La verdad y otras mentiras | 05 MAR 12

No saber

La incertidumbre y el método de una profesión caníbal
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Fuente: IntraMed 

Un enfermo que no está bien pero que no muestra nada evidente es todo un desafío. Sabés que tiene algo pero ignorás qué. Pasás una hora interrogándolo con las mismas preguntas. “Empecemos otra vez desde el principio”, le insistís. Lo examinás otras tantas veces. Pedís análisis de laboratorio que no muestran nada concreto. Fiebre persistente sin leucocitosis, sin neutropenia, sin linfocitosis, sin sedimento urinario alterado, sin semiología respiratoria, ni digestiva, sin signos meníngeos, sin adenopatías, sin foco. Fiebre, fiebre, fiebre. También presenta agotamiento, desaliento, negativismo, anorexia, mialgias. ¡Tiene que tener algo y yo tengo que encontrarlo! Te alentás al mismo tiempo que te culpás. Vas construyendo una lista: infección urinaria; brucelosis, mononucleosis, citomegalovirus, tuberculosis, endocarditis, leptospirosis, micosis profundas, linfoma, vasculitis, fiebre paraneoplásica, hipotalámica, hipertiroidea, farmacológica, psicógena. ¿Lo interno? Mejor hago un registro horario de la temperatura primero. ¿Lo cultivo? Mejor espero un par de días  para ver si se focaliza. ¿Por qué no me voy a dormir y mañana lo pienso otra vez? Cerrás los ojos. Pero ves citoquinas, granulocitos, esplenomegalia, hepatocitos, anticuerpos, virus y bacterias. Querés café, cerveza, chocolate. Querés salirte del caso por un momento para volver a él. Pero nada. No lo lográs. Él manda, vos obedecés. No podés dormir. Te levantás. Abris el Harison en el capítulo de FOD (fiebre de origen desconocido). Leés, leés, leés lo que ya sabías de memoria. Hiciste todo lo que había que hacer. Paso a paso, con prudencia. Te acordás de un viejo maestro que te decía: “No te apures, tenés que esperar a los enfermos hasta que la enfermedad hable a través de ellos”. Era un viejo sabio y campechano: “escuchalos, observalos, tocalos, permanecé atento y concentrado hasta que la liebre asome la cola”. Te erizás como un puma al acecho. Agudizás tus sentidos buscando signos de alarma. Activás tus radares para encontrar la cola de la liebre. Esperar es la medida de la incertidumbre. Te montás en el puesto de guardia y desplegás  toda la agudeza sensitiva e intelectual de la clínica. Sos un cazador al aceho. Planteás hipótesis y las contrastas con les hechos. Las refutás hasta las últimas consecuencias. Deducís, inferís, abducís. Sos Sherlok Holmes, Auguste Dupin, Charles Sanders Peirce, Osler, Popper, Bunge, House. Este profesión te come la cabeza. Es caníbal. No tiene horario. No te da tregua. Te chupa hasta la última gota de voluntad. Le exige a tus sentidos y a tu razón todo lo que tengan para dar. Te quiere entero, en cuerpo y mente. Es apasionante y agotadora. Alienante y enfermiza. No la cambiarías por nada. Este maldito laburo es el mejor trabajo del mundo.

Daniel Flichtentrei

 

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