Un líder la medicina Paraguaya | 01 NOV 13

Entrevista al Dr. Antonio L. Cubilla

"La moda de la creencia que la enfermedad asienta en la molécula y no en el enfermo seguro pasará y se volverá a repetir el ciclo de importancia de otros niveles jerárquicos"
Autor/a: IntraMed 
INDICE:  1.  | 2. Curriculum vitae

IntraMed entrevistó al Dr. Antonio Cubilla, una figura líder de la medicina en Paraguay.

Entrevista

¿Cuáles son sus orígenes en el campo de la medicina? ¿Cómo llegó a esta disciplina, cómo fueron sus orígenes familiares?

Tengo orígenes familiares de genética hibrida. Predominando en el afecto el guaranítico identitario, y sangre mediterránea de Portugal a Italia. Mi familia anterior, de ancestria correntina, lógicamente fue y es de actividad pecuaria aunque mi padre fue médico cirujano y profesor. Tratando de influir me regalo a los 16 años "Los tónicos de la voluntad" de Santiago Ramón y Cajal, pero la realidad es que fue para enfriar las tórridas lecturas de "Las mil y una noches". También hay sangre guerrera y política en la familia, ex-combatientes de la guerra con Bolivia, escuche de niño historias épicas, un político jefe de policía, algún perdido presidente, un jefe militar de la feroz revolución civil entre colorados y liberales.

De niño fui definido como médico, en los trabajos de corral con el ganado me tocaba vacunar, actividad que mis ancestros diferenciaban como de nivel intelectual. Así, sin saberlo y por ese destino sutilmente forjado, cuando me di cuenta, estando apasionado con Machado y Elliot, Proust y Flaubert, me encontré penosamente digiriendo a Testut. Fue un error vocacional.

¿Cuáles han sido sus áreas específicas de interés?

Mis escasas contribuciones se relacionan con la dispersión de mis pasiones. Primero encontrar lo que es nuevo, segundo la lectura desordenada, tercero el campo, ese verde mar de las praderas misioneras, y por fin, por obligación para poder disfrutar lo dicho, el diagnostico patológico, una rutina.

¿Cómo se desarrollaron sus intereses en la investigación?

No habiendo literatura en la facultad de medicina, fui motivado a lo que más se le parece, la investigación científica, por un par de geniales profesores de patología, Pedro Aníbal Rolón y Juan Carlos Franco, ¡qué mentores!. Nos obligaron a comprar la "Introducción al estudio de la medicina experimental" de Claude Bernard, y "El discurso del método" de Descartes, que nunca entendí. En esa pequeña biblioteca de cuatro estantes de la Catedra de Anatomía Patológica estaban "La lógica del descubrimiento científico", de Popper, ese libro de iniciación y "Proceso y Realidad", de Whitehead. Allí se discutía a fines del 60 la teoría general de sistemas de Bertalanfy, el organicismo vs el reduccionismo biológico, se hablaba de Darwin y Lamarck, de Sinnot, Waddington y Dozhansky. También un libro de Marcuse algún crítico de la ciencia, y escritos de Cohn Benditt, después supe, pero eran ídolos estudiantiles, por la identificación con las revueltas de Paris a Berkeley, que apoyábamos y profesábamos en la facultad de medicina. Ya no creo en esos autores.

Se investigaba en la cátedra la patología geográfica del cáncer, a un nivel bastante bueno, disciplina cuasi extinta que la resucite a mi vuelta al Paraguay y fue muy importante para avanzar el conocimiento. Se educaba con un método parecido al científico para descubrir, deducíamos los diagnósticos por hipótesis y deducción, luego de una observación meticulosa de los especímenes patológicos. Se enojaron algunos compañeros traga-libros porque luego de estar tres meses ausente en un congreso estudiantil en Europa, vine a asaltar la mesa de examen de Patología y obtener una buena nota. Pudimos, con el método de Rolón (que lo trajo de Rochester University, NY donde había un docente de nivel llamado Orbison) deducir sin leer cinco de los seis diagnósticos, con la observación crítica y meticulosa de especímenes quirúrgicos y láminas histológicas. Allí supe que observando y razonando un estudiante podía fabricar diagnósticos y me preguntaba si también así se pudiera descubrir una nueva enfermedad. Sus principios educativos estaban creo en ese librito, "Los fines de la educación" de Alfred North Whitehead.

Estaba feo el ambiente durante la dictadura de Stroessner, muchos amigos presos y torturados. El Prof. Rolón me aconsejo que emigre. Mi padre, de la escuela francesa, deseaba que fuera a Paris. Pero fui a Estados Unidos, allí estaba el mejor hospital de cáncer del mundo. Ya al llegar le escribía a mi padre, liberal de liberales, pero, ¿dónde esta acá esa libertad hacia la que huíamos? No se puede cruzar la calle en la mitad de la cuadra, mear en la calle ni de noche después de unas cervezas, girar algo en rojo en los bancos y los negros en Florida suben a la parte trasera de los buses!. Pero ya llegue allí enchufado con la investigación. Mis dos primeros años de residencia en patología fueron decepcionantes, no había investigadores serios en ese hospital de Florida. En mi broken english (había estudiado francés y no ingles) les di una charla sobre la historia de la Patología, que la saque del primer capítulo del libro del profesor Perez Tamayo, de México, que escribiera luego sobre el método científico. Me miraban como bicho raro, ¿un patólogo interesado en la historia?

Al terminar el primer año ya me quería ir de allí, pero me compraron con más dinero (¡tenia tres hijos ya a los 26 años!) y nombrándome jefe de residentes, la mayoría eran hispanos y vagos. Pero apenas pude me mude al noreste, al Memorial Sloan Kettering Cancer Center, de la universidad de Cornell. Eso ya era otra cosa. Me quede ocho años allí. Le cuestioné por ingenuo al profesor Lewis Thomas (era director del hospital), aquel del librito premiado como libro del año de literatura en USA "The lives of the cell", su analogía entre el cuerpo humano y la sociedad. Allí encontré compañeros y profesores mentores que me reiniciaron en las técnicas de investigación e inicie mi carrera académica siguiendo a Cajal en su idea de buscar un nicho, focalizando en el estudio del cáncer de páncreas, que entonces a nadie interesaba, había pocos estudios, y pude así avanzar. Este método lo volví a usar en Paraguay focalizando en una patología exótica, el cáncer peneal, donde tendría menos competencia. También está dando buenos resultados.

¿Cuál es el panorama de la medicina y de la investigación médica en Paraguay?

Muy rezagados. Hay algunas figuras formadas en el extranjero que pronto son devoradas por la política o la mediocridad del ambiente. No existen instituciones. En la universidad se repite lo que se dice en Boston, sin observar lo que está allí y es nuevo. Se han perdido nuestros profesores la oportunidad de descubrir enfermedades frecuentes por esa colonización mental. Sus trabajos “científicos” solo quieren conformar, es decir encontrar lo que otros ya lo hicieron, asi se sienten parte del universo. Los pocos investigadores originales de la universidad van contra viento y marea. Mi producción científica creció exponencialmente cuando deje, antes de tiempo, la universidad. Existe allí un sistema escalafonado endogámico y no meritocratico que desfavorece el progreso científico. Tengo algunos escritos periodísticos sobre este tema. El primero, que produjo gran revuelo en la inteligentzia vernácula se tituló "La universidad y la pseudouniversidad". La primera es la que investiga, la que no, la otra. Por lo tanto en el Paraguay no hay universidad.

¿Qué piensa usted acerca de la formación científica en los jóvenes médicos del presente?

En el Paraguay la formación médica básica es libresca, dado que no existen suficientes laboratorios de investigación en las ciencias fundamentales, lo que es un gran déficit que se refleja en la práctica diaria, puesto que no creo que exista disciplina donde los conocimientos profesionales y científicos estén tan próximos.

 

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