Psiquiatría | 02 JUL 05

La Angustia: un Dolor Precordial

El dolor torácico es un motivo de consulta relativamente frecuente que suele generar gran ansiedad.
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Autor: Psicóloga Virginia Ramírez Rioja* Fuente: Revista Dolor Clínica y Terapia Dol Clin Ter 2003; II(5) : 9-12
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El dolor torácico es un motivo de consulta relativamente frecuente que suele generar gran ansiedad. La mayoría de los casos corresponde a un proceso benigno, aunque no siempre fácilmente identificable. El principal reto del médico consiste en descartar las patologías que precisen tratamiento inmediato y las que, a pesar de que en ese momento no requieran terapia de urgencia, por su gravedad pueden comprometer en un futuro la vida del paciente. Las causas más comunes de dolor torácico son: dolor de origen musculoesquelético, dolor psicógeno, dolor idiopático o de origen desconocido, tos, infecciones respiratorias (catarro de vías altas, traqueítis, bronquitis, neumonía), asma y reflujo gastroesofágico. El factor cardiaco es muy poco frecuente, pero por su potencial letalidad siempre debe descartarse cuidadosamente. A continuación se enumeran los principales agentes responsables de dolor torácico (no cardiaco).

1. Torácico
• Músculo esquelético
• Dolor mamario
• Árbol respiratorio, diafragma y pleura
•Tumores mediastínicos
• Herpes zoster
2. Gastrointestinal
• Reflujo gastroesofágico, esofagitis, cuerpo extraño en esófago, espasmo esofágico, distensión gástrica.
3. Dolor idiopático o de origen desconocido
• Dolor torácico
4. Psicógeno
• Tensión nerviosa, crisis de angustia, síndrome de hiperventilación, trastorno somatomorfo.

El tema que nos ocupa en este artículo es el último punto, el psicógeno. La ansiedad, en todas sus definiciones, puede reducirse a tres condiciones fundamentales:
1. Sensación de un peligro inminente, totalmente indeterminado, no cristalizado todavía, que suele acompañarse de la elaboración de fantasías trágicas y que adjudica a todas las imágenes proporciones de drama.
2. Actitud expectante ante el peligro, verdadero estado de alerta que invade enteramente al sujeto y lo impulsa de manera irremediable hacia otra catástrofe inmediata.
3. Confusión producto de un sentimiento de impotencia y sensación de desorganización y aniquilamiento ante el peligro.

Este estado afectivo lleva consigo una serie de reacciones neurovegetativas: trastornos respiratorios y cardiacos, disnea, bradicardia o taquicardia, palidez, relajamiento de la musculatura facial o, por el contrario, contracciones violentas de los frontales o del cutáneo del cuello (semblante huraño, boca entreabierta, descenso de las comisuras bucales, sequedad de la boca, sudoración). Tales características son comunes a las originadas por emociones espontáneas y justificadas, y que los autores americanos denominan estrés.

Un conflicto familiar, una dificultad económica o la ruptura de una relación afectiva, por mencionar las situaciones más comunes, se acompañan de ansiedad, la cual cumple la función de adaptación. La ansiedad patológica es, en cambio, una respuesta desmesurada a estímulos no bien definidos o de una magnitud que no guarda relación con la respuesta. El tipo de casos que se presentan frecuentemente en la clínica constituye un desafío constante que merece reflexión y que condiciona nuestra reacción clínica y terapéutica.

El paciente con un síndrome de ansiedad que consulta al cardiólogo plantea, en términos generales, dos interrogantes que intentaremos descifrar. La primera pregunta que nos hacemos los especialistas en esa circunstancia es si los síntomas que se refieren son: 1) la manifestación de un trastorno de ansiedad que se expresa con síntomas atribuibles al sistema cardiovascular, o 2) el resultado de una enfermedad cardiaca acompañada de ansiedad. En 1864 Hartshone lo llamó agotamiento cardiaco y Da Costa, en 1871, síndrome de irritación cardiaca. Posteriormente dicho fenómeno recibió numerosas denominaciones tales como corazón de soldado y astenia neurocirculatoria.

La llave fundamental que ayudará a esclarecer el caso es el interrogatorio. El motivo de consulta más común suele ser la disnea, síntoma generalmente referido a situaciones particulares, sin relación con el esfuerzo o el reposo, y que aparece en circunstancias muy diversas. Usualmente el paciente refiere como disnea la percepción de tener que inspirar profundamente (suspirar) en ciertas ocasiones o que actividades físicas habituales le desencadenan disnea.

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* Adscrita al Servicio de Clínica del Dolor del CNCTD como Asesora Técnica en Padecimientos Psicosomáticos.

 

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