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Un componente en el que se piensa poco | 27 OCT 09
El asco, el 'ingrediente' olvidado de algunas enfermedades mentales
Se inicia un estudio de la sensibilidad al asco y trastornos de ansiedad. En la repugnanacia podrían estar implicados la anorexia y ciertas disfunciones sexuales. Aunque no se saben sus mecanismos, podría contribuir a la causa de algunas fobias.

PATRICIA MATEY

MADRID.- A María le repugnan las arañas y Clara siente auténticas náuseas cuando está cerca de un plato de espinacas. El caso de Juan Miguel es más grave e invalidante. Su miedo a contraer una enfermedad le empuja a lavarse las manos constantemente.

El asco, con todas sus letras, es una emoción negativa y protectora del organismo (previene la contaminación o la enfermedad) pero, también, puede ser algo más, ya que juega su papel en determinadas enfermedades psiquiátricas.

Pese a que ya hay voces que reclaman que la emoción de asco o la repugnancia ha sido 'la gran olvidada de la psiquiatría', tal y como recogió un editorial publicado en el 'British Journal of Psychiatry'; científicos españoles están dispuestos a ahondar en su 'significado psicopatológico' gracias a un nuevo proyecto de investigación, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación que ya está en su fase inicial.

"Pretendemos estudiar la sensibilidad al asco en población española (algo que hasta ahora no se ha hecho), elaborar un sistema de evaluación del asco y la sensibilidad al mismo, y estudiar su relación con los trastornos de ansiedad, especialmente con los miedos y fobias a ciertos animales (animales conceptuados comúnmente como repugnantes), fobias a la sangre (inyecciones-daño), y con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), dado que muchos de estos pacientes tienen reacciones asco y temor a la de contaminación, más que respuestas de ansiedad propiamente dichas). También consideramos su papel en otros posibles trastornos, como los de la alimentación", aclara a elmundo.es Bonifacio Sandín Ferrero, director del Grupo de investigación de Psicopatología y Salud de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y catedrático de Psicopatología.

Y es posible que "aunque no existan datos epidemiológicos sobre esta cuestión, el porcentaje de personas que experimentan respuestas excesivas de asco sea elevado. También es probable que en su mayor parte tales respuestas sean perturbadoras para el individuo, bien porque interfieran en su vida cotidiana o porque se asocien a otros trastornos psicológicos", sugiere este experto.

Como 'adelanto' al proyecto, este investigador y su equipo acaban de publicar un artículo en 'Revista de Psicopatología y Psicología Clínica' donde analizan las razones por las que el asco forma parte importante de la etiología y la manifestación de diversos trastornos psicológicos.

"El asco, al igual que el miedo, nos protege del posible peligro o daño producido por ciertos agentes externos o extraños al organismo, pero también puede generar trastornos si sobrepasa su valor funcional al inducir respuestas excesivamente intensas o inapropiadas", especifica Bonifacio Sandín.

¿Trastornos del asco?

Aunque según este especialista aún es demasiado pronto para afirmar tajantemente que sentir repugnancia predice el riesgo de desarrollar una enfermedad psiquiátrica, "actualmente existe evidencia de su implicación en algunos trastornos de ansiedad y también hay datos de su relación con los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia nerviosa), el estrés postraumático, las disfunciones sexuales, la hipocondría... Además hoy en día se está estudiando si existen trastornos propiamente asociados a la repugnancia en sí misma, es decir trastornos donde la perturbación central sea el asco como tal (trastorno del asco)", agrega.

En las fobias, por ejemplo, la perturbación central "se ubica en la propia emoción de miedo y constituyen trastornos en sí mismos. Pensamos que con el asco puede suceder algo similar. Por ejemplo, algunos problemas conceptuados actualmente de cierto tipo psicopatológico o psiquiátrico podrían ser más bien trastornos del asco. Es el caso de algunas fobias, como a la sangre".

Tratar la repugnancia extrema es posible. "Puede abordarse utilizando técnicas de tratamiento cognitivo-conductual similares a las que se emplean para tratar algunos de los trastornos de ansiedad, donde tanto la exposición como la reestructuración cognitiva juegan un papel fundamental", indica este profesor de la UNED.

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