Nuevo libro del Dr. Jorge Tartaglione | 23 ABR 18
Héroes argentinos: doce médicos que hicieron historia
Un libro de Historia escrito por un médico y, por sobre todas las cosas, un libro repleto de historias
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Fuente: IntraMed 

Un libro de Historia escrito por un médico y, por sobre todas las cosas, un libro repleto de historias.
Sinopsis de Héroes argentinos:

  • Editorial: PLANETA
  • ISBN: 9789504962038

«Este libro atrapante y necesario del doctor Jorge Tartaglione homenajea a sus maestros y recorre a la por momentos azarosa pero siempre gloriosa historia de los héroes de nuestra medicina». FELIPE PIGNA

El médico Jorge Tartaglione relata en Héroes argentinos la vida de doce profesionales que se destacaron durante el siglo XX. Es un libro de Historia escrito por un médico y es, por sobre todas las cosas, un libro repleto de historias.  

«Elegí a estos doce médicos porque los admiro. Estudié con los libros de fisiología de Houssay y semiología de Cossio; pude presenciar conferencias y recorrer salas de enfermos operados del corazón con Favaloro. Admiro la hombría de bien de Illia; el concepto social de la medicina de Carrillo, Mazza y Maradona; el esfuerzo de Grierson para insertarse en un mundo rotun­damente machista; la tenacidad de Agote; el pensamiento de Pichon-Rivière; la audacia de Raffo, y la capacidad de comunicar de Escardó.

Hablamos de doce vidas increíbles, de doce héroes silencio­sos que hicieron aportes decisivos para cambiar la calidad de vida de miles de personas y que además debieron superar los es­collos de la situación sociopolítica del país que les tocó vivir. Fueron brillantes y dedicaron su vida a su tarea. Fue­ron censurados y criticados, cesanteados de cargos y obligados a exiliarse; pero todos, pese a los obstáculos, siguieron adelante». Jorge Tartaglione


Sobre el autor: Jorge Tartaglione
 ©Lucas Perez AlonsoJorge Tartaglione ejerce como médico cardiólogo hace más de treinta años. En la actualidad es presidente de la Fundación Cardiológica Argentina y coordinador médico de la campaña nacional de reanimación cardiopulmonar que se realiza en las escuelas dependientes del Ministerio de Educación de la Nación. Desde 1999 se dedica a la comunicación de temas de salud. Lo hizo en diversos programas de televisión, como el noticiero de Telefé, y fue conductor y realizador de los ciclos Emergencias 24hs, Código de Tiempo, 80 pulsaciones y Doctorvid; además fue columnista durante siete años en los programas de radio de Mario Pergolini.

Lidera el movimiento Revolución Saludable, que a través de distintos medios de comunicación y con fuerte presencia en las redes sociales busca impulsar hábitos de salud que mejoren el bienestar de las personas. Es columnista en el programa La inmensa minoría (FM 89.9 Radio con vos) de Reynaldo Sietecase. Los domingos conduce Revolución Saludable por la misma emisora.

Fue jefe del Servicio de Prevención Médica y Calidad de Vida del Hospital Churruca. Dirigió el Consejo de Epidemiología y Prevención Cardiovascular de la Sociedad Argentina de Cardiología.
Es autor de los libros Todos somos médicos y El cerebro que late, publicados por Editorial Planeta.


Fragmento del libro:

Introducción

El derrotero de la medicina está plagado de hombres y mujeres que han dado todo por otros seres. Y las historias de vida aquí contadas, de doce profesionales, son un ejemplo de eso. Se trata de valores humanos en acción pero también de referentes éticos para todos nosotros, para sus colegas. La salud es el bien más preciado y el objetivo de nuestra profesión es ayudar a cuidarla. Estos médicos han demostrado que la medicina se debe practicar como un apostolado. Es una obviedad decir que en nuestro trabajo también existen los llamados antivalores, como lo es la comercialización de la medicina, la competitividad, la codicia y el dinero; pero estas características nocivas no están incluidas en la historia de vida de ninguno de los protagonistas de este libro. Todos ejercieron la profesión con desinterés y generosidad. Hablamos de doce vidas increíbles, de doce héroes silenciosos que hicieron aportes decisivos para cambiar la calidad de vida de miles de personas y que además debieron superar los escollos que les presentó la situación sociopolítica del país que les tocó vivir. Fueron brillantes y dedicaron su vida a su tarea. Fueron censurados y criticados, cesanteados de cargos y obligados a exiliarse; pero todos, pese a los obstáculos, siguieron adelante.

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Se pusieron el overol por el país. Representaron a muchos profesionales que llevaron la medicina argentina a ser reconocida en el mundo. La curiosidad, la pasión y hasta la vanidad y el ego los guiaron hasta cumplir sus objetivos. Es necesario aclarar que elegí en forma arbitraria a estos doce profesionales. Fue una decisión personal basada en que cada uno de ellos influyó en mi formación. Fueron maestros que, junto a mi padre médico, marcaron mi forma de ejercer la medicina. Pero también debo admitir que en esta primera recorrida dejé afuera a muchos médicos importantes. Por esas omisiones pido disculpas. Estos doce personajes, por la cantidad de tareas que realizaron y los objetivos que cumplieron, parece que hubieran vivido más de una vida. El tiempo para ellos tenía otra dimensión. Cuando se repasa su obra, queda la sensación de que no perdían un segundo. Todo lo que hacían era productivo y dejaba huella. Fueron médicos, pero también escritores, políticos, pintores, deportistas, poetas, periodistas y filósofos. Es increíble el legado que cada uno dejó en su área. Son once hombres y una mujer. La elección no posee un sesgo machista ni nada parecido. Es producto de que estos doce profesionales se destacaron durante el siglo XX, en un período en el que la mujer recién empezaba a ocupar el lugar de protagonismo. Cecilia Grierson, la primera médica argentina, representa la lucha del feminismo en su más amplia dimensión. Eran tiempos en los que la mujer no podía ocupar ningún cargo público o ejercer una profesión y parecía relegada a ocuparse de los quehaceres domésticos. Grierson rompió esas barreras y les abrió el camino a miles de médicas que hoy se destacan en Argentina y el mundo. Su historia sumada a la de un Premio Nobel, un médico rural, un psiquiatra, un forense, dos sanitaristas, un presidente

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de la Nación, un pediatra, un científico no convencional, un clínico, un cardiólogo y un cardiocirujano conforman este libro. René Favaloro y Estaban Laureano Maradona, además, fueron propuestos al Premio Nobel. Los otros, por los aportes que hicieron, también están a la altura. Como vamos a ver, la política siempre interfirió en la vida de estos personajes. Algunos a través de ella pudieron lograr objetivos. Como le pasó a Arturo Illia, quien llegó a ser presidente y, hasta el día de hoy, es un ejemplo de honestidad en el ejercicio de la política. Luis Agote fue diputado y senador; y Ramón Carrillo, durante el gobierno del general Juan Domingo Perón, llevó adelante el plan de salud más ambicioso y exitoso que se conozca en la República Argentina. La mayoría compartía la vocación médica con la preocupación por el rumbo del país y no relataba la historia sino que la hacía. También padecieron por las decisiones de los políticos: Favaloro se quitó la vida, Salvador Mazza fue ninguneado y lo acusaron de pirómano y Bernardo Houssay no fue reconocido ni aun cuando le entregaron el máximo galardón que puede obtener un médico: el Premio Nobel. Pedro Cossio pasó de ser separado de su cargo por antiperonista a convertirse en el cardiólogo personal de Juan Domingo Perón. Carrillo murió en el exilio en el medio de la selva brasileña y Grierson, por el solo hecho de ser mujer, no pudo obtener un cargo docente. Maradona tuvo que exiliarse en Paraguay por oponerse al gobierno de facto. Enrique Pichon-Rivière fue echado del Hospital Borda con el argumento de que su trabajo promovía la homosexualidad y que era comunista. Luis Agote recibió críticas hasta el día de hoy por dictar la ley de menores. Florencio Escardó fue echado de la Universidad de Buenos Aires luego de ser confirmado como profesor adjunto. A Osvaldo Raffo le cuestionan haber trabajado como médico forense de la Policía Bonaerense duran

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te la última dictadura militar. Ninguno pudo eludir el embate de la política y las antinomias que padecemos los argentinos, las que a mi entender no nos dejan crecer como deberíamos. La famosa grieta política que sufrimos hasta los días actuales. Carrillo, Cossio, Illia, Mazza, Escardó, Pichon-Rivière y Maradona tuvieron a Houssay como profesor de fisiología cuando cursaron la carrera de Medicina. Estudiaron en la Universidad de Buenos Aires, salvo Favaloro que lo hizo en la Nacional de la Plata. Casi todos realizaron una especialización en el exterior. Raffo le hizo la autopsia a Favaloro y Favaloro cargó el ataúd de Cossio hasta su última morada. Cossio y Houssay se cruzaron en las salas del Hospital de Clínicas José de San Martín. Agote y Grierson nacieron con diez años de diferencia, pero se veían en los pasillos del actual Hospital Ramos Mejía o en las misas que se celebraban en la capilla. Cossio y Carrillo estaban en veredas opuestas, pero compartían algo en común: ambos tuvieron un trato personal con Perón. Uno porque trabajó con él y el otro porque fue su médico en el final de la vida del general. Houssay, Escardó, Cossio, Pichon-Rivière y Agote tuvieron hijos médicos, mientras que Grierson y Maradona nunca contrajeron matrimonio. Raffo le realizó la autopsia a los casos más trascendentes de los últimos cuarenta años y sus observaciones casi siempre cambiaron el curso de la investigación. A Maradona y a Mazza los unió el altruismo y la entrega a los más necesitados. Entendieron que la medicina debía ejercerse para los pobres en el lugar en donde viven. Muchos podrían haber tenido una vida holgada y cómoda gracias a sus estudios y a la clase social de la que provenían, pero la vocación los llevó a tener un arduo y tenaz trabajo. Agote, en un momento en que el mundo más lo necesitaba, ya que se encontraba en guerra, desarrolló la técnica para trans

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fundir sangre diferida y compartió generosamente su hallazgo en forma desinteresada. Carrillo, al igual que Illia, perdió todo por la política. Seguramente Carrillo no coincidió ideológicamente con Houssay, pero ambos lucharon con miradas y objetivos diferentes para mejorar la vida de las personas. La obra de Carrillo estuvo asociada a la historia del peronismo: sin el presidente Perón no hubiera existido el éxito de Carrillo y sin Carrillo no hubiera tenido éxito la política sanitaria de Perón. Cossio empezó en la cardiología utilizando un electrocardiógrafo que Houssay había ingresado a la Argentina y tuvo una convocante y mediática polémica con Favaloro, quien estimuló a miles de cardiólogos a discutir qué era mejor para tratar al corazón: si los medicamentos o la cirugía. Fundaron la cardiología argentina en una época en que se auscultaba el tórax con la oreja y se esperaba al médico con una pañoleta y agua caliente. Los cardiólogos de mi generación están marcados por Favaloro. Fue el único de los doce médicos al que tuve la oportunidad de conocer. Illia fue el único médico de la historia argentina que ejerció la presidencia de la Nación. Su historia es la de un hijo de inmigrantes que llegó primero a ser médico y luego a la Casa Rosada. Grierson fue la mujer que logró superar el clima de época y luchó por defender su vocación hasta diplomarse. Mazza fue un apasionado que, por ocuparse de una de las enfermedades de la pobreza, fue condenado por el establishment y se convirtió en víctima de la indiferencia del Gobierno Nacional. Escardó fue una figura descollante que supo conjugar, a través de los medios masivos de comunicación, el ámbito catedrático con el popular. Supo contar con humor lo que todos veíamos, pero que a muchos nos resultaba invisible. Raffo ejemplificó la vida del médico forense: es el decano de los criminólogos. Pichon

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Rivière fue uno de los maestros de la psiquiatría y la psicología argentina; introdujo el psicoanálisis y creó la psicología social. Y Maradona tuvo una vida de cuento y representó al médico rural en su máxima expresión. La emblemática plaza que se encuentra frente a la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde estaba ubicado el antiguo Hospital de Clínicas, lleva el nombre de Houssay y cada 10 de abril se celebra el día del investigador científico en memoria de su nacimiento. El premio Fundación Pedro Cossio es el más prestigioso de la cardiología clínica y se otorga en forma anual durante los congresos de la especialidad. En homenaje a Mazza, la ciudad más septentrional de Argentina lleva su nombre, al igual que plazas, calles y escuelas en Buenos Aires, Córdoba, Capital Federal, Mendoza, Salta y Rosario. En octubre de 2015 se inauguró en Rafael Castillo, provincia de Buenos Aires, un hospital general de agudos con el nombre de Favaloro, en su memoria. Agote es recordado con una calle en el barrio porteño de Recoleta y en varias escuelas. En Puerto Madero, una calle fue bautizada Cecilia Grierson y lleva su nombre la Escuela Superior de Enfermería fundada por ella y la Escuela Superior de Comercio Nº 15. La autopista por la cual se ingresa desde el norte a la Capital Federal lleva el nombre de Illia; al igual que escuelas y avenidas de diferentes provincias del país y hospitales como el de Quemados en el barrio de Caballito o en Paraná, Villa Gesell y Mendoza. En el partido bonaerense de Tigre funcionan los hospitales Materno Infantil y municipal que homenajean a Escardó, cuyo retrato, en la estación San Pedrito de la línea de subterráneos A en Flores, se halla junto a personajes ilustres que vivieron en ese barrio, como Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno y Hugo del Carril. A Carrillo se lo recuerda en calles, escuelas

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y hospitales, entre ellos el de San Carlos de Bariloche, referente de cabecera de la región Andino Patagónica, en la provincia de Río Negro. Se instauró el 4 de julio como el día del médico rural en homenaje a Maradona y el 25 de junio como el del psicólogo social en conmemoración al nacimiento de Pichón-Rivière. En el municipio de San Martín, provincia de Buenos Aires, existe el Centro de Salud Mental con su nombre, al igual que una plaza en la avenida Santa Fe 2257. Todos tienen características similares: vocación, pasión, dedicación al trabajo y, como buenos capitanes de barcos, supieron atravesar tormentas. Fueron representantes de la argentinidad. Trabajaron en forma incasable, como si la vida resultara más extensa y eficaz. Elegí estos doce médicos porque los admiro. Estudié con los libros de fisiología de Houssay y semiología de Cossio; pude presenciar conferencias y recorrer salas de enfermos operados del corazón con Favaloro. Admiro la hombría de bien de Illia, el concepto social de la medicina de Carrillo, Mazza y Maradona; el esfuerzo de Grierson para insertarse en un mundo rotundamente machista, la tenacidad de Agote, el pensamiento de Pichon-Rivière, la audacia de Raffo y la capacidad de comunicar de Escardó

 

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