¡Nuevo Libro Virtual! Lo invitamos a un FORO de lectura colectiva | 04 AGO 14

El corazón enfermo (puentes entre las emociones y el infarto)

Una obra indispensable de uno de las cardiólogos más destacados, Dr. Carlos Tajer. Los vínculos entre las emociones y el corazón basados en las mejores evidencias científicas disponibles. ¡Ahora descargable en IntraMed! Lo invitmos a participar de un FORO de lectura colectiva con el autor.
INDICE:  1.  | 2. Prólogo, Dr. Carlos Bertolasi
Prólogo, Dr. Carlos Bertolasi

Prólogo, Dr. Carlos Bertolasi

Al comenzar estas líneas, estoy convencido de que deberé extremar mi capacidad de síntesis, para evitar que resulte el prólogo más largo de la historia. Ello se debe tanto a las características de la obra como a las de su autor. Habitualmente, un libro científico reúne los elementos de un emprendimiento concluido. Semeja, por ejemplo, el estreno de una casa nueva, de la que podremos comentar sus planos, la terminación o el colorido, pero ya está; no será posible agregarle más habitaciones, pisos o cocheras.

De igual manera, habitualmente el libro científico es el colofón de un largo viaje. Atrás quedaron las hipótesis, los trabajos de investigación, la publicación parcial en revistas especializadas y las discusiones en congresos que agregan, quitan o enriquecen el producto original. Así, lentamente se construye un cuerpo de doctrina que luego es presentado con una estructura coherente, que facilita la comprensión y el análisis de la metodología científica seguida. En cambio, en esta obra nos hallamos ante un nuevo desafío para progresar en la milenaria tarea de establecer, con una base cada vez más racional, la relación cuerpo-alma.

Si bien puedo coincidir en que toda aproximación en el conocimiento puede reconocer aspectos positivos y de los otros, creo que el dualismo cartesiano marcó el inicio de un largo camino de progreso hasta nuestros días.
Al descorrer velos sectarios que por entonces (y aún hoy) impedían escudriñar el alma, quedó expedito el camino para iniciar una marcha, a tientas al inicio, hasta el asombro actual con el avance logrado y, aún más, con el esperado en las próximas décadas.

Más complicado resultó profundizar el conocimiento de la mente en su relación con la materia. Teorías ancestrales, posiciones dogmáticas, carencia de metodología consensuada e hipótesis con dificultad probatoria han sido obstáculos casi infranqueables hasta épocas más recientes. Afortunadamente, creo que ha comenzado una etapa en la que la madurez de gran parte de los involucrados resulta determinante para hallarnos ante una ciencia más humanizada y un humanismo más científico.Aunque pueda parecer obvio, el hombre necesitó varios milenios para entender que el geométrico incremento del conocimiento científico sólo multiplica la vastedad de lo aún desconocido. Asimismo, profundizar la comprensión de la mente exige que se adopte cierta metodología científica o crear otras “ad hoc” para fortalecer el cuerpo de doctrina.

Recordemos que en los albores de la Medicina se produjo el choque entre la escuela mágica de Esculapio y la primera pretensión racional de Hipócrates.

Milenios más tarde, la capacidad de curar por intuición (mezcla de experiencia previa y observación más convicción) dejó lugar a la “medicina basada en la evidencia”. Algo parecido ocurre con el pronóstico del tiempo del gaucho y del meteorólogo. A comienzos del siglo pasado, la opinión del gaucho era insustituible; hoy, el gaucho se entera del pronóstico por la televisión.

Como decíamos, la “medicina basada en la evidencia” aumentó el rigor científico de la práctica médica, pero tanto progreso conlleva el riesgo de desnaturalizar este fundamental aporte. Recordemos que confirma que un recurso es efectivo, pero su aplicación aún depende del buen criterio médico. Un progreso técnico (por ejemplo, un destornillador) puede ser muy útil para ajustar tornillos, pero también para asestar una puñalada (de acuerdo con su modalidad de empleo).

Muy confundido se halla quien usa a la “medicina basada en la evidencia” como “manual del buen conductor”. Sin duda demuestra que el automóvil es útil, pero de ninguna manera nos enseña a manejar.

La conjunción psicosomática en la práctica médica es reconocida por todos; la dificultad quizás resida en cuantificar la interacción. Cuando hace ya muchos años planteamos que el progreso más importante de la historia médica ha sido la silla, tratábamos de simbolizar la relación médico-paciente y la prevención de la
enfermedad.

Atrás quedaba el individuo postrado en su lecho y el médico erguido como expresión de “caso terminal” y desnivel del conocimiento.

La silla inicia el diálogo entre seres humanos que persiguen iguales propósitos.

Podemos concluir entonces que en esta obra nos hallamos ante un tema actual, de gran trascendencia e imprevisible futuro. Aunque no se explicita, creo útil también considerar a quién va dirigido este libro. Por su temática y desarrollo, mi impresión es que el espectro de lectores puede ser muy amplio y abarcador. Así será mejor la difusión, pero también acarrea riesgos que debemos recordar para evitar una lectura equivocada.

El médico debe comprender que se trata de una “ampliación del panorama” en lugar de un cambio de paradigma. Perdemos el tiempo si contraponemos teorías (especialidad argentina) en lugar de integrarlas, como se trata en el texto.

 

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