Aumento de los niveles de proteína Tau y beta amiloide | 13 JUL 17

Trastornos del sueño y riesgo de Alzheimer

Unas pocas malas noches quizá no hagan daño, pero los problemas crónicos para dormir podrían ser motivo de preocupación
Autor/a: Robert Preidt MedlinePlus

Los investigadores podrían haber determinado el motivo de que dormir mal se ha vinculado con un riesgo más alto de enfermedad de Alzheimer.

El nuevo estudio encontró que apenas una noche de sueño interrumpido condujo a un aumento en una proteína llamada beta amiloidea, mientras que una semana de problemas para dormir condujo a un aumento de los niveles de una proteína llamada tau. Ambas proteínas están conectadas con la enfermedad de Alzheimer.

"Mostramos que dormir mal se asocia con unos niveles más altos de las dos proteínas vinculadas con el Alzheimer", apuntó el autor principal, el Dr. David Holtzman, profesor y director del departamento de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis.

"Creemos que quizá el mal sueño crónico durante la mediana edad podría aumentar el riesgo de Alzheimer más adelante en la vida", explicó Holtzman en un comunicado de prensa de la universidad.

Más de cinco millones de estadounidenses tienen Alzheimer, señalaron los autores del estudio. Y estudios anteriores han mostrado un vínculo entre dormir mal y la enfermedad que destruye la memoria.

Por ejemplo, las personas que sufren de apnea del sueño (una afección que provoca pausas repetidas en la respiración durante la noche) desarrollan un deterioro leve en las habilidades de pensamiento y memoria (que se conoce como deterioro cognitivo leve) un promedio de 10 años antes que las personas sin el trastorno del sueño. El deterioro cognitivo leve puede ser una señal temprana de enfermedad de Alzheimer, anotaron los investigadores.

Para intentar determinar por qué los problemas de sueño podrían aumentar el riesgo de Alzheimer, los investigadores reclutaron a 17 voluntarios sanos de 35 a 65 años de edad. Los participantes del estudio no tenían problemas con el sueño ni deterioro mental conocidos.

Todos los voluntarios del estudio usaron monitores de actividad durante dos semanas antes de ir a un laboratorio de sueño durante una noche. Los monitores midieron la calidad de su sueño, según el informe.

La mitad de los participantes se seleccionaron al azar para interrumpirles el sueño la primera noche. Más o menos un mes más tarde, los participantes del estudio volvieron, y esta vez se interrumpió el sueño de la segunda mitad del grupo.

 

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