Restricción de hidratos de carbono y ejercicio de alta intensidad | 02 ENE 18

Estrategias que mejoran la salud cardiometabólica

La restricción de hidratos de carbono y el entrenamiento intensivo en intervalos (HIIT) mejoran independientemente la salud cardiovascular y metabólica
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Autor: Francois ME, Gillen JB, Little JP Frontiers in Nutrition October 2017
INDICE:  1. Página 1 | 2. Referencias bibliográficas
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Resumen:

La restricción de hidratos de carbono y el entrenamiento intensivo en intervalos (HIIT, por las siglas del inglés) mejoran independientemente la salud cardiovascular y metabólica. La restricción de hidratos de carbono disminuye la hiperglucemia posprandial, limitando las consecuencias metabólicas y cardiovasculares perjudiciales de las oscilaciones excesivas de la glucemia.

Además, mejora la composición corporal y la lipidemia. Por otra parte, el HIIT mejora rápidamente el control de la glucemia, la función endotelial y el estado cardiorrespiratorio.

En este artículo se informa sobre la evidencia disponible para cada estrategia y se plantea que la asociación de restricción de hidratos de carbono y HIIT aumentarían al máximo de manera sinérgica las ventajas de ambos enfoques.

Según los autores, esta estrategia representa una intervención óptima para tratar las enfermedades metabólicas. Sin embargo, se necesitan más investigaciones sobre los posibles beneficios sobre la salud cardiometabólica de asociar ambas estrategias


INTRODUCCIÓN

La diabetes tipo 2 (DT2)) es una de las enfermedades crónicas de más rápido aumento en todo el mundo, a pesar de que se puede prevenir(1). Además de la alteración de la glucemia, que es su característica patognomónica, la progresión de la DT2 se manifiesta con varias enfermedades concomitantes que aumentan el riesgo de mortalidad prematura.

Preocupa sobre todo la alta frecuencia de enfermedad cardiovascular (ECV) aterosclerótica, que es responsable de ~80% de las enfermedades asociadas con la DT2(2, 3). Asimismo, un conjunto de factores de riesgo cardiovascular tiende a manifestarse mucho antes del diagnóstico de la DT2, acelerando la progresión de la ECV(4).

Estos factores de riesgo son obesidad central, hipertensión, hiperglucemia y dislipidemia, que colectivamente constituyen el síndrome metabólico(5). Además, el sedentarismo y el mal estado cardiorrespiratorio están surgiendo como importantes factores de riesgo modificables de ECV o DT2(6). Tanto el ejercicio como la dieta pueden prevenir o retrasar la progresión de las comorbilidades relacionadas con la DT2. Por este motivo las intervenciones en los hábitos de vida siguen siendo de primera línea para tratar el síndrome metabólico(7–9).

El objetivo principal del tratamiento de las enfermedades metabólicas, entre ellas la DT2 y el síndrome metabólico es prevenir la ECV aterosclerótica(10, 11). El tratamiento actual depende de intervenciones farmacológicas y de cambios en los hábitos de vida(9, 11).

Estas estrategias innovadoras y eficaces reafirmaron la fuerte influencia de la modificación de los hábitos de vida sobre la progresión de las enfermedades metabólicas

En general las recomendaciones fomentan el descenso de peso mediante la dieta hipocalórica baja en grasas y azúcar, así como por lo menos 150 min de actividad física de intensidad moderada por semana(10, 11). Si bien este enfoque puede ser eficaz para la prevención de la DT2(12), no parece prevenir ni aliviar la carga de ECV en los que sufren DT2 manifiesta[(8), LOOK Ahead trial]. Por ello se buscan nuevas estrategias que disminuyan los factores de riesgo cardiovascular con efectos secundarios mínimos.

En el campo de la salud y el ejercicio, varios enfoques sobre los hábitos de vida están teniendo importancia creciente. Por ejemplo, modificaciones dietéticas como la restricción de hidratos de carbono y el ayuno intermitente están surgiendo como otras estrategias terapéuticas para personas con enfermedades metabólicas o con riesgo de éstas.

Asimismo, recetas novedosas de ejercicio, entre ellas el entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT por las siglas del inglés) y el concepto de interrumpir el sedentarismo con actividad física liviana, revelaron ser promisorios para mejorar o mitigar los efectos perjudiciales de los hábitos de vida con escasa actividad.

Estas estrategias innovadoras y eficaces reafirmaron la fuerte influencia de la modificación de los hábitos de vida sobre la progresión de las enfermedades metabólicas. Los autores de este artículo opinan que modificar tanto la dieta como el ejercicio, ayudan sinérgicamente para el tratamiento de las metabolopatías.

La restricción de hidratos de carbono se define como la limitación de los mismos a menos del 30% del consumo calórico y el HIIT se caracteriza por períodos breves de ejercicio de alta intensidad intercalados con ejercicio de baja intensidad para la recuperación del participante.

Si bien existen otras intervenciones promisorias en los hábitos de vida, este trabajo destaca la propensión a efectos sinérgicos cuando se asocian la restricción de hidratos de carbono y la HIIT. Como con cualquier otra intervención, el cumplimiento terapéutico es esencial y es necesario investigar cómo implementar la HIIT y la restricción de hidratos de carbono para lograrlo.


► HIPÓTESIS

A la luz de la evidencia reciente, se plantea que la asociación novedosa de una dieta restringida en hidratos de carbono y el HIIT representa una estrategia de hábitos de vida prometedora para tratar la DT2.

El propósito de este artículo es resumir la evidencia que apoya las ventajas terapéuticas de la restricción de hidratos de carbono y la HIIT, así como también introducir la idea de que la asociación de ambos enfoques puede representar la estrategia de hábitos de vida más potente para esta enfermedad.


► RESTRICCIÓN DE HIDRATOS DE CARBONO en la DT2

Las investigaciones científicas[repasadas en la Ref. (17)] y los grupos de pacientes (UK Diabetes low-carb initiative; www.diabetes.org.uk) muestran evidencia creciente que apoya la restricción de hidratos de carbono como la principal estrategia terapéutica dietética en pacientes con T2D. Desde hace tiempo se sabe que la alimentación rica en hidratos de carbono aumenta la hiperglucemia posprandial y las respuestas insulínicas y ambas aceleran la progresión de la DT2 y la ECV aterosclerótica CVD(18–20). Por este motivo la restricción de hidratos de carbono se recomendaba ya desde la década del 1800.

Más recientemente, se la reconoció en las recomendaciones de nutrición de la ADA(21) aunque las recomendaciones dietéticas oficiales aún no aconsejan este enfoque para los pacientes con DT2. En relación con las intervenciones dietéticas que limitan las calorías a partir del bajo aporte de grasas, las dietas con las mismas calorías basadas sobre la restricción de hidratos de carbono a <30 g/día resultaron en mayor reducción de la HbA1c y la masa grasa(22, 23), así como mayor mejoría del perfil lipídico(24, 25).

Las dietas bajas en restricción de hidratos de carbono no se recetan explícitamente por ser hipocalóricas, pero debido a los efectos de saciedad de las proteínas y las grasas, el consumo calórico a menudo es menor(22, 26–28). Incluso los beneficios de las dietas hipohidrocarbonadas se pueden producir sin descenso de peso(29, 30). Para una revisión integral de la restricción de hidratos de carbono para el tratamiento de la DT2 véase Feinman et al.(28).

La restricción de hidratos de carbono mejora la glucemia aún si no se produce descenso de peso

Si bien no se han determinado recomendaciones óptimas para esa temática, en la  dieta restringida en hidratos de carbono <30% del consumo calórico proviene de los mismos (aproximadamente <130 g/día)(31). Las dietas muy bajas en hidratos de carbono, a menudo llamadas dietas cetógenas, tienen reducciones más extremas de los hidratos de carbono, < 30 g/día(32).

El grado óptimo de restricción depende del estado de resistencia a la insulina del paciente. Por ejemplo, Cornier et al.(33) informaron mayor descenso de peso en individuos insulinosensibles tras una dieta hipocalórica rica en hidratos de carbono que tras una dieta hipocalórica con restricción de los mismos, mientras que sucedió lo contrario en individuos insulinorresistentes.

Este estudio es de gran trascendencia, ya que más del 35% de los adultos son insulinorresistentes(34). Por lo tanto, más individuos insulinorresistentes, especialmente aquellos con DT2, podrían necesitar mayores grados de restricción de hidratos de carbono para mejorar su salud metabólica con la dieta.

En intervenciones a más largo plazo, la restricción de hidratos de carbono parece ser muy eficaz para promover el adelgazamiento en pacientes con DT2 (25, 27, 35). Esta estrategia alimentaria también redujo la adiposidad visceral(22, 27, 36), y disminuyó la necesidad de medicación en adultos con DT2(25, 37). Estas disminuciones de la adiposidad central, la resistencia a la insulina y la hiperglucemia son centrales para prevenir la ECV(38).

La restricción de hidratos de carbono mejora la glucemia aún si no se produce descenso de peso(29, 39). Por ejemplo, Gannon y col hallaron que a pesar de que no hubo cambios en la masa corporal total, una dieta isocalórica con 30% de proteínas, 50% de grasas y 20% de hidratos de carbono disminuyó en el 2% la HbA1c (reducción absoluta) y mejoró la glucemia en ayunas y posprandial en pacientes con DT2(30, 40). Boden et al.(26) mostraron que solo 2 semanas de dieta isocalórica baja en hidratos de carbono mejoran la sensibilidad a la insulina en un 75% en personas con DT2, con el empleo de la técnica de pinzamiento hiperinsulinémico euglucémico.

Aunque aún no se conoce ninguna evidencia directa de mejora de la función de las células beta con la restricción de hidratos de carbono en pacientes con DT2, la evidencia asociativa apoya que el reposo de las células beta al suprimir la hiperglucemia puede revertir los defectos secretorios de la insulina en modelos animales de DT2(41, 42).


► EL EJERCICIO EN LA DT2

El sedentarismo es uno de los mayores problemas de salud pública en la actualidad(43). La actividad física insuficiente es la cuarta causa de muerte(44). La actividad física se define como cualquier movimiento corporal producido por músculo esquelético y abarca tanto las actividades de la vida cotidiana como el ejercicio estructurado.

El ejercicio se define cono la actividad física deliberada que se efectúa para  sostener o mejorar la salud o el estado físico y, según su intensidad y duración es muy eficaz para mejorar la salud cardiometabólica(45).

A fin de lograr los efectos protectores y terapéuticos del ejercicio se recomiendan 150 min de actividad física de moderada a vigorosa por semana. Quizás uno de los mayores beneficios para la salud del ejercicio practicado regularmente es la mejora del estado cardiorrespiratorio(47). Esto se asocia con menor riesgo de mortalidad por todas las causas y de mortalidad por ECV(48, 49).

La relación positiva entre el ejercicio regular y la mejora del estado cardiorrespiratorio parece depender de la intensidad del ejercicio. Cuanto mayor es esta, mayores serán los beneficios(50, 51). Varias revisiones sistemáticas y metanálisis apoyan los beneficios del ejercicio intenso para la salud metabólica en personas con DT2(52–55).

Una revisión reciente de Baldi et al.(56), sugirió que las recomendaciones de salud pública, que aconsejan entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT por las siglas del inglés) quizás no proporcionen estímulo suficiente para mejorar la función cardiovascular, sino que puede ser necesario el ejercicio vigoroso para mejorar la salud cardiovascular y metabólica(57).

El entrenamiento en intervalos de alta intensidad, que implica alternar períodos de ejercicio relativamente intenso con períodos de reposo o de ejercicio de baja intensidad(58, 59), es una estrategia atractiva. En comparación con el MICT, el HIIT se realiza intermitentemente, es decir que solo hay períodos breves de esfuerzo de intensidad relativamente alta, seguidos por períodos de recuperación.

El HIIT es una estrategia muy potente para mejorar el estado cardiorrespiratorio(59). Un metaanálisis reciente informó que las mejorías inducidas por el HIIT en el estado cardiorrespiratorio eran de casi un equivalente metabólico (+3 ml/kg/min) mayor que en respuesta al MICT en personas con enfermedad crónica inducida por sus hábitos de vida(59). Mejorías de esta magnitud corresponden a ~15% mayor reducción del riesgo de mortalidad por ECV(49), lo que destaca la potencia de HIIT para disminuir el riesgo cardiovascular.

El método HIIT se probó en pequeños estudios de pacientes con DT2 y se informaron beneficios en el estado cardiorrespiratorio, la glucemia, la grasa hepática, la función vascular y la composición corporal. Asimismo, investigaciones recientes informaron mayores mejorías en muchos de estos factores de riesgo con HIIT que con MICT(59–61).

El impacto del HIIT sobre la glucemia recibió mucha atención(63–66). En un estudio muy importante, Karstoft et al.(65, 67) compararon 60 min de caminata en intervalos 5 días por semana con un protocolo de caminata continua emparejado en gasto calórico en pacientes con DT2.

El grupo de caminata en intervalos efectuó períodos de 3 min de caminata rápida (superior al 70% del VO2 máximo o consumo máximo de oxígeno), seguidos por 3 min de caminata lenta (inferior al 70% del VO2 máximo) durante 60 min tres veces por semana, mientras el protocolo de ejercicio continuo fue de 60 min de caminata al 55% del VO2 máximo. Tras 16 semanas de entrenamiento, el grupo de caminata en intervalos tuvo mayores reducciones de la glucemia media de 24 hs evaluada con monitoreo continuo.

Estas se acompañaron de mayores mejorías en el estado cardiorrespiratorio y la composición corporal. En una publicación de seguimiento con los mismos participantes, los autores informaron mejoras de la sensibilidad a la insulina solo en el grupo de caminatas en intervalos. Este resultado se refuerzan por un metaanálisis reciente que demuestra que el HIIT mejora la glucemia en ayunas y la HbAIc en mayor medida que el MICT en personas en riesgo o que ya sufren DT2(60).

En aquellos con DT2, se halló que el HIIT disminuía la glucemia en ayunas y la HbA1c en 0,92 mmol/l y el 0,5%, respectivamente, lo que es de magnitud comparable con las disminuciones de la glucemia inducida por fármacos (68). En las pronunciadas mejorías de la glucemia tras el HIIT probablemente participan muchos factores, entre ellos mayor funcionamiento de las células beta (67, 69), mejore señalización de la insulina muscular(62, 67) y disminuciones del contenido de grasa corporal total(62, 64, 65) y de grasa hepática(66, 70).

Si bien estos datos son convincentes, el tiempo necesario para cumplir con los protocolos HIIT a menudo es mayor (150– 300 min/semana) que el que dispone la población general, ya que muchos refieren que la falta de tiempo les impide el ejercicio regular(71). En ese caso, los protocolos HIIT con bajo volumen de ejercicio y que necesitan menor tiempo o pueden ser una estrategia viable.

Los autores habían demostrado anteriormente que 2 semanas de HIIT con seis sesiones de 10× 60 s de intervalos a ~90% de frecuencia cardíaca máxima, intercalados con 60 s de descanso, mejoraron la glucemia media de 24 hs y disminuyeron las oscilaciones posprandiales de la glucemia en pacientes con DT2(72). Con este mismo protocolo, Madsen et al.(69) refirieron reducción del 0,5% en la  HbA1c y aumento de la tolerancia a la glucosa y de la función de las células beta tras 8 semanas de entrenamiento en DT2.

Además de las mejorías de la glucemia, los autores(73) y otros(74) informaron aumentos de la salud cardiorrespiratoria y de la masa magra corporal, así como disminuciones de la grasa corporal tras 12 semanas de HIIT de bajo volumen en pacientes con DT2. Estos datos son interesantes, dado que el tiempo total de ejercicio fue solo de ~30 min/ semana dentro de un tiempo de 75-min semanales.

Los mecanismos por los que HIIT mejora la salud metabólica y cardiovascular son multifacéticos y pueden estar relacionados con las altas tasas de reclutamiento de fibra muscular, el rápido agotamiento del glucógeno muscular y el estrés de cizallamiento repetitivo durante el ejercicio(78, 79).

Las demandas cardiorrespiratorias y metabólicas intermitentes impuestas también parecen ser importantes para regular las adaptaciones crónicas a HIIT(79). Se sugirió que el entrenamiento con intensidad alternante y no solo la medición del volumen del entrenamiento, es importante para mejorar la salud cardiovascular y metabólica en personas con DT2(65, 67, 80).


► ASOCIACIÓN DE RESTRICCIÓN DE HIDRATOS DE CARBONO Y HIIT PARA UNA MEJOR SALUD CARDIOMETABÓLICA

Esta asociación aún no se ha estudiado. La hipótesis de los autores es que asociar la dieta con restricción de hidratos de carbono con el HIIT, o limitar estratégicamente la disponibilidad de hidratos de carbono durante el HIIT, puede aumentar el efecto terapéutico de cualquiera de estas intervenciones sola . Los autores creen que este enfoque asociado mejorará de manera sinérgica la regulación aguda y crónica de la glucemia y la función endotelial, a la vez que mejorará al máximo el estado cardiorrespiratorio,  siendo así la estrategia óptima sobre los hábitos de vida para limitar la progresión de la DT2 y las comorbilidades relacionadas con ella.

Agregado del HIIT a la dieta restringida en hidratos de carbono

Mientras que la diete restringida en hidratos de carbono disminuye eficazmente las variaciones de la glucemia y mejora el control de la misma en pacientes con DT2(29, 39), este enfoque alimentario tiene inevitablemente mayor cantidad de grasas. Parece que en el corto plazo, las dietas hipergrasas (durante ≤1 semana) pueden disminuir la tolerancia a la glucosa (cuando se la estudia proporcionando una alta carga de glucosa), al menos en estudios en adultos sanos(85, 86).

En participantes sanos sensibles a la insulina, la disminución de la sensibilidad a la insulina o la tolerancia a la glucosa tras el cambio a una dieta hipohidrocarbonada e hipergrasa es probablemente una respuesta adaptativa mientras el cuerpo efectúa la transición a una mayor utilización de grasas(87, 88).

Sin embargo, las personas con obesidad y resistencia a la insulina experimentan cierto grado de inflexibilidad metabólica; incapacidad para regular la grasa alimentaria y la oxidación de los hidratos de carbono(89). Por consiguiente, las respuestas exageradas de la glucemia y los lípidos predominan en personas con resistencia a la insulina(90). Esto sugiere que si se sigue una dieta baja en hidratos de carbono, se debe ser constante o que se debe incorporar el ejercicio para mitigar cualquier efecto perjudicial sobre la sensibilidad a la insulina.

Es decir que el determinante más importante de la eficacia de las intervenciones dietéticas es el cumplimiento(91). Sin embargo, los autores mostraron que una sola sesión de HIIT de bajo volumen efectuada después del desayuno disminuye las oscilaciones de la glucemia posprandial durante el día en pacientes con DT2(92) y “pequeñas porciones” de ejercicio en intervalos distribuidas antes de las comidas desciende significativamente la hiperglucemia posprandial y la concentración media de glucosa durante las 24 hs(93).

Por lo tanto, el ejercicio, programado estratégicamente para manejar la glucosa posprandial y aumentar la utilización de las grasas es una estrategia muy eficaz para disminuir las oscilaciones postprandiales. Si se considera que la respuesta glucémica a una comida está determinada principalmente por la cantidad y el tipo de hidratos de carbono (94), la restricción de estos inevitablemente disminuirá la glucosa posprandial y las oscilaciones de la insulina(95, 96).

Por ello, la asociación de restricción de los hidratos de carbono con el HIIT puede promover mejorías sinérgicas para reducir los picos de glucosa posprandial, aumentando la captación muscular de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.

Además, el ejercicio antes o después de una comida hipergrasa mejora los efectos perjudiciales sobre la función endotelial(97–99). Esta es un importante indicador pronóstico de salud cardiovascular, ya que el endotelio es la barrera que protege a las arterias de la trombosis, la inflamación y la rigidez(100, 101). Los aumentos posprandiales de lípidos y glucosa son factores de riesgo independientes de ECV(102).

Dado que varios estudios apoyaron la noción de que las comidas ricas en grasas [que a menudo también son ricas en hidratos de carbono refinados(105–107)] pueden favorecer la disfunción endotelial, parece haber cierto recelo para adoptar una dieta baja en hidratos de carbono y alta en grasas. Sin embargo, las comidas ricas en hidratos de carbono pueden provocar efectos similares(105).

De todas maneras, si una comida rica en hidratos de carbono perjudica la función endotelial, quizás no sea la estrategia ideal para los participantes con alto riesgo de ECV. Sin embargo, Tyldum et al.(99) informaron que una sola sesión de HIIT, pero no de MICT, efectuada ~16 hs antes de una comida hipergrasa protegió contra la disfunción endotelial. Tjonna et al.(108) también mostraron que la función endotelial y la biodisponibilidad del óxido nítrico estaban aumentadas ~72 hs después de una sesión de HIIT en pacientes con DT2.

Parece que el ejercicio puede anular los efectos perjudiciales de una comida hipergrasa sobre la función endotelial, siendo el HIIT una estrategia promisoria para mejorar esta función. Por lo tanto, las sesiones de HIIT bien programadas podrían reducir los efectos potencialmente negativos de las comidas bajas en hidratos de carbono y ricas en grasas que se suelen incorporar en los planes alimentarios restringidos en hidratos de carbono.

Por último, en el largo plazo, la reducción de la masa grasa y el aumento de la masa magra parecen ser esenciales para la mejoría sostenida de la salud metabólica tras las intervenciones en los hábitos de vida(109, 110). La asociación de dieta y ejercicio puede ser superior para conservar la masa magra y reducir la grasa corporal en pacientes con DT2(111, 112).

La restricción calórica, en ausencia de ejercicio, con frecuencia produce pérdida de la masa magra además de pérdida de grasas. Conservar la masa magra en pacientes con DT2 es especialmente importante dada la pérdida acelerada de músculo esquelético producida con la resistencia a la insulina y el empeoramiento concomitante del control de la glucemia cuando disminuye la masa muscular esquelética(116, 117). Se mostró recientemente que HIIT aumenta la síntesis de proteica del músculo esquelético de adultos jóvenes y viejos, efecto ligado a la mejoría de la sensibilidad a la insulina y de la función mitocondrial(118).

En relación con el MICT y el entrenamiento en resistencia, el HIIT produjo el mayor aumento de la expresión de genes para la función mitocondrial, el crecimiento muscular y las vías de señales de insulina en adultos mayores(118). Tanto en adultos obesos como en aquellos con DT2, el HIIT redujo la masa grasa y aumentó la masa magra(62, 64, 65, 69, 73, 74).  


► INTERACCIONES ENTRE EJERCICIO Y NUTRIENTES: EL AGREGADO DE RESTRICCIÓN DE HIDRATOS DE CARBONO AL HIIT

Se sabe que el consumo de nutrientes cercano al período de ejercicio impacta las señales moleculares y de esta manera las respuestas metabólicas al ejercicio(120). La disponibilidad de nutrientes, además de los componentes del ejercicio (por ej, modo, intensidad y duración), tienen una supuesta función en la determinación de la respuesta adaptativa al entrenamiento en ejercicio(121). La deficiencia y el exceso de calorías modifican las señales neuroendocrinas y moleculares y la respuesta de transcripción de genes al ejercicio(121, 122).

Por lo tanto, la restricción de hidratos de carbono o el entrenamiento en ayunas pueden aumentar la respuesta adaptativa al ejercicio(121, 128, 129). En cambio, proporcionar hidratos de carbono próximos al ejercicio puede mitigar la activación de genes regulatorios clave para metabolizar la grasa posejercicio(123). Es entonces tentador especular que la asociación de HIIT con una dieta baja en hidratos de carbono en la DT2 podría intensificar las señales moleculares y las adaptaciones metabólicas en el músculo esquelético.

Newsom et al.(130), apoyando esto informaron que la deficiencia calórica tras el ejercicio no contribuye a las mejorías de la sensibilidad a la insulina inducidas por el ejercicio si se proporciona gran cantidad de hidratos de carbono.

Sin embargo, la suspensión de los hidratos de carbono (proporcionando calorías abundantes) pos ejercicio mejoró la sensibilidad a la insulina al día siguiente. Además, la restricción de hidratos de carbono antes y después de las sesiones de entrenamiento en intervalos aumenta las señales celulares, así como las adaptaciones enzimáticas metabólicas del músculo esquelético en participantes sanos y jóvenes(131, 132).

Esto sugiere que la restricción estratégica de hidratos de carbono durante el HIIT podría potenciar las adaptaciones del músculo esquelético inducidas por el ejercicio en pacientes con DT2. Sin embargo, esta estrategia aún no se ha estudiado en la población y se necesitan estudios a largo plazo.


► PERSPECTIVAS PARA INVESTIGACIONES A FUTURO

Varias preguntas clave exigen nuevas investigaciones, a saber:
(I) el nivel de restricción de hidratos de carbono que sea eficaz, seguro y factible para diferentes personas en el largo plazo y (II) el protocolo HIIT más eficaz para complementar un dieta restringida en hidratos de carbono.

Por ejemplo, los protocolos HIIT de bajo volumen mejoran una cantidad de factores de riesgo cardiometabólico, son bien tolerados y disfrutados por pacientes con DT2(13, 70, 73), pero sin embargo es necesario investigar sobre la integración de HIIT con la restricción de hidratos de carbono. Al respecto, el empleo del esfuerzo percibido como indicación de la intensidad del ejercicio quizás sea más apropiado que la frecuencia cardíaca (70) dado que la tolerancia al HIIT durante la restricción de hidratos de carbono puede estar disminuida.

Es necesario continuar las investigaciones sobre el tema a fin de determinar la cantidad de ejercicio factible y bien tolerado durante la restricción de hidratos de carbono. La creación de un algoritmo para ajustar el nivel de restricción de hidratos de carbono y el protocolo HIIT correspondiente según la edad, la resistencia a la insulina, el estado físico, las preferencias y la genética, podrían ser útiles.


► CONCLUSIÓN: HIIT CON RESTRICCIÓN DE HIDRATOS DE CARBONO: ¿UNA ASOCIACIÓN ÓPTIMA PARA PERSONAS CON DT2?

Los autores plantean la hipótesis de que la asociación de HIIT con una dieta limitada en hidratos de carbono puede ser la estrategia más eficaz para disminuir la hiperglucemia, mejorar la sensibilidad a la insulina, promover cambios favorables en la composición corporal y conservar (o aumentar) la función endotelial en pacientes con DT2.

Resta determinar la asociación óptima de dieta y ejercicio para el tratamiento de la DT2. Programar estratégicamente el HIIT próximo a comidas con poco contenido de hidratos de carbono puede aumentar al máximo los beneficios de ambos enfoques, así como reducir al mínimo cualquier posible efecto negativo de la lipemia posprandial si el paciente sigue una dieta baja en hidratos de carbono y alta en grasas. Esta estrategia mejorará la salud cardiometabólica y disminuirá el riesgo cardiovascular en la DT2.

Resumen y comentario objetivo: Dr. Ricardo Ferreira

 

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