Existen datos que indican que en 11 a 20% de los accidentes, los conductores implicados tomaban medicamentos psicotrópicos. Un informe para las Directrices sobre Transporte de la Comunidad Europea sugiere que al menos 10% de las personas heridas o muertas en accidentes de tráfico utilizaban algún medicamento psicotrópico. Diversos estudios epidemiológicos realizados en distintos lugares del mundo muestran una clara asociación entre el consumo de fármacos psicotrópicos, especialmente benzodiacepinas, y un aumento del riesgo de verse implicado en accidentes de tránsito, más aún cuando se asocia al consumo de alcohol y a la conducción de vehículos de dos ruedas.
En un trabajo realizado en Inglaterra, que recogía datos de más de 19.000 conductores implicados en accidentes de tráfico durante un período de 2,5 a 3 años, se observó que en los tratados con benzodiacepinas o hipnóticos (zoplicona) el riesgo era mayor; asimismo aumentaba en los menores de 30 años y en los tratados con benzodiacepinas de vida media prolongada. En este estudio, a diferencia de otros, los antidepresivos (tricíclicos e inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) no se asociaron con un aumento del riesgo de accidentes. Otro estudio, realizado en Noruega, mostró que las benzodiacepinas fueron, tras el alcohol (62,9%), las sustancias más frecuentemente detectadas (13,7%) en la sangre de personas implicadas en accidentes de tránsito.
Las concentraciones encontradas sugirieron una utilización abusiva, más que terapéutica, de esos medicamentos. Las diferencias metodológicas entre los distintos estudios no permiten llegar a conclusiones definitivas acerca de su incidencia.
Otros estudios pusieron de manifiesto que la administración de benzodiacepinas y antihistamínicos H1 puede afectar el control sobre la velocidad del vehículo, aumentar el tiempo de reacción y perturbar el control sobre los laterales del vehículo. Ensayos de simulación de conducción comprobaron que las benzodiacepinas a dosis terapéuticas empeoran diversas capacidades, como el control de la posición lateral y el seguimiento de otro vehículo, la capacidad para establecer distancias en movimiento, las habilidades de frenado, giro, dirección y aparcamiento, el control sobre la velocidad, la precisión al decidir ante situaciones de emergencia y la capacidad de evitar colisiones.
Otros fármacos (analgésicos opiáceos, antidiabéticos, antiepilépticos, etc.) podrían afectar funciones importantes para la conducción vehicular. El tratamiento con antidepresivos tricíclicos o analgésicos opiáceos ha mostrado ser un factor de riesgo de accidentes en pacientes de edad avanzada, grupo que sigue en riesgo al de los adolescentes.
Se recomienda que los conductores sometidos a tratamientos farmacológicos sepan si su tratamiento puede aumentar el riesgo de accidente, y tomen las precauciones necesarias para evitarlo.