Diálogo con la bióloga Gabriela Levitus | 07 MAR 07

La biotecnología y sus demonios

Medicamentos más baratos, plásticos biodegradables, microbios que limpian contaminantes, alimentos más sanos: la revolución biotecnológica ya comenzó.
Fuente: Página 12 

Por Federico Kukso

El mundo es cada más biotecnológico. Mire donde se mire, afloran sus joyas alteradas por la ingeniería genética: biofármacos, plásticos biodegradables, alimentos transgénicos, plantas modificadas genéticamente. De a poco y con mucha información, la mala fama de la biotecnología se va disipando al privilegiarse más sus beneficios que sus posibles inconvenientes. “Nos dirigimos a la producción de mejores alimentos, alimentos más seguros”, augura la bióloga Gabriela Levitus, directora ejecutiva de ArgenBio, consejo argentino para la información y el desarrollo de la biotecnología.

–¿Cómo llegó a la biotecnología?

–Yo soy bióloga, de la Facultad de Ciencias Exactas y como todos los biólogos nos formamos en investigación sobre todo. Hice mi doctorado sobre la enfermedad de Chagas y me fui a Brasil a hacer mi posdoctorado en el área de la parasitología, malaria. Volví y me inserté en la carrera de investigador científico del Conicet.

–¿Y cuándo hizo el salto?

–Cuando estaba por cumplir 40 años. Había cosas que me gustaba hacer y otras que no. Lo que me gustaba era la comunicación de la ciencia, la educación. Yo siempre fui docente de biotecnología en la facultad.

–¿Y qué pasó entonces?

–Un conjunto de empresas dedicadas a esto deseaban tener un programa, un área de comunicación. Pusieron un aviso que llegó a mis manos. Y ahí nació ArgenBio, un consejo para divulgar la biotecnología. A partir de un programa educativo (www.porquebiotecnologia.com.ar) les damos herramientas a los docentes para que traten el tema en el aula. Ocurre que es muy difícil definir biotecnología.

–¿Por qué?

–Porque es una disciplina muy amplia. Una definición muy estéril dice que consiste en usar organismos vivos para hacer cosas útiles. En realidad, tiene sus orígenes en la microbiología industrial. Se la relaciona mucho con la fabricación del vino, el pan, el yogur y el queso. Cuando llega la época de la biotecnología moderna en los ’80 ahí comienzan a integrarse muchos conocimientos: aparece también la ingeniería genética y esto de poder cambiar los genes de lugar, y se empieza a aplicar a organismos más allá de los microbios. La biotecnología no deja de ser una tecnología novedosa y como algo nuevo merece su difusión y discusión. Además está en todos lados.

–Pero atravesó por una época de mala fama.

–Las tecnologías nuevas son siempre tomadas con mucha aprehensión porque los seres humanos tenemos miedo a lo nuevo; lo cual es bastante saludable. Tiene que ver con una cuestión de supervivencia. Ahora bien, hay tecnologías peor vistas que otras porque se les ha generado mala fama por diversos motivos: la energía nuclear, por ejemplo. Otras, en cambio, siempre fueron bien vistas, como las tecnologías asociadas con la informática o la telefonía celular. La importancia de usarlas era tan grande que no atravesaron por ese momento de crítica. Hoy no nos vemos sin celular. A veces son las fuerzas del uso las que inciden en la visibilidad de una tecnología.

Uno de los productos más visibles y cuestionados de la biotecnología son los alimentos transgénicos porque uno los come.

–Totalmente. Cuando hablás de un medicamento, uno le puede llegar a perdonar conceptualmente muchas cosas. Pero cuando uno se mete con los alimentos que forman parte de nuestra cultura, nuest

 

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