Doping genético | 16 AGO 08

Evolución humana a la carta

La posibilidad de mejorar genéticamente al 'Homo sapiens' será pronto posible - Los científicos debaten si es ético 'fabricar' hombres más fuertes o más sanos.
MÓNICA SALOMONE
EL PAÍS 


El primer positivo por EPO de los Juegos Olímpicos -el de la ciclista española Maribel Moreno- es una mala noticia que sin embargo tiene una segunda lectura: hay "un" positivo, es decir, el dopaje se ha detectado. Hace años que se venía anunciando que Pekín 2008 serían los Juegos del dopaje genético, una técnica que viene a ser la última elucubración para tratar de forzar aún más la máquina humana... sin dejar rastro en los análisis. Hasta ahora, no hay pruebas de que haya sido así. Pero de lo que nadie duda es que si no ha sido en Pekín, será en Londres 2012 o, si la candidatura tiene suerte, en Madrid 2016. El dopaje genético, basado en la introducción en el organismo de genes ajenos que supuestamente mejorarían el rendimiento físico, se considera la punta de lanza de una cuestión que trasciende el ámbito deportivo: la mejora del cuerpo en general, con técnicas de biomedicina.

Muchos expertos advierten de que tomar las riendas de la evolución para lograr una versión avanzada de la especie humana ya no es un sueño freak ni de la ficción científica. Tal vez en un futuro no lejano los padres deban decidir si regalar a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, genes de resistencia al sida o al alzhéimer, o que les hagan más listos y longevos. ¿Se impondrá entonces el miedo a toquetear los propios genes -en una sociedad que rechaza, con motivos o sin ellos, los alimentos transgénicos, y donde todavía sobrevuela el fantasma de la eugenesia-, o se dará la bienvenida a lo que muchos llaman humanos 2.0?

En el Tercer Encuentro sobre Dopaje Genético, celebrado el pasado mes de julio en San Petersburgo (Rusia) y al que asistieron representantes de unos sesenta países, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) pidió a los Gobiernos sanciones específicas para cualquier intento ilegal de transferir genes a los atletas. La Agencia, que aún no tiene constancia de ningún caso, ha invertido ya siete millones de dólares [4,73 millones de euros al cambio de ayer] en el desarrollo de pruebas específicas para detectarlo. Para evitar que haya algún deportista que, secretamente, lo esté usando ya, se guardarán muestras de los participantes en los Juegos y se las someterá a los análisis pertinentes cuando estén listas.

La idea del dopaje genético deriva de una técnica médica que se investiga desde hace unas tres décadas: la terapia génica. Esta metodología intenta curar enfermedades a base de actuar directamente sobre los genes que intervienen en ellas y no sobre sus productos (las proteínas), que es lo que hacen los fármacos habituales.

Terapia génica, por ejemplo, es intentar introducir en el organismo del paciente genes cuya falta causa la enfermedad. O eliminar los que predisponen a sufrir alguna patología, por ejemplo, un cáncer. Esto último todavía no se puede hacer. De lo más cerca que se está es de la selección de embriones que portan los genes que harán que el futuro niño padezca una enfermedad, como la corea de Huntington. Pero todo se andará.

Y, claro, "las mismas técnicas de la terapia génica pueden usarse no para curar enfermedades, sino para modificar rasgos de la persona", como explicaba recientemente Theodore Friedman, responsable de dopaje genético de la AMA, en una reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). "Y el deporte, donde lo que se busca constantemente es mejorar, es el ámbito ideal para poner a prueba esta idea".

En teoría, el dopaje genético podría proporcionar por ejemplo músculos más fuertes y que se recuperan antes; un mejor sistema de generación de sangre -más aporte de oxígeno, una especie de EPO congénita-, o un metabolismo más eficiente. Los genes con los que habría que trabajar, en principio, se conocen. "Para el tamaño de los músculos y la fuerza, la hormona de crecimiento; para la generación de sangre, la hormona eritropoyetina (EPO)", dice Friedman. "No es nada muy sofisticado. Por eso creemos que el dopaje genético será inevitable".

Varios hechos apoyan su diagnóstico. En 2006 emergió en un juicio por dopaje un e-mail del entrenador alemán Thomas Springstein solicitando un fármaco experimental para terapia génica contra la anemia, Repoxygen, que hace al organismo producir más EPO cuando hay menos glóbulos rojos de lo normal. Esta petición hizo saltar la primera alarma sobre la gran demanda potencial del dopaje genético. La segunda han sido las innumerables llamadas que ha recibido el investigador Lee Sweeney, de la Universidad de Pensilvania (EE UU), desde que anunció su trabajo con ratones Schwarzenegger. Sweeney, que investiga en distrofia muscular, trabaja con un gen que estimula la producción de la hormona de crecimiento, y logra así cuadruplicar la masa muscular de ratones. En algunas semanas de 2007 llegó a recibir decenas de llamadas de deportistas y entrenadores.

Así que, si es todo tan sencillo y hay tantas ganas, ¿están ya todos los atletas genéticamente mejorados y la AMA no lo sabe? No, o al menos no todavía. Aunque la teoría parezca simple, la opinión general es que el dopaje genético está aún muy verde (ni siquiera se cree que el Repoxygen sirva realmente como dopante).

En medicina, la terapia génica ha resultado ser mucho más difícil de aplicar, y con efectos secundarios más graves, de lo previsto inicialmente. Se ha visto, por ejemplo, que los genes introducidos pueden activar otros implicados en cánceres y que hasta entonces habían permanecido silenciosos. Por eso, para Friedman es "una locura" que un deportista recurra ahora al dopaje genético.

Pero hay otra pregunta inquietante. ¿Y si fuera posible adquirir habilidades suprahumanas sin efectos secundarios? ¿A qué argumentos habría que recurrir para ilegalizar las técnicas mejoradoras?

John Harris y Sarah Chan, del Instituto para la Ética de la Ciencia de la Universidad de Manchester, repasan, y descartan, las respuestas habituales. &iques
 

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