Por el Dr. Francisco Maglio | 06 FEB 12

El “escuchatorio” en la relación médico-paciente

La necesidad ética del “otro”. El valor de la narrativa. Un conmovedor e inolvidable texto para guardar y compartir.
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Autor: Dr. Francisco Maglio 
INDICE: 

Decía Lain Entralgo que la relación médico-paciente (RMP) es el encuentro entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que quiere que lo curen (1)

Enfocada esta relación solamente en la necesidad del “curar” obviando el “cuidar” (socráticamente la “tekné” y el “medeos” respectivamente), resulta alienante tanto para el médico como para el paciente.

La relación médico paciente se “tecnologiza” y se “despersonaliza”, por eso es alienante, desparece el “otro” como persona.

Para el paciente, el médico es un técnico con guardapolvo que extiende recetas y para el médico, el enfermo es un “libro de texto”, con signos y síntomas que hay que interpretar y codificar

En este tipo de RMP desaparece la “otredad” humanizada, son dos “yoidades" despersonalizadas, un (des)encuentro. Desaparece aquel concepto de enfermo de Miguel de Unamuno(2): “un ser humano de carne y hueso que sufre, piensa, ama y sueña”. Esta despersonalización lleva al desgaste, al desánimo y a la desesperanza, tríada característica del burnout.

Esta “medicina basada en la evidencia” (3) en la que el paciente es un dato estadístico y el médico un administrador, más allá de su eventual valor técnico-científico, la debemos “des-alienar” con una “medicina basada en la narrativa” (MBN) que no se opone a la visión médico-técnica sino que la enriquece con la visión desde el paciente(4).

Medicina Basada en la Narrativa

La MBN consiste básicamente en las subjetividades dolientes ( más que en las objetividades medibles), esto es, lo que el enfermo siente qué es su enfermedad, la representación de su padecimiento, la experiencia social de lo vivido humano como enfermo.

A  un adolescente con granos en la cara le decimos: “vos tenés acné” pero él siente vergüenza.

Cuando le decimos a un paciente, “vos tenés sida”, el siente discriminación.

Para la MBN, más que en el interrogatorio se necesita un “escuchatorio”, más que un “dígame” y un oir es un “cuénteme” y escuchar.

Un aforismo hipocrático ya lo manifestaba hace 2500 años: “Muchos pacientes se curan con la satisfacción que le produce un médico que los escucha” (5)

Con la MBN podemos desentrañar el verdadero proyecto de vida del paciente y esto es trascendental porque constituye el “motor” para vivir tanto en la salud como en la enfermedad.

En palabras de Nietzsche: “cuando se tiene un por qué vivir, se asume cualquier cómo vivir”  (6)

La MBN es un modelo explicatorio: es la búsqueda del sentido del sufrimiento, porque como explica Spinoza: “Cuando tenemos una idea clara de por qué sufrimos, dejamos de sufrir, sigue el dolor pero es un dolor puramente físico, para el cual tenemos analgésicos, pero el sufrimiento como dolor total desaparece” (Spinoza.Etica,parte V).

La narrativa es “invisible” a la biología, se “visibiliza” en la biografía, de esta manera convierte “el caso” en una historia de vida.

La narrativa en sí misma es terapéutica no sólo para el paciente sino también para el médico, porque al “re-personalizar” esa relación la “des-alieniza”, vuelven a ser dos personas, dos seres humanos en un encuentro de  “inter-fecundidad”.    

Es la “yoidad” a través de la “otredad”. Como decía Levinas: “yo no soy el otro, pero necesito al otro para ser yo” (6)

Ya no serán “médico-robot” y “enfermo robot”, sino médico-persona y enfermo-persona.

Renacerá el ánimo y la esperanza, desaparecerá el desgaste y en consecuencia también el burnout

Pacientes y médicos se sentirán útiles entre sí: RMP será una relación solidaria y “des-medicalizante”

Al sentirse kantianamente personas, tendrán dignidad y no precio, serán sujetos y no objetos, se convertirán en fines en sí mismos y no en medios.

Algunas experiencias personales  con la MBN:


“Me siento leproso”

Un paciente afectado de Estafilodermia Psoriasiforme (el enfermo tiene profusión de escamas en todo el cuerpo) era rechazado ( debido a su aspecto) por familiares y amigos. Al preguntarle cómo se siente,  dijo: “me siento leproso”. Esa era la experiencia social de su padecimiento, más allá de lo  biológico.

Al conocer esa narrativa me expliqué por qué la cortisona (medicación electiva) que estaba tomando hacia un mes, no surtía efecto.

Una persona desafectivizada, excluida es un inmuno deprimido  (la psicoinmunología lo ha demostrado) y con la cortisona se estaba deprimiendo más.

Hablé con la familia y los amigos y les expliqué que hasta que no volvieran a comportarse con él como antes, con afecto y respeto, sobreponiéndose a la impresión de su aspecto, no se iba a curar. Así lo entendieron y actuaron.

A los diez días se había curado, manteniendo la cortisona. A la eficacia biológica se había agregado la eficacia simbólica, que la  psicoinmunología ha demostrado que actúa por los mismos intermediarios inmuno-cito-químicos; no es simplemente sugestión.

“Me toma el pulso”

En una oportunidad una viejita (el diminutivo es cariñoso) me pidió que le tomara el pulso. Miré el cardioscopio y sin acceder a su pedido, le dije: “tranquila abuela, tiene 80, está muy bien”. Pero me seguía pidiendo que le tomara el pulso y ante su insistencia le pregunto por qué, ya que la máquina era muy confiable y me contestó: “es que aquí nadie me toca”. La palpábamos pero no la tocábamos.

Razón tenía Benjamin cuando dijo: “en los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”. En nosotros está saciarla.

Los proyectos de vida son fundamentales, a tal punto, que podemos afirmar que más allá del comienzo biológico de la enfermedad (el día que aparecen los primeros síntomas), en sentido antropológico nos enfrentamos el día en que debido a esos síntomas, se ve interrumpido nuestro proyecto de vida. Por el contrario, empezamos a “sanarnos” el día en que a pesar de esos síntomas podamos reiniciar dicho proyecto.

Relataré algunas experiencias que avalan estas posturas.

“Eto non é vita”

Don Antonio (italiano, 75 años) era un hombre sano, pero a requerimiento de su familia le hago un “chequeo”. Dada su edad los valores de laboratorio estaban un poco por encima de los normales, nada significativo.

Como médico recién recibido y con poca experiencia, le indico un estricto “régimen higiénico-dietético” dentro del cual estaba la prohibición absoluta del alcohol.

A la semana, la familia me llama porque Don Antonio estaba enfermo y al revisarlo, realmente no estaba bien: hipotenso, adinámico, asténico. Cuando le pregunto cómo se sentía, me dice en un enternecedor cocoliche: “eto non é vita”. Como no le encontraba explicación, le pregunto a la familia si en esa semana había pasado algo que lo pusiera mal. Me dicen que desde que le instalé ese régimen no salía, y a dónde salía? pregunté. Me explicaron que todos los días invariablemente iba al bar de la esquina a tomar un “vermutino” con unos amigos veteranos de la guerra en Abisinia.

Entonces comprendí: ese “vermutino” con los amigos era su proyecto de vida y al desconocerlo, mi prescripción se había convertido en una “proscripción” .

Fue suficiente que volviera a esas salidas para que desaparecieran los antes mencionados síntomas.

“Ese es mi proyecto de vida”

A veces los proyectos de vida no son tan obvios y se necesita profundizar en la narrativa. Una buena estrategia es pedirle al paciente que nos relate un día habitual de su vida cuando estaba sano.

Un pastor protestante estaba en una unidad coronaria por un infarto agudo de miocardio con un angor inestable, asociación de gravísimo pronóstico.

En el relato a que nos referimos manifiesta lo siguiente: “Me levanto muy temprano, rezo, estudio, ordeno el templo (hablaba muy nervioso y angustiado, lo que se reflejaba en el cardioscopio por su gran inestabilidad eléctrica), y por la tarde vienen unos feligreses con los que tenemos un grupo de reflexión (a esta altura del relato se va calmando, no estaba tan nervioso, lo que se refleja también en el trazado elctrocardiográfico), y si viera, doctor, qué bien nos hacemos, yo a ellos y ellos a mí, pero ahora vaya a saber dónde están y yo aquí rodeado de tubos y aparatos” (vuelve a ponerse nervioso y también su co-relato en el cardioscopio). Le pregunto si ese grupo de reflexión era muy importante para él y después de pensar un poco me dice: “ahora que no lo puedo hacer me doy cuenta que ese es mi proyecto de vida”

Se localizó a ese grupo y dos veces por día, media hora, concurrían a la unidad coronaria y restablecieron aquel contacto. A los 3 días seguía el infarto pero había desparecido el angor inestable: Se había reintegrado a su proyecto de vida.

“No me dejen morir”

Teresita era una joven que a la mañana siguiente de su fiesta de 15   años amanece con una cuadriplejía por una poliomielitis. Estuvo once años en un pulmotor moviendo nada más que la cabeza.

Nunca en mi vida profesional conocí a alguien tan aferrado a la vida. Había aprendido a dibujar con la boca y hacía tarjetas de Navidad que las mandaba al Hospital de Niños: era su proyecto de vida.

Un día se complica con un cuadro abdominal agudo por una apendicitis. En esa época no existían los respiradores modernos que permiten que el paciente esté afuera del aparato; en el pulmotor estaba adentro y para revisar al enfermo se le ponía una campana con aire a presión cubriendo la cabeza. Este procedimiento permitía abrir el pulmotor pero por un lapso de no más de 15 á 20 minutos.

En esta situación la revisamos comprobando el abdomen agudo y ante la imposibilidad de la cirugía ( dado el escasísimo tiempo disponible) cruzamos nuestras miradas como diciendo: “Dios se apiadó de ella”. Cuando sacamos la campana y volvimos a  poner a Teresita dentro del pulmotor me dijo (como adivinando nuestro pensamiento): “Paco, háganme todo, hasta lo imposible, pero no me dejen morir, mirá que los chicos del Hospital de Niños esperan mis tarjetas”.

Ante ese pedido, un cirujano, uno de los más brillantes que he conocido, se animó y la operó fuera del pulmotor (dentro era imposible) con la mencionada campana. La operación duró exactamente 12 minutos y Teresita vivió 7 años más, mandando sus tarjetas al Hospital de Niños.

“Doctor, ¿me puede abrazar?”

Tenía que dar la tristísima noticia a una mamá que su hijito de 7 años con un sida terminal (post-transfusional, al comienzo de la epidemia), se iba a morir. Dije la consabida frase “ya no hay nada que hacer” a lo que la mamá me contestó: “sí hay por hacer”. “Qué puedo hacer?” le pregunté y con lágrimas en los ojos me dijo: “Doctor, me puede abrazar?”

Nunca volví a decir “no hay nada que hacer”, sino “ya no hay nada que tratar, como médico ya no puedo hacer nada, pero como persona, puedo hacer algo por usted?” Y siempre se puede hacer algo. Cuando ya no hay “tekné”, siempre hay “medeos”.

Estamos (mal) acostumbrados a decidir por el paciente pensando que nuestras decisiones son las mejores, pero éstas pertenecen siempre al enfermo y no a nosotros, por mejor intencionados que estemos.

Ante un paciente terminal frecuentemente (y muchas veces a pedido de la familia) aumentamos la dosis de sedantes para que no sufra, para que “no se de cuenta”. Pero siempre, es así?. En muchas ocasiones debemos tener el coraje (porque no es fácil) de avisarle al enfermo de sus últimos momentos.

En la Edad Media la gente elegía a un amigo que tenía la obligación de anunciarle su final. Le llamaban el “nuncius mortis”.

¿Por qué debemos proceder así?. Porque la inminencia de la muerte es el momento reflexivo más trascendente de la vida, el momento de las grandes decisiones y no me refiero solamente a las testamentarias sino, más importante aún, las afectivas. En mi experiencia de  años en terapia intensiva fueron muchos los pacientes que me decían: “cuando llegue el momento, no quiero sufrir pero quiero estar lúcido”
Relataré algunas de ellas:

“Llamen a un juez”

Un paciente en esas condiciones pidió: “llamen a un juez”. Vivía en concubinato hacía 10 años. Llegó el juez, llamó a su concubina y… se casó!!!! Me dijo: “recién ahora me atrevo”. Falleció al día siguiente.

“Doctor, llame a este teléfono”

En similares circunstancias, un paciente me dio un nº de teléfono y me pidió que llamara  y a la persona que atendiera le dijera que él estaba internado y quería verlo.

Cumplí su deseo y al rato llegó un señor corriendo preguntando dónde estaba el paciente. Fue a su cama, quedó inmóvil unos segundos y se entrelazaron en un estremecedor abrazo y lloraron un largo rato.. Cuando se fue, el paciente me llamó y me dijo: “Doctor, gracias por la gauchada de llamar por teléfono. El que se fue es mi hermano. Hace 15 años lo eché de mi casa, lo eché mal, yo tenía la culpa. Nunca tuve el coraje de pedirle perdón, ahora que sé que voy a morir, recién ahora me atreví a pedirle perdón y me perdonó”

Tuvo un gesto que nunca voy a olvidar. Me tomó las manos y me dijo: “Gracias por dejarme morir en paz”

Volví a la mañana siguiente, se había muerto la noche anterior.

Le pregunto a la enfermera de ese turno (para no inducirle la respuesta): “vos estuviste cuando se murió ese enfermo, notaste algo diferente?”. Me respondió: “Mira, Paco , en años de terapia intensiva nunca vi morir a alguien con tanta paz, aún muerto parecía que estaba  sonriendo”

En conclusión y volviendo a las fuentes, uno de los aforismos de Hipócrates lo revela con claridad meridiana: “muchos enfermos se curan solamente con la satisfacción de un médico que los escucha”, (se adelantó 2.500 años a Freud)

Dentro de una formación biologicista-positivista nos enseñan en la Facultad de Medicina a interrogar y no a escuchar.

Con el interrogatorio estamos al lado del enfermo pero con el “escuchatorio” estamos del lado del enfermo.

Ni más ni menos es la narrativa y lo más importante es que es terapéutica.

Bibliografía
1.- Lain Entralgo: “La relación médico-enfermo”.Acento, Madrid,1990
2.- Unamuno M de: “El sentido trágico de la vida”. Espasa-Calpe, Madrid, 1961.
3.-Feinstein A R: “Problems in the “Evidence” of “Evidence Based Medicine”. Am J of Med, Diciembre, 1997.
4.- Greenhalgh T: “Narrative Based Medicine”. BMJ.January, 1999
5.- “Hipócrates, Aforismos y sentencias” Ed. Del Zorzal, BsAs, 2009
6.- en: Aubrol, F (1993) “Los filósofos”, Madrid, Acento

* Dr. Francisco Maglio: Médico infectólogo, ex jefe de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Muñiz, autor de numerosos trabajos de la especialidad y de varios libros: Reflexiones y algunas confesiones, Síndrome de Burnout en médicos entre otros. Ha realizado una formación en Antropología Médica en la UBA. "La dignidad del Otro" y "Lo que mis pacientes me enseñaron" en la colección Puentes de la editorial Libros del Zorzal.

Comentarios

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Dra. Veronica Raquel Kristanavicius   Hace más de un año
Excelente!
Lic. marcela sandra mirian niembro   Hace más de un año
"La MBN consiste básicamente en las subjetividades dolientes ( más que en las objetividades medibles), esto es, lo que el enfermo siente qué es su enfermedad, la representación de su padecimiento, la experiencia social de lo vivido humano como enfermo."
Que frase justa para lo que me ha ocurrido en lo personal. Que bueno seria si los profesionales médicos pusieran en practica esta bella frase
Tengo esclerosis múltiple desde hace diez año,y mi medico falleció hace dos, el nos enseño a mi marido y a mi que era una persona con una enfermedad y no una enfermedad ambulante. desde ese momento nos tomamos la vida de otra forma y disfrutamos de las pequeñas cosas que logramos juntos.soy Llic. en enfermería y ejerzo como tal. estoy en busca de un profesional que no solo le interese comercializar con mi patología, y que me vea con un signo monetario, como me ha ocurrido , con un profesional que sin reparo me indica un medicamento nuevo que se llama fingolimod y cuando me quiero interiorizar sobre que se trata, me responde : vos preguntas mucho, me dio la receta y me sugiere pedilo a la O.S ,.tenelo, guardalo y si queres tómalo.

Anteriormente cuando le digo que sigo mal de la vista y que porque no me daba corticoides par el brote, me dice que si el me indicaba corticoides , yo iba andar bien y no me iba a poder indicar el fingolimod.
Todavía no lo puedo creer, PERO TENGO FE QUE VOY A ENCONTRAR A ESE PROFESIONAL QUE SEA COMO ESTA FRASE Y COMO MI MEDICO QUE DIOS LO TIENE EN LA GLORIA.
Dra. MARIELA GUTIERREZ RAMOS   Hace más de un año
soy dentista solo puedo decir que es cierto la cordialidad el trato amable y el brindar mas que todo una esperanza en mi caso una sonrisa nueva que psicologicamente puede sinceramente dar un nuevo rostro al paciente darle seguridad poner lo mejor de uno hacer siempre lo mejor posible en cada caso buscando la belleza en cada diseño de sonrisa mostrando lo que podemos hacer antes de hacerlo para dar seguridad de lo que viene a futuro y no hacerlo vivir al paciente en la incertidumbre de las interrogantes comunes que pasara? que hara? me dolera? pusiendo calmar la ansiedad del paciente creo es lo mejor felicitaciones doctor por compartir sus experiencias


Dr. Alberto Zozaya   Hace más de un año
Dr Maglio quizas exageré al decir artista pero lo dije en el sentido de que el medico deberia tener una vision sensible del otro(el paciente),y cuando digo sensible quiero decir empatica no olvidando nunca que la narrativa generada es como un bucle recursivo donde entre otras cosas el fin principal es curar(cuidar) al paciente.Despues de todo "la obra de arte" bien tiene todo el derecho de decir existe un tal creador
Dr. Alberto Zozaya   Hace más de un año
QUERIDO DR MAGLIO ALGUIEN DIJO QUE LA EXPERENCIA ES COMO UN PEINE QUE UNO RECIEN TIENE CUANDO SE QUEDÓ PELADO QUE GRANDE LO TUYO VOS ESTAS JUBILADO(PELADO) Y SIN EMBARGO TU EXPERIENCIA(PEINE) LA USAS,DANDONOSLA A NOSOTROS LOS MAS JOVENES ENSEÑANDONOS A ESTAR ALERTA A NO CONVERTIRNOS EN MEROS TECNICOS DE LA MEDICINA SINO EN VERDADEROS ARTISTAS
Dr. Alberto Zozaya   Hace más de un año
QUERIDO DR MAGLIO ALGUIEN DIJO QUE LA EXPERENCIA ES COMO UN PEINE QUE UNO RECIEN TIENE CUANDO SE QUEDÓ PELADO QUE GRANDE LO TUYO VOS ESTAS JUBILADO(PELADO) Y SIN EMBARGO TU EXPERIENCIA LA USAS,DANDOLA A NOSOTROS LOS MAS JOVENES ENSEÑANDONOS A ESTAR ALERTA A NO CONVERTIRNOS EN MEROS TECNICOS DE LA MEDICINA SINO EN VERDADEROS ARTISTAS
Dra. maribel muñoz   Hace más de un año
Realmente maravilloso, nunca debemos olvidar lo humanos que somos y cuanto cariño y respeto merecen nuestros pacientes. La mejor recompensa es saber que tu paciente te ve como tu amigo y confidente.
Dra. Mirta Elda Eiras   Hace más de un año
Es asi de cierto."Jamas podremos ayudar al cuerpo ,sin antes tratar de escuchar y entender que nos quiere expresar con sintomas y con palabras , ese otro ser humano que nos justifica el SER medicos"

El Dr Maglio nos lo recuerda-----

:Gracias .

Dra Mirta Eiras
Dra. Maria del Cisne Ochoa Espinosa   Hace más de un año
Muchas felicitaciones, el texto revela la verda en lo que nos convertimos los medicos a no escuchar si no mas bien solo a codificar una enfermedad y no a verlo con a una persona que necesita de nosotros para seguir adelante...
Dra. Ileana Algazi   Hace más de un año
Excelente expresión de vocación y amor por el servicio al prójimo que representa la Medicina. Ojalá siempre estuviese presente ese primer impulso idealista que nos ha llevado a ser médicos cuando trabajamos en el día a día. Es la forma de mantener vivo nuestro "proyecto de vida" y ayudarnos a nosotros mismos a vivir.

Gracias Dr. Maglio.
Lic. Reyna Lopez   Hace más de un año
Excelente articulo ya que es muy importante escuchar al paciente a veces es lo que mas necesita, ser escuchado.
Dr. Jesus Humberto Rodriguez Vega   Hace más de un año
muchas felicidades por el texto es excelemte y esto nos hace reflexionar sobre el principio basico de la medicina que es el paciente, el ser humano, la persona..........
Dr. Evaristo Salazar   Hace más de un año
GRACIAS PACO !!! TU EXISTENCIA LE DEVUELVE EL ALMA A LA VOCACIÓN MEDICA..
GRACIAS A DIOS PUDE CONOCER TUS LIBROS Y CONOCERTE PERSONALMENTE.
Dr. Jorge Luis Salcedo Restrepo   Hace más de un año
Medicina sin piel y si sentimientos no es medicina.
Sr. Anthony Edgar Zárate Robles   Hace más de un año
Sinceramente esto me motiva a mejorar en la relación que se vive con los pacientes, cuánto quisiera que esto nos enseñaran en la facultad de medicina, donde le ponen énfasis a las preguntas para llegar al diagnóstico, que es importante claro, pero nada sobre escuchar de verdad al paciente. Si muchas veces los estudiantes no escuchan verdaderamente a sus pacientes es porque a algunos no les enseñaron a escuchar, esto lo he vivido cuando he visto a los docentes atender en la consulta externa de los hospitales, si no nos dan el ejemplo, ¿cómo aprenderlo?, aunque este artículo me está enseñando mucho quiero seguir aprendiendo.
Dra. Monica Andrea Reingold   Hace más de un año
El Dr Maglio fue ayudante mío de Infecciosas en los años 70. Es uno de los docentes que más recuerdo de toda mi carrera. Nos daba clases de Clínica Médica pero sobretodo de humanismo , de preocupación y respeto por el otro. Me maravilla ver que pese al paso del tiempo, y al avance de la tecnología el Dr, Maglio considera a la Medicina como un quehacer humano por excelencia. . Gracias por sus palabras.
Dra. Mónica Reingold. Argentina
Dra. Alejandra Monica Abeldaño   Hace más de un año
Imperdible estas reflexiones del Dr. Maglio. Soy una seguidora de la Medicina Narrativa, y he incluido como parte del entrenamiento de mis residentes, la lectura de algunas páginas de grandes clásicos de la literatura, una vez por semana. La humanización de nuestro quehacer diario en la era de la tecnologia digital, de la inmediatez, es una práctica necesaria. Fomentar la lectura ayuda a contar de una manera mas rica las narraciones de nuestros pacientes, que son mas que la historia clinica, son su historia de vida.
Dra. Marcela Ortega López   Hace más de un año
Antes que medicos somos seres humanos y aunado a esto somos mujeres o hombres, ambos con un legado propio, una historia y por supuesto no estamos excentos de enfermarnos. Que hermoso que lo que yo pueda darles a mis pacientes me sea regresado cuando yo sea paciente. El contacto humano es lo que nos hace ser lo que somos. Muy lindo articulo, para nunca dejar de escuchar.
Dr. Jose Luis Gonzalez Polar Garces   Hace más de un año
El tiempo y la competencia por ser "mejores medicos" nos aleja del verdadero fin de nuestra profesion que es el acompañar al enfermo y la familia en esos momentos dificiles y si se puede a aliviarles el mal. Muchas gracias Dr Maglio
Dra. Maria Teresa Fagalde   Hace más de un año
Muchas gracias Dr. Maglio por compartir sus experiencias. Es buenísimo contar con médicos argentinos que van narrando sus vivencias y nos muestran que lo que puede estudiarse en antropología médica, en bioética y afines no son conceptos abstractos sino fruto de la realidad. Gracias por reflexionar lo vivido y transmitirnos sus valiosas conclusiones.
Dra. Irene Gabriela Shliapochnik   Hace más de un año
Siempre es hermoso escuchar o leer un texto del dr.maglio,sus charlas siempre convocan tanta gente,que los auditorios no alcanzan en su capacidad.Le agradezco tanto que me haya enseniado el escuchatorio,hace mucho tiempo,siento que me ayudó a ser mejor médica,y mejor todavía,más persona.Gracias por difundir el texto comp[leto con las expoeriencias clínicas.
Dr. Carlos Raul Guzmán Duxtan   Hace más de un año
Gran mensaje, en especial para la nueva generación de médicos jóvenes que parece se han "cansado de escuchar"... aun antes de haberlo intentado.
Dr. Efraín González Cruz   Hace más de un año
El texto en verdad conmovedor. Como tal, remueve muchos sentimientos. Aún percibiéndome como alguien con una muy buena capacidad de escucha, el texto hace que refuerce "mi proyecto de vida".

Lo iré compartiendo con colegas y conocidos para que esta línea de pensamiento se vaya extendiendo cada vez más.

Muchas gracias al doctor Francisco Maglio por tan estupendo texto.
Los más...
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