Historia y Medicina | 28 JUN 12

Ateneo anátomo clínico del paciente: don Manuel Belgrano

El Dr. Daniel López Rosetti y un grupo de colegas del Htal. Italiano de Bs. As. junto al historiador Felipe Pigna analizaron la historia clínica de Manuel Blegrano.
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Su caso clínico fue estudiado durante un ateneo en el Instituto de Medicina Cardiovascular del Hospital Italiano.
Según los médicos, el reuma o la sífilis precipitaron la muerte de Belgrano.

En el Bicentenario de la Bandera, el historiador Felipe Pigna, el médico Daniel López Rosetti y otros 100 especialistas debatieron la causa de su deceso. Fue una insuficiencia cardíaca, pero hay varias hipótesis sobre qué la desencadenó. 

Por: Gustavo Sarmiento

Tres veces por semana, el Instituto de Medicina Cardiovascular del Hospital Italiano de Buenos Aires realiza un ateneo anátomo-clínico sobre casos específicos. El de ayer fue uno muy particular, el de Don Manuel Belgrano, fallecido el 20 de junio de 1820. La idea la aportaron el doctor Daniel López Rosetti y el historiador Felipe Pigna, quienes contextualizaron y detallaron los diferentes síntomas que padeció el prócer durante su vida. Luego, unos 100 especialistas que se acercaron al auditorio del Italiano evaluaron el caso clínico para dar un diagnóstico de las causas de su muerte, entre las cuales prevaleció la de una insuficiencia cardíaca progresiva.

Como en jornadas anteriores, la actividad comenzó con la ficha del paciente. Actividad: periodista, economista, abogado, político, militar. Examen físico: estatura media, delgado, tez blanca rosada, pelo rubio, ojos azules. Perfil personal: persona disciplinada, aplicada, hiperactiva, exigente, con condiciones de liderazgo, que dormía pocas horas y tenía la voz aflautada.

El primer elemento de diagnóstico fue un cuadro de depresión que padeció Belgrano en 1794, a los 24 años, cuando llegaba de España para ser el secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires. Tuvo un motivo concreto: “Venía a un organismo que se dedicaría a fomentar el desarrollo industrial, y cuando llega lo que se encuentra es un grupo de contrabandistas que se dedicaban a la trata de esclavos. Algunos nombres de compañeros de Belgrano en el consulado: Martínez de Hoz, Anchorena”, describe Pigna. Ese mismo año sufrió otra patología que determinaría a futuro su delicada salud: el protomedicato del Río de la Plata le diagnostica sífilis, enfermedad que padecerá, al menos, hasta 1810. “Casi el 50% de la población padecía enfermedades venéreas. Obviamente, no existían profilácticos de látex, solamente había unos muy caros de intestino de carnero, que tenían la característica de ser incómodos y reutilizables”, comentó López Rosetti.

En 1800, Belgrano sufrió una afección ocular en su ojo izquierdo “de gran importancia clínica”, según remarcó Rosetti, que “muy probablemente le haya dejado una fístula”. El 23 de agosto de 1812, en pleno Éxodo Jujeño, padeció fenómenos descriptos de dispepsia, con frecuentes dolores de estómago: “Hay antecedentes de su intolerancia a la carne de llama o al caldo de perdiz”, acotó el médico. Hacia fines de mayo de 1813, Belgrano escribe al gobierno de Buenos Aires: “Estoy atacado de paludismo-fiebre terciana, que me arruinó a términos de serme penoso aún el hablar.” Tras pasarle el mando a San Martín, irá de licencia en un viaje a Inglaterra en 1815; por lo que se sabe, hasta entonces le duró esa afección. En Londres, conoció a su médico de cabecera, el doctor Joseph Readhead, que lo acompañó hasta el último día.

El 7 de abril de 1819, el creador de la bandera consignó en una carta a Ignacio Álvarez Thomas estar afectado del pulmón y del pecho, y además del muslo y la pierna derechos, por lo que debían ayudarlo a desmontar. Es el primer testimonio de la enfermedad final. Un año después, lo ratificará en una nota a Manuel de Sarratea, gobernador de Buenos Aires, en la cual especifica que su enfermedad “comenzó el 23 de abril de 1819”. En esa misiva prevalecen los reclamos de sueldos atrasados. Belgrano falleció en su sillón el 20 de junio de 1820 a las 7, el mismo día que Buenos Aires tuvo tres gobernadores. “Por supuesto, ningún periódico se ocupó de la muerte, salvo uno del padre Castañeda”, contó Pigna. El patólogo Juan Sullivan, que practicó la autopsia del prócer, señaló que sacó gran cantidad de agua; que encontró el hígado y el bazo aumentados en volumen; los riñones desorganizados; los pulmones colapsados y del tamaño de una mano; el corazón hipertrofiado; tejido duro por la cirrosis portal “que suele asociarse”; ictericia y ascitis.

Según Arturo Cagide, jefe del Instituto de Medicina Cardiovascular, “parte del auditorio estuvo a favor de la hipótesis de que se trató de una insuficiencia cardíaca que lo afectó en forma secundaria a nivel hepático y renal. Como posibles causas, se halló la valvular, o reumática o por la sífilis que lo afectaba. Vemos una enfermedad librada a su curso natural, lo que hace muy probable que en el transcurso se hayan comprometido otros órganos.” A su endeble estado de salud, se le agregaba el poco desarrollo de la medicina local: “En esos años, se iniciaba el estudio del diagnóstico clínico en Francia, y la información aquí llegó bastante después, fragmentada y de forma precaria”, explicó Cagide. A Belgrano, el único tratamiento formal que se le practicó fue “el barrenamiento, que serían las punciones de líquido abdominal”.

Para el doctor Rodolfo Pizarro, “la sífilis tenía una presencia mucho más marcada en los hombres, por lo que la aortitis sifilítica es la causa más fuerte”. Pero la doctora Flavia Vidal no descartó el arsénico: “En esa época se usaban varios metales como tratamiento, como el arsénico o el mercurio inhalado, y no se sabía lo que causaban. De hecho, a Bolívar se le halló arsénico en el pelo.”
 

Como un guiño al destino, uno de los rasgos más significativos que mostró la autopsia de Manuel Belgrano fue el gran tamaño de su corazón. Así lo escribió Sullivan: “Era de un volumen que pocas veces se encuentra en investigaciones anatómicas. Experimenté un deseo vehemente de separarlo y prepararle. Lo propuse a la persona que concurrió conmigo; lo desaprobó, y no hallándome autorizado por la familia, abandoné con sentimiento los restos de este ilustre y experimentado patriota.”

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*IntraMed agradece al Dr Daniel López Rosetti, a Telefé Noticias y a los médicos del Htal. Italiano de Bs As la generosidad de compartir su trabajo con nuestros lectores.

 

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