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Escepticemia, por Gonzalo Casino | 09 NOV 11

Dinámicas de la creatividad

Sobre los mitos de la personalidad creativa y la dificultad de estudiarla científicamente
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Albert Einstein decía que si un científico no había hecho alguna gran aportación a la ciencia antes de cumplir los 30 años ya no la haría nunca. Él publicó su teoría de la relatividad especial cuando contaba 26 años y era un joven físico desconocido que trabajaba en la Oficina de Patentes de Berna. Igualmente, otros destacados físicos de principios del siglo XX, como Werner Heisemberg, Paul Dirac o Wolfgang Pauli, hicieron sus grandes contribuciones cuando eran unos veinteañeros. Pero la imagen romántica del genio científico juvenil, ya ciertamente erosionada por el paso del tiempo y la creciente complejidad de la ciencia, se ha desmoronado con un estudio sobre la dinámica de la creatividad en los premios Nobel.

Un físico no está ni mucho menos muerto a la edad de 30 años, como creían Einstein, Dirac y tantos otros. Tampoco lo están un químico o un investigador médico. El análisis histórico y biográfico de los 525 científicos galardonados con un Nobel de Física, Química o Medicina entre 1900 y 2008 revela que la edad media a la que un científico de primer nivel hace su gran descubrimiento se ha ido alargando con el tiempo y ahora está más próxima a la cincuentena que a la treintena. Si en los primeros años del siglo XX estaba en 36,9 años para la Física, 36,1 para la Química y 37,6 para la Medicina, en los últimos 30 años ha pasado a 50,3; 46,3 y 45, respectivamente.

Este estudio, publicado en el número del 7 de noviembre de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) por Benjamin F. Jones y Bruce A. Weinberg (doi: 10.1073/pnas.1102895108), muestra que la relación entre edad y creatividad científica ha variado mucho más en función del tiempo que del área de conocimiento. Si antes de 1905, el 69% de los químicos, el 63% de los médicos y el 60% de los físicos tenían menos de 40 años cuando hicieron el hallazgo que les valió el Premio Nobel, e incluso un 20% de ellos tenían menos de 30 años, actualmente hacer una gran aportación científica antes de los 30 es realmente excepcional.

Los autores de este estudio sugieren que la precocidad se ha dado en trabajos esencialmente teóricos, con un importante componente abstracto y deductivo, y que la edad en la que se hace alguna contribución relevante tiende a alargarse por la acumulación de conocimientos. Para hacer una innovación hay que superar primero la difícil tarea de dominar el campo de conocimiento, como concluía el gran expertoen el estudio del genio y la creatividad Mihaly Csikszentmihalyi, tras estudiar la vida y la obra de casi un centenar de creadores contemporáneos.

La fórmula de la creatividad no es, desde luego, una fórmula matemática. La innovación es polifácetica y probablemente tan poliforme como la propia inteligencia humana. Por eso es tan difícil de definir y estudiar. El mito romántico del genio (juvenil, para más señas) ha distorsionado tremendamente el concepto de creatividad, una capacidad que por otra parte es intrínsecamente humana y que necesita ser entrenada como cualquier otra capacidad. Se puede ser creativo de muchas maneras, en muchos ámbitos y más allá de la juventud. La creatividad científica es, sin duda, muy exigente, pero ¿acaso la artística o, sin ir más lejos, la clínica lo es menos? Para ser un buen médico hay que dominar el propio campo y ser además capaz de desplegar una imaginación comprensiva y empática que exige años y años de pasión y entrenamiento.

Gonzalo Casino (Vigo, España, 1961) es periodista y pintor. Su curiosidad se enfoca hacia las confluencias del arte y la ciencia, el lenguaje y la salud, la neurobiología y la imaginación, la imagen y la palabra. Licenciado en Medicina, con postgrados en edición y bioestadística, trabaja en Barcelona como periodista científico e investigador y docente de comunicación biomédica, además de realizar proyectos individuales y colectivos como artista visual. Ha sido coordinador de las páginas de salud del diario El País y director editorial de Ediciones Doyma (después Elsevier), donde ha escrito desde 1999 y durante 11 años la columna semanal Escepticemia, con el lema “la medicina vista desde Internet y pasada por el saludable filtro del escepticismo”. Ahora ha reanudado esta mirada sobre la salud y sus intersecciones con la biomedicina, la ciencia, el arte, el lenguaje y otros artefactos en Escepticemia.com y en el portal IntraMed.
* Archivo completo de Escepticemia desde 1999

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