Respuesta neuroendócrina (placer) | 07 SEP 17

Comer estimula el sistema de recompensa cerebral

La estimulación excesiva de este sistema podría tener un papel en la obesidad
Autor: Mary Elizabeth Dallas MedlinePlus

Comer hace que el cerebro libere hormonas "de la felicidad", conocidas como endorfinas, según un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que la regulación de estos opiáceos que se producen de forma natural, y que pueden producir una sensación de placer o de euforia, podría ayudar al cuerpo a saber cuándo está satisfecho. Por otra parte, el hecho de comer en exceso asociado con la estimulación excesiva de este sistema podría contribuir a la obesidad, indicaron los investigadores.

Para realizar el estudio, los investigadores finlandeses, dirigidos por Lauri Nummenmaa del Centro de TEP de Turku, escanearon el cerebro de 10 hombres voluntarios con tomografía por emisión de positrones (TEP). Se instruyó a los participantes para que ayunaran una noche, y les inyectaron un compuesto radioactivo, que se vincula a los receptores de opiáceos en el cerebro.

Mediante el uso de TEP, los científicos midieron la radioactividad en los cerebros de los hombres después de que acabaran el ayuno y comieran una pizza. Repitieron los escáneres después de que los voluntarios consumieran una comida líquida con muy buen sabor y que contenía la misma cantidad de calorías que la pizza.

Los investigadores encontraron que ambas comidas desencadenaron una liberación significativa de opiáceos endógenos en el cerebro. Pero solo la pizza llevó a un aumento notable de los sentimientos agradables, dijeron los investigadores.

La bebida nutritiva hizo que el cerebro liberara más endorfinas. Pero esta comida no produjo un sentimiento de disfrute. Esto sugiere que la liberación de opiáceos en el cerebro asociada con comer es independiente del placer asociado con comer.

Los autores del estudio dijeron que los hallazgos podrían ayudar a los científicos a comprender mejor a los predictores de los trastornos de la adicción y de la alimentación, y finalmente llevar a nuevos tratamientos para la obesidad.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista The Journal of Neuroscience.

FUENTE: University of Turku

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