Stress, multiempleo, violencia | 20 AGO 12

¿Qué le pasa doctor?

Tienen estrés laboral, padecen el multiempleo y son blanco de frecuentes actos de violencia. Van a trabajar enfermos, se automedican y no se hacen chequeos. Esto, sin hablar de sobrepeso, sedentarismo e hipercolesterolemia. Radiografía de los médicos argentinos, de frente y perfil.
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INDICE:  1.  | 2. Burnout

Por Victoria Pérez Zabala  | Para LA NACION
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oto: Martín Lucesole

Todavía tenía los guantes puestos cuando una intensa presión paralizó su brazo izquierdo y se instaló sobre su pecho. A un metro de la camilla donde dormía el paciente que acababa de operar, el cirujano se desplomó sobre el piso del quirófano. Un violento infarto lo transformó de médico a paciente en pocos segundos. Hacía meses que su equipo lo observaba con preocupación. Agotado, iba y venía por los pasillos del hospital, entre maratónicas sesiones quirúrgicas. Nunca se negaba, hasta que su cuerpo dijo basta. Este es un caso real y se suma a otros similares, que brotan en boca de enfermeras, anestesistas, camilleros y de los mismos médicos.

¿Cómo están de salud aquellos que cuidan la nuestra? La consulta a un grupo de galenos de diferentes edades y especialidades preocupa. "Más del 30 por ciento de los médicos argentinos padecen el síndrome de burnout", calcula el doctor Roberto Iermoli, director asociado del Hospital de Clínicas José de San Martín.

Los factores que llevan a que los encargados de curarnos estén en riesgo son variados. El principal es el multiempleo o la necesidad de cubrir varios puestos de trabajo que los lleva a correr de un hospital a otro, como trabajadores taxi, para lograr la ansiada estabilidad económica. Así lo prueba la última encuesta de satisfacción laboral, presentada por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y Unicef hace pocos meses, donde se reveló que 7 de cada 10 pediatras atienden en dos, tres o más hospitales públicos, clínicas privadas y consultorios.

 Quemados. La Argentina junto con México y Colombia encabezan la lista de países con mayor cantidad de médicos con burnout.

La encuesta representativa de los 15.461 pediatras del país demostró que el 82% siente estrés excesivo y la razón principal resultó ser la elevada carga horaria. A esto hay que sumarle la falta de insumos, la obligación de realizar tareas que exceden el rol de médico por falta de recursos humanos, las guardias de 24 horas, la falta de camas para los enfermos y los bajos sueldos.

"Los médicos en la Argentina viven una exposición al estrés mayor que en otras ocupaciones. Algo que los diferencia es que casi no hay desempleo médico ni tampoco subempleo. Por el contrario, lo que predomina es el multiempleo. Trabajan en promedio muchas más horas que en el resto de las ocupaciones. Pero esto casi nunca es bien recompensado", analiza el principal investigador de salud del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), Federico Tobar.

Con la experiencia acumulada en sus más de 37 años de médico clínico, el doctor Iermoli recibe a LNR en su discreto despacho del Hospital de Clínicas y se explaya: "Cuarenta años atrás el médico era más considerado, más valorado. Tenía una entrada mayor. Podía atender en el hospital y, luego, en su consultorio particular. Prácticamente no había obras sociales o prepagas con la imposición de atender a tal cantidad de pacientes. Ha habido una pauperización en la carrera médica".

Empujar la camilla, aplicar inyectables, procurar una cama para el enfermo, son algunas de las tareas que vienen a sumarse a la rutina actual. Por la falta de recursos físicos y humanos, el médico debe cumplir con obligaciones que van más allá de su rol. "Todo esto no hace más que agregar carga a su ya pesada mochila de responsabilidades", razona Iermoli, con el ceño fruncido.

Como profesor titular de Medicina Interna en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Iermoli, que ha pasado la mayor parte de su vida en hospitales, evalúa: "Los residentes son por lejos el personal médico que más estrés tiene. Piense que un médico trabaja no menos de 60 horas semanales, pero un residente sabe a la hora que ingresa y no a la hora que sale. Nuestros residentes entran a las 6.30 y pueden ser las 23 y siguen acá".

El mayor desafío para los residentes de primer año son las guardias de 24 horas que realizan día por medio o tres veces por semana, según la especialidad. Para la mayoría de los expertos entrevistados: son jóvenes y pueden aguantarlo; es el fogueo necesario para lo que vendrá después. El problema radica en que para muchos se convierte en un estilo de vida y, si siguen con esta rutina de mayores, se vuelven insomnes crónicos.

 Cada vez más difícil. El director de Psiquiatría del Hospital Italiano, Carlos Finkelsztein, analiza el efecto de la violencia social en los médicos. Foto: Martín Lucesole

En España, los residentes se agruparon para protestar por su situación laboral en un movimiento que exigía eliminar las guardias de un día completo. El lema que se repartió en centenares de afiches colgados a lo largo de todo el país planteaba: Llevo 32 horas sin dormir, ¿quieres que te opere?

"Está científicamente comprobado que, a partir de la hora 12 de una guardia, disminuye brutalmente la eficacia y la habilidad manual, la tasa de error aumenta y la atención se dispersa", detalla el médico cardiólogo Daniel Flichtentrei.

Según presenta el especialista en cuidados críticos Juan Cruz Escardó, de 34 años, que trabaja como médico de planta en la terapia intensiva del Hospital Universitario Austral: "El panorama de un terapista que se recibe en la Argentina es que va a pasar toda su vida haciendo guardias. Por lo general, hacen una guardia de 24 horas y, al día siguiente, hacen otra. Muchos tienen 50 años.

"Creo que es criminal tanto para los médicos como para los pacientes", alerta el terapista -nieto del reconocido pediatra Florencio Escardó-, un privilegiado porque sólo realiza una guardia semanal.

En un estudio realizado a fines del año pasado por la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires, que tomó como muestra las respuestas de 220 médicos de los hospitales José María Ramos Mejía, Parmenio Piñero, Dr. Enrique Tornú y Dr. Ignacio Pirovano, el 94% de los consultados reportó sentir cansancio, agotamiento, insatisfacción y falta de estímulo.

La Argentina junto con México y Colombia encabeza el ránking de países con mayor cantidad de médicos que sufren burnout, según mostró un estudio realizado por Intramed, la página Web científica líder y la más consultada por los facultativos con más de un millón de visitas mensuales.

 Alerta. "Hay de 4 a 6 veces más suicidios entre médicos que en la población general", apunta el Dr. Iermoli, director asociado del Clínicas.

"El estilo de vida de los médicos es muy perjudicial para su salud. En ellos, el umbral del dolor está muy modificado por la cercanía a la enfermedad y a la muerte. Es común la automedicación, la consulta en el pasillo, la falta de una historia clínica", apunta Flichtentrei, director de contenidos de Intramed, que recientemente publicó ¿Por qué ser médico hoy?, donde reunió la opinión de 20 de los galenos locales más destacados.

Ante este inquietante panorama, la médica psiquiatra Elsa Wolfberg, que hace más de 14 años estudia el desgaste profesional en sus colegas, describe cómo detectar si un médico sufre burnout o el síndrome que provoca extenuación emocional, apatía, bajo índice de satisfacción y de realización laboral.

"Uno como paciente puede detectarlo ya que son personas fatigadas que presentan desapego de lo que hacen; desaparece la pasión y se vuelven tecnocráticos. Algunos quieren dejar la práctica; otros están alejados de la motivación inicial que los llevó a estudiar medicina al ver cómo chocan los ideales humanísticos con el marco mercantilista donde transcurre."

Cuando el burnout se instala en una persona puede atacar el sistema inmunitario por hiperfuncionamiento de las defensas, en el caso de las alergias, o por hipofuncionamiento, que es la habilidad de contraer enfermedades, como resfríos, continuamente (ver aparte). Esto comienza de manera reversible y, luego, se torna irreversible. Todo lo que sería preocupante cuando lo sufre cualquier persona se torna peligroso cuando se trata de un médico.

Apretando una sobrecargada carpeta, donde no cabe ni un papel más, Wolfberg va eligiendo documentos y lanza estadísticas. "Uno de cada tres psiquiatras padece burnout, según una encuesta que hicimos con la Asociación de Psiquiatras Argentinos

(APSA)." Desde su consultorio sobre la calle Lafinur en la zona del Botánico, donde escuchó a varios médicos con este síndrome, revela: "Naturalizan los síntomas previos y conviven con la contractura de nuca, con la taquicardia, con la gastritis. No se miden la presión arterial. No cuidan su salud. Incurren en todos los factores de riesgo cardiovasculares sin modificarlos ni hacer nada al respecto. Es más, aun teniendo un problema de salud declarado, no consultan porque lo viven como una debilidad o con temor a salir del circuito y perder el lugar del trabajo".

Al nombrar las enfermedades más comunes dentro de la comunidad médica, el director del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano, Carlos Finkelsztein, enseña: "Las más frecuentes son la hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, la adicción a psicofármacos y el estrés crónico".

Además de la preocupación por el alto grado de automedicación y los elevados índices de alcoholismo, depresión y trastornos de ansiedad generalizada que sobrevuelan la práctica médica, hay un dato que ensombrece aún más el panorama. "Hay de cuatro a seis veces más suicidios entre médicos que en la población general", compara Iermoli, que también dirige el Departamento de Docencia e Investigación del Clínicas. "En los últimos tres años y en nuestro hospital, dos reconocidísimos médicos, uno era el jefe de una de mis salas, se suicidaron. Uno se arrojó debajo de las vías del tren y el otro, directamente se pegó un tiro", dice con las manos apretadas y la mirada triste.

 En casa de herrero

Los médicos no van al médico. No se hacen chequeos periódicos e incurren en todos los factores de riesgo que tan rápidamente detectan en sus pacientes. El sobrepeso, el sedentarismo y la hipercolesterolemia son significativamente mayores en la población médica que en el resto, según evidenció el estudio Doctor, realizado por la Academia Nacional de Medicina e Intramed. A su vez, ninguno de los facultativos consultados dijo contar con un médico de cabecera.

Delante de su cargada biblioteca, el doctor y profesor Iermoli admite: "El médico, en general, posterga los exámenes periódicos. No falta nunca al hospital. Es muy raro. Más: si un paciente o un colega le dice que no lo ve bien, lo interpreta como una disminución en su competencia profesional".

Con él coincide el médico obstetra Federico Del Giudice, de 53 años, que ha dado la bienvenida al mundo a cinco mil bebes y hoy asiste 20 nacimientos por mes en la Clínica de La Trinidad de San Isidro, en la de Palermo y en el Sanatorio Mater Dei. Sentado en un café, cercano al centro de salud adonde ha estado visitando pacientes y con el teléfono celular a la vista, sobre la mesa, confirma: "Los médicos no nos hacemos exámenes. Somos más de la consulta de pasillo. ¿Tomarnos la presión? No. ¿Ergometría? Tampoco. Estamos tan acelerados con los pacientes que tapamos o no reaccionamos frente a nuestros problemas de salud. Es el acelere que a uno le da esta especialidad".

Desde el exigente campo de la cirugía, donde no hay margen para el error, Alejandro Ayub, que trabaja en el Hospital Manuel Belgrano, confiesa: "Los médicos, en general, van a trabajar enfermos. Si tienen una cirugía y se engripan el día anterior, no la suspenden. Es muy difícil hacerle eso a un paciente. Entonces se medican y tratan de sobrellevar la gripe para hacerla". Su palabra sintoniza con la de la mayoría de los médicos que, ante una encuesta de Intramed, respondieron que todos fueron a trabajar con gripe.

"Esto es peligroso para los médicos y también para los pacientes", subraya el cardiólogo Flichtentrei, que también dirige un Instituto de Rehabilitación Cardiovascular donde recibe a muchos colegas que han sufrido infartos. Allí, los médicos no cumplen con el tiempo de rehabilitación prescripto antes de volver a sus funciones.

Sin embargo, aclara Wolfberg, miembro de la APSA, la causa más importante del delicado estado de salud de los galenos se debe al lugar, dentro del imaginario colectivo, donde los coloca la sociedad. "Hay que sacarlos del marco acusatorio de que son descuidados. Somos nosotros los que les hacemos creer que no se pueden enfermar y ellos se creen invulnerables."

Cuando al médico clínico Esteban Lifschitz le diagnosticaron el síndrome vertiginoso -que provoca mareos y sensación de inestabilidad-, por primera vez y a los 41 años, decidió solicitar licencia por enfermedad. "Antes hubiera vuelto a trabajar a los dos días sintiéndome Superman, pero no estaba en condiciones de resolverle nada a nadie. Uno siente que lo miran distinto cuando tiene un síntoma que podría ser asociado con alguna debilidad. Al mismo tiempo que nos critican porque nos creemos dioses, cuando no somos esos dioses piensan: qué nos va a venir a resolver éste si no puede con su vida."

Los dioses, al banquillo

En los últimos tiempos, esta imagen cercana a la deidad de los médicos ha cambiado. De aquel orgullo que retrató Florencio Sánchez en M´hijo el Dotor el ejercicio de la profesión ha perdido tanta valoración social que hoy los médicos con frecuencia son víctimas de agresiones por parte de sus pacientes y parientes de pacientes.

Más del 71% de los encuestados en el estudio realizado por la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires sufrió algún tipo de violencia por parte del paciente o un familiar acompañante.

La anécdota que ilustra la estadística la aporta el doctor Ayub, especialista en cirugía general y en trasplante renal que opera en el Hospital Belgrano en el partido bonaerense de San Martín. "Nuestro hospital está en una zona peligrosa y ya el viaje hasta el trabajo genera estrés. El otro día un pediatra salió del hospital, se subió al auto y un chico armado lo amenazó", relata.

-Dame toda la plata.

-Yo a vos te conozco; soy tu pediatra.

-Sí.

-¿Cómo me vas a robar?

-Estoy trabajando.

El maltrato verbal y la violencia física van en aumento y no son exclusivos de los hospitales periféricos. Día a día se van adueñando de más salas de espera y pasillos. Escardó narra un desafortunado episodio que vivió en el Austral, centro de primer nivel y alta complejidad en Pilar. "Me tocó decirle a un padre que su hija no iba a volver a caminar y me empezó a insultar. Me arrinconó y no llegó a pegarme porque apareció seguridad", recuerda el doctor, dedicado a la terapia intensiva hace casi diez años. Es en el área de urgencias donde se concentra el mayor porcentaje de agresiones: el 84% del personal médico encuestado relató situaciones violentas protagonizadas por pacientes y familiares.

Otro factor que pesa sobre la comunidad médica es la amenaza constante de ser demandados por mala praxis. "Cuarenta años atrás, ¿quién pensaba en denunciar a su médico?", pregunta Iermoli. Hoy, uno de cada tres médicos recibe alguna demanda por mala praxis a lo largo del ejercicio de su carrera. Lo más grave es que, luego de ser demandados, y según comprobó un relevamiento realizado por el Servicio de Cirugía del Hospital San Martín de La Plata, un alto porcentaje tuvo hemorragias digestivas, problemas de estrés crónico o alteración emocional y despersonalización.

Como director del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano, Finkelsztein concluye que ser médico es cada vez más difícil por las presiones que ejerce la violencia social en el ejercicio de la tarea. "Cada vez se exige, cuestiona y demanda con mayor intensidad al médico. La aparición de una creciente cultura de denunciarlos ante la justicia agrega incertidumbre y temor en la toma de decisiones."

A su vez, la nueva legión de pacientes que consultan en sitios de Internet y luego entran en los consultorios comparando diagnósticos, pacientes querellantes, según la jerga médica, contribuyen a que el médico se sienta en perpetuo examen. En el mundo actual, donde la medicina está en constante cambio, donde el conocimiento se duplica cada 20 meses y se publican 30 mil revistas y 700 mil artículos anuales, el médico tiene que estar al día. La permanente capacitación es otra obligación que suele arrebatarles más horas de sueño y de vida familiar para dedicarlas a sus futuros pacientes.

Un médico de un hospital público porteño, que pidió permanecer anónimo, rescata una anécdota que muestra hasta dónde puede llegar el compromiso con el paciente y cómo puede repercutir en su salud.

"Fue en la época en que la gripe A abarrotó todos los hospitales de la Argentina. El médico estuvo atendiendo pacientes con estos síntomas, como todos hicimos entonces, durante jornadas interminables. Cuando empezó a sentirse mal, hizo lo que también hacemos todos: se automedicó y siguió trabajando. A los dos días, lo ingresaron en el hospital con un respirador. Una placa mostró que tenía los pulmones completamente tomados. Casi se muere por gripe A: el virus que conocía y combatía."

Ellos se sacrifican por nosotros.

PROBLEMAS SIN FRONTERA

Así lo prueba un artículo de la prestigiosa revista The Lancet, que advierte que de un 30 a un 40 por ciento de los empleados de la salud de los Estados Unidos padecen de estrés. La estadística podría aumentar a partir de la última reforma sanitaria, que suma 30 millones más de pacientes a sus filas. El problema, según rastrean los investigadores, parece activarse en la Facultad de Medicina.

Según advierten los especialistas en The Lancet, alrededor de un cuarto de los médicos jóvenes sufre de depresión, más de la mitad experimenta burnout, y más del 10% piensa en el suicidio.

En 2004, la revista American Journal of Psychiatry divulgó que los médicos varones son de una a cuatro veces más proclives a suicidarse y las médicas, de dos a tres veces más tendientes a hacerlo que el resto de la población.

Según una encuesta inglesa realizada por el Royal College of Physicians in Clinical Medicine, sólo uno de cada cinco médicos buscaría ayuda entre sus colegas u otros profesionales de la salud en caso de desarrollar una enfermedad mental.

Este alarmante cuadro se repite en varios países de Europa, en Australia y en Inglaterra. Sin embargo, hay factores que contribuyen a que los médicos argentinos se encuentren en desventaja frente al resto de sus colegas internacionales. "En ningún país el multiempleo configura un problema tan relevante", distingue Federico Tobar, investigador del Cippec,

En Europa los sistemas de salud son universales; algunos, como Alemania, Bélgica y Holanda tienen múltiples aseguradores, similar a nuestras obras sociales y prepagas, compara Tobar. Un médico tiene chances de trabajar en más de un lugar, pero los contratos con frecuencia requieren dedicación exclusiva y se implementa un bloqueo de título por el cual el profesional se compromete a no ejercer la medicina en otro lugar.

En los países que tienen sistemas nacionales, como Inglaterra, Irlanda, Suecia, Italia, Australia o Canadá, en general, hay un único empleador posible. Aunque hay un incipiente mercado privado, éste no alcanza a cubrir a un 10% de la población. Es decir que los médicos pueden tener un único trabajo.

Los sistemas de salud de América latina son más fragmentados; conviven múltiples agentes aseguradores y prestadores y esto permite que un mismo profesional trabaje para varias entidades. "La Argentina se encuentra en peor situación que el resto, porque la cantidad de agentes que son prestadores de salud es mucho mayor: hay unas 300 obras sociales, 600 empresas de medicina prepaga y mutuales, 24 sistemas provinciales de salud y casi mil municipios que tienen servicios, unos 200 tienen hospitales y el resto tiene centros de atención primaria", detalla Tobar.

 

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