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Estudio en EEUU | 17 OCT 07
Motivaciones de los adolescentes para el abuso de medicamentos de prescripción
Un alto porcentaje de adolescentes utilizan drogas de prescripción para propósitos no médicos.
Autor: Dres. Boyd, C; McCabe, S; Cranford, J; Young, A. Fuente: Comentario y resumen objetivo: Dra. Maria Eugenia Noguerol Adolescents' Motivations to Abuse Prescription Medications. Pediatrics 2006;118;2472-2480

Según un estudio nacional sobre uso de drogas y salud realizado en Estados Unidos en el 2004, el 9% de los adolescentes entre 12 y 17 años utilizaron drogas de prescripción para propósitos no médicos en el último año: 7% medicación analgésica, 2% estimulantes, 2% tranquilizantes y 0.5% sedantes; sin embargo, los motivos para el uso indebido de las mismas no fueron determinados. A pesar de que el consumo ilícito de  medicamentos de prescripción está en aumento, existen pocos datos acerca de las motivaciones de los adolescentes para esta forma de uso de las drogas.

Antecedentes

Daniel y col. encuestaron a una población de 9 a 18 años de edad (764 mujeres y 804 varones). Su estudio se basó en datos obtenidos a partir de 2 preguntas: “¿Has compartido alguna vez medicación prescripta con otros?” y “¿Le has pedido alguna vez medicación de prescripción a otros?”, acompañadas de un informativo con 14 razones para pedir o compartir estas drogas, y con el objetivo de  determinar la frecuencia de esta situación en niños y adolescentes. Aproximadamente el 20% de las mujeres y el 13% de los varones reconocieron haber pedido y/o compartido medicamentos de prescripción en alguna ocasión, con una diferencia de sexos estadísticamente significativa. De las mujeres, el 16% había pedido prestadas, y el 15% había compartido sus prescripciones; el 7% de las mujeres entre 15 y 18 años había compartido medicaciones por lo menos 3 veces. Los encuestados no indicaron qué tipo de drogas habían consumido.

En un estudio exploratorio realizado en estudiantes de nivel medio y superior en el 2003, se interrogó sobre uso de analgésicos sin prescripción médica: el 22% de las mujeres y el 10% de los varones reconocieron el uso indebido de los mismos. El 34% los obtuvo por familiares, y las razones referidas fueron generalmente para aliviar el dolor.
En el estudio de Boyd y col. sobre abuso de inhaladores para el asma, se observó que los estudiantes que usaban en forma incorrecta los inhaladores prescriptos para su tratamiento eran más susceptibles al consumo de cigarrillos, marihuana, alcohol y al abuso de drogas ilícitas, sin diferencias entre sexos, indicando que éstas pueden variar según el tipo de droga.

Teter y col. evaluaron los motivos para el abuso de estimulantes en una muestra al azar de 9161 universitarios; el 8% los había utilizado sin indicación médica en alguna ocasión. Se solicitó a los estudiantes (n = 689) que describieran las razones para su uso ilícito: los motivos más frecuentes fueron mejorar la concentración, aumentar el estado de alerta, y elevar el ánimo; no variaron según sexos. Para determinar el abuso de estimulantes, Pasillo y col. evaluaron a 370 estudiantes, no encontrando  diferencias en las motivaciones entre ambos sexos; el 13% reconoció haber consumido estimulantes que no fueron prescritos para sí mismos. El 27% refirió consumirlos durante la semana de finales, el 15% antes de exámenes, y el 12% cuando finalizaban. Cuatro de los 10 estudiantes a los que se les había recetado estimulantes reconocieron también el uso no médico de los mismos.

Varios estudios reportaron aumentos recientes en el índice de prescripción de medicaciones de potencial abuso en Estados Unidos: entre 1992 y 2002, la prescripción de analgésicos opioides aumentó cerca del 222%, de benzodiazepinas el 49%, y de estimulantes cerca del 368%. La evidencia empírica, aunque limitada, sugiere que el exceso en la prescripción de medicamentos podría conducir al aumento del uso erróneo y/o abuso de estas drogas.

Métodos

En 2005 se realizó un estudio exploratorio en 1086 jóvenes de 12 a 18 años de una comunidad del sudeste de Michigan, con el objetivo de determinar los motivos para el abuso de 4 clases de drogas de prescripción: inductores  del sueño, sedantes/ansiolíticos, estimulantes y analgésicos opioides, y evaluar si las motivaciones para el consumo se asociaban a mayor riesgo de abuso de otras sustancias, según lo indicado en la Prueba de Investigación de Abuso de Drogas (DAST-10).

La población consistió en estudiantes de 7º a 12º grado seleccionados al azar. Se solicitó aprobación por el Comité de Ética y se garantizó la confidencialidad. Se envió un consentimiento informado a los padres para permitir la participación del estudiante; el 73% lo firmó y de éstos el 94% participó del estudio. La tasa de respuesta final para la encuesta  fue del 68% sobre los datos recolectados.
Se asignó a cada estudiante un número de identificación personal (PIN) y se lo invitó a completar la encuesta en la Web. Los datos obtenidos fueron almacenados y protegida su confidencialidad. Los PIN otorgados a los 1086 estudiantes les permitió tener acceso confidencial a la encuesta de la Web.

Muestra

Se encuestaron estudiantes del distrito escolar de Detroit, Michigan, área metropolitana. La muestra incluyó 54% varones y 46% mujeres; el 52% de raza blanca, 45% raza negra, y 3% de otros grupos raciales. El 18% estaba en 7º grado, el 18% en  8º, el 23% en 9º grado, el 16% en 10º grado, el 12% en 11º grado, y el 12% en 12º grado.

Definiciones

Se definió como “uso no médico”, “abuso”, o “uso ilícito” de  medicamentos de prescripción cuando esta era usada para crear un estado de alteración, lograr estimulación, por motivos distintos a la indicación médica inicial o sin prescripción por personal médico. Se definió “uso médico erróneo” al consumo de un medicamento indicado para la persona y para el propósito acordes, pero en dosis inadecuadas y/o fuera del intervalo interdosis prescrito.

Medidas

Se realizaron preguntas dirigidas al consumo específico de: 1-inductores del sueño; 2-sedantes/ansiolíticos; 3-estimulantes; y 4-medicación analgésica. Las posibles respuestas fueron “nunca”, “no sabe/ no contesta” o “afirmativa” para evaluar la frecuencia de consumo.
El uso médico de drogas de prescripción se determinó preguntando: “¿Basó el consumo en la prescripción de un profesional, y en cuántas ocasiones en su vida y en el último año usó los siguientes tipos de drogas?”. Se incluyeron categorías similares de respuestas para el uso no médico de dichas medicaciones.

Las motivaciones para iniciarse en el abuso de medicamentos se  determinaron interrogando  acerca de las razones del uso no médico de cada medicación. Si la motivación era coincidente con la indicación terapéutica de la droga, se consideró como auto-tratamiento. Si se referían a otro tipo de motivaciones, se consideró como conducta de riesgo.
El abuso de alcohol y de marihuana se determinó a partir de un estudio nacional previo en estudiantes de 8º, 10º, y 12º grado. Se usaron como parámetros el consumo de alcohol o drogas en el último mes, en el último año o en algún momento de la vida. Para evaluar diferencia entre sexos con respecto al abuso de alcohol se tomó como medida la frecuencia de por lo menos un episodio de borrachera (por lo menos 4 bebidas para las mujeres y 5 bebidas para los varones) en las últimas 2 semanas.

Se utilizó una versión modificada del DAST-10 como encuesta autoadministrada para evaluar  el potencial abuso y dependencia a drogas distintas del alcohol (drogas ilegales y abuso de medicación de prescripción), con coherencia interna aceptable (Cronbach’s alfa=0.86) y una  confiabilidad de 0.70.
Se aplicó el DAST-10 en aquellos que admitían el uso de drogas, y debido a que la primera pregunta correspondía al uso de drogas sin razón médica, se los incluyó en el subgrupo que usaban drogas sin prescripción. Por esta razón se tomó un punto de corte superior para considerar un DAST-10 positivo. Si se respondía ≥3 puntos del DAST-10 afirmativamente, se consideraba positivo, denotando un riesgo moderado para el abuso de sustancias.

Análisis de datos

Se incluyeron 1086 encuestados, realizándose el análisis estadístico con SPSS 14.0 (SPSS Inc., Chicago, IL). Para determinar prevalencia, se dividió el número de  estudiantes que revelaban el comportamiento evaluado por el número total de estudiantes que respondieron la pregunta. Para determinar si el motivo para iniciarse en el uso no médico predecía un score de DAST-10 positivo, se creó un índice de  motivaciones para cada una de las 4 drogas. Se utilizó el DAST-10 como variable dicotómica, tomando como punto de corte un puntaje ≥3 como score positivo.

Finalmente, como los analgésicos opioides eran la medicación más probablemente consumida en forma ilegal, se centró el estudio en aquellos que revelaron el uso de esta droga. Se crearon 2 grupos: uno de automedicados, definido como aquellos que utilizaron analgésicos opioides sin prescripción médica solo para calmar el dolor; y un grupo de riesgo definido como estudiantes que utilizaron los mismos también para otra razones.

Resultados

Un 12% de los estudiantes consumió opioides para el dolor en los últimos 12 meses; el 3% inductores del sueño; el 2% sedantes/ansiolíticos y el 2% estimulantes. No hubo diferencias entre sexos salvo para los analgésicos, dónde las mujeres mostraron mayor tendencia a su consumo ilícito (x² = 9,9; p<0,01). Los varones presentaron mayor tendencia a la adicción (como razón del uso no médico) para 3 de las 4 clases de drogas. Sin embargo, este subgrupo fue pequeño, por lo cual los resultados deben ser interpretados cautelosamente.
Las motivaciones variaron según la clasificación de la droga: por ejemplo, el 75% de los estudiantes que utilizaron medicación para dormir sin prescripción en el último año, reveló que su única razón fue lograr dicho efecto.

Sin embargo, los motivos para el uso ilícito de analgésicos fueron más diversos. Aunque el 69% los usó solo para control del dolor y el 79% incluyó como motivación el alivio de dicho síntoma, un 11% reveló utilizarlos para estimularse. Con respecto a los estimulantes el 29% refirió utilizarlos solo para mejorar la concentración o el estado de alerta, y el 21% 2 o 3 motivaciones; mayor estimulación, mejorar la concentración y aumentar el estado de alerta. Pocos habían utilizado sedantes/ansiolíticos en el último año: los motivos más frecuentes fueron para ayudar a dormir, disminuir la ansiedad, y conseguir estimulación.
De los 338 encuestados que admitieron el uso de drogas en algún momento de su vida, el 20% contestó “no” cuando se preguntó: “¿En los últimos 12 meses fuiste capaz de suspender el consumo de la droga cuando te lo propusiste?”.

Los autores sugieren que el uso no médico de medicamentos de prescripción se asoció con un aumento general en el abuso de sustancias, particularmente de analgésicos opioides.
Para los analgésicos opioides, cuando aumentó el número de motivaciones para su consumo,  también aumentó la probabilidad de un DAST-10 positivo. Por cada motivo adicional revelado, la probabilidad de un DAST-10 positivo aumentó 1,8 veces. Mediante regresión logística, el análisis indicó que el índice de uso-motivo por dolor predijo una mayor probabilidad de un DAST-10 positivo, aún cuando la edad, sexo, y etnia fueran controlados (OR: 1,8; IC95%: 1,2-2,6).

Aunque los subgrupos para las otras medicaciones eran demasiado pequeños para realizar un análisis multivariado, se evaluó si aquellos con un valor positivo en el DAST-10 revelaron más de un tipo de motivo. Se compararon 2 grupos de usuarios de opioides: los automedicados para controlar el dolor (n= 86) y los que revelaban otras razones para su uso (n= 41). Se encontró que el DAST-10 era más alto en el grupo de riesgo (media: 3,90) comparado con el grupo de auto-tratamiento (media: 1,67) (t125= 6,3; p<0,01). Se observó además que el consumo de marihuana en el último año fue significativamente superior en el grupo de riesgo (media: 4,03) comparado con el otro grupo (media: 2,90) (t63= 2,1; p<0,05). Esta diferencia se observó también para el abuso de alcohol (ej: uso en el último año: media del grupo de riesgo: 3,82 vs. media del grupo de autotratamiento: 2,75 [t117= 3,1; p<0,01 de P]). El número máximo de tragos consumidos en un período de 2 horas en el último año fue significativamente más alto en el grupo de riesgo (media: 5,15) comparados con el otro grupo (media: 2,84) (t114=2,5; p< 0,05).

No se encontraron diferencias significativas entre sexos, a excepción de un ítem en el DAST-10 en el que los varones presentaron mayor probabilidad de incurrir en actividades ilícitas para obtener las drogas con respecto a las mujeres (x²= 5; df= 2; p< 0,02).
 
Discusión

En estudios anteriores en EEUU el 9% de los jóvenes de 12 a 17 años reconoció el uso de medicamentos sin prescripción durante 2004; 7% fueron analgésicos opioides. En la muestra del estudio el uso ilícito de medicamentos fue del 14%, con un 12% para opioides. Las diferencias entre los datos nacionales y los obtenidos por los autores podrían relacionarse con que las poblaciones estudiadas fueron diferentes. La de este estudio abarcó estudiantes de 7º a 12º grado de diversas etnias de una escuela pública, en contraste con estudios nacionales con muestras al azar de estudiantes de 8º, 10º, y 12º grado, o bien hogareñas. Los estudios realizados en escuelas y la recolección de datos a través de la web han producido estimaciones más altas del uso de drogas que las encuestas hogareñas, siendo esto un posible factor de discrepancia.

Los encuestados refirieron motivos para el uso no médico que eran consistentes con las indicaciones terapéuticas para cada tipo de droga. Por ejemplo, el 79% refirió el uso de analgésicos para disminuir el dolor, el 69% el uso de hipnóticos para “mejorar el período de sueño”, y el 46% el uso de sedantes/ansiolíticos para “disminuir la ansiedad”. Para el uso de estimulantes fue diferente; refirieron utilizarlos “para estimulación” o “como experimentación”  más que para “ayudar con la concentración” o “aumentar el estado de alerta”.

Estudios previos realizados por los autores sobre opioides y uso de inhaladores para el asma demostraron la relación entre el uso no médico de la droga prescripta y otras formas de abuso de sustancias entre adolescentes; esta información coincidió con los resultados obtenidos recientemente sobre riesgo de abuso de sustancias asociado al uso no médico de drogas de prescripción. Cada motivación adicional declarada aumentó la probabilidad de un puntaje más alto en el DAST-10. A mayor número de motivaciones, mayor probabilidad de riesgo para abuso/dependencia de sustancias. Sin embargo, habría 2 grupos de usuarios: los que se automedican y los que las utilizan para otras razones, incluyendo la experimentación y la necesidad de estímulo; este último parecería tener mayor riesgo para otras formas de abuso de sustancias. Es también posible que se busque mejorar el rendimiento; el uso no médico de medicamentos de prescripción con este fin necesitaría también estudio adicional.

Si futuras investigaciones apoyan el concepto de grupos distintos de consumidores (distinguidos por sus motivaciones), entonces los programas de prevención para el abuso de drogas deberán reconsiderar sus acciones frente al uso no médico de drogas de prescripción. De hecho, la preponderancia de razones para la automedicación referidas por la muestra de este estudio podría explicar porqué programas bien estructurados y efectivos no serían eficaces en la reducción de esta forma de consumo.
En una revisión del Centro Nacional de Adicción y Abuso de Sustancias, se observó que el compartir medicación es frecuente entre miembros de la familia y amigos. Este comportamiento podría lleva a la automedicación, reforzado por la libre comercialización de los medicamentos de prescripción.

Los autores consideran que este estudio exploratorio merecería una investigación adicional, ya  que las motivaciones para el uso no médico de drogas parecerían asociarse con una mayor probabilidad de abuso de sustancias. Sin embargo, éste se realizó en estudiantes de una comunidad, no permitiendo generalizaciones; además el uso de encuestas autoadministradas pudo haber llevado a subestimaciones. Finalmente, este estudio se basó en datos de encuestas de un estudio más amplio presentando limitaciones: por ejemplo, no se interrogó sobre cantidad y frecuencia de la medicación prescrita o sobre diagnóstico médico; esto  habría proporcionado una mejor perspectiva sobre las motivaciones para el consumo.

Se requieren nuevas investigaciones para determinar si el compartir medicación con familiares y amigos plantea un riesgo y evaluar cuales usuarios de drogas sin prescripción tienen mayor probabilidad de iniciarse en el abuso de sustancias. Se debe entender mejor las razones para el uso no médico de drogas si se quiere evitar que el abuso de las mismas se convierta en epidemia.

Comentario

El aumento de la frecuencia de consumo de medicamentos sin prescripción médica puede considerarse como un factor de riesgo para toda la población, pero principalmente para niños y adolescentes que constituyen un grupo vulnerable ante diversas conductas, aumentando la posibilidad de abuso y dependencia de medicamentos como así también de consumo de otras sustancias ilícitas. Esta situación podría controlarse mediante  información confiable, prescripción médica adecuada, manejo de medicamentos por adultos responsables y campañas de prevención sobre abuso de drogas entre otros, creando de esta manera conciencia sobre el uso racional de medicación y disminuyendo posibles conductas de riesgo.

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