Un perfil cognitivo de la obesidad y su empleo en nuevas intervenciones | 28 AGO 16

¿Por qué las dietas para adelgazar suelen fracasar?

¿Porqué es tan difícil resistir el ambiente “tóxico” generador de obesidad? La conducta, el cerebro, la cultura
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Autor: Jansen A, Houben K, Roefs A. Fuente: Front. Psychol. 6:1807. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01807  A Cognitive Profile of Obesity and Its Translation into New Interventions
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Resumen Los especialistas indican a las personas que deben adelgazar que cambien sus hábitos de vida y aumenten su gasto calórico. Aunque es un consejo correcto, el cambio de hábitos de vida es muy difícil, especialmente para las personas con un “perfil cognitivo de obesidad.” En este trabajo se analizan algunos procesos cognitivos que podrían mantener los hábitos alimentarios insalubres, como el aumento de la reactividad a las señales de comida, las habilidades ejecutivas escasas y el sesgo de la atención. También se intenta emplear estos datos científicos básicos para nuevas intervenciones con el objetivo de abordar los procesos cognitivos que sabotean el adelgazamiento.

INTRODUCCIÓN

Los genes cargan el arma, el ambiente aprieta el gatillo” (Bray, 2004) es una cita frecuente cuando los especialistas discuten sobre obesidad. Se refiere a que la obesidad se genera por la interacción entre una predisposición genética específica y el ambiente actual, que es “obesógeno”. Se argumenta que nuestros viejos genes no pueden manejar una cultura tóxica como la actuaI, donde la industria alimentaria comercializa agresivamente sus calorías baratas, ampliamente disponibles.

Las calorías no solo se consiguen fácilmente, sino que también son muy gratificantes: las comidas chatarra son comidas procesadas, saturadas en grasas, azúcares o sal, que es lo que gusta a la mayoría de las personas. Son reforzadores muy deseados (Epstein and Leddy, 2006; Giesen et al., 2009) que provocan fácilmente una alimentación gratificante o “hedonista”, es decir que comer está totalmente motivado por el placer y no por el hambre o la falta de calorías (Appelhans, 2009).

La causa fundamental de la obesidad o el exceso de grasa corporal, es que el consumo calórico excede las necesidades calóricas (Wood, 2006). Además de la enorme disponibilidad de alimentos hipercalóricos, el desarrollo tecnológico actual fomenta totalmente el sedentarismo: casi todo se puede hacer con el automóvil, la computadora o el smartphone.

Si bien la obesidad se considera una respuesta normal a la sociedad moderna, especialmente en individuos predispuestos genéticamente (Wadden et al., 2002), es un problema sanitario global muy grave. Su prevalencia es de alrededor del 35% en los EEUU (Center for Disease Control Prevention, 2015), del 10–30% en los países dela Unión Europea e inferior al 10% en Asia (World Health Organisation Europe, 2015 aunque se observa un notable aumento de su prevalencia en Asia (Ramachandran and Snehalatha, 2010).*

*N. del T. Agregamos datos de América latina, donde según la OMS (2015), unos 130 millones de personas, es decir casi un cuarto de la población  sufren sobrepeso y obesidad

La obesidad es una amenaza para la salud; se asocia con numerosas enfermedades, gran aumento de la mortalidad, aumento de la depresión y disminución de la calidad de vida (Jia and Lubetkin, 2010). También origina grandes costos médicos y pérdida significativa de la productividad como consecuencia de las licencias por enfermedad.

Muchos obesos saben que deberían comer menos, consumir alimentos más saludables y hacer más ejercicio, pero la mayoría no logra cambiar su conducta durante el tiempo suficiente

Hace décadas que se investigan las características genéticas y biomédicas de la obesidad por un lado y el ambiente que facilita la sobrealimentación por el otro. A pesar de que generalmente se sostiene que una interacción desafortunada de genes y ambiente predispone a la obesidad, la solución más frecuente que dan los especialistas para disminuir o prevenir la obesidad es relativamente sencilla: cambie sus hábitos de vida.

Es difícil cambiar el medio ambiente, incluida la industria alimentaria, como así también los genes. Los especialistas en salud y alimentación, por lo tanto, subrayan la importancia de una alimentación más saludable y de hábitos de vida menos sedentarios. Los especialistas suponen que si las personas saben qué hacer, lo pueden hacer, pero es un error. Muchos obesos saben que deberían comer menos, consumir alimentos más saludables y hacer más ejercicio, pero la mayoría no logra cambiar su conducta durante el tiempo suficiente.

La mayor parte de los intentos de hacer dieta a la larga fracasan: muchos pueden adelgazar un poco en el corto plazo, pero a menudo vuelven a engordar con rapidez y con frecuencia terminan con más kilos de los que perdieron inicialmente (WingandHill, 2001; WingandPhelan, 2005). Se estima que menos del 20% de los obesos pueden lograr un peso saludable y sostenerlo en el largo plazo (Mannetal., 2007).

Estudios de intervención de los hábitos de vida con el objetivo del descenso de peso muestran cambios del índice de masa corporal (IMC), que suelen ser pequeños (alrededor del 5%) y efímeros (Jefferyetal., 2000; Curioniand Lourenco, 2005; Franzetal., 2007; Powelletal., 2007; Barte et al., 2010; Kirketal., 2012; Waddenetal., 2014.

Aunque descensos de peso relativamente pequeños pueden generar consecuencias positivas para la salud de los participantes, muchos continúan siendo obesos tras una intervención en sus hábitos de vida. ¿Por qué tantos fracasos con las dietas y el adelgazamiento? ¿Porqué es tan difícil resistir el ambiente “tóxico” generador de obesidad?

Todas las dietas sirven cuando se las cumple (Thomas et al., 2008; Johnstonetal., 2014). Las personas que no pueden cambiar sus hábitos alimentarios suelen mencionar que les es difícil cumplir con las recomendaciones, que lo pueden hacer durante unos pocos días, pero después vuelven a recaer en sus viejos hábitos. Conocer cuál es la alimentación saludable e incluso tener apoyo para cambiar los hábitos de vida no es suficiente para cambiar la conducta alimentaria. El determinante más importante del descenso de peso es el cumplimiento de una dieta hipocalórica (Halletal., 2015) y el cumplimiento es más fácil cuando se cambian los malos hábitos arraigados (Rothman et al., 2009).

Los especialistas suponen que si las personas saben qué hacer, lo pueden hacer, pero es un error.

¿Qué sabemos acerca de los mecanismos que mantienen arraigados los hábitos alimentarios insalubres y que hacen difícil el cumplimiento de la nueva dieta? Este artículo presenta algunos procesos cognitivos que podrían sabotear el éxito de la dieta. Además, se intenta adaptar los datos científicos a nuevos módulos de intervención cognitivo-conductuales para abordar los procesos cognitivos saboteadores y que podrían ayudar a cumplir la dieta.

 


ADQUISICIÓN DE ANTOJOS ALIMENTARIOS

Es relativamente fácil aprender deseos de comer provocados por ciertas señales mediante procedimientos clásicos de condicionamiento

Los deseos de comer y los antojos de ciertos alimentos se pueden aprender fácilmente. En la actualidad, las exposiciones frecuentes a comidas muy sabrosas hacen que el número de posibilidades diarias de asociar señales y contextos con comidas sabrosas sean casi interminables (Kessler, 2009; Rothmanetal., 2009; Bouton, 2011). Siempre que se consume comida hay oportunidad de asociar el consumo con señales presentes en ese momento (Jansen, 1998; Bouton, 2011). Numerosos estudios en animales mostraron que las respuestas fisiológicas generadas por el consumo de comida (por ejemplo la liberación de insulina, el aumento de la glucemia, la salivación) pueden aparecer por cualquier estímulo asociado con la comida, como olores, la hora del día, ver, oler y probar la comida y también ciertos contextos (Jansen, 1998; Bouton, 2011; Jansenetal., 2011a).

Esta asociación entre señales o contextos y consumo es una forma de reflejo condicionado. Las señales o los contextos asociados con el consumo se volverán señales (estímulos condicionados) para el consumo (estímulos no condicionados).

Estudios en animales muestran que los ratones consumen más o menos de sus comidas preferidas cuando están expuestos a señales que antes estuvieron relacionadas con comidas muy sabrosas (Boggiano et al., 2009). Los autores llegan a la conclusión de que las señales del contexto asociadas con el consumo de comida sabrosa pueden generar sobrealimentación en ratones, incluso cuando ya están saciados y la comida no es su favorita.

En los seres humanos, también parece ser relativamente fácil aprender deseos de comer provocados por ciertas señales mediante procedimientos clásicos de condicionamiento (VanGucht et al., 2008; Papachristou et al., 2013; VandenAkker et al., 2013, 2014, 2015; BongersandJansen, 2015; Bongersetal., 2015). Tras aprender un estímulo que anuncia consumo, la sola presencia de este estímulo es suficiente para despertar expectativas y deseos de comer.

La analogía con la vida cotidiana es que si uno come chocolate todas las noches a las 9, después de la cena, sentirá deseo de comer chocolate después de la cena justo a esa hora. Aunque se esté saciado, una señal que anuncia el consumo puede suscitar deseos, por ejemplo el sólo pensar lo delicioso que podría ser el postre haría que las personas sientan “hambre” y coman, aunque ya hayan consumido una comida abundante, lo que causa el consumo provocado por señales para aumentar el riesgo de sobrealimentación. (Jansenetal., 2011a).

La respuesta a las señales que indican la disponibilidad de comidas sabrosas puede ser fisiológica, como la salivación o la activación neural o psicológica, como el deseo o el antojo de comer y podría llevar a la sobrealimentación por señales y finalmente al aumento de peso (Boswell and Kober, en prensa). El aumento de la reactividad a las señales y la sobrealimentación tras sentir el olor de comidas sabrosas durante exposiciones breves es una respuesta normal que se encuentra generalmente en adultos sanos. (Nederkoorn et al., 2000; Ferriday and Brunstrom, 2011; Jansen et al., 2011b).

Sin embargo, la reactividad a las señales es significativamente más fuerte en pacientes con bulimia nerviosa (VögeleandFlorin, 1997; Neudeck et al., 2001; Legenbaueretal., 2004; Nederkoorn et al., 2004) y en personas obesas (Tetley et al., Frontiers in Psychology 2009; Ferriday and Brunstrom, 2011) que en adultos delgados sin trastornos alimenticios. Los niños con sobrepeso demostraron sobrealimentación debido a señales a diferencia de los niños delgados y sólo en los que tenían sobrepeso la cantidad consumida se relacionó con aumento de la salivación durante la exposición a los alimentos (Jansenetal., 2003).

En conclusión, la reactividad a las señales de comida parece ser mayor en las personas con trastornos alimentarios y en los obesos e induce al consumo de alimentos, incluso cuando no hay hambre y sobrepasando las calorías necesarias. Aunque esta reactividad a las señales de comida tiene un fuerte componente de aprendizaje (condicionamiento clásico), también tiene un componente genético.

Alrededor del 67% de la variabilidad del IMC tiene una base genética, de la cual sólo el 10% está relacionada con procesos metabólicos (Ravussinand Bogardus, 2000; Llewellyn and Wardle, 2015), mientras que la mayor parte de la predisposición genética a la obesidad se refleja en una hiperreactividad a las señales de comidas sabrosas (Carnell et al., 2008; Llewellyn et al., 2010).

Para resumir, el aumento de la reactividad a las señales relacionadas con comidas, incluidas las emociones, los pensamientos y los contextos, podría ser predictor de la sobrealimentación por las señales de comidas. La reactividad a las señales, es decir los deseos aumentados de comer o los antojos de ciertas comidas en respuesta a señales que indican consumo, sabotea fácilmente la alimentación saludable y podría dificultar el descenso de peso y su mantenimiento.

Empleo en un módulo de intervención

La disminución de la reactividad a señales de comida tentadoras, podría facilitar una alimentación más saludable y controlada (Jansen et al., 2011a). Los que tienen éxito con la dieta informan que se abstienen especialmente de consumir comidas grasas ricas en calorías y hacen dieta estricta con poca variedad en su alimentación (Wing and Hill, 2001; Gorin et al., 2004; Phelan et al., 2008).

En línea con el modelo de reactividad a las señales, se halló que los ex obesos que hicieron dieta con éxito mostraron significativamente menos reactividad (salivación) durante la exposición a señales de comida que los que hicieron dieta sin éxito (Jansen et al., 2010) . De manera que la pregunta es: ¿Cómo podemos disminuir o eliminar la reactividad a las señales de comida?

El tratamiento de exposición es una intervención conductual conocida que se aplica en los trastornos de ansiedad desde hace décadas y parece ser eficaz para disminuir las conductas de temor y evitación. Hace varias décadas se la adaptó a los trastornos de adicción (Drummond and Glautier, 1994) y a los trastornos alimentarios (Jansen et al., 1989). La exposición a señales de comida con prevención de la respuesta apunta a eliminar la reactividad a la señal de comida y disminuir la sobrealimentación (Jansen et al., 1992, 2011a; Jansen, 1998; Havermans and Jansen, 2003).

La exposición a señales de comida fue diferente a las exposiciones existentes en ese momento, que buscaban reducir la ansiedad, por ejemplo, se previno la ansiedad asociada con el consumo de una gran cantidad de alimentos muy calóricos mientras se previenen los vómitos (véase  Schmidt and Marks, 1988).

El objetivo de la exposición a la comida es romper el vínculo entre señales y sobrealimentación mediante la exposición repetida y prolongada no reforzada a señales predictoras de sobrealimentación. Su objetivo no fue reducir la ansiedad, sino reducir el deseo de comer. Durante la exposición, la persona es confrontada con  señales que indican la alimentación insalubre, como la vista, el olor y el gusto de sus comidas favoritas y con contextos relacionados con la sobrealimentación como lugares o situaciones, emociones, pensamientos y atributos específicos.

Toca la comida durante la exposición, la agarra, la huele intensa y prolongadamente. El gusto suele ser una señal directa para el consumo y provoca deseos; se estimula un mordisco muy pequeño para experimentar el gusto, sin continuar comiendo. De esta manera se aprende gradualmente que las señales no siempre indican que la persona come de manera insalubre o incontrolada, a la larga comienzan a predecir la falta de ingesta (y presuntamente inhibición aprendida).

La exposición dura alrededor de una hora y a la larga generará disminución de reactividad a señales (disminución del deseo de comer) y aumento de la capacidad de inhibición (no comer) porque gradualmente se aprende que las señales también pueden predecir el no comer. Varios estudios sugirieron que la exposición a las señales de comida puede ser eficaz para reducir los antojos, la sobrealimentación o los episodios de ingesta compulsiva (Schyns et al., en prensa), (Jansen et al., 1992; Toro et al., 2003; Martinez-Mallén et al., 2007; Boutelle et al., 2011). Un estudio reciente de neuroimágenes mostró que la exposición prolongada a oler sin comer disminuye la actividad cerebral relacionada con la recompensa (Frankort et al., 2014).


FUNCIÓN EJECUTIVA

La función ejecutiva se refiere a un conjunto de habilidades y procesos relacionados con la capacidad de autorregulación y el empleo de los recursos cognitivos para lograr un objetivo o para ejecutar acciones dirigidas hacia un objetivo (Baddeley, 1986; Norman and Shallice, 1986; Miyake et al., 2000). Tres habilidades principales son:

  1. La inhibición: la capacidad de postergar la conducta para el momento apropiado, de resistirse a los impulsos y tentaciones.
     
  2. La flexibilidad: la capacidad de tener pensamiento flexible a fin de responder apropiadamente a una situación.
     
  3. La memoria de trabajo: la capacidad de retener información en la memoria para completar una tarea.

Cuando las funciones ejecutivas están alteradas, los impulsos automáticos (por ejemplo: ¡come!) no se manejan adecuadamente y puede haber conductas indeseables (por ejemplo, comer de manera insalubre o descontrolada) (Hofmann et al., 2012). Estas habilidades ejecutivas, cuando son excelentes también se conocen como “gran autocontrol”.

Las deficiencias de la función ejecutiva se asociaron con adicciones y sobrealimentación (Verdejo-García et al., 2008). Estudios recientes de la función ejecutiva en personas obesas muestran características disfuncionales en estas personas (Fagundo et al., 2012; Reinert et al., 2013).

La inhibición para responder es la capacidad para no efectuar una repuesta, para rechazar las intenciones automáticas de responder directamente a los estímulos sin pensar. Un dato importante es que la obesidad se asocia con un control inhibitorio menos eficaz (Nederkoorn et al., 2006a,b,c, 2009; Guerrieri et al., 2008). Además, se halló que la inducción experimental de un estilo de respuesta desinhibitoria en participantes sanos con peso normal causó mayor consumo de comida (Guerrieri et al., 2009). Pero la inversa podría ser cierta, es decir que la sobrealimentación puede provocar disminución de la inhibición (Martin and Davidson, 2014).

Aunque algunos estudios sugieren que la respuesta inhibitoria insuficiente de las personas obesas es una característica conductual más general, es decir no relacionada específicamente con la comida y el comer, estudios recientes argumentan que se relaciona específicamente con la respuesta a la comida (Batterink et al., 2010; Mobbs et al., 2011; Nederkoorn et al., 2012; Houben et al., 2014). Se sugiere que la sobrealimentación es consecuencia de la falta de control inhibitorio sobre el sistema hedonístico en especial el relacionado con el apetito, que dificulta abstenerse de comer en exceso en situaciones tentadoras.

La disminución de la capacidad inhibitoria también se relaciona con el fracaso de las dietas. Dos estudios mostraron esto en niños obesos (Nederkoorn et al., 2006b; Kulendran et al., 2014). Sin embargo, otro estudio halló que la habilidad inhibitoria escasa en realidad predecía mayor descenso de peso en adolescentes (Pauli- Pott et al., 2010).

La idea del aumento del control inhibitorio en las personas que hacen dieta con éxito y disminución del mismo en la obesidad está apoyada indirectamente por la demonstración de la diminución del metabolismo de la corteza prefrontal (CPF) en la obesidad (Volkow et al., 2008, 2011), mientras que se halló aumento de la actividad de la CPF en personas que hicieron dieta con éxito (Del Parigi et al., 2007; Sweet et al., 2012).

En conclusión, la disminución de las habilidades para la inhibición podría facilitar la sobrealimentación en situaciones tentadoras, reducir así el efecto de las intervenciones para adelgazar y aumentar el riesgo de recaída tras un descenso de peso exitoso, mientras que aumentar las habilidades para la inhibición podría facilitar el adelgazamiento y su mantenimiento.

Empleo en un módulo de intervención

Como la obesidad se relaciona con deficiencias en la función ejecutiva, es interesante estudiar si es posible mejorar la función ejecutiva y si esta mejoría facilita la abstención de la alimentación insalubre. En estudios experimentales, enseñar inhibición y control generó mejores habilidades de inhibición y disminuyó el consumo ulterior (Guerrieri et al., 2009, 2012).

Además, los participantes que aprendieron a responder a las comidas saludables y a inhibir las respuestas a las comidas insalubres redujeron significativamente el consumo de tentempiés (Houben and Jansen, 2011, 2015; Veling et al., 2011, 2013; Houben et al., 2014; Lawrence et al., 2015b; Allom and Mullan, 2015) y algunos estudios incluso lograron descenso de peso tras el entrenamiento de la inhibición (Veling et al., 2014; Lawrence et al., 2015a).

Se hallaron efectos comparables para la conducta de beber en exceso: entrenar la respuesta inhibitoria disminuyó el consumo de alcohol (Houben et al., 2011a, 2012; Bowley et al., 2013; Jones and Field, 2013).

También cuando la memoria de trabajo es débil, los impulsos manejan más la conducta. El entrenamiento de la memoria de trabajo en alcohólicos pareció ser eficaz para disminuir el consumo de alcohol (Houben et al., 2011b).

En conclusión, aunque las intervenciones para mejorar la función ejecutiva recién están en sus comienzos, los resultados preliminares parecen alentadores. Es útil estudiar maneras de promover una mejor función ejecutiva en personas obesas: el descenso de peso probablemente será más fácil y duradero cuando la persona tiene mejor autorregulación y menos respuestas impulsivas.


RECOMPENSAS INMEDIATAS

Las personas difieren en su capacidad de resistencia a la tentación y las recompensas inmediatas

Comer se asocia inseparablemente con gratificación. La comida es una fuerte recompensa natural, especialmente cuando es rica en calorías, grasas, sal y azúcar. El sistema de recompensa es fundamental en el desarrollo de la obesidad (Appelhans et al., 2016). El control del peso presupondría que uno no se pierde en tentaciones inmediatas (comer los alimentos que significan recompensa), sino que tiene objetivos a largo plazo (adelgazamiento y mantenimiento del mismo).

Las personas difieren en su capacidad de resistencia a la tentación y las recompensas inmediatas (Appelhans et al., 2016). Para algunos es difícil esperar las recompensas ulteriores. Esta incapacidad de postergar la gratificación se demostró repetidamente en la obesidad (Davis et al., 2004a,b; Franken and Muris, 2005; Davis et al., 2007; Weller et al., 2008; Daniel et al., 2013a). El deseo de experimentar placer directo o refuerzo también está presente cuando el refuerzo directo que se prefiere es más pequeño que un refuerzo mayor postergado, es decir el descuento por demora. Un ejemplo es la decisión de comer inmediatamente las comidas sabrosas a expensas del control de peso a largo plazo.

En conclusión, esforzarse por recompensas inmediatas a expensas del control del peso a largo plazo disminuye el efecto de las intervenciones sobre los hábitos de vida, mientras que la capacidad de postergar la gratificación podría facilitar el adelgazamiento exitoso y su mantenimiento.

Empleo en un módulo de intervención

Es necesaria una intervención que mejore la capacidad de postergar las gratificaciones. Una mejor capacidad para postergar las recompensas podría reducir la sobrealimentación descontrolada e impulsiva y facilitar la normalización del peso (Dassen et al., 2015). Es posible que la exposición a señales de comida y el entrenamiento de la inhibición mejoren también la capacidad de postergar la gratificación.

Recientemente, algunos estudios investigaron intervenciones basadas sobre el pensamiento futuro episódico que abordaban directamente el descuento por demora para reducir el consumo alimentario (Daniel et al., 2013b, 2015; Dassen et al., 2016). El pensamiento futuro episódico es una estrategia para cambiar la preferencia de una persona de la gratificación inmediata a las recompensas postergadas y se refiere a la proyección de uno mismo hacia el futuro (Atance and O’Neill, 2001), que produce una mayor elección de recompensas postergadas (Koffarnus et al., 2013).  

El pensamiento futuro episódico disminuyó el descuento por demora y también el consumo calórico en relación con un grupo de control que no empleó esta estrategia (Daniel et al., 2013b, 2015; Dassen et al., 2016). El entrenamiento en pensamiento futuro episódico es una intervención prometedora para disminuir la sobrealimentación impulsiva.


SESGO DE ATENCIÓN

El mayor atractivo de las comidas hipercalóricas se reflejó en la atención sesgada en el procesamiento de las señales de comida en personas obesas (Braet and Crombez, 2003; Castellanos et al, 2009; Werthmann et al., 2011). El sesgo de la atención (SA) relacionado con la comida se refiere al procesamiento de la atención selectivo de las señales de comida, incluida la mayor atención hacia y la interferencia de esas señales en relación con otras, pero también la evitación de señales de comida en relación con otras señales podría reflejar un SA.

(Werthman et al. 2011) estudiaron el curso de la atención durante la exposición a señales de comidas hipercalóricas vs señales de bajas calorías y señales neutrales en personas obesas vs participantes con peso normal mediante un dispositivo de seguimiento ocular. Se halló un SA para comidas ricas en grasas en personas obesas. Los participantes obesos mostraron una orientación inicial más frecuente hacia las comidas ricas en grasas y esta orientación inicial fue seguida por la disminución de la atención para estas comidas, lo que sugiere una ambivalencia acercamiento -evitación en las personas obesas (Werthmann et al., 2011).

Sin embargo, varios estudios no muestran sesgos de atención en las personas obesas (Roefsetal., 2015). Los autores sugieren que el SA depende del estado. Es decir, que las personas obesas quizás no siempre tengan un SA hacia la comida, lo que puede hacer que la restricción de comida sea más difícil, pero sólo cuando su mente está centrada en el hedonismo (Roefs et al., 2015; Werthmann et al., 2015a). Un estudio halló que un sesgo hacia los alimentos hipercalóricos se relaciona especialmente con los antojos de comidas en una muestra de estudiantes universitarias (Werthmann et al., 2013).

Otros estudios hallaron que los antojos de comida inducidos llevan a un SA en las personas que sienten intensos deseos de comer chocolate (Kemps and Tiggemann, 2009; Smeets et al., 2009) y que la saciedad inducida en una muestra de participantes hambrientos disminuyó el SA (Di Pellegrino et al., 2011). A la inversa, un SA inducido para comidas hipercalóricas (chocolate) provoca antojos en estudiantes (Kempsetal., 2014; Werthmann et al., 2014) y los estudiantes entrenados para comer alimentos saludables consumen relativamente más alimentos saludables después (Kakoschke et al., 2014).

La orientación inicial hacia comidas ricas en calorías en participantes obesos se asoció positivamente con antojos experimentados subjetivamente y mayor consumo durante una prueba ficticia del gusto (Werthmann et al., 2011). En un estudio reciente, los mismos autores mostraron que el sesgo de orientación inicial pronosticaba adelgazamiento reducido en niños obesos que participaban en tratamiento de los hábitos de vida (Werthmann et al., 2015b).

Empleo en un módulo de intervención

Hay cierta evidencia de que la atención sesgada hacia la comida pronostica la fuerza de los antojos experimentados, la cantidad consumida e incluso la cantidad de peso aumentado en la obesidad. Sería sensato entrenar la atención de manera que no estuviera sesgada hacia alimentos hipercalóricos.

Los estudios sobre el efecto dela modificación del SA son alentadores: demuestran que entrenar la atención para alejarse de las comidas hipercalóricas e insalubres y favorecer la atención hacia las comidas saludables de bajas calorías disminuye los antojos y el consumo alimentario (Boutelle et al., 2014; Kakoschke et al., 2014; Kemps et al., 2014; Werthmann et al., 2014).


CONCLUSIÓN

La obesidad es principalmente un trastorno conductual y cognitivo

En conclusión, mientras que los genes y el ambiente pueden cargar el arma, pareciera que los procesos cognitivos aprietan el gatillo: la obesidad es principalmente un trastorno conductual y cognitivo. El ambiente actual es generador de obesidad para las personas que son muy reactivas a las señales de comida, sensibles a la gratificación inmediata y con pocas habilidades ejecutivas.

El consejo de los especialistas es que cambien sus hábitos de vida: deberían comer menos y de manera más saludable y hacer ejercicio con mayor frecuencia. Si bien esto esencialmente es correcto, parece ser muy difícil cambiar los hábitos de vida, especialmente para las personas reactivas a señales de comida, con pocas habilidades ejecutivas, sensibles a las gratificaciones inmediatas. Son necesarios conocimientos sobre los mecanismos cognitivos que se asocian con estas características a fin de un cambio de conducta eficaz. Se sostiene que los hábitos insalubres se pueden cambiar por intervenciones que aborden estos mecanismos de mantenimiento cognitivo.

Este trabajo analizó algunos mecanismos de mantenimiento cognitivo y sugiere algunos módulos para la intervención: exposición a señales con prevención de la respuesta, entrenamiento de las funciones ejecutivas como la inhibición, la memoria de trabajo y la demora de la gratificación, estructuración cognitiva y entrenamiento en la modificación del SA.

Se traza una sencilla línea recta de un proceso específico a un módulo de entrenamiento, aunque la realidad es más compleja: los diversos procesos cognitivos se interrelacionan y se influyen entre sí y un módulo de entrenamiento específico podría no sólo influir sobre el proceso específico, sino que podría generalizar sus efectos a otros procesos cognitivos. Significa que hay espacio para nuevas investigaciones.

*Traducción y resumen objetivo Dr. Ricardo Ferreira

Comentarios

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Lic. Liliana Gonzalez garcia   Hace 8 meses
Muchas felicidades está excelente este artículo !!!
Dr. javier Alejandro Ramos Simpson   Hace 11 meses
los habitos alimenticios son dificiles de cambiar luego de ciertos años por lo que hay que inculcarlos desde edades tempranas asi como la practica de ejercicios fisicos para evitar el sedentarismo
Sr. Carlos Alberto Núñez   Hace 1 año
¿Por qué engordamos?

Estoy convencido, por numerosa bibliografía respaldatoria, parte de la cuál he volcado en estas líneas, pero también por mi experiencia de 25 años de profesión, que el principal factor causal de todos los factores de riesgo, incluida obviamente la obesidad, tiene que ver más con nuestro nivel de aptitud física, y fundamentalmente con nuestro porcentaje de tejido muscular activo, que con cualquier otra causa, siempre y cuando no exista otro tipo de patología preexistente.
Si bien la obesidad suele presentarse muchas veces junto a otros factores de riesgo (hiperlipidemias, hipertensión arterial, diabetes, etc.), creemos que de ninguna manera puede considerarse como su factor desencadenante, y por lo tanto su sola presencia no es condición suficiente para decir que una persona está enferma.
De hecho hay obesos ``sanos`` que no presentan ningún factor de riesgo asociado, y hay delgados que podemos considerar ``enfermos`` ya que presentan dichos factores de riesgo de forma asintomática. A estos últimos se los está empezando a denominar, los “flacos obesos”.
Asimismo, creemos que una gran cantidad de pacientes que hoy son considerados ``de riesgo``, dejarían de estarlo, simplemente, sí iniciaran un plan sistemático y progresivo de actividad física, sólo 2 veces por semana.


Profesor Carlos Alberto Núñez
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Sr. Carlos Alberto Núñez   Hace 1 año
Miremos a nuestro alrededor.

Desde chico tuve vinculación con la vida en el campo, ya que mis 2 progenitores nacieron y se criaron en Tres Arroyos, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires dedicado casi exclusivamente a la actividad agrícola-ganadera. La gente que vivía en el campo, obligada a realizar actividad física para alimentarse o para calefaccionarse, sí no moría joven por alguna enfermedad aguda o por algún accidente trágico, generalmente vivía saludablemente muchos años, a pesar de una dieta rica en carnes y grasas saturadas, que incluía achuras y embutidos de todo tipo, y hasta la famosa torta de chicharrones, hecha con grumos de grasa derretida. ¿Qué hacía está gente “sabia” cuando quería engordar un animal? Lo encerraba en los corrales durante cierto tiempo, para que no se muevan. Actualmente nuestros campos se están poblando de criaderos de ganado vacuno, en los cuales se les limita el espacio para evitar que caminen mucho y así engorden más rápidamente.
Hoy en día, en nuestras ciudades, pululan animales callejeros que a pesar de comer todo el día nuestra basura, mantienen una figura “atlética”. Sin embargo nuestros animales domésticos, de las mismas especies, aún racionándoles el alimento balanceado, engordan sin parar, en patios o departamentos que limitan sus movimientos naturales. Ya no tienen que gastar calorías ni para la regulación de su temperatura, cosa que sí tienen que hacer los callejeros, porque les ponemos mantas tejidas a mano y duermen con nosotros calefaccionados.
Si miramos el ámbito deportivo profesional, los deportistas adquieren hábitos alimenticios, buenos o malos, abundantes o escasos, que mientras se mantienen en actividad, raramente les provocan consecuencias a su salud. Los problemas afloran cuando abandonan la actividad, y mantienen dichos hábitos de consumo. Lo mismo ocurre con la gente que desarrolla oficios que la obligan al esfuerzo físico cotidiano, es decir, albañiles, pintores, torneros, mecánicos, gasistas, plomeros, que si bien pueden desarrollar algún grado leve de obesidad, rara vez presentan patologías asociadas, mientras mantienen su actividad física regular.
Sr. Carlos Alberto Núñez   Hace 1 año
Un poco de historia.

En Biología (que significa estudio de la Vida) no se conoce ninguna forma de vida, vegetal o animal, que no provenga, indefectiblemente de los progenitores, es decir, en términos humanos, de Papá y Mamá. El espermatozoide y el óvulo que dieron origen a cada uno de nosotros estaban vivos, como así también los que dieron origen a nuestros padres, y así podríamos seguir nuestro árbol genealógico hacia atrás, y llegaríamos a la conclusión que nuestro origen como Materia Viva, se remonta a 3.500.000.000 (tres mil quinientos millones) de años atrás. Eso significa que nuestros genes han sufrido infinitos cambios del medio ambiente, a los cuales se han tenido que adaptar indefectiblemente para seguir vivos. Las especies cuyos genes no se adaptaron a los cambios desaparecieron. Prueba de ello es que se calcula que existieron 2.000.000.000 (dos mil millones) de especies sobre la faz de la Tierra, y hoy se calcula que existen sólo 2.000.000 (dos millones) de especies. Sí hacemos una sencilla cuenta de restar, comprobaremos que aproximadamente 1.998.000.000 (un mil novecientos noventa y ocho millones) de especies, así como surgieron a la vida, luego desaparecieron por no adaptarse a los cambios.
Nosotros pertenecemos al grupo de los Homínidos, que aparecieron hace aproximadamente 5.000.000 (cinco millones) de años. La única especie viviente de los Homínidos somos los Homo Sapiens, todas las demás se extinguieron. Si bien el Homo Sapiens es un Homínido, no todos los Homínidos fueron Humanos.
Durante los últimos 2.000.000 (dos millones) de años, nuestros ancestros debieron luchar por su supervivencia en un ámbito totalmente hostil, en el cual debían realizar obligatoriamente actividad física todos los días, para procurarse la comida, pero también para no ser alimento de otras especies, que competían en el mismo entorno. Pero además, tenían que luchar con otros miembros del grupo, para reproducirse y perpetuar la especie, en condiciones cuasi salvajes. Esto desarrolló un patrón de subsistencia cazador recolector, que se vio moderado parcialmente en los últimos 10.000 (diez mil) años por la aparición de la agricultura, lo que permitió a nuestros antepasados, comenzar lentamente a realizar una vida más sedentaria, pero ni remotamente similar a nuestro estilo de vida actual, en el cual, en las sociedades industrializadas más modernas, un ser humano puede sobrevivir sin hacer ninguna actividad física en toda su vida. Por lo que podemos afirmar que existe un defasaje entre nuestro diseño genético y nuestro estilo de vida actual; a este defasaje se lo llama defasaje genético - cultural. Es decir, estamos diseñados “genéticamente” para una forma de sobrevivir, en la cual hacer actividad física era indispensable, pero sólo en el último 5 % (cinco por ciento) del tiempo vivido como especie, sobrevivimos de otra forma “cultural” totalmente dañina para nuestra genética.
Sr. Carlos Alberto Núñez   Hace 1 año
¿Por qué engordamos?

Profesor Carlos Alberto Núñez

Situación actual.

La Obesidad es una pandemia mundial. Crece sin parar, sin hacer distinciones de clases sociales, situación económica, ideología política, creencias religiosas, raza, sexo, o de cualquier otra forma de diferenciar a los seres humanos. Pero lo más dramático es que ahora tampoco hace distinción de grupos etáreos; ataca con igual fiereza a niños y jóvenes de todo el planeta, condenándolos a padecer las “incomodidades” de la obesidad por el resto de sus días, estigmatizándolos social y definitivamente y haciéndolos potenciales portadores de alguna o de todas las patologías asociadas a la obesidad, no producidas por ella, que condicionarán su presencia en este mundo, a saber, diabetes, hipertensión, dislipidemias, etc. Y peor aún, obligándolos a convivir diariamente con una sentencia de muerte firmada en blanco, sin fecha cierta, pero certificada y rubricada por todos sus seres queridos, pero fundamentalmente en cada visita al Médico, que dice que dichas patologías desembocarán tarde o temprano en sus parientes más trágicos, el infarto de miocardio y/o el accidente cerebro vascular.
Sr. Jaime Andres Millan Ramon   Hace 1 año
muy bueno el articulo, hubiesen puesto también un poco de información de la participación de ciertas sustancia que produce el tejido adiposo que intervienen en la falla de la dieta.
Lic. Yunia Castillo Perez   Hace 1 año
Es cierto que los hábitos son difíciles de modificar y más cuando de pequeños nos los imponen los adultos, pero ya cuando tenemos sentido de independencia podemos lograrlo, además que para tratar tener una vida saludable tener fe en la fuerza de voluntad, que el cerebro asimile y siempre estar dispuesto al cambio, no dejarse vencer por la tentación de la comida, cuando se es firme en lo que se quiere, se logra...
Dr. Hector Enrique Bernabe   Hace 1 año
los habitos son dificiles de midificar,o ,imposible de haverlo. Los mismos se deben inculcar durante la niñez o sea la formacion del individuo no solo sobre la nutricion,actividad fisica,caracter y objetivos en disciplinas fisicas y mentales .Esto se logra solo en edad escolar introduciendo en la curricula ,"educacion para la salud" ,medicina preventiva.
Sr. Jairo de Jesus Jimenez   Hace 1 año
Damasio citado por Deza (2012, pág. 16) del libro “Tu cerebro lo es todo” señala que: “Las emociones hacen parte de esa compleja maquinaria en la que intervienen las recompensas y los castigos, el estímulo y la motivación… y todo aquello que hace que deseemos comer, beber, practicar sexo…”. Asi mismo dicha autora, especialista en neuromarketing sostiene: “las emociones se almacenan junto con los hechos formando parte de nuestros aprendizajes y generando sentimientos”; es decir, tales emociones y sentimientos que se encuentran dentro de la persona, hacen parte de esas “señales endógenas” que asociadas a hechos pasados mueven a la acción y orientan para la toma de decisiones a esa persona frente a un estímulo o “señales exógenas”; estas últimas son las que la Paho relaciona en su Modelo de perfil de nutrientes como objetivo de control por parte de las autoridades nacionales a través de diferentes estrategias impositivas, jurídicas, reglamentarias, restrictivas y desestímulos, como medios para prevenir y controlar la obesidad y el sobrepeso. Control que según se desprende del artículo Escepticemia escrito por Gonzalo Casino, publicado en ésta misma página no es tan fácil. Es decir, atacar las causas externas olvidando las internas o endógenas ya sean cognitivo conductuales, como lo señala el artículo cuya existencia está comprobada por los últimos estudios de la neurociencia , asi como las orgánicas, las cuales deben recibir atención individual por parte de los profesionales de la salud, sin descuidar por supuesto las ambientales o exógenas, evitaran esas cirugías en muchos casos inútiles, por no tomar en cuenta simultáneamente, las emociones, sentimientos y cogniciones que pueden estar soportando las conductas y hábitos alimenticios de la persona obesa y en éste caso, los efectos post operatorios en tal sentido. De lo contrario, en lugar de especialistas en nutrición se necesitaran agentes policiales para tratar de controlar tal “epidemia”.
Dr. Julio Montero   Hace 1 año
Para los colegas y en especial relación con el comentario de la Dra. Granados Castro, que se pregunta sobre el impacto cultural en el consumo de comidas, e indirectamente sobre lo que la ciencia ha acordado en denominar la transición nutricional, recomiendo leer el siguiente documento. Iluminante!, con datos Continentales latinoamericanos que asocian el consumo de comida chatarra, el marqueting y el aumento de obesidad.
http://iris.paho.org/xmlui/bit...
Dra. Delmy Virginia Granados Castro   Hace 1 año
Interesante aporte. Sería bueno ampliar estudios donde se demuestre la influencia cultural alimentaria en la obesidad. Pues lo que para uno es placentero, para otro a lo mejor no lo sea. Dependerá del contexto que le rodea, de los alimentos tradicionalmente "ricos" según región. Casi siempre los alimentos más "ricos" serán los fritos y altos en azúcar, pero esta información trasciende de generación en generación. Algunas personas a lo mejor prioricen por vegetales o grasas menos dañinas por la influencia de la familia (forma de crianza) y educación. Por eso insisto: ¿qué tanto puede influir la cultura (social, familiar) en los hábitos alimentarios?
Dr. Julio Montero   Hace 1 año
No comparto la conclusión del articulo: La obesidad es principalmente un trastorno conductual y cognitivo. El mecanismo principal de ganancia de masa corporal se manifiesta a través de comportamientos, de la misma manera que un animal no humano. Pero el origen de la epidemia general de obesidad no puede ser atribuible a un trastorno general de comportamiento de la población, como no sea el generado por un conjunto de factores socioculturales y alimentarios que descalabran el equilibrio entre la sensorialidad, el sistema de recompensa (adictivo) y el valor nutricional de lo ingerido. Para el no especialista y con particular atención al comentario del Sr. Jairo de Jesus Jiménez, recomiendo que orienten a sus pacientes y a sus familias a aplicar el Modelo de Perfil de Nutrientes de la OPS que encontrarán en la siguiente dirección.
http://iris.paho.org/xmlui/bit...
Dr. Roberth Miguel Guarnizo Ludeña   Hace 1 año
ESTOY DE ACUERDO EN CAMBIAR EL ESTILO DE VIDA : SEDENTARISMO, DIETAS HIPERCALÓRICAS Y RECOMPENSAS TARDÍAS, LO QUE A LARGO PLAZO CONDUCE A REDUCIR EL IMC
Dr. Vicente Sedas Ruiz   Hace 1 año
Me quedo con lo siguiente: La obesidad es principalmente un trastorno conductual y cognitivo, con gratificación inmediata y consecuencias a largo plazo
Dra. julieta solis zamora   Hace 1 año
buen articulo y gran herramienta para trabajar con los pacientes.
Lic. juan francisco nicolas gomez   Hace 1 año
lo importante es llevar una dieta balanceada comer un poco de cada comida y hacer ejercicio a yuda a bajar de peso y lomas importantes comer ensalada de fruta y verduras ya que estas son buenas para el metabolismo y tomar mucha agua.
Sr. Jairo de Jesus Jimenez   Hace 1 año
Una de las técnicas utilizadas en psicología, cuando es aplicable, es el control estimular, es decir como lo señala el Dr Montero, controlar los precios, los adictivos, la publicidad engañosa, los estimulos a los profesionales dados por las empresas y otros factores que van orientados a reforzar las conductas de las personas afectadas no solo por la obesidad sino por otros trastornos. Mi inquietud es: ¿Está en capacidad el profesional de la salud, y en éste caso no me refiero solo a los médicos, controlar todos estos factores?. ¿Qué hacer con el paciente mientras tratamos de cazar la "tortuga", en lugar de brindarle herramientas para enfrentar dichos estimulos inductores de su conducta"?
Dr. Jose Neira Cobos   Hace 1 año
PIENSO, EN COMIDA, SIENTO TENGO HAMBRE, ACTÚO, INGESTA

PPNEIRAC.
Dr. Jose Neira Cobos   Hace 1 año
YO DIRÍA, EL CEREBRO, LA CULTURA Y LA CONDUCTA.
PIENSO EN COMIDA, LA MERCADOTECNIA ME INSINÚA , EL AMBIENTE FAMILIAR O SOCIAL COMPLETA EL GRADO DE OBESIDAD.

EN A CASA DE LOS OBESOS LA PERSONA CON PESO NORMAL ES
LA "FLACA"

PPNEIRAC
Dr. Pedro Sanchez Machado   Hace 1 año
Muy bueno ese enfoque, consideró que más del 70% de nuestros fracasos en la lucha contra esa epidemia esta en no abordar esos aspectos.
Dr. Rafael Rivera Herrera   Hace 1 año
Excelente enfoque de diversas dimensiones, para entender mejor la epidemia de la modernidad
Dra. Ximena Espinoza Riera   Hace 1 año
es intersante macroscopicamente...ya que plantea una vision màs filosofica acerca del como enfrentamos el problema y que soluciones podemos ofrecer profesionalmente y como seres humanos. Es importante ya que la sobrealimentacion debida a la impulsividad o ala busqueda de placer a corto plazo es uno de los factores de genesis de esta enfermedad...social.¿cuantas veces hacemos ayuno... cuantas veces hemos plantado semillas?¿cunats veces nos preguntamos si tenemos hambre o sed?
Dr. Julio Montero   Hace 1 año
El articulo es iluminante sobre aspectos psicológicos pero a la medicina se le está escapando "la tortuga" si pretende solucionar el problema de la sobrealimentación por ese camino. La estrategia que funciona para conseguirla es múltiple: precios subsidiados, productos adictivos, propaganda engañosa, profesionales en universidades y sociedades científicas a sueldo del marqueting, porgramas cientificos afines a intereses ajenos a la salud, confusión en los educadores, médicos y pacientes. Responsabilizar al sedentarismo, a la falta de desayuno matutino, a las calorías, a las grasas saturadas, o al azúcar, son distractores que impiden acciones efectivas. Para esto aplicar el Método del Perfil de Nutrientes a la población general y adaptarlo a la consulta individual. Es mi humilde contribución con los colegas.
Dra. Ximena Espinoza Riera   Hace 1 año
muy intersesante...nos abre una perpectiva de intervencion mas profunda y a mas largo plazo. muchas gracias
Dr. Mario Leopoldo Luna Depaz   Hace 1 año
Excelente compendio sobre este problema de salud pública mundial. felicitaciones
Dr. Guillermo Ortiz   Hace 1 año
Muy buen artículo y bien traducido por Ferreira. El entrenamiento conductual es fundamental y habría que realizarlo siguiendo al paciente aunque no seamos sus nutricionistas sino médicos de distintas especialidades. El perfil genético por ahora no se puede modificar, pero hay que luchar contra un ambiente y una publicidad evidentemente obesogénica. Saludos.
Sr. Jairo de Jesus Jimenez   Hace 1 año
El alimento y la conducta de comer tienen además de la función nutricional relacionada con la supervivencia, una carga emocional y cognitiva asociada a simbolismos, imagenes, percepciones, factores culturales, etc., guardados en la memoria como esquemas mentales. Este articulo nos invita a investigar sobre estos factores más allá de la simple ecuación calorica. Excelente
Dra. Maria del Consuelo Mena Mercado   Hace 1 año
Muy interesante el articulo . Estos conceptos nos cambian la manera de evaluar los transtornos alimenticios de la sociedad
Dr. Alejandro Barahona Vindel   Hace 1 año
Gracias por este valioso artículo. Felicidades.
Dr. Manuel H. Camejo Z.   Hace 1 año
Excelente articulo. Muy buen aporte
Lic. Roxanna Garay Alva   Hace 1 año
Buenas tardes: yo pesaba 70kg y me compre esas famosas pastillas de "café verde" para adelgazar y ...subí 3 kg mas!. Fisura de Tibia, de por medio, mi traumatologo me pidio que adelgace y me fui al médico nutricionista y ...despues de 18 meses, estoy feliz por que logré bajar 13 kg!!! y a veces me doy los famosos "permitidos" sin que afecte mi salud. Espero que halla servido mi testimonio. Gracias
Dr. Jorge Vicente Croceri   Hace 1 año
Hola.Tengo 60 años y 40 de obeso que he fracasado con todo éxito en dieta ejercicio cambios de hábito.llegará el día en que descubran que realmente la obesidad es mediada por sustancias producidas por las células grasas con gran actividad cerebral que provocan el fracaso de cualquier método externo llame dieta,cambios de hábitos alimentarios, cirugía bariatrica....lo siento es lo que pienso
Dr. German Gonzalez   Hace 1 año
gracias por lo expuesto fue muy entendible .
Dra. Juana Ivon Perez Hendrickx   Hace 1 año
Esta muy interesante el articulo y lo digo como una paciente ( ya que considero que la obesidad es una enfermedad crónica y esta dentro del grupo de las adicciones ) y como tal no es tan fácil de llevar adelante. Es por ello el éxito de los programas como A L C O donde otro obeso recuperado nos entiende. Lo peor es que hay colegas que no sufren de esto y no van a entender esta ni otras adicciones. Por ello coincido con el Dr. Garcia Cuevas
Dr. Marco Antonio G. García Cuevas   Hace 1 año
Creo que si la obesidad fuera tratada como lo que es, un trastorno de conducta como el alcoholismo o la drogadicción, que requieren un tratamiento multidisciplinario, sería mucho más fácil llegar al éxito, cuando realmente el paciente entienda que la obesidad es una enfermedad crónica y que requiere ayuda para enfrentarla, no solamente desde el punto de vista nutricional sino también emocional.
Saludos
Dr. José Gregorio Villacorta Cruz   Hace 1 año
Gracias por el articulo sobre el fracaso de las dietas para adelgazar. Todo lo que dicen ES CIERTO. Insisto eh que la capacidad gastrica es de extrema importancia para recibir el mensaje "ESTOMAGO LLENO" y girar la orden "PARE DE COMER". He observado que al reducir el volumen. de llenado los pacientes sì pueden PERSISTIR en dieta reductora para el largo plazo. En lo personal, practico y recomiendo la dieta y alimentaciòn del tipo Atkins.GRACIAS, GRACIAS, MUCHAS GRACIAS. J.G.V C.-
Dr. Julio Montero   Hace 1 año
La solución no reside en tratar de oponerse a un mecanismo de supervivencia sino en evitar que guíe hacia el objeto equivocado.
Dr. Wilfredo Caceres Morales   Hace 1 año
Creo que le puede servir para una conferencia.
Dr. Ricardo Hernan Duran Fretell   Hace 1 año
El subconciente, aquel paria de la medicina, cuando sea reconocida como fuente de muchas enfermedades daremos un salto de calidad. Todo médico debe conocer técnicas diagnósticas y de acción, rápidas y generales en toda patología (previas a intervención especializada de ser necesario). Dichas técnicas están ya descritas. La obesidad es un claro y bonito ejemplo de que el locus de la enfermedad se encuentra en el subconciente, debe ser siempre explorado en todo esquema serio de tratamiento.
Dr. Octavio Lorenzo Heredia   Hace 1 año
esta buenisimo
Dr. Agustin Gomez   Hace 1 año
La obesidad se produce porque las personas son inducidas a anular su consumo de sodio, y como éste es un n utriente esencial, se generan conductas compulsivas de consumir alimentos industrializados que sí tienen sal. Esos alimentos sólo saciarán a la persona necesitada de sal, cuando hayan llegado a su consumo requerido por el organismo, así, si para llegar al consumo mínimo de sal necesita 1 kilo de asado, pues comerá un kilo de asado, si necesita para llegar al requerimiento de sal 10 biscochos, pues comerá 10 biscochos. La compulsión por comer comidas industrializadas, que son la porquería que en realidad engorda, como decía esa compulsión se elimina si agregamos más sal a las comidas sanas.Punto. Quien quiera entender, que entienda.
Dr. pedro julio mercado   Hace 1 año
Para mi gusto, el estudio comprende las diferentes variables que integran
el fracaso de adelgazamiento en el obeso, las cuales fueron consignadas de manera didáctica y comprensibles. No obstante, un mayor énfasis en el
sistema de recompensa cerebral, hubiese sido, según mi entender, de mayor alcance cognitivo a tener en cuenta en los por qué de los fracasos
dietéticos.
Los más...
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