Escepticemia por Gonzalo Casino | 01 MAR 18
Polipatologías
Sobre los problemas para entender y atender a los pacientes con varias patologías
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Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve (España) 

En los ensayos clínicos, los pacientes que tienen alguna otra enfermedad además de la que se estudia son descartados sistemáticamente. Hay sin duda razones científicas de peso para excluir a estos enfermos complejos, pero este descarte es muy revelador de la orientación de la medicina moderna, de sus luces y sus sombras. La renuncia generalizada a incluir estos pacientes en los ensayos clínicos aleatorizados, considerados como el patrón oro de la investigación y de la medicina basada en pruebas, tiene además el correlato de la marginación asistencial. Los hospitales, la investigación, las especialidades médicas, la docencia, la gestión sanitaria y, en suma, todo el sistema científico-médico-asistencial parece concebido como si estos enfermos pluripatológicos, polipatológicos o como quiera llamárselos no existieran. Sin embargo, si echamos manos de la epidemiología y sumamos prevalencias de enfermedades (depresión, diabetes, alergias, migrañas, artrosis, enfermedades cardiovasculares, etc. hasta agotar la lista) comprobaríamos que el concepto de enfermedades per cápita no es una entelequia. Lo habitual es que este número aumente con la edad, la esperanza de vida y la exposición a riesgos, llegando en los casos extremos a los dos dígitos. Las desgracias –y las enfermedades lo son– nunca vienen solas, aunque la medicina parece no darse cuenta, a despecho del trabajo de médicos de familia, geriatras y otros especialistas menos especializados.

Las evidentes carencias para entender y atender debidamente a estos pacientes tienen que ver con unos sistemas sanitarios centrados más en los médicos, las enfermedades y las intervenciones médicas que en los pacientes y sus necesidades

“Médicos y pacientes van en direcciones opuestas. Los médicos se especializan, mientras los pacientes tienen cada vez más problemas”. Con este implacable tuit, Richard Smith, el exdirector del BMJ, ponía recientemente el dedo en la llaga de un problema que no se acaba de afrontar porque, probablemente, no está ni siquiera bien definido. Tenemos, por un lado, una creciente especialización de los médicos, acorde con la inevitable inclinación de todas las ciencias a saber cada vez más de menos y a la exigencia de eficacia y garantías que el superespecialista ofrece (¿quién mejor que, pongamos por caso, un traumatólogo que solo hace todos los días laparoscopias de rodilla para realizar una intervención de menisco mediante esta técnica?). Por otro lado, están las personas concretas, con sus problemas de salud que se van acumulando con la edad y que necesitan médicos generalistas que atiendan a la vez todas sus dolencias. Esta divergencia, explicada más en detalle por Richard Smith en su blog del BMJ, representa un déficit de atención para un creciente número de personas, además de un gasto considerable para el sistema sanitario. En Estados Unidos, los enfermos con varias enfermedades crónicas simultáneas (uno de cada cuatro estadounidenses y tres de cada cuatro de los mayores de 65 años) representan el 71% de todo el gasto sanitario.

Las evidentes carencias para entender y atender debidamente a estos pacientes tienen que ver con unos sistemas sanitarios centrados más en los médicos, las enfermedades y las intervenciones médicas que en los pacientes y sus necesidades. Pero son también, antes que nada, un problema de lenguaje. El mero hecho de designar a estos pacientes como “recurrentes”, “hiperfrecuentadores” y “polimedicados” indica que no se está enfocando bien el problema. La falta de términos aceptados y aceptables para identificarlos, clasificarlos y manejarlos debidamente muestra hasta qué punto es importante el problema. Cuando se habla de pacientes con comorbilidad también se está desenfocando el problema, pues este término suele indicar que existe una enfermedad primaria y una serie de trastornos asociados. Sin embargo, las enfermedades pueden presentarse con o sin una causa común subyacente, de forma aleatoria o por mecanismos concurrentes no bien conocidos. El caso es que todas estas formas de polipatología merecen ser nombradas con propiedad. Porque lo que no tiene nombre no existe; y lo que no está bien identificado, caracterizado, descrito y codificado difícilmente puede ser bien entendido y atendido.

 

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