Noelia (una nena en mi consultorio me mira muerta de miedo) - Arte y Cultura - IntraMed
   
Relato del libro "La verdad y otras mentiras" | 16 JUL 17

Noelia (una nena en mi consultorio me mira muerta de miedo)

-Algo tiene que tener doctor, nunca se ha quejado de nada, siempre ha sido sana. Ahora está desconocida, le pasan cosas raras. Estamos muy preocupados...
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Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed 

Hoy atendí a Noelia por tercera vez en dos semanas. Tiene catorce años, es hija de un paciente a quien conozco desde hace mucho tiempo. Es blanca hasta la transparencia y delgadísima. Tiene unos enormes ojos verdes y una expresión de nena asustada que conmueve. Te dan ganas de protegerla y de mimarla. Usa jeans, una remera violeta con el dibujo de la cara desfigurada de The Wall y zapatillas negras con los cordones desatados. Su padre la trajo porque se queja de palpitaciones, ahogos y mareos. Se ha sentido tan mal que no ha podido comenzar las clases este año. Fue dos veces al colegio, pero tuvieron que ir a buscarla porque estaba pálida, vomitaba y en una ocasión hasta perdió el conocimiento. Según su madre, ha dejado de comer y apenas toma líquido en forma de infusiones. No duerme bien. Por las noches la escuchan llorar desconsolada y desde hace algunos días se pasa a la cama de sus padres en plena madrugada. Se duerme acurrucada en medio de ellos como cuando tenía dos o tres años. Su madre me deslizó un papelito con disimulo sobre el escritorio. Había una sola línea escrita con una caligrafía perfecta de maestra de escuela: “Noelia se hace pis en la cama desde hace unos días”.

Hoy me trajeron los análisis que le pedí en la visita anterior. Son normales, perfectos. Volví a examinarla durante un largo rato. No encontré ninguna alteración en su examen físico. Al tocarla sentí en mis dedos la transpiración de su piel y el galope enloquecido de su corazón cada vez que me acercaba. Me miraba en todo momento con los ojos desmesuradamente abiertos y sin pestañear. Apenas me habló desde que nos conocimos.

Cada vez que le pregunto algo, responde su madre o su padre, y ella mira al piso sin decir una palabra. Su mamá no para de hablar: “la nena juega hockey sobre césped, hace natación en el equipo de la escuela, estudia inglés y va los sábados por la mañana al Collegium Musicum desde los seis años. Nunca sale, pero tiene muchas amiguitas que vienen a casa y se quedan a dormir”.

— Noelia no tiene nada anormal —les digo mirándolos a los tres.

— Algo tiene que tener doctor, nunca se ha quejado de nada, siempre ha sido sana. Ahora está desconocida, le pasan cosas raras. Estamos muy preocupados.

Ella baja la cabeza. Me siento a su lado sobre la camilla. Le paso mi brazo sobre los hombros:

— Noelia, ¿querés contarme algo que no me hayas dicho todavía?

Me mira aterrorizada y muda. Le tiembla el labio inferior. Me dice que no con la cabeza y vuelve a mirarse las zapatillas. Tiene una perla diminuta sobre el dorso de la nariz. Es una piedrita esférica y brillante, incolora como si fuese de agua. A veces emite un destello de luz, parece una noctiluca posada sobre el ala de su minúscula nariz. Me parece que va a llorar, pero no lo hace.

Yo siento algo extraño en la boca del estómago. Ya me ha ocurrido otras veces cuando atiendo a un paciente y no sé qué le ocurre. Es un aura, una revelación. Me hace adoptar conductas que no puedo explicar, pero que siempre me han resultado muy útiles. Como quien dispara al aire y ve caer un pato:

—Noelia vamos a tener que hacerte un nuevo análisis ahora mismo. —Todos me miraron sin comprender.

— ¿Ahora doctor? —me pregunta el padre.

— Sí, ahora mismo.

Se miran entre ellos. Noelia no me quita los ojos de encima.

— Pero la nena no está en ayunas.

Le froto las manos para tranquilizarla.

— No importa, no es necesario. Noelia se quedará conmigo en el consultorio hasta que me pasen el resultado por teléfono desde el laboratorio. Ustedes vayan a casa. Es algo rápido y sencillo, no se preocupen.
Una de las pocas ventajas de ser médico es que algunas personas te hacen caso sin pedirte demasiadas explicaciones. Los padres dejaron a Noelia en la sala de espera. Se quedó hojeando revistas y escuchando música en su MP3 mientras yo atendía a otros pacientes. A las seis de la tarde sonó el teléfono. Escuché a la secretaria hablando y después el sonido del fax. Entró con una hoja en la mano, que me entregó mientras fruncía la boca y estiraba los músculos de la frente en un gesto que le conozco de sobra. Al salir dejó la puerta entreabierta. La escuché cuando decía:

— Noe, pasá, el doctor quiere hablar un ratito con vos.

Ahora la tengo recostada sobre mi pecho. Llora con un llanto infantil repleto de sollozos, de mocos y de hipo. Me moja la camisa. La sacude un temblor que empieza en los pies y le llega a la cabeza. Se seca las lágrimas con el dorso de la mano. Tiene un desconsuelo de nena aterrorizada. Le doy palmaditas en la espalda y le acaricio el cabello mientras espero que se serene para llamar a sus padres. La acuno entre mis brazos como si fuera un bebé. Le digo: “tranquila, todo va a estar bien”. Me mira, insinúa una sonrisa. “Tengo miedo”, me dice. Y se acaricia la panza.


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Comentarios

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Lic. Monica Beatriz Mancinelli   Hace 5 meses
El día que entendamos que los pacientes no son sólo eso, sino personas con una historia, que viven en una sociedad, que tienen o no casa, trabajo, comida y que tienen muchas relaciones interpersonales (tantas como estados de ánimos puedan producirle), usaríamos menos medicamentos y estudios. Nuestro sentido común y nuestra humanidad, deben estar también al servicio de nuestros pacientes. Lleva más tiempo y trabajo (por eso será que no se usa tanto), pero es mucho más gratificante y beneficioso para todos.
Srta. Iliana Román García   Hace 5 meses
Es una bella historia,es una lástima que la madre de esta adolecente no le inculcara la confianza que se necesita entre los padres y los hijos .
Dr. jose luis copado villagrana   Hace 5 meses
buena tecnica psicoterapeutica,desafortunadamente ,algunos medicos hemos perdido esa relacion medico paciente;debido al uso y abuso de la tecnologia(de lo que muchos pacientes manifiestan que el medico ya ni lo voltea a ver ,mucho menos que lo ausculte);"dijera PARACELSO.-el medico tendria en cuenta los factores invisibles que operan en la enfermedad;las emociones,los pensamientos.la historia personal,las relaciones,la nostalgia,el miedo,el deseo"...
Dr. Eduardo Jorge Santamarina   Hace 5 meses
Una adolescente tratada con excelencia profesional. (para imitar).
Lic. María Belén Quiroga Mendiola   Hace 5 meses
ojalá se pudiera aprender al menos un poco de estas experiencias. La lección está en aprender a escuchar. Aprender a mirar con otros ojos. Aprender a prestar atención a la intuición.
Lic. Flavio ernesto chiesa   Hace 5 meses
Felicito al doctor por sus virtudes como clínico y como escritor. Sobre todo por la claridad que mostró en la descripción de esa situación, altamente compleja desde lo emocional, y porque nos cuenta sobre la importancia de la intuición en la clinica
Dr. ruben ariño   Hace 5 meses
Resulta de suma importancia cuando alguien consulta por una crisis vital,un hecho traumatico o un estado de angustia, la derivacion a un psicologo para comenzar una psicoterapia.
La experiencia nos enseña que pérsonas que han padecido una vida de malestares y desencuentros se lamentan no haber comenzado mucho antes un tratamiento psicologico.
Toda crisis es una oportunidad para comenzar un cambio.
La psicoterapia ha sido durante el siglo XX la disciplina que nos permitio avanzar notablemente en el tratamiento del padecer humano.
Hoy existen mas 250 metodos de psicoterapia, todos destinados a lograr cambios que alivien el malestar psicologico.
Un embarazo no buscado enfrenta a una joven y a su familia ante el desafio de pensar el futuro.
Este puede ser venturoso o desdichado ,todo dependera de las decisiones que se tomen.
El abordaje puede ser individual y/o familiar pero el objetivo final es que coincidan las emociones con las cogniciones para desplegar el futuro.
Dr Ruben Ariño 1531066186
Dr. Benedicto Graná   Hace 5 meses
Ejercer la Medicina -sí, con mayúsculas- es comprender al otro. La cuestión legal va por otro camino. Lo que el Dr. Flichtentri nos transmite es un excelente ejemplo de una buena relación médico-paciente. Cuando una persona sufre (no necesariamte lo llamaríamos académicamente una patología -Noelia no la tenía-) necesita empatía ("Yo siento algo extraño en la boca del estómago".), protección ("Te ganas de protegerla y de mimarla"), esperanza ("tranquila, todo va salir bien."). Por eso muchas veces sentimos que lo mejor que nos pudo haber pasado en la vida es ser Médicos. Saludo a los colegas que ven más allá de los libros, a los que ven, corriendo el velo de la omnipotencia, a la persona que tienen delante.
Dr. Carlos Manuel Alvarez Suarez   Hace 5 meses
debe investigarse si fue violada.
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