Predicción | 07 MAR 16

Hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica

Identificación de factores de riesgo maternos y obstétricos para hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica.
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Autor/a: Mikael Norman, Katarina Åberg, Karin Holmsten, Vania Weibel Pediatrics 2015, 136 (6), 1087-1094
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Abreviaturas
AAP: Academia Americana de Pediatría
ORa: Odds ratio ajustado
PC: Parto por cesárea
EG: Edad gestacional
CIE-10: Clasificación Internacional de Enfermedades, décima revisión
GEG: Grande para la edad gestacional
OR: Odds ratio
PEG: Pequeño para la edad gestacional
EV: Extracción por vacío


Los recién nacidos desarrollan a menudo hiperbilirrubinemia transitoria que no requiere tratamiento, es decir, ictericia fisiológica. En algunos lactantes, también en ausencia de enfermedad hemolítica u otras enfermedades, hay un desequilibrio más pronunciado entre la producción y la excreción de bilirrubina, lo que resulta en un exceso de los niveles de bilirrubina. Los altos niveles de bilirrubina no conjugada podrían asociarse con disfunción cerebral e incluso daño cerebral permanente, conocido como kernicterus.

A raíz de la recurrencia del kernicterus en recién nacidos a término sanos, se ha dado alta prioridad a la predicción y la detección precoz de los lactantes en riesgo. Se han emitido diferentes guías y enfoques, entre los cuales el de la Academia Americana de Pediatría (AAP) es el más comúnmente utilizado en todo el mundo.

Esta guía se basa en una revisión exhaustiva de la literatura, y recomienda que cada recién nacido, sobre todo los que son dados de alta antes de las 72 horas de vida, debe ser evaluado por el riesgo de desarrollar hiperbilirrubinemia severa. Además de la determinación del grupo sanguíneo y de las mediciones de bilirrubina neonatal, la recolección de información sobre los factores de riesgo comunes más frecuentemente asociados con un aumento del riesgo de hiperbilirrubinemia grave se afirma como una parte importante de la evaluación previa al alta. Sin embargo, los factores de riesgo maternos y obstétricos conocidos para hiperbilirrubinemia neonatal se basan en estudios realizados entre las décadas de 1970 y 1990, con un número limitado de pacientes (24-127) con hiperbilirrubinemia.

También se utilizaron diferentes valores de corte para la hiperbilirrubinemia, variando de lo podría considerarse fisiológico (Bilirrubina sérica máxima > 12,9 mg/dl o > 219 µmol/l) a niveles peligrosamente altos (bilirrubina sérica máxima > 25 mg/dl o > 425 µmol/l). Por lo tanto, el mejor conocimiento actual disponible está limitado por estimaciones imprecisas del tamaño y la dirección de los factores de riesgo significativos.

Además, las recomendaciones basadas en datos más antiguos pueden no tener en consideración los cambios recientes en el campo de la epidemiología reproductiva, principalmente el aumento de la edad materna, del índice de masa corporal (IMC), y de las tasas de partos quirúrgicos. Por último, no hay un estudio previo con suficiente poder para desentrañar las interacciones entre los diferentes factores de riesgo, lo cual es necesario para predecir el riesgo individual.

Para formar una herramienta de evaluación de riesgo sólida y contemporánea dirigida a la predicción de la hiperbilirrubinemia, los autores realizaron un gran estudio de cohorte basado en población. El objetivo fue identificar y caracterizar las contribuciones selectivas de los factores de riesgo maternos y obstétricos en 23.711 recién nacidos de término tratados por hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica.


Métodos

Población de estudio

Este estudio se basa en datos del Registro Médico de Nacimientos Sueco de 1999 a 2012. Durante este período, hubo 1.330.421 partos en Suecia. Se incluyeron todos los nacidos vivos, de partos únicos en presentación cefálica, nacidos a las ≥ 37 semanas + 0 días (n = 1.261.948). Los fórceps se utilizaron ocasionalmente (3.3 por cada 1000 nacimientos), y los nacimientos por dicho método fueron excluidos.

Debido a un perfil de riesgo completamente diferente para la hiperbilirrubinemia hemolítica, además se excluyeron los lactantes que fueron diagnosticados de acuerdo con la Clasificación Internacional de Enfermedades, Décima Revisión (CIE-10, a partir de 1997 y en adelante) con los códigos P55 (enfermedad hemolítica del feto y recién nacido, n = 6464) y P56 (hidropesía fetal por enfermedad hemolítica, n = 16). Por último, se excluyeron los casos con un diagnóstico de kernicterus (CIE-10 Código P57, n = 26), porque el registro no proporcionó datos sobre la causa subyacente (hiperbilirrubinemia hemolítica o no hemolítica) en 22 de 26 de estos casos. El estudio fue aprobado por la Junta de Revisión Ética Regional de Ética de Estocolmo.

Factores de riesgo o exposiciones
Los factores de riesgo o covariables maternos incluyeron país de nacimiento de la madre (Suecia, Asia, u otro), edad materna, peso, altura, IMC, paridad y diabetes mellitus (CIE-10 código O24.0-9). El IMC se calculó a partir de la medición de la altura y el peso en la primera consulta de atención prenatal a las 8 a 10 semanas de gestación, y se categorizó de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud como bajo peso (IMC < 18,5 kg), peso normal (IMC 18,5-24,9), sobrepeso (IMC 25-29,9), u obesidad (IMC ≥ 30,0).

Los factores de riesgo o covariables obstétricos incluyeron la inducción del parto; el modo de parto, caracterizado como parto vaginal espontáneo, parto por cesárea (PC) planificado o de emergencia, extracción por vacío (EV), o PC después de un intento de extracción por vacío (EV + PC); y edad gestacional (EG). Las características infantiles conocidas inmediatamente después del nacimiento, como el sexo, el peso de nacimiento, y la clasificación de grande para la edad gestacional (GEG) o pequeño para la edad gestacional (PEG) también se incluyeron en los análisis. GEG se definió como un peso de nacimiento > 2 DE por encima y PEG como un peso al nacer > 2 DE por debajo de la media para la EG y el sexo en base a una referencia Sueca para el crecimiento normal del feto.


Resultados
La variable de resultado, la hiperbilirrubinemia neonatal, se clasificó de acuerdo con los códigos de la CIE-10 P58 (ictericia neonatal debido a otras causas de hemólisis excesiva) y P59 (ictericia neonatal por otras causas no especificadas). En Suecia, los recién nacidos recibieron un diagnóstico de hiperbilirrubinemia neonatal sólo si fueron admitidos para cuidado neonatal, antes o después del alta y hasta una edad postnatal de 28 días, y fueron tratados activamente con fototerapia o exanguinotransfusión para reducir los niveles séricos de bilirrubina.

Los valores de corte para el tratamiento han sido formulados en guías nacionales, siendo la versión más reciente de 2008. De acuerdo con estas directrices, la máxima bilirrubina sérica tolerada sin inicio del tratamiento de reducción de la bilirrubina en neonatos nacidos a término fue de 20 mg/dl (correspondiente a 340 µmol/l) antes de 2008 y 20,6 mg/dl (350 µmol/l) a partir de 2008 y en adelante.

Métodos estadísticos
El análisis estadístico se realizó con el programa SPSS 20.0 (IBM SPSS Statistics, IBM Corporation). Se utilizaron estadísticas descriptivas (números, frecuencias, y proporciones) para describir las distribuciones dentro de la población de estudio. Se utilizó análisis de regresión logística para calcular los odds ratios (ORs) con intervalos de confianza del 95%, por primera vez en el análisis bivariado, seguida de regresión logística múltiple, incluyendo todos los factores de riesgo. Los datos fueron entonces estratificados por EG, y se calcularon las proporciones de lactantes con hiperbilirrubinemia neonatal con una o diferentes combinaciones de factores de riesgo maternos u obstétricos clínicamente relevantes, definidas como un OR ajustado (ORa) ≥ 1,5 o ≤ 0,5 (efectos de tamaño mediano o grande).

Resultados

En total, 1,88% (n = 23.711) de los recién nacidos de término en la cohorte de estudio recibieron un diagnóstico de hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica (sin mediación inmune o sin diagnóstico de enfermedad hemolítica específica). 

En el análisis ajustado, los factores maternos asociados con un mayor riesgo de desarrollo de hiperbilirrubinemia neonatal fueron madre asiática, edad materna ≥ 30 años,  sobrepeso y obesidad materna y diabetes materna. La edad materna < 20 años se asoció con una disminución del riesgo de hiperbilirrubinemia neonatal.

Los factores obstétricos asociados con un mayor riesgo de hiperbilirrubinemia neonatal incluyeron primiparidad, inducción del parto, parto por EV, y parto a las 37 a 38 semanas de gestación, mientras que el PC, tanto de emergencia como electivo, y la EG > 41 semanas se asociaron con una reducción de los riesgos. Los varones fueron más a menudo diagnosticados que las niñas, y la hiperbilirrubinemia neonatal fue más común en los recién nacidos GEG y PEG en comparación con los bebés cuyo peso de nacimiento era apropiado para la edad gestacional.

Los factores de riesgo con un ORa para hiperbilirrubinemia neonatal de ≥ 1,5 (tamaño de efecto medio o más grande), en orden de mayor a menor ORa, fueron la EG de 37 a 38 semanas, EV fallida, EV, madre asiática, madre primípara, lactante PEG, madre obesa, lactante GEG, e inducción del parto. El único factor de riesgo con un ORa < 0,5 fue el PC planeado.

En ausencia de factores de riesgo (peso de nacimiento adecuado para la edad gestacional, parto por vía vaginal sin inducción en la semana 39 a 41 de gestación, madre multípara no-asiática, no obesa), la tasa de hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica fue del 0,7%. La incidencia más alta de hiperbilirrubinemia se observó en los niños nacidos a las 37 semanas de gestación con un PC de emergencia después del fracaso de la EV (26%), y la incidencia más baja se encontró en los lactantes nacidos a las 41 semanas de gestación con PC programado (0,2%).

Se utilizaron los factores de riesgo identificados para crear una hoja informativa orientada a la predicción individualizada de la hiperbilirrubinemia neonatal no hemolítica para una EG determinada y para los diferentes modos de parto. Se representaron las incidencias de hiperbilirrubinemia neonatal (porcentajes) para diferentes combinaciones de factores maternos y obstétricos identificados como clínicamente relevantes (con un efecto de tamaño mediano o grande) en el desarrollo de hiperbilirrubinemia neonatal significativa con necesidad de tratamiento.

La hiperbilirrubinemia neonatal se clasificó como muy común si > 10% de los lactantes  habían sido diagnosticados (riesgo muy alto, representado por el color rojo oscuro), común si el 5% a 10% eran diagnosticados (alto riesgo de hiperbilirrubinemia, rojo), menos común si >1% pero < 5% eran diagnosticados (riesgo moderado, amarillo), o raro si ≤ 1% había sido diagnosticado con hiperbilirrubinemia neonatal (bajo riesgo, verde).


Discusión

Este estudio proporciona estimaciones sólidas y contemporáneas de la hiperbilirrubinemia neonatal en recién nacidos de término en relación con un conjunto de factores de riesgo perinatales. El principal hallazgo fue que una simple colección de factores de riesgo maternos y obstétricos comunes, así como el peso del niño al nacer, predijeron una variación de > 100 veces en la incidencia de la hiperbilirrubinemia neonatal ya al nacer.

Desentrañando las contribuciones selectivas de estos factores de riesgo, podrían construirse predicciones específicas para la hiperbilirrubinemia según edad gestacional y modo de parto para un origen étnico materno, índice de masa corporal, paridad y peso de nacimiento dado. Esta nueva información permite predecir el riesgo individual en los sistemas sanitarios desarrollados, y tal vez en entornos clínicos con limitados o ningún recurso para cierto tipo de sangre o programas de cribado de bilirrubina, si la epidemiología de la bilirrubina en estos ambientes es similar a la de Suecia.

Se halló que el 1,9% de los recién nacidos de término en Suecia fueron tratados por hiperbilirrubinemia neonatal no inmune. Dado que las guías nacionales suecas recomiendan comenzar el tratamiento con una bilirrubina sérica total > 20,6 mg/dl (> 350 µmol/l) en bebés nacidos con ≥ 37 semanas de gestación y sin otra morbilidad, los resultados de los autores están en línea con los datos de Estados Unidos que sugieren que un nivel total de bilirrubina sérica ≥ 20 mg/dl (≥ 342 µmol/l) se observa en aproximadamente 1% a 2%de los niños nacidos con una EG ≥ 35 semanas. 

Los factores de riesgo para el desarrollo de hiperbilirrubinemia severa identificados en este documento agregan nuevos conocimientos a los estándares actuales. En las guías de la AAP del 2004, una EG de 35 a 36 semanas fue identificada como un importante factor de riesgo para hiperbilirrubinemia grave, mientras que una EG de 37 a 38 semanas fue catalogada como un factor de riesgo menor.

En la actualización del 2009, los lactantes nacidos después de las 35 a 37 semanas se caracterizaron por presentar un mayor riesgo de hiperbilirrubinemia severa. Sin embargo, los niños nacidos a las 38 semanas de gestación fueron categorizados como lactantes de bajo riesgo,  posiblemente a causa de las observaciones (n = 48 pacientes tratados por hiperbilirrubinemia) de la ausencia de diferencias significativas en las tasas de hiperbilirrubinemia entre los lactantes nacidos entre las 38 y las 39 semanas en relación con aquellos nacidos con ≥ 40 semanas de gestación.

Este estudio confirma varios estudios más pequeños de EE.UU. (n = 73-270 pacientes) que documentan el impacto de cada semana decreciente de gestación en el riesgo de desarrollar hiperbilirrubinemia severa. Dado que los bebés nacidos no sólo después de las 37 sino también después de las 38 semanas de gestación, en la mayoría de las combinaciones de otros factores de riesgo perinatales, se hallaron en riesgo moderado a alto de hiperbilirrubinemia, los autores sugieren que una EG de 38 semanas debería ser considerada como un importante factor de riesgo en las próximas actualizaciones de las directrices sobre hiperbilirrubinemia neonatal.

Mientras que los riesgos previamente conocidos asociados con el cefalohematoma, probablemente en la vía causal de la asociación entre EV e hiperbilirrubinemia, y con el antecedente de madre asiática pudieron ser confirmados, los hallazgos de los autores sugieren que la obesidad materna, la primiparidad, y los lactantes GEG y PEG (también identificados por Newman y col.), deben añadirse a la lista de los principales factores de riesgo. En línea con las recomendaciones de la AAP, la diabetes materna y el sexo masculino del lactante se asociaron con un mayor riesgo, pero los tamaños de efecto fueron pequeños.

No se pudo encontrar apoyo para la recomendación de que la edad materna avanzada (definida en las directrices de la AAP como ≥ 25 años) sea considerada un factor de riesgo para hiperbilirrubinemia neonatal: aunque la edad materna ≥ 30 años se asoció significativamente con hiperbilirrubinemia en el presente estudio, el tamaño del efecto (ORa = 1,05) fue muy pequeño y sin significado clínico.

Por último, la evidencia detrás de la recomendación de que la EG ≥ 41 semanas se asocia con una disminución del riesgo de hiperbilirrubinemia solamente fue apoyada parcialmente en este estudio. En las mujeres asiáticas y en los lactantes PEG nacidos por EV, el riesgo de hiperbilirrubinemia significativa se mantuvo alto a muy alto a través del rango de EG, lo que subraya la necesidad de tomar en cuenta las interacciones entre los diferentes factores de riesgo.

A pesar de que la mayoría de los lactantes en este estudio no alcanzó el nivel de bilirrubina que requería tratamiento, una incidencia > 10% para la necesidad de tratamiento agudo en cuestión de horas o días a fin de detectar y prevenir una enfermedad potencialmente incapacitante es muy alta. Por convención, los efectos secundarios farmacológicos se clasifican como muy frecuentes (≥ 10%), frecuentes (≥ 1%,< 10%), y menos frecuentes (≥ 0,1%, < 1%). Los autores utilizaron una clasificación un poco más conservadora.

Hoy en día, la mayoría de los niños nacidos a término tendrá su pico de concentración de bilirrubina después del alta hospitalaria; la hiperbilirrubinemia se ha convertido en uno de los motivos más comunes de reingreso hospitalario en el período neonatal. El problema no es la readmisión per se; dado que la hiperbilirrubinemia se eleva en el hogar después del alta hospitalaria temprana, se espera un aumento de las tasas de readmisión en un sistema de salud centrado en la seguridad del paciente.

La preocupación reside en que se ha reportado que algunos bebés readmitidos exhiben niveles de bilirrubina peligrosamente elevados, > 25 mg/dl (> 425 µmol/l). Este desarrollo exige una evaluación más exhaustiva del riesgo en todos los recién nacidos previo al alta. El conocimiento de los factores de riesgo maternos y obstétricos es una parte importante de dicha evaluación, y el uso de listas de control puede ser de utilidad.

Una hoja de anotación individualizada disponible al nacimiento, como se sugiere en este trabajo, puede adelantar varios pasos la evaluación del riesgo de hiperbilirrubinemia en términos de exactitud de la predicción del riesgo. Esta predicción del riesgo individual puede ser útil para el asesoramiento de los padres, la planificación del momento óptimo para el alta hospitalaria y las visitas de seguimiento, y el calendario de determinación de la bilirrubina, antes y después del alta hospitalaria.

Además de los factores de riesgo estudiados en este trabajo, el antecedente de un hermano mayor con hiperbilirrubinemia neonatal (especialmente si requirió intervención), los antecedentes familiares de enfermedad hemolítica, y el grupo sanguíneo materno (información no disponible en el Registro Médico de Nacimientos Sueco) añadirán información importante para la evaluación global del riesgo al nacimiento.

La mayoría de los recién nacidos diagnosticados con hiperbilirrubinemia en este estudio (no mediada por enfermedad hemolítica) habrían sido tratados con fototerapia. A juzgar por los datos disponibles, la fototerapia para reducir los niveles de bilirrubina parece ser utilizada más frecuentemente en los Estados Unidos y en otros países más que en Suecia. A pesar de la exclusión de las enfermedades hemolíticas y de los pacientes prematuros tardíos, las mayores tasas de fototerapia pueden explicarse por los menores umbrales de bilirrubina utilizados para iniciar el tratamiento en otros países con respecto a Suecia.

Las diferencias poblacionales en la distribución de algunos factores de riesgo maternos y obstétricos, como la etnicidad (2,4% de las madres en este estudio tenían un origen asiático vs. 6,7% de todos los nacimientos en los Estados Unidos), el sobrepeso y la obesidad (21% de las mujeres de este estudio vs > 50% en los Estados Unidos), y las tasas de partos en las semanas 37 a 38 (19% entre los partos de término en este estudio vs. 28% entre los partos de término en los Estados Unidos), también pueden contribuir a la explicación de las tasas más altas de fototerapia en los Estados Unidos que en Suecia. Además, el riesgo de hiperbilirrubinemia neonatal se ve afectado por el manejo postnatal.

El punto más importante del manejo se refiere a las prácticas de alimentación. En Suecia, todas las mujeres son instruidas y animadas a amamantar a sus hijos. La lactancia materna temprana y frecuente disminuye el riesgo, mientras que la lactancia materna inadecuada puede contribuir a la hiperbilirrubinemia grave.

Se excluyeron los pacientes con hiperbilirrubinemia hemolítica porque se asumió que tendrían un perfil de factores de riesgo diferente (determinado principalmente por el grupo sanguíneo materno y fetal) que los lactantes con hiperbilirrubinemia no hemolítica. También se excluyeron los pacientes con un registro diagnóstico de kernicterus porque el registro no proporcionó datos sobre la causa subyacente (hiperbilirrubinemia hemolítica o no hemolítica) en la mayoría de los casos y debido a que no se tuvo acceso a ningún registro de caso para validar el diagnóstico de kernicterus. Sin embargo, en la base de datos, 26 recién nacidos de término habían recibido un diagnóstico de kernicterus, dando una estimación aproximada de la incidencia de kernicterus de 26 en 1.261.974, o 20,6 lactantes por millón.

Aunque no fue el objetivo de este estudio, se observó con gran preocupación que la incidencia cruda estimada fue alta en comparación con las estimaciones de kernicterus en recién nacidos de término reportadas previamente. La observación de los autores garantiza una validación adicional del diagnóstico de kernicterus en el Registro Médico de Nacimientos Sueco y brinda más información sobre los antecedentes, el curso clínico, y los resultados en estos pacientes.

La exclusión de los pacientes con diagnóstico de kernicterus no invalida los resultados o las interpretaciones de este estudio. Los pacientes con diagnóstico de kernicterus constituyeron una fracción mínima de toda la cohorte tratada por hiperbilirrubinemia, y no existe una razón obvia para anticipar que el perfil de factores de riesgo maternos y obstétricos de los pacientes con kernicterus debiera diferir del de los pacientes incluidos (todos tratados por hiperbilirrubinemia severa y en situación de riesgo para kernicterus).

Si se aplicara la hoja de predicción creada en el presente documento a los 3 lactantes excluidos documentados en el registro de nacimientos con un diagnóstico de kernicterus e hiperbilirrubinemia no hemolítica, los 3 habrían clasificado al nacimiento como con un riesgo moderado (incidencia  > 1% pero < 5%) para el desarrollo de hiperbilirrubinemia postnatal con necesidad de tratamiento.

Esta observación tiene varias implicaciones importantes.

Primero, muestra que no se puede realizar una predicción del riesgo inexistente para kernicterus.

En segundo lugar, se debe tener en cuenta que esta clasificación de incidencias predichas de hiperbilirrubinemia severa, de baja a muy alta, no es una clasificación de la gravedad de la hiperbilirrubinemia, una vez que esta complicación se ha producido.

En tercer lugar, esta observación indica claramente que una evaluación del riesgo clínico al nacer, en base a los factores de riesgo maternos y obstétricos estudiados en este documento o en otras fuentes de información, no puede ser nunca infalible por sí sola. La predicción exitosa de la hiperbilirrubinemia y la prevención del kernicterus  construidas en base a un enfoque sistemático en el que la evaluación precisa del riesgo inmediatamente después del nacimiento podría servir como un buen punto de partida debe  combinarse con otras acciones en el período neonatal.

Por último, el diseño del estudio, que incluyó una gran base de registro de datos (> 20 millones de puntos de datos), puede ser una valiosa herramienta para la creación de estimaciones precisas de los factores de riesgo para una predicción lo más exacta posible. Sin embargo, es inadecuado para el análisis de eventos adversos raros y graves como el kernicterus; este conjunto de datos no proporcionó información sobre el curso postnatal de los niños con kernicterus, de la duración de su estadía hospitalaria, o de la forma en la que el seguimiento fue organizado y ejecutado, si estos lactantes sufrieron morbilidades neonatales adicionales significativas (además de la hiperbilirrubinemia severa) antes o después del alta hospitalaria, y si el kernicterus en estos pacientes representó un fracaso del sistema o se produjo a pesar de la detección y tratamiento adecuados de la hiperbilirrubinemia.

Los principales puntos fuertes de este estudio son la gran población de estudio y la alta calidad del Registro Médico de Nacimientos Sueco (98% de todas las mujeres embarazadas en Suecia incluidas). El tamaño de la muestra (23.711 casos de hiperbilirrubinemia) jugó un papel crucial para evitar errores en la estimación del tamaño del efecto y las interacciones significativas entre los diferentes factores de riesgo, que pueden ocurrir en estudios más pequeños o por predicción intuitiva en base a series de casos.

La limitación principal es que el registro carece de información sobre covariables importantes, como la historia familiar de hiperbilirrubinemia neonatal, el grupo sanguíneo, el número y la duración de las tracciones con el uso de EV, y la presencia de hematomas. Además, no se dispuso de información sobre ciertos resultados neonatales como los niveles máximos de bilirrubina en suero o las imágenes clínicas.

Finalmente, la hoja de predicción de hiperbilirrubinemia propuesta en base a los factores de riesgo debe ser óptimamente validada, evaluando cómo los resultados de este estudio podrían generalizarse a un conjunto de datos independientes o en otros ambientes. Desafortunadamente, otros registros suecos basados en población no contienen el conjunto de factores de riesgo estudiados aquí, excluyendo la posibilidad de validación utilizando otros conjuntos de datos suecos. Se barajan 2 posibilidades para la futura validación: llevar a cabo un estudio similar a este usando una cantidad suficientemente grande de conjuntos de datos generados en otro país o población, o utilizar la hoja de predicción propuesta y estudiar prospectivamente en qué medida la predicción de hiperbilirrubinemia significativa se refleja en el resultado.


Conclusiones

La colección de unos pocos factores de riesgo maternos y obstétricos fácilmente disponibles predice una variación > 100 veces en la incidencia de hiperbilirrubinemia neonatal. Al tiempo que confirma parte de la evidencia derivada de estudios más viejos y pequeños, este estudio desafía cualquier otro listado de factores de riesgo para hiperbilirrubinemia neonatal.

Los autores sugieren que una EG de 38 semanas, la obesidad materna, la primiparidad, y la condición de GEG o PEG deben añadirse y que la edad materna ≥ 25 años debería ser excluida de la lista de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la hiperbilirrubinemia del recién nacido.

Los factores de riesgo identificados y cuantificados en el presente documento permitirán una predicción simple e individualizada del riesgo inmediatamente después del nacimiento. Tal evaluación puede ser un buen punto de partida para el asesoramiento de los padres y para la toma de decisiones profesionales en el manejo adicional en el período neonatal, orientando la detección temprana de la hiperbilirrubinemia severa y por lo tanto previniendo eficazmente el desarrollo de kernicterus.


Comentario: Los recién nacidos desarrollan frecuentemente ictericia fisiológica; sin embargo, cuando la producción de bilirrubina supera ampliamente a la excreción, puede desarrollarse hiperbilirrubinemia severa. Los altos niveles de bilirrubina no conjugada pueden asociarse con disfunción cerebral y daño cerebral permanente, conocido como kernicterus.

Distintos factores maternos y obstétricos puede ayudar a predecir el riesgo de hiperbilirrubinemia severa en un niño luego del nacimiento; en el presente trabajo se sugiere que la edad gestacional de 38 semanas, la obesidad materna, la primiparidad y la condición de GEG y PEG deben ser considerados como factores importantes para el desarrollo de esta condición. Resultaría útil la actualización continua de las guías de manejo de la ictericia neonatal, así como el desarrollo de herramientas de evaluación sólidas y de fácil implementación, a fin de llegar a un diagnóstico precoz y evitar las comorbilidades asociadas con este cuadro clínico.

Resumen y comentario objetivo: Dra. María Eugenia Noguerol

 

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