graves, que después de la primera asistencia eran enviados a los centros quirúrgicos más próximos”. “El trabajo era y es incesante. Las réplicas del sismo aterrorizan a la población y complican el trabajo”, agregó la médica. Y estimó que hasta su regreso habían atendido “más de mil pacientes”.

Los nueve médicos de Cascos Blancos son voluntarios. Luthy no es la primera vez que integra una misión de este tipo, ya que anteriormente asistió a víctimas de situaciones catastróficas. “En 2005 fui a Nueva Orleans, Estados Unidos, para asistir a las víctimas del huracán Katrina y en 2008 estuve en Haití para atender a los damnificados por los huracanes”, precisó. Pero el terremoto en Haití no fue una experiencia más en su carrera: su magnitud lo convierte en “una catástrofe incomparable con las anteriores”.

“El mayor impacto fueron los chicos, que llegaban con todo tipo de heridas al hospital”, comentó Luthy, todavía conmovida por la tragedia. Pero también los niños, recuerdan las médicas socorristas, fueron protagonistas de hechos sorprendentes. “Uno de los casos fue el de un chico sordomudo que quedó una semana entera atrapado entre los escombros. No habían logrado encontrarlo porque no se podía comunicar. Cuando su tío lo trajo al hospital no tenía heridas graves, sólo algunos raspones.”

“Otro episodio increíble –recordó Luthy– fue el de un chico que estuvo bajo las ruinas durante cinco días y al encontrarlo tampoco tenía lesiones de gravedad. A su padre le habían informado que nadie de la familia había sobrevivido. Sin embargo, el hombre insistía en que uno de sus hijos estaba vivo. La insistencia del hombre llevó a que se remuevan nuevamente los escombros en el lugar indicado, y así se hallaron a tres personas con vida, entre ellos su hijo.”

Las tres carpas del hospital argentino, con capacidad para 40 personas cada una, fueron el escenario donde “socorrimos a personas con heridas gravísimas y de todo tipo: varias fracturas en un mismo cuerpo, heridas abiertas, desgarros y todo lo que sea producto de caídas y derrumbes, y en muchos casos había que hacer amputaciones”, informó Font.

Como ese centro no cuenta con quirófano, las personas que requerían alguna intervención o los pacientes de mayor complejidad eran derivados al hospital cubano, instalado en Leogane unos días después que el argentino. “La relación con la población fue fundamental para el desarrollo de nuestro trabajo”, comentó Luthy. “Era como una ayuda de pueblo a pueblo. Ellos colaboraban con lo que podían, como por ejemplo, en las traducciones, que beneficiaban la comunicación. Además, se forjaron vínculos más estrechos que ayudaban a la evolución de cada paciente”, comentó.

“Pasó el primer momento, pero todo esto continúa con otros inconvenientes, como infecciones y epidemias, que son una de las principales preocupaciones que afectan hoy a la población de Haití”, advirtió Font. Por ello, cuatro de los médicos argentinos de Cascos Blancos continúan con las tareas de atención en el hospital. A ellos se unieron un especialista en traumatología y ortopedia y dos enfermeros que viajaron en el último Hércules que partió de la Argentina, en el que se envió, además, un refuerzo de insumos y medicamentos.

Informe: Rocío Ilama / Página 12

 

La ayuda médica no llega a Haití y los médicos operan con sierras

Estados Unidos aún no permite el aterrizaje de aviones con material sanitario en Puerto Príncipe.

Dos médicos operan a una sobreviviente haitiana Foto: Reuters

PUERTO PRINCIPE (Reuters).- El pueblo haitiano espera por la ayuda médica que aún no llega por la prohibición del gobierno de estados unidos de aterrizar en el aeropuerto de Puerto Príncipe y los médicos se ven obligados a operar incluso con sierras que son comparadas en los mercados.

"Hoy hay 12 personas que necesitan amputaciones para salvarles la vida en el hospital Choscal. Nos vimos obligados a comprar una sierra en el mercado para continuar las amputaciones". Con esta frase, Loris de Filippi, coordinador de emergencia en un hospital haitiano, resume la situación crítica que viven los cientos de médicos que llegaron a Haití en misión benéfica.

La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) se quejó porque el día de ayer se le negó el aterrizaje al quinto avión que transportaba ayuda médica. La organización humanitaria con sede en París dijo que el avión de carga que transportaba 12 toneladas de medicamentos, elementos quirúrgicos y dos máquinas de diálisis fue rechazado tres veces y desviado a la vecina República Dominicana.

El domingo, otro avión de MSF que transportaba un hospital quirúrgico inflable fue desviado a la localidad dominicana de Samana, desde donde tardaría 24 horas en llegar a Puerto Príncipe. Doctores de MSF dijeron que cinco de sus pacientes haitianos murieron en un hospital de Puerto Príncipe por falta de suministros médicos.

La Nación

TESTOMINIO DE UN ANESTESISTA
'La tragedia de Haití es la situación más fuerte que me ha tocado vivir'

Un anestesista de la Clínica Universidad de Navarra cuenta su situación en Haití.

Imagen del doctor Lafuente en Pakistán, tras el terremoto de 2005. (Foto: Clínica de Navarra)

Lleva cinco días en Haití y ese tiempo ha sido suficiente para asegurar que ésta catástrofe supera, en términos de gravedad y horror, a otras que les ha tocado vivir. Como médico y como voluntario, Alberto Lafuente Jiménez, anestesista de la Clínica Universidad de Navarra y miembro de DYA, no es un novato en estas situaciones.

Ésta es la quinta catástrofe a la que acude como voluntario para prestar su ayuda. Las anteriores fueron el desastre bélico de Afganistán, así como los causados por los terremotos de Pakistán (octubre de 2005), y los dos de Indonesia (el sunami de junio de 2006 y el terremoto de septiembre de 2009). A pesar de su experiencia, la situación en Haití no ha dejado de impresionarle: "Puedo decir que ha sido lo más fuerte que he visto en mi vida (...) Realmente es lo más dantesco que he visto, aunque yo creo que los integrantes del contingente que hemos venido desde España lo estamos llevando muy bien. Con mucha dignidad", aseguraba ayer de madrugada Alberto Lafuente.

Jornadas de trabajo agotadoras de 12 horas, comidas de trámite, el fuerte calor y la precariedad de la situación general, hace que el personal destacado en Haití empiece a notar el cansancio. Sin embargo, en todo momento, el doctor Lafuente se muestra positivo y subraya que "merece la pena el esfuerzo que estamos haciendo por toda esta gente. Si no somos capaces de dar un poco de nosotros para la población de Haití, que está sufriendo de esta manera, no tiene mucha razón de ser haber hecho una carrera como la de Medicina, ni muchas otras cosas".

Tras cinco días de estancia en la capital haitiana de Puerto Príncipe, Alberto Lafuente comenta que para las fuerzas de ayuda humanitaria los suministros de agua, luz y las comunicaciones están solucionados, si bien para la población el abastecimiento está siendo más escaso.

"Poco a poco se está intentando que lleguen los suministros básicos a toda la población, aunque está costando, porque este país, realmente, ha quedado desestructurado, además de la situación de base anterior al terremoto, que era de absoluta pobreza", describe Lafuente.

Sin embargo, el médico pamplonés ha querido trasladar un mensaje positivo y tranquilizar a las familias de todos los voluntarios españoles que trabajan actualmente en Haití: "Aquí estamos mucha gente ayudando y estamos muy bien y muy animados. Estamos muy contentos del trabajo que estamos haciendo", subraya. En cuanto a la seguridad de los voluntarios asegura que, "nosotros no sentimos la sensación de inseguridad, ya que contamos con las medidas de seguridad obvias en países en una situación como esta, con la protección en todo momento de las fuerzas de la ONU".

La asistencia médica española, según Lafuente, se ha concentrado en uno de los tres hospitales que han quedado en pie, de los 10 existentes antes del terremoto. El anestesista destaca que el contingente español fue uno de los primeros en llegar, tan sólo después del americano. En estos cinco días, han acondicionado el interior del hospital, donde han instalado un quirófano con los medios materiales que han trasladado desde España y donde operan desde el primer día de su llegada.

Allí, las patologías más frecuentes que deben tratar son "con mucho, traumatismos abiertos y muy infectados, en algunos casos incluso con gusanos, debido a la avanzada fase de putrefacción que presentan". En estos casos, "lo que estamos haciendo es amputar el miembro afectado, poner antibióticos e intentar que la infección no se agrave y llegue a una sepsis", indica. Además, el doctor Lafuente destaca de su asistencia la atención de cesáreas, "ya que, debido al estrés, y a pesar de la situación, aquí están naciendo niños".

El anestesista de la Clínica Universidad de Navarra agradece también la solidaridad de los españoles con el pueblo haitiano y destaca que la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, como estandarte de toda la ayuda española "está haciendo un trabajo inmejorable. A la cabeza tenemos a Pablo Yuste que está aquí todos los días, animando, organizando y coordinando todo de forma muy rápida".

El Mundo, España


 'Cada vez atendemos más partos. Hoy, mellizos. Y la madre ni lo sabía'

Fernando Prados | Puerto Príncipe

Puerto Príncipe (día 5): Casi lo primero que hemos hecho esta mañana cuando nos hemos levantado es hablar con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y con Carlos Saínz. El piloto madrileño nos ha dicho que lo estamos haciendo muy bien y que los madrileños están muy orgullosos de nosotros. La verdad es que cosas así nos dan mucho ánimo y la gente se pone muy contenta.

Después, al hospital y al trabajo. Hoy es uno de esos días que, en mitad de una desgracia, tenemos la sensación de que la vida sigue. Cada vez vamos atendiendo más partos y eso reconforta. Esta mañana, hemos atendido a una mujer cuyo hijo venía de nalgas. Cuando hemos sacado al bebé y estábamos limpiando la placenta, otra cabecita se ha asomado. Ni la mujer, ni el médico ni nadie sabía que traía mellizos. La mamá se ha enterado en el mismo momento y la verdad es que los tres están bien. El otro día traímos al mundo a José María, hoy, a un Javier.

Pero el hospital también tiene la otra parte. Tenemos un problema a la hora de evacuar los cadáveres de los pacientes que fallecen. Normalmente viene un camión a llevárselos a una fosa pero no siempre puede acudir todos los días. Los acumulamos en una habitación mientras. También hay muchos familiares que se los llevan para intentar enterrarlos ellos.

Se nota que hay mucha menos gente vagando por las calles. Empiezan a marcharse en busca de comida y cobijo hacia otras zonas menos dañadas o empiezan a reconstruir algo. Es una forma de intentar recuperar parte de sus vidas aunque cada vez somos más conscientes de que les va a costar muchísimo volver a la normalidad.

En el tema de seguridad seguimos sin ver a las patrullas de EEUU. Sí que estamos protegidos todo el tiempo por los cascos azules de la ONU pero nosotros no tenemos la sensación de que haya problemas en Puerto Príncipe. Las monjas que vienen a ayudarnos nos han explicado que, en este país, los problemas se arreglan a machetazos y que ése es el peligro, pero no hemos visto nada que nos haga temer.

Sigue sin haber nada de nada. La población no tiene nada. Cada vez que llegamos por la mañana tenemos que poner en marcha la caldera porque no puedes dejar mucho gasoil por la noche porque se lo llevan. Hasta en los campamentos del aeropuerto hay escasez. Pocas tiendas, poca comida y muchísimos periodistas de todas partes y equipos de ayuda y de rescate de todo el mundo.

El Mundo, España

'El problema es cuando los pacientes reciben el alta, no hay adónde ir'

Fernando Prados | Puerto Príncipe

Puerto Príncipe (día 5): Ya tenemos todo el material médico para poder trabajar y hasta para asearnos. El problema sigue siendo el combustible. De hecho, cuando hemos vuelto al Hospital Universitario de La Paz esta mañana el generador estaba apagado y los quirófanos no funcionaban. Por suerte, la AECI nos ha conseguido más y seguimos haciendo operaciones y operaciones.

Por lo menos ya no tenemos que echar mano de cartones y tablas, tenemos vendas, escayolas, medicinas...

Cada vez viene más gente para que los atendamos. A veces vienen ya con curas hechas en otros puestos sanitarios e incluso con informes, bueno, escritos a mano cada uno en un idioma diciendo qué patología sufren. No sabemos de dónde salen pero suponemos que los derivan aquí porque somos de los pocos que podemos hacer operaciones quirúrgicas y tratar patologías graves.

Aunque no tenemos sensación de inseguridad, no queremos romper las medidas de la ONU y siempre vamos acompañados. Esto dificulta muchas veces el ir a buscar enfermos a la calle porque pasa mucho tiempo desde que lo solicitas hasta que te dan la escolta.

El problema que surge ahora es dar el alta a los pacientes porque casi nadie tiene una casa a dónde ir ni gente que les acompañe. El otro día apareció un niño que alguien había dejado en la puerta y no sabíamos si tenía padres, si estaban muertos, desaparecidos... No sabíamos nada de nada. Lo atendimos claro.

 

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