Adquirir hábitos saludables

Pautas para el manejo del “hambre emocional” desde la infancia

Profesionales expertos en nutrición infantil instan a enseñar a los chicos a registrar señales internas de hambre y saciedad para construir una relación saludable con la comida.

Noticias médicas

/ Publicado el 21 de agosto de 2025

Fuente: PROFENI

La infancia entre los 5 y los 12 años es una etapa clave para establecer hábitos que acompañarán a los niños durante toda la vida. Desde entonces comienzan a desarrollar mayor autonomía, forman preferencias alimentarias más definidas y enfrentan nuevas situaciones escolares, sociales y emocionales. En este contexto, acompañar su alimentación representa enseñar a reconocer señales internas, integrar rutinas saludables y ofrecer alimentos que los nutran y los satisfagan, tanto física como emocionalmente.

El grupo PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), que trabaja en propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios y en investigar, emitió un comunicado en que insta a respetar los tiempos y señales del cuerpo, con el niño como sujeto activo, capaz de aprender a escuchar su apetito y a sentirse satisfecho sin sobrecargarse. Esto implica mirar más allá del plato: atender también su descanso, su movimiento, su bienestar emocional y su derecho a disfrutar la comida como parte de una vida plena.

“La saciedad -esa sensación de haber comido lo suficiente- es un proceso complejo. Está regulada por mecanismos fisiológicos, como las hormonas del apetito, pero también por factores emocionales, sociales y ambientales. Cuando un niño duerme mal, está más irritable, menos conectado con sus señales internas y más propenso a comer por ansiedad o aburrimiento”, explicó Sandra Nora Blasi, Licenciada en Nutrición, integrante de PROFENI, especialista en Nutrición Pediátrica de la UBA y Jefa del Área de Alimentación del Hospital Garrahan.

La falta de descanso, sostienen, impacta directamente sobre la alimentación. Numerosos estudios muestran que el déficit de sueño reduce los niveles de leptina -una hormona relacionada con la saciedad- e incrementa la grelina, que estimula el apetito.

“Sostener rutinas estables de sueño es casi tan importante como ofrecer un plato saludable. Por otro lado, el juego ayuda a descargar energía, estimula el apetito real y favorece el descanso nocturno. Un niño descansado está más predispuesto a disfrutar los alimentos, a probar nuevos sabores y a detenerse cuando ya no tiene hambre”, agregó la Dra. Ana María Tamagnone, pediatra, diplomada en neurodesarrollo e intervención temprana en niños pequeños e integrante de PROFENI.

Sentarnos a la mesa y mirarnos a los ojos

Otro aspecto fundamental para la alimentación de los niños es el entorno en que comen. Si hay distracciones, apuro o tensión, los chicos tienen más riesgo de comer sin registro.

“La angustia y otros sentimientos negativos incrementan el ‘hambre emocional’, lo que puede contribuir a hábitos poco saludables. Factores como el uso de redes sociales, inseguridad alimentaria y falta de comidas compartidas en familia refuerzan esta relación. En cambio, las estrategias que combinan educación nutricional con regulación emocional muestran beneficios prometedores. Involucrar a los niños en la elección de los alimentos y en su preparación fortalece su vínculo con la comida, les da autonomía y promueve elecciones más conscientes”, sostuvo la Dra. Ingrid Gerold, médica pediatra del Grupo Médico Lomas de San Isidro e integrante de PROFENI.

Los principios de una dieta equilibrada, la importancia de los distintos nutrientes y cómo leer e interpretar las etiquetas de los alimentos debería formar parte de los contenidos que se enseñan en la escuela, sostuvieron desde PROFENI. La alfabetización alimentaria, que es la capacidad de comprender y aplicar información nutricional, permite tomar decisiones informadas, es un primer paso esencial hacia hábitos alimentarios saludables y se vincula con consecuencias vinculadas a la salud en la adolescencia, como adherencia a tratamientos médicos, salud mental y obesidad.

 


Referencias

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